El Sabinarejo de Garcimolina, un tesoro. Por Jesús Hidalgo.

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En el término de Casas de Garcimolina, municipio situado en la Serranía Baja de Cuenca encontramos el paraje conocido como El Sabinarejo. Para las gentes del pueblo y amantes de la naturaleza es considerado todo un tesoro geobotánico.

La geología del lugar se comprende entre los periodos jurásico y cuaternario, es decir, las formaciones más antiguas tienen unos 200 millones de años y las más jóvenes unos 2 millones. Es por ello, que en la zona podemos observar, entre otras cosas, caracolas fosilizadas pertenecientes al periodo jurásico, un verdadero tesoro, ¿no?

El Sabinarejo es uno de los bosques de sabina albar (Juniperus thurifera) más orientales del Sistema Ibérico Meridional. Se trata de un bosque muy antiguo, ya que la sabina es una especie muy longeva y de crecimiento muy lento, puede vivir más de 500 años y es antecesora al pino. Se dice que el pino fue introducido en la península cuando se empezaron a construir barcos, por su gran porte y rectitud, y que la sabina es autóctona junto con el género Quercus ssp. (encinas, carrascas, robles, quejigos, etc..) El bosque de sabina es un bosque que crece entre los 700 y los 1800 metros de altitud.

La sabina albar es un árbol de hoja perenne que puede alcanzar hasta los 20 metros de altura, aunque rara vez supera los 10-12, es de tronco corto y grueso, tortuoso en los ejemplares más viejos, la corteza es de color ceniza y se desprende longitudinalmente en tiras estrechas. El olor de su madera es muy característico e intenso por su alto contenido en aceites esenciales y resinas. Las hojas son aciculares en la juventud y escuamiformes en la madurez. Es una especie dioica, es decir, existen pies femeninos y pies masculinos, los masculinos solo producen polen y los femeninos producen el fruto, que en realidad es un falso fruto, llamado gálbulo y es tóxico para las personas pero no para el ganado. En la antigüedad se utilizaba como sustancia abortiva y para deshacerse de las temidas verrugas.

         

Hojas jóvenes                                                                                                        Fruto

Hace años los bosques de sabina eran muy abiertos y podían expandirse fácilmente, ya que gracias al pastoreo, el ganado limpiaba el terreno de especies más preciadas por los animales que la sabina, hoy en día la sabina se ha tenido que adaptar a vivir con otras especies.

En El Sabinarejo también encontramos las características “teñás” de la zona, que son construcciones en seco, es decir, construcciones que se hacían piedra sobre piedra sin ningún tipo de adobe que actuara como unión. Esta técnica  requería de gran pericia por parte de los constructores y se utilizaban como refugio para ganado y pastores.

En sus viajes entre Valencia y Molina de Aragón el Cid Campeador transitaba por nuestra comarca, cuenta la leyenda que siempre intentaba desplazarse por bosques de sabinas para evitar las emboscadas con mayor facilidad, ¿quizás en alguna ocasión pasase por El Sabinarejo?

El Sabinarejo, con sus sabinas retorcidas de curiosas formas representa un paisaje vegetal de hace miles de años, es un lugar idílico donde gozar de la naturaleza y transportarse al pasado. Un lugar que merece todo nuestro respeto y ayuda para su conservación.

Jesús Hidalgo Montesinos, Ingeniero Técnico Forestal.