Garcimolina, mi pueblo

Volver al pueblo que te vio jugar entre los árboles y de donde aprendiste a montar en bicicleta. Abrir la puerta de madera de la entrada, y parecer que retrocedes en el tiempo. Recordar cuando eras niño y regresar cada verano con los ojos abiertos e ilusionados.
Poner todas las ganas de girar esa llave de hierro un poco oxidada para adentrarte en la casa de tus padres, que llevabas con ellos todos los veranos.
Remontar cada paso dado, reconocer los olores y los sonidos característicos de ese lugar que tantas veces fue tuyo.
Encontrar a casa paso restos de tu infancia, dar una vuelta por el pueblo, pasear por la carretera hacia el molino, el lavadero, el cabo del río, la umbría, las Tablillas, la Ferdosilla, San Miguel, la Vega, el Rodenillo, etc… Aunque para mí lo más bonito era y es EL POZANCO Y LA NOGUERUELA, pero el lugar más emblemático de nuestro pueblo, Garcimolina, es y será la Peña del Pardo.

Pensar que aunque todo sigue igual es sólo una especie de auto convencimiento, es raro como llegar a mi mente pequeños recuerdos melancólicos al pensar que por ese mismo camino, en otros tiempos, lo había hecho también infinidad de veces personas que ahora echo de menos y que ya no están, pasear por la misma calzada, pisar sobre sus huellas, tocar las espigas entre mis dedos dejando escapar un suspiro de par, y recordar que estoy aquí por ellos.

RECORDAR ES VIVIR
Juan Seguí Montesinos.

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