Costumbres de mi pueblo. La patente

Todos tenemos conocimiento, sobre todo los mayores, de una tradición, que yo desconozco su origen y que agradecería, a quien sea conocedor de la misma, me lo comunique, como un dato curioso más de nuestras costumbres en la «Serranía Conquense».

Es costumbre por nuestra tierra, que cuando un mozo se «pones novio con una moza del pueblo, pague lo que llamamos «LA PATENTE», aportación económica a una juerga que organizan los mozos en honor a la nueva pareja. Para obtener del novio una cantidad, se juntan los mozos del lugar; así estudian la táctica a seguir, y quién será el encargado de ejecutarla que, normalmente, es el más «avispado» o el menos tímido.
En ocasiones, el novio se niega a pagar, entonces se «le recuerda» el agua tan fresca que hay por aquellos pueblos, otras veces da menos cantidad de la que se esperaba obtener. Esto, en fechas posteriores da lugar a una integración social entre jóvenes, menor que la llevada a cabo por aquellos otros que han sido más «rumbosos», y se han avenido en seguida a razones.

Recibida la cuota, en el bar o en alguna casa particular, se hace una cena en la que participan todos los mozos del pueblo; allí se canta y hace la juerga; si falta dinero, se escota
entre todos o se pide «la entrada de mozo»», que consiste en otra cuota, que corre a cargo de los zagales «aspirantes» a mozos; a aquellos que no pagan, el más viejo les recuerda la
lista de los que lo han hecho y acaban cediendo.
Voy a desarrollar a mi manera la trama general de la «PATENTE»

Agradecería a las personas que aquí cito, no se molesten por ello; pues es de la forma cariñosa que yo les recuerdo.

¡Madre! Fíjese cuantísima gente hay allá en la puerta de Pedro «el vacas».
Es verdad, y no parece que sea para ir de concejá, pues se han juntao a deshora…
le preguntaré a la vecina que viene [de «echar» la gorrina.
Mira p’allá chica y dime si no tiene gracia

que dicen que no hay gente en el pueblo, y en el corro de los mozos hablan todos presurosos.
¿Es que no te has enterao?
ha traído el novio la del tío Wenceslao
¡Ya se van! ¿Ande irán?
Ande van a ir… «repacho».
Mialos los primeros los del «Garras»… y el Pascual,
y son muy buenos muchachos.
Escalinata arriba arrean los zagalones para entrar en un portal y subir los escalones dan las buenas noches. El Vitoriano va a hablar.

Aquí hemos llegado para sacarle a su futuro yerno la PATENTE
y como se lleva una buena moza,
esperamos buena «poza».
Habla el novio con cierta timidez…
y al cabo de un rato pregunta que cuánto es.
Responden los mozos a coro…
Dos mil nos dieron en otro.
Y yo os doy dos mil quinientas…
Tres mil y no se hable más antes que
se vuelva atrás.
Se van los mozos con gran algarabía
y eso que no se han mamado todavía.

¡Bueno! ¿Qué se hace con el dinero?
Eladio dice… «lo mejor será un cordero,
y llamaremos a las mozas que cuanto más
apretados estemos, mejor saldrán las cosas».
Comen todos el cordero con alegría y gana
y entre pitos y flautas, las dos de la mañana
se canta el «artillero», jotas, y el «Carrascal
Y a eso de las tres las cosas se ponen mal.
Se arreglan cuentas y falta dinero…
Manuel dice «a escote», y al que le falte
un duro lo apaño con el «garrote».

Ahora se pide a grandes gritos la entrada del mozo,
pues resulta que aún quedan unos pocos.
Claudio el Sastre, el Verda, Juan de Dios y
Valeriano, y si se escapa alguno, para el próximo verano.

Termina «La Patente» con armonía,
pues por trascabeza ya empieza a clarear el día y,
harto de vino, se van para poder descansar.

La juerga se paga cara, pues a las ocho de la mañana se oye la voz del padre muy rara, «muchacho» a sacar la cuadra, pues el que sabe rondar, ha de saber trabajar.

 

Escrito por Verdad Seguí Martínez y publicado por publicado en la revista de la casa de Cuenca de Barcelona

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