La vendimia en Casas de Garcimolina

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En Garcimolina cuando pensamos en la vendimia nos vienen a la mente los extensos viñedos de La Mancha, o de Utiel-Requena donde hace años muchos garcimolineros pasaban parte del otoño vendimiando.  Los jóvenes salían contratados desde el pueblo y se les daba alojamiento y cena además del jornal de unas 60 pesetas al día.

La vendimia era un trabajo duro pero ayudaba por un tiempo a la escasa economía de las familias de la época. En pueblos como Las Cuevas de Utiel, se creaba un buen ambiente e incluso se hacía cine por las tardes para los jóvenes venidos de otros lugares.

Pero también en nuestros pueblos había viñas, en Garcimolina teníamos las viñas de la Moracha, la viña del Tío Crescencio o la del Tío Frutos y yendo para Santo Domingo, estaba la de Benito Perpiñán, una de las más grandes o las Viñas de Chinejo. Con el progresivo abandono de los pueblos  y la migración a las ciudades estos cultivos cayeron en el olvido.

Fue en 2005 cuando David Blas se propuso crear en La Mina de Garcimolina un pequeño viñedo para el autoconsumo que diera  el vino justo para el año. Aunque en realidad la viña siempre fue la excusa para poder venir muchos fines de semana desde Barcelona hasta el pueblo.

En la actualidad, la Viña La Mina tiene unas 400 cepas plantadas, un 80% de tempranillo y el resto de las variedades cabernet sauvignon y garnacha. Produce unos 270 litros de vino dependiendo del año, la mayoría es vino joven, excepto dos barricas que se dejan en crianza y se sacan entre agosto y septiembre.

Al tratarse de una viña pequeña la vendimia se hace en un par de días, lo que más trabajo da es quitar las redes que protegen la uva de los pájaros. Al ser la única viña de la zona los pájaros se comerían las uvas en cuanto madurasen, por eso cada año hay que coser unas redes que deben ser descosidas y retiradas para la vendimia.

           

Una vez que la uva está en la bodega, empieza el despalillado, que suelen hacer las mujeres durante una o dos tardes.

Después se prensa la uva, para pasar a los depósitos donde se producirá la fermentación y para el mes de diciembre ya se podrá consumir el vino joven. El vino descansa en la bodega del abuelo Raimundo, una pequeña cueva que mantiene la temperatura durante todo el año.