Introducción del autor

El poder militar, la religión y la consolidación territorial en la Edad Media. La historia de Moya con don Juan González de Roa, y la génesis de la Casa granja de García Molina.

La religiosidad cristiana desempeñó un papel importante en la organización social, política y territorial durante la Edad Media. La Iglesia Católica, más allá de ser una entidad espiritual, desempeñó un papel aglutinador. Autoridad normativa, judicial y simbólica. Controlando la vida diaria y el espacio. Además, esta religiosidad fungía,2 como un mecanismo de regulación social, en periodos de crisis. Uno de sus ejes fundamentales fue la Devoción Mariana, muy arraigada en regiones como la Sierra y la baja Serranía Conquense.

 

La devoción a María y la religión popular en la región de la baja serranía.

En el contexto campesino de Cuenca, las veneraciones a la Virgen de Tejeda (Garaballa, 1205) y la de Santerón (Algarra, 1210) representan un modelo habitual de fe popular. Existe un vacío documental, que demuestre una relación directa. Ambas figuras aparecieron en un entorno espiritual compartido. Donde las historias de apariciones y descubrimientos piadosos revelaban la voluntad divina en el mundo natural. Estas vírgenes, a menudo halladas por pastores. Se incorporan en la imaginación devocional del campesino. De una gran espiritualidad, por la situación geográfica fronteriza. Así como, de una inestabilidad territorial. Era crucial para la identidad cultural de la zona.

Los setenarios 3 religiosos (iniciados tardíamente, a partir de 1779), eran prácticas devocionales de siete días consecutivos. Centradas en la Virgen María, usuales en entornos rurales y santuarios aislados, como la Ermita de Santerón en Algarra, (Santeroncillo en mapas antiguos de 1771). Las festividades cohesionaban a la comunidad, la sumergían en ciclos espirituales muy intensos. Que eran favorecidas por el medioambiente y el impacto de órdenes militares religiosas, (herencia de los Templarios 4 y de la zona fronteriza del reino de Aragón y Valencia).

 

El castillo de Moya

Bastión estratégico entre los siglos XII y XIV, se ubicaba en un territorio donde las órdenes militares, Santiago y Calatrava, ejercieron una influencia directa. Controlando las rutas de peregrinación, y fortaleciendo la fe cristiana en territorios fronterizos. No se han identificado certezas concretas de la presencia de los Templarios o Calatravos, ni de su existencia en Moya o Santerón. Sin embargo, su herencia simbólica es evidente. En ritos como los setenarios y en la devoción a la Virgen.

“No existe prueba tangible, ni documento histórico definitivo, que evidencie que la Orden del Temple 4 (disuelta el 22 de marzo de 1312), albergara una presencia oficial en el castillo de Moya, ni que instaurara una encomienda de los caballeros en la villa o en sus cercanías”. Los templarios estuvieron muy activos en zonas próximas, en la frontera entre Cuenca y el Reino de Valencia, como en Ademuz y Villel.

 

Conexiones de la Virgen de Garaballa y la de Santerón.

La de Algarra, asociada con el culto de la imagen de Tejeda, exhibe elementos ceremoniales propios de la orden del Temple. El aislamiento geográfico, la alegoría del número siete, y la estructura ritual extendida. Todo esto, indica un impacto simbólico indirecto de los Templarios. En la espiritualidad fronteriza, donde se fusionan fe, comunidad y dominio territorial. Las imágenes de Tejeda y la de Santerón tienen una estructura de devoción, simbolismo e historias parecidas, típicas del entorno rural y fronterizo de la Cuenca medieval después de la Reconquista. Según la tradición oral, las imágenes fueron halladas de manera milagrosa en contextos naturales y a través de señales divinas (luces o cantos), lo que validó la edificación de sus respectivos santuarios y fortaleció su veneración.

 

Conexiones clave:

Territorio compartido: Ambas vírgenes se sitúan en la Serranía Baja de Cuenca, en una región de repoblación cristiana donde el castillo de Moya pudo haber actuado como centro difusor de su veneración.

Similitudes rituales: Se celebran con romerías, setenarios y cultos prolongados, ligados a la fertilidad, la salud y la protección del campo, siendo patronas de varias localidades.

Influencia templaria (posible influjo, no probado): La orden del Temple, presente en zonas cercanas, pudo influir en el culto mariano de frontera y en la purificación del territorio, aunque no se ha demostrado su participación directa en los santuarios.

Simbolismo del hallazgo: Ambas son vírgenes aparecidas, redescubiertas en el siglo XIII, como señales del resurgimiento cristiano y de restitución de lo sagrado en tierra de reconquista.

 

Conclusión:

“Las imágenes de Tejeda y Santerón, son símbolos espirituales paralelos. Unidos por su papel en la consolidación religiosa del territorio, su culto comunitario y su vigencia como referentes de la devoción rural conquense”.

 

Asentamiento de Moya. Desde la prehistoria hasta la frontera medieval

El cerro de Moya presenta ocupación desde la Edad del Bronce y la del Hierro, según indican los hallazgos arqueológicos. Sin embargo, su protagonismo histórico comienza con la conquista cristiana del Rincón de Ademuz en 1212 por Pedro II de Aragón. Después, Alfonso VIII de Castilla consolidó el dominio castellano. Repoblando el territorio y concediendo fueros, que vertebraron su administración y defensa.

La primera persona documentada al frente del gobierno de Moya, fue el tenente Gonzalo Pérez en 1212. La Orden de Santiago fue la verdadera «señora» inicial. En 1215, Enrique I (1214-1217), de Castilla: otorgó la villa y su jurisdicción a la Orden de Santiago, lo que inauguró una fase de organización feudo-militar.

Se construyó la Albacara, recinto fortificado dentro de la villa medieval de Moya, diseñado para proteger a la población ante ataques. Del árabe al-bakkāra («lugar cerrado» o «corral fortificado»). Su ubicación estratégica está en la zona alta de la villa, junto al castillo y la iglesia de la Trinidad. Características defensivas: Murallas independientes del resto de la ciudad y puertas fortificadas que se cerraban de noche o en emergencias. Función dual, control religioso y político, vital para esta zona fronteriza entre Castilla y Aragón.

 

Juan González de Roa: noble, militar y fundador territorial.

Nacido el año 1215, y fallecido en 1287, fue una figura decisiva en la consolidación de la frontera oriental castellana. Nombrado comendador de la orden de Calatrava en Alcañiz en 1262-1268.

Desempeñó una doble tarea. Una de administrador de un territorio estratégico y otra de dirigente de una jerarquía militar. Con funciones tanto religiosas como guerreras.

Se le atribuye el impulso a la organización administrativa, bélica y espiritual del espacio en torno a zonas bastante cercanas a Moya. Como integrador del modelo, de orden religioso-militar; que dominó amplias zonas de la península en época de reconquista.

Su labor militar y política, interna, logró la redefinición de los estatutos de la Orden.

La genealogía lo vincula a la poderosa casa de Aza, como hijo de Gonzalo Gómez de Aza y Roa y Leonor González Girón, y primo hermano, o sobrino de don Fernando Ordóñez, (Maestre de Calatrava, desde 1243 a 1254).

Títulos y señoríos

  1. Señor de Roa (por merced de Fernando III, 1242).
  2. Adelantado mayor de Murcia (1258-1262).
  3. Comendador de la Orden de Santiago (1265-1270).

Trayectoria militar

Campañas de Fernando III:
  • Participó en la toma de Córdoba (1236) y Sevilla (1248).
  • Capitán de mesnadas en la frontera del Reino de Murcia.
 Servicio bajo Alfonso X:
  • Alférez real (1252-1254).
  • Merino, mayor de Castilla (1256-1260).
  • Adelantado mayor de Murcia (1258-1262).
  • Merino Mayor: regresa al servicio real, (cargo Real no Calatravo en 1270).

Contexto histórico

  • Repoblación serrana: Dirigió el asentamiento de colonos navarros y riojanos
  • Política Alfonsí: Implementó el Fuero Real en sus dominios
  • Crisis sucesoria: Apoyó a Sancho IV frente a los infantes de la Cerda

Miembro de la Orden de Calatrava (1259-1270), donde ejerció como comendador de Alcañiz y participó en operaciones militares coordinadas con Santiago. Esta etapa explica su maestría y pericia en la guerra fronteriza.

Figura histórica clave en la organización territorial del valle del Duero y sistema defensivo de la Extremadura castellana. Su labor conecta con la posterior creación del marquesado de Moya en la misma región fronteriza.

Juan González de Roa no fue nunca Gran Maestre de Calatrava. Su máximo cargo en la orden fue el de Comendador Calatravo de Alcañiz, importante pero subordinado al Maestre. La confusión surge por homónimos y por la elevada influencia política, que sí ejerció en la frontera.

El sexto y noveno, Grandes Maestres de Calatrava, eran homónimos:

  • 6.º don: Juan González de Utrilla (1251-1254). Comendador de Martos (Jaén).
  • 9.º don: Juan González de Quijas (1266-1267), Comendador mayor de Aragón.

Cargos específicos en la orden de Calatrava

  1. Comendador de Calatrava en Alcañiz (1262-1268)
    • Administró encomiendas en la frontera aragonesa.
    • Terció en la rebelión mudéjar de Murcia (1264-1266) con tropas calatravas.
  2. Estratega en campañas andalusíes:
    • Dirigió mesnadas calatravas en la toma de Niebla (1262).
    • Coordinó con Pelayo Pérez Correa (maestre de Santiago).

Su biografía se centró en servicios a la Corona, pero nuevos documentos revelan:

  • Doble militancia: Santiago (1250-1259) → ingresa en Calatrava (1259-1270).
  • Diplomacia fronteriza: Negoció treguas con Granada usando redes calatravas.
  • Regresa al servicio real: como Merino Mayor (1270).

Juan González de Roa «Nunca fue señor de Moya». Esta atribución es un error histórico derivado de confusiones onomásticas y genealogías fantasiosas del siglo XVI. Sus dominios se limitaron al señorío de Roa (Burgos) y cargos administrativos en la frontera murciana.

 

«Los Grandes Maestres Calatravos del siglo XIII»

«Fueron exclusivamente Leoneses y Castellanos viejos».

 

Crisis política y transformación del poder en Moya

La región vivió una fuerte inestabilidad, en 1290, Juan Núñez de Lara, con el respaldo del monarca de Aragón, tomó el control de Moya, en medio de las disputas con la Corona de Castilla y los numerosos linajes nobiliarios.

Entre 1287 y 1292, los conflictos entre las diferentes facciones, señores y las purgas políticas, la villa de Moya, quedó desolada. Se destruyeron edificios, escudos y estandartes de gobernantes anteriores, La Orden de Calatrava… cayó en desgracia y sus iconos, por la rivalidad entre las órdenes.

Se volvió al modelo religioso-militar, de la orden de Santiago. Los maestres, alcaides y alcaldes, buscaban asentar su poder y el de sus familias, obteniendo territorios bajo su dependencia directa. Orden de Santiago, fortaleció la capacidad económica de su Mesa Maestral, con la incorporación a esta de la mayor parte de los bienes de los Templarios, segregando bienes de la Orden de Calatrava para secularizarlos y convertirlos en señoríos. Durante el periodo comprendido entre 1290 y 1292, la villa fue devastada, sus terrenos talados y sus emblemas destruidos, en un intento por erradicar el legado de Calatrava, que había sido reemplazada en sus bases de poder por la de Santiago.

En 1292, el rey Sancho IV recuperó Moya y, ante la devastación, recompensó la fidelidad de sus habitantes, concediéndoles exención del impuesto de moneda foral y confirmando sus fueros y privilegios, iniciando así un proceso de reconstrucción.

La estabilidad santiaguista y los conflictos periféricos

Moya fue un bastión clave de la Orden de Santiago desde su conquista. La Orden de Calatrava, asentada en Alarcón, ejerció presión expansionista sobre territorios circundantes, principalmente con escaramuzas por recursos (agua, pastos, rutas), pero nunca disputó la villa amurallada de Moya. La «lucha» fue una «Guerra Fría» por influencia en la Serranía Baja, no un conflicto abierto por la plaza.

La trama de «lucha entre órdenes por Moya» es un mito romántico sin base documental. La realidad fue más sutil: Santiago controló a Moya de forma estable, mientras Calatrava compitió por su retaguardia. Esta corrección ejemplifica cómo la revisión de fuentes primarias desmonta narrativas históricas arraigadas pero incorrectas.

Moya fue conquistada c. 1210-1212 y asignada a la Orden de Santiago, que la gobernó mediante tenentes como Gonzalo Pérez. No hubo participación de González de Roa.

  1. Fecha de entrega de Moya a la Orden de Santiago

  • Alfonso VIII murió en 1214. No hay documento alguno que acredite que donara Moya a la Orden de Santiago.
  • Primera mención documental 1212 (AHN, Órdenes Militares, Santiago, carp. 362, doc. 5), donde ya aparece Gonzalo Pérez como tenente santiaguista de Moya.
  • No existe ningún documento de 1215 que hable de una «entrega oficial».
  1. Sobre Juan González de Roa y la Orden de Calatrava

  • Juan González de Roa sí fue comendador de Alcañiz (1262-1268), pero nunca fue Gran Maestre de Calatrava.
  • Los Grandes Maestres de Calatrava durante ese periodo fueron:
  • Pedro Yáñez (1259-1266).
  • Juan González de Quijas (1266-1267) — (Homónimo, persona diferente).
  • Martín López de Córdoba (1267-1273).
  • González de Roa dejó la comendadura en 1268 y volvió al servicio real. Fue comendador de Alcañiz (1262-1268), pero no simultaneó ese cargo con ningún maestrazgo.
  1. Sobre la pugna entre órdenes por Moya

  • No hubo «sustitución» de órdenes en Moya. Santiago la controló de forma estable desde 1212 hasta su devolución a la Corona en el siglo XIV.
  • La Orden de Calatrava operaba desde Alarcón (a 30 km), nunca controló a Moya.
  • La intromisión regia en la elección de maestres es cierta, pero no afectó a Moya directamente.
  • Los conflictos por lindes y recursos periféricos (pastos, molinos), no por la villa. La «pugna» fue un conflicto local por recursos, no una lucha por el control de Moya.

Los conflictos entre órdenes se centraron en tres ejes fundamentales:

  1. Dominio de enclaves estratégicos para defensa y repoblación.
  2. Control sucesorio y de liderazgo interno.
  3. Gestión de rentas, privilegios y bienes eclesiásticos, tras la decadencia Templaria.

En el contexto de la organización territorial de la frontera castellana, el papel de la Orden de Santiago en Moya resulta paradigmático para comprender la estructuración política, económica y espiritual del sureste castellano durante la Baja Edad Media. Si bien la Orden de Calatrava mantuvo una presencia destacada en territorios colindantes —especialmente a partir de su encomienda de Alarcón—, no existió una coadministración o sucesión de control entre ambas órdenes militares sobre la villa de Moya, como erróneamente se ha sostenido en algunas interpretaciones historiográficas.

La documentación de archivo —especialmente los fondos de Uclés (Archivo Histórico Nacional, Sección Órdenes Militares) y los protocolos notariales conquenses— confirman que Moya fue tenencia estable de la Orden de Santiago desde su reconquista a principios del s. XIII, hasta su devolución a la corona y posterior concesión a linajes señoriales. Gonzalo Pérez, tenente en 1212, actuó siempre bajo mandato santiaguista.

No obstante, la proximidad geográfica entre encomiendas de ambas órdenes —Santiago en Moya y Uclés, Calatrava en Alarcón— generó tensiones periódicas por el control de recursos agro ganaderos, vías pecuarias y derechos de paso, muy documentadas en pleitos sobre lindes y aprovechamientos durante los siglos XIII y XIV.

Por tanto, lejos de una supuesta lucha directa por el control nodal de Moya, el modelo real fue el de estabilidad santiaguista en la villa, complementado con una competencia estratégica en su hinterland por parte de Calatrava. Esta dinámica refleja no un conflicto abierto, sino el habitual —y a veces deliberado— solapamiento de jurisdicciones que caracterizó la política repobladora de la Corona de Castilla.

Moya es un ejemplo de dominio continuado de la Orden de Santiago, con conflictos limitados a la periferia productiva, nunca a la tenencia central. La implicación de Calatrava fue lateral y competitiva, no directiva ni sucesoria.

 

 

La casa de García Molina: asentamiento periférico, dominio de Moya

Casas de Garcimolina se inscribe dentro de esta lógica territorial y posbélica. No existe constancia documental de su existencia entre los años 1290 y 1528, lo cual es coherente con el vacío administrativo producto de las guerras, la destrucción del territorio y el prolongado proceso de repoblación.

Sin embargo, este silencio documental, no implica ausencia de poblamiento. Si no, una presencia no institucional, ni dependiente de otras jurisdicciones.

La primera mención oficial de la localidad aparece en el Censo de Pecheros 5  de Carlos I. 1528, donde se la registra como “La Casa de García Molina”, clasificada tal que una granja individual, es decir, una unidad productiva con cierta autonomía.


Esta fuente, recogida por el Instituto Nacional de Estadística (Tomo I, Madrid, 2008), constituye el primer testimonio de la existencia reconocida del asentamiento.


El modelo de radicación dispersa, de la granja de la Casa de García Molina, debe entenderse como resultado del proceso de redistribución del alfoz 6 de Moya. Las pautas establecidas en el Fuero de Cuenca, sirvió de base para la reorganización del territorio tras la reconquista.

A través del este, se definían los usos comunales, la explotación de montes, el cultivo de tierras y la residencia en zonas marginales. Así, Casa de García Molina, habría nacido como una granja o explotación agrícola y ganadera.

Asentada en terrenos de rendimiento comunal o señorial. Con el tiempo, evolucionó hacia un núcleo de población estable, articulado en torno a la autogestión rural y la dependencia jurisdiccional del señorío de Moya.

Los campesinos del medievo, aprovecharon su medio geográfico. Construyendo nuevos asentamientos, a partir de estructuras simples.

—Casas de labor o granjas fortificadas—

Que, con el tiempo, adquirieron reconocimiento administrativo y político.

El poder militar, la religión y la consolidación territorial en la Edad Media. La historia de Moya con don Juan González de Roa, y la génesis de la Casa granja de García Molina. El poder militar, la religión y la consolidación territorial en la Edad Media. La historia de Moya con don Juan González de Roa, y la génesis de la Casa granja de García Molina.