¿Erais bien aceptados los de Garcimolina en las fiestas de Santo Domingo, del Cubillo, de Algarra? ¿O cada pueblo era un búnker?
—Entre Santo Domingo y Garcimolina no había mucho… Entre Algarra y Garcimolina, sí. Éramos más familiares. Con Santo Domingo había más distancia.
—Bueno, ¿y con Algarra qué cosas pasaban?
—Con Algarra, pues, teníamos… De hecho, yo me acuerdo; si quieren, lo nombro, si no… Entre aquí y Algarra ha habido muchos matrimonios. Entre aquí y Algarra, yo me acuerdo, por lo menos te puedo contar 18 o 20 matrimonios. Íbamos para San Marcos, que era el 25 de abril. Subíamos, yo me acuerdo de pequeñito, por ahí por el Pico de la Peña. Allí estaba la ermita, esa que está… solo había piedra allá, ya lo hemos conocido. Estaba la ermita de San Marcos, y el pueblo de Algarra daba, como luego aquí, como antes aquí, la caridad: daban huevos cocidos y vino. Y cada uno se llevaba si quería comer aparte.
Ahí se pasaba muy bien, comías los huevos, lo que sea, y luego acudíamos al baile que hacían en Algarra. Y luego ellos aquí venían también. O sea, que entre Algarra y Garcimolina ha habido siempre mejor rollo. Pero con otros pueblos, no.
—No, con El Cubillo tampoco, que yo me acuerdo, y con Santo Domingo, por descontado. No había enemistades, que yo sepa, pero no había amistades tampoco. Algarra y Garcimolina, sí.
—Peleas había algunas.
—Peleas había, ¿no? Aquí no mucho, pero en Santo Domingo hasta murió alguno.
—¿Hasta murió alguno?
—Uno, hace… después una riña y lo mata de un navajazo. Y allí se enfadaban, y por eso, salía una cuchillada.
—¿Entre los del pueblo o con la gente de fuera?
—Entre los del pueblo, entre ellos. Y casi cada año había alguna pelea de esas. Santo Domingo era muy bruto. Y se meaban en su vida. Ya han reñido otra vez los pueblos en Santo Domingo. No van a tener; sin embargo, tirado de cuchillo.