La trompa, la peonza
—La trompa, el trompo que llevaban aquí.
—La peonza.
—La peonza, la peonza, sí. Y al escondite, ¿eh?
—Y al escondite.
—¿Y cómo hacías las peonzas?
—Las peonzas yo las hacía, o las compraba, que alguna vez venían de Landete, o aquí me acuerdo de hacerlas el carpintero, de madera. Las vendían con una guita [cuerda fina] que decíamos, ¿no te acuerdas? Y luego las tirábamos así, las tirábamos con la cuerda, y bueno, aquello bailaba, y a veces chillaba.
—¿En qué consistía el juego?
—Con la trompa, también se jugaba a la peonza. Hacías un ruedo, un redondel, y las tirabas con fuerza, a veces incluso… y a ver si las rompías. Yo me acuerdo de que, con la fuerza que tiraba, a veces se partía, incluso partía alguna peonza que otra, se partía. Era una picotera [juego agresivo donde se busca romper la peonza del contrario].
—¿Y qué pasaba si te rompían la peonza?
—Pues mira, que no se ganaba nada, porque no había ningún premio. Era una cuerda, una cuerda, luego te la enrollabas en este dedo, y entonces tirabas y tirabas de la cuerda, y claro, aquello bailaba, chillaba y todo, la peonza.