La historia del molino harinero de Casas de Garcimolina

Tratando de investigar en la Historia de Garcimolina, a pesar de contar con un grupo brillante de octogenarios, hay líneas que se pierden. Una de ellas es el molino de Garcimolina, situado entre los municipios de Algarra y Casas de Garcimolina, para ello tuvimos que contar con la sobresaliente colaboración de una persona que lleva años investigando sobre la comarca, esta persona no es otra que Mariano López Marín, que a su vez tomó referencias del libro «Molinos hidráulicos y harineros de la provincia de Cuenca» de Antonio Garcia Cuevas.

Desgraciadamente no podemos poner una fecha exacta de construcción del molino, pero gracias al Catastro de Ensenada, sabemos que en 1752 dicho molino existía. El Catastro de Ensenada podríamos decir que fue el primer gran Catastro que se hizo en la Corona de Castilla, durante el reinado de Fernando VI, a petición del marqués de la Ensenada, de ahí el nombre. El objetivo, como podéis adivinar, era gravar fiscalmente a los poseedores de propiedades.

Volviendo a la referencia histórica, este documento reconocía un molino harinero situado entre Algarra y Casas de Garcimolina y que compartían los dos concejos. Dicho molino era arrendado a un molinero. A través de otros documentos, sabemos que en 1870, el molino pertenecía a la familia Zafrilla, Ramón Pérez y Marcelino Jiménez, siendo Ramón Pérez el aventador. 

El funcionamiento era sencillo, aprovechando la fuerza del agua de una caída de unos 15 metros, esta era canalizada a través de una tubería de hierro que iba a la parte inferior del edificio donde había dos piedras grandes y redondas colocadas en horizontal. Una que permanecía parada, mientras que la otra era movida por la fuerza del agua. El grano era colocado en un depósito llamado la tolva, desde ella, el grano caía despacio a la canalea, desde la cual, era dosificada mediante el tocador y lanzada y molida a las piedras mencionadas anteriormente. Finalmente, el grano molido, por la fuerza centrífuga, acababa siendo expulsada y depositada en un depósito llamado el farnero. El grano poco molido y de peor calidad se solía usar para el ganado, mientras que el de mejor calidad y mejor molido era destinado al consumo humano. 

El año 1920 fue muy importante para la Historia del molino. Por una parte se produjo un cambio en su propiedad, al ser heredado por Ramón Pérez, contando con Valeriano Pérez como aventero. Por la otra, uno de los cuatro molinos harineros de Salvacañete fue adquirido por Esteban Martínez, terrateniente de la localidad. Lo modernizó con una maquinaria más eficiente, dando lugar a lo que se llamó Molino de la Fábrica o de Enmedio de Salvacañete. Esta modernización obligó a los demás molineros de Salvacañete y otros pueblos a hacer lo mismo para no perder clientela. Hablando con los testimonios vivos de Garcimolina, se atestigua que el grano que se molía allí no estaba tan bien molido como el que se podía moler en el molino de Chinejo, o Landete, que se construyó años después. Además de eso, se comenta que la maquila era mayor en este molino. El retraso tecnológico significó mayores precios y peor calidad.

Para entendernos, la maquila era la porción del grano, o la harina que el molinero y el propietario del molino cobraban a cada persona que llevaba grano a moler a un molino. Debido a la carestía de esta y a la pobreza en la que vivían los campesinos venía el dicho popular «De molinero cambiarás, pero de ladrón no te escaparás», este dicho, aunque se decía en Garcimolina, era común en las tierras de la Corona de Castilla.

En esa lenta decadencia que se inició a partir de 1920, diferentes personas como Aquilino Jiménez, el tío Florentino, el tío Emilio, etc,.. se hicieron cargo del molino. Finalmente, en mitad del éxodo rural, en 1965 el molino cerró sus puertas.

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