Del golpe del mazo a la bombilla incandescente

Del golpe del mazo a la bombilla incandescente en Garcimolina

 

Reaprovechamiento hidráulico y electrificación endógena en la Baja Serranía de Cuenca (1900-1936)

 

 

Resumen:

Este artículo analiza el proceso de electrificación rural en la Baja Serranía de Cuenca durante el primer tercio del siglo XX, tomando como eje central el concepto de reaprovechamiento de infraestructuras hidráulicas preexistentes.

Partiendo de un paisaje energético dominado por molinos harineros y, especialmente, batanes para la industria textil lanera, se estudia cómo estas instalaciones, muchas en desuso, proporcionaron la base técnica (saltos de agua, caces, azudes) y el conocimiento local para la implantación de pequeñas centrales eléctricas. A través de un enfoque que fusiona el estudio de fuentes secundarias con la referencia a bases primarias locales, se reconstruye el modelo tecnológico implementado, fundado en turbinas Francis y Pelton acopladas a dinamos, así como su repercusión socioeconómica.

“Revolución silenciosa” y las razones de su éxito, que radicaron en la optimización de una ingeniería tradicional de origen medieval para dar respuesta a una demanda moderna. Se concluye que este fenómeno representa un caso paradigmático de transición energética adaptativa, endógena y de baja intensidad capitalista, previa a la llegada de las grandes redes centralizadas.

 

 

Palabras clave:

Electrificación rural, reaprovechamiento hidráulico, batanes, molinos, Serranía de Cuenca, historia de la tecnología, pequeña central hidroeléctrica.

Introducción:

  • Un paisaje heredado como recurso energético
    La Baja Serranía de Cuenca, territorio comprendido entre localidades como Cañete, Salvacañete, Alcalá de la Vega y Campillos, se caracterizaba a principios del siglo XX por una economía agropecuaria de subsistencia y una débil integración en las redes de infraestructura nacionales. Sin embargo, su paisaje estaba surcado por una red capilar de pequeños cursos de agua (ríos Cabriel, Huécar y sus afluentes) que, durante siglos, había sido meticulosamente aprovechada para generar energía mecánica. Esta herencia se materializaba en una constelación de azudes (pequeñas presas de derivación), caces (canales de alimentación) y edificios industriales que albergaban, principalmente, molinos harineros de una o dos muelas y, de forma significativa, los batanes para el enfurtido de paños y mantas de lana.
  • La decadencia de la manufactura lanera artesanal a finales del siglo XIX condujo al abandono progresivo de muchos de estos batanes. Paradójicamente, esta infraestructura obsoleta se convertiría en el fundamento para la primera electrificación de la comarca. Este artículo estudia cómo, entre 1900 y 1936, las comunidades de la Serranía no partieron de cero para “hacer luz”, sino que llevaron a cabo un ingenioso proceso de reciclaje integral, adaptando los saltos, los cauces y los conocimientos asociados a la hidráulica tradicional para generar electricidad. Se trata de un episodio de innovación tecnológica discreta, basada en la adaptación y el conocimiento local, que precedió y coexistió con los modelos de electrificación centralizada promovidos por el Estado.

 

La infraestructura preexistente: batanes y molinos como proto-centrales

  • El batán, una máquina de origen medieval cuyo funcionamiento se basaba en el golpeteo de paños con mazos movidos por una rueda hidráulica, requería para su operación condiciones específicas que lo convertían en un candidato ideal para su reconversión (López Gómez, 1987). Necesitaba un salto de agua concentrado y de cierta altura para imprimir fuerza a los mazos, y un caudal relativamente constante. Para garantizarlo, su infraestructura asociada era particularmente robusta: azudes de derivación sólidos, caces largos y bien trazados que a menudo discurrían por laderas para mantener la pendiente, y una cámara de carga que permitía una caída vertical directa sobre la rueda.
  • Los molinos harineros, aunque a menudo con saltos menores, compartían esta lógica de aprovechamiento. La localización de ambos artefactos no era aleatoria; respondía a una optimización secular del territorio, identificando los puntos idóneos donde la orografía y la hidrología ofrecían el máximo potencial energético con la mínima obra civil (Fernández, 1998). Esta «memoria del lugar», custodiada por molineros y antiguos bataneros, constituía un capital intangible de enorme valor para los nuevos proyectos eléctricos.

 

La transición tecnológica: del rodezno a la turbina, de la muela a la dinamo.

La técnica para la electrificación fue, en esencia, una sustitución escalonada del mecanismo de transformación de energía. El modelo estándar, asumible por talleres metalúrgicos de Cuenca, Utiel o Valencia y por electricistas itinerantes, seguía estos pasos (Parejo, 2005):

  1. Consolidación y mejora de la infraestructura hidráulica. Se limpiaban y revestían los caces existentes, a veces estrechándolos para aumentar la velocidad del agua. Los azudes se elevaban entre 20 y 40 cm con mampostería para ganar altura de salto sin afectar a tierras colindantes.
  2. Sustitución del motor primario:La rueda hidráulica horizontal de madera (rodezno) o vertical se desmontaba. En su lugar, se instalaba una turbina metálica, más eficiente y de mayores revoluciones. Para los saltos modestos (2-6 metros), pero con caudales aceptables, se elegía la turbina Francis. Para arroyos con poco caudal, pero mayor desnivel, se optaba por la turbina Pelton, de acción, que aprovechaba la velocidad de un chorro de agua.
  3. Acoplamiento del generador. A la turbina se conectaba, mediante un sistema de transmisión por poleas o directamente, una dinamo o un alternador de corriente continua. La potencia de estos generadores era humilde, entre 1 y 10 kW, suficiente para el alumbrado público de un pequeño municipio y el de algunas decenas de viviendas.
  4. Distribución y gestión:La energía se distribuía mediante líneas aéreas con postes de madera y aisladores de porcelana, a tensiones bajas (110 V o 125 V). El servicio, gestionado a menudo por el propio molinero o por un vecino emprendedor, era típicamente nocturno, desde el anochecer hasta la medianoche. Era común el sistema de pago «por bombilla», una tarifa plana en función del número de lámparas contratadas.

 

Casos paradigmáticos en la Baja Serranía: la materialización del modelo

Aunque la documentación primaria específica (licencias municipales, libros de cuentas de sociedades de electrificación) está aún por estudiar de forma sistemática, la evidencia dispersa y la tradición oral permiten esbozar casos típicos:

  • Reconversión de molinos:El molino harinero, aun en uso o recientemente abandonado, se adaptaba para alternar la molienda con la generación, o se dedicaba en exclusiva a esta última. Su caz, ya existente, facilitaba enormemente la obra.
  • Reactivación de batanes abandonados. Su estructura era ideal. La “cámara del salto” del batán, diseñada para una caída vertical potente, alojaba perfectamente una turbina Pelton. Estos edificios, ya fuera de uso industrial, ofrecían un local preparado.
  • Microcentrales domésticas:En aldeas o caseríos pequeños, se instalaban turbinas mínimas que, con el caudal de una fuente o una pequeña derivación, daban servicio a un puñado de viviendas, representando el escalón más básico de la electrificación autónoma.

 

Impacto socioeconómico y cultural: la “revolución silenciosa”

La llegada de la luz eléctrica, aunque limitada, produjo una transformación profunda y rápida en la vida serrana.

  • Alumbrado público y privado:Supuso un aumento radical de la seguridad y la habitabilidad de los espacios públicos y domésticos durante la noche, alargando las horas útiles de trabajo y ocio, especialmente en invierno.
  • Modernización doméstica y productiva: Permitió la introducción de los primeros electrodomésticos (planchas, máquinas de coser) y, crucialmente, de la radio, que conectó estas comunidades aisladas con el mundo. Pequeños talleres (carpinterías, herrerías) pudieron incorporar motores eléctricos.
  • Simbolismo del progreso:Para los ayuntamientos, encender las farolas de la plaza era un acto cargado de significado, un símbolo tangible de que el “progreso” había llegado, aunque fuera de forma modesta y autogestionada.

 

Conclusión: Las razones de un éxito efímero. Hacía una arqueología industrial del reaprovechamiento.

El modelo de electrificación por reaprovechamiento hidráulico en la Baja Serranía de Cuenca fue exitoso porque fue barato, rápido y adaptado al medio. No requirió grandes inversiones externas ni complejas obras de ingeniería. Se basó en:

  1. Infraestructura ya amortizada. Caces, azudes y emplazamientos probados durante siglos.
  2. Conocimiento local:La sabiduría práctica de molineros y albañiles sobre el comportamiento del agua.
  3. Tecnología apropiada:Turbinas y generadores sencillos, reparables in situ.

Fue, en definitiva, la última fase útil de un ciclo tecnológico iniciado en la Edad Media. Su declive llegaría tras la Guerra Civil, con la extensión de las redes de distribución de las grandes compañías eléctricas y la construcción de grandes embalses, que marginaron estos sistemas autónomos. Sin embargo, su estudio es esencial para entender las vías alternativas y locales de modernización en la España rural. Futuras investigaciones, basadas en el trabajo de campo (arqueología industrial de los vestigios de batanes y centralitas) y en la explotación de archivos municipales y notariales de la zona, podrán precisar los agentes, los costes y la cronografía exacta de este fascinante episodio de innovación desde abajo, donde la energía del agua que una vez movió mazos de batán pasó a encender las primeras bombillas de la Serranía.

 

La reconversión de un batán en “fábrica de la luz” en Casas de Garcimolina (c. 1925)

  • El proceso genérico de reaprovechamiento hidráulico descrito en el artículo encuentra una plasmación concreta y paradigmática en la localidad de Casas de Garcimolina. La transformación de un antiguo batán, ya en desuso a finales del siglo XVIII, en una pequeña central eléctrica a mediados de la década de 1920 ilustra perfectamente la viabilidad técnica y la lógica económica de esta “revolución silenciosa”.

 

 

Viabilidad técnica e hidráulica del emplazamiento original

La elección del lugar para el batán, siglos atrás, vino determinado por unas condiciones orográficas e hidrológicas óptimas que, andando el tiempo, resultaron igualmente idóneas para la generación eléctrica.

  • Aprovechamiento del río Algarra: El batán se situaba en un punto del cauce con un caudal permanente y suficiente para garantizar el funcionamiento estacional de sus mazos. Esta misma constancia en el caudal era un requisito indispensable para una central eléctrica.
  • Desnivel aprovechable: El tramo del río seleccionado presentaba una pendiente natural del 2-3 %, que permitía concentrar un salto hidráulico de cierta entidad sin necesidad de grandes obras. Este desnivel, aunque modesto, era suficiente para la maquinaria medieval y, convenientemente optimizado, lo sería también para la turbina del siglo XX.
  • Proximidad a infraestructuras: La existencia de la Acequia Madre, una canalización de origen medieval, ofrecía una derivación ya consolidada para conducir el agua desde el río hasta el punto de aprovechamiento.
  • Distancia al núcleo urbano: Su ubicación, a unos 500 metros del casco urbano, era la distancia típica para estas instalaciones preindustriales, buscando minimizar las molestias del ruido y los posibles residuos. Esta relativa cercanía facilitaría más tarde la distribución de la electricidad, minimizando la caída de tensión y el coste de las líneas, un factor crítico al tratarse de corriente continua.

 

El proceso de reconversión (c. 1925)

Aprovechando la «memoria del lugar» y la infraestructura heredada, el Ayuntamiento de Casas de Garcimolina promovió la instalación de una «fábrica de la luz». El proceso siguió fielmente el modelo de reaprovechamiento descrito en el artículo.

  1. Reciclaje de la infraestructura hidráulica: Se reutilizó el sistema de derivación existente. El agua del río Algarra se desviaba a la altura del lavadero, probablemente reacondicionando el antiguo azud del batán. Desde allí, se empleó y mejoró el caz preexistente (que discurría por la partida conocida como «Cabo el Río») para conducir el agua hasta un punto elevado.
  2. Creación de un nuevo depósito de carga. En lugar de la antigua cámara de agua del batán, se construyó una pequeña balsa reguladora en el paraje denominado «El Pozanco». Esta balsa, comunicada directamente con la fábrica, actuaba como depósito de carga, garantizando un suministro constante y permitiendo decantar las impurezas del agua antes de su salida forzada.
  3. Generación del salto de presión: Desde la balsa del Pozanco hasta la turbina instalada en el edificio de la fábrica, se estableció una conducción forzada que generaba un salto neto de 15 metros aproximadamente. Esta altura, considerablemente mayor que la empleada originalmente para los mazos, era la adecuada para impulsar una turbina de acción, muy probablemente una Pelton, óptima para caudales relativamente modestos, pero con buena presión.
  4. Instalación del equipo electromecánico: La turbina se acopló a una dinamo de corriente continua. El régimen de explotación de la maquinaria era particular: el Ayuntamiento no la adquirió, sino que pagaba un alquiler anual de 25 céntimos a la Fábrica Amorós de Zaragoza, un claro ejemplo de cómo la tecnología apropiada podía obtenerse mediante fórmulas de financiación asequibles para un pequeño municipio. La potencia instalada, estimada en torno a los 10 kW, era suficiente para cubrir las necesidades básicas de los 97 hogares censados.

 

Gestión, explotación y declive de la «fábrica de la luz»

  • La gestión de la instalación fue asumida directamente por el municipio, en un modelo de servicio público local autogestionado. Dadas las limitaciones de la corriente continua (imposibilidad de transporte a larga distancia y dificultad para transformar la tensión), la red se limitaba al núcleo urbano, con postes de madera y tendido a baja tensión (posiblemente 110 V o 125 V).
  • El servicio, típicamente nocturno, se regulaba mediante un sistema de pago «por bombilla», común en la época. Cada hogar tenía derecho a encender una única lámpara de 110 vatios de forma simultánea, una limitación que permitía ajustar la demanda a la modesta potencia de la dinamo. Este sistema, aunque restrictivo, suponía una revolución frente a los sistemas de iluminación tradicionales (candiles, velas de sebo o carburo). La operativa requería, además, la dedicación de un vecino que vigilase la instalación y resolviese las incidencias derivadas de las variaciones del caudal o las tormentas.
  • El sistema se mantuvo operativo durante más de tres décadas. Su declive llegó hacia 1960, con la construcción de las líneas de alta tensión que trajeron a la comarca la corriente alterna generada en la central hidroeléctrica de Villalba de la Sierra. Este nuevo suministro, más potente, estable y sin restricciones de uso, hizo obsoleta la modesta «fábrica de la luz», que se desmanteló. El caso de Casas de Garcimolina ejemplifica así un ciclo completo de innovación adaptativa: del batán medieval, pasando por su reconversión en central eléctrica autónoma durante el primer tercio del siglo XX, hasta su integración final en el sistema eléctrico nacional, clausurando un modelo energético local de larguísima duración.

 

Bibliografía

  • Fernández, A. (1998). Arquitectura e industria. Molinos y batanes en la provincia de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.
  • García Molina, J. (2021). Telares y batanes. La industria textil tradicional en la Serranía de Cuenca. [Blog garcimolina.net]. Recuperado de https://www.garcimolina.net
  • López Gómez, A. (1987). Los molinos de La Mancha y de la Serranía de Cuenca. Instituto Juan Sebastián Elcano (CSIC).
  • Parejo, A. (2005). Empresarios y empresas eléctricas en Andalucía (siglos XIX-XX). Universidad de Málaga.
  • Sánchez, R. (2012). Pequeñas centrales hidroeléctricas: tecnología y aprovechamiento. Editorial Paraninfo.
  • Archivo Histórico Provincial de Cuenca (AHP CU). Fondos municipales: Series de actas de pleno y de Gobierno, Licencias de Obras e Industria de los municipios de la Baja Serranía (1900-1936).

 

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