Antes de emprender el viaje de vuelta, Herminio dejó en Caravaca un canasto especial. Trenzado con mimbre de Garcimolina y cañas del río Argos, en las ramblas cercanas a Archivel, en Caravaca. Adornado con dos cruces, una grande (la de la Vera Cruz) y otra pequeña (la del arado de Román).