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RESISTENCIA, REPRESIÓN Y MEMORIA EN LA SERRANÍA DE CUENCA (1944-1948)

Resumen: El presente artículo aborda la historia del campamento guerrillero de Morrogorrino, ubicado en la serranía conquense, como caso de estudio de la resistencia antifranquista y la represión subsiguiente en el ámbito rural. A través del análisis de fuentes orales y documentales, se reconstruye la red de enlaces que sostuvo a los maquis en esta zona, la trágica redada del 6 de enero de 1948 y sus consecuencias en la población civil, así como las iniciativas actuales de recuperación de la memoria histórica. El caso de Morrogorrino ilustra las complejas relaciones entre los guerrilleros y los habitantes de los «rentos» (casas aisladas), la brutalidad de la represión franquista y el deber de recordar a quienes se silenciaron.

Palabras clave: Maquis, guerrilla antifranquista, represión franquista, memoria histórica, Serranía de Cuenca.

1. INTRODUCCIÓN: LA GUERRILLA COMO «LUCHA BORROSA»
La historia de los guerrilleros antifranquistas en España ha sido durante décadas una «memoria clandestina», un relato silenciado tanto por el régimen que los combatió como, paradójicamente, por los propios partidos políticos que en su día impulsaron la resistencia armada. Como señala el historiador Secundino Serrano, «los maquis se convirtieron en los seres invisibles de la historia española» 1. Entre 1939 y 1952, unos 7.000 hombres y mujeres (a los que hay que sumar más de 20.000 enlaces detenidos) protagonizaron la única oposición armada organizada contra la dictadura franquista 2. Fue, en palabras de Paul Preston, «la oposición más seria al régimen de Franco» 3.
Este estudio se centra en un espacio geográfico concreto: la confluencia entre la serranía de Cuenca, el Rincón de Ademuz y la Comunidad Valenciana, una de las zonas donde la resistencia guerrillera dejó una huella más profunda. En particular, abordaremos la historia del campamento de Morrogorrino, un refugio clave para los maquis que operaban en los términos de Casas de Garcimolina y Algarra, y la red de apoyo civil que lo hizo posible. A través de testimonios orales y documentación de archivo, reconstruiremos los hechos acontecidos en torno al 6 de enero de 1948, fecha del asalto de la Guardia Civil al campamento, y analizaremos las consecuencias que tuvo para la población de la comarca.
2. LA AGRUPACIÓN GUERRILLERA DE LEVANTE Y SU PROYECCIÓN EN CUENCA (AGL)
La reconstrucción de la vida en este campamento y las circunstancias de su caída es posible gracias a documentos excepcionales, como el informe del brigada Pedro Merino Izquierdo y, sobre todo, a la documentación incautada por la Guardia Civil tras el asalto. Esta incluía «relación de gente que ha pasado por el campamento, propaganda y normas de uso de explosivos, cuentas del campamento, programa de la escuela, una bandera republicana y tres mapas Michelin», así como una «Lista del personal que hay en el campamento» que menciona a más de treinta guerrilleros, ofreciendo una instantánea única de la estructura humana de la resistencia en la zona.
Para comprender el fenómeno guerrillero en la Serranía de Cuenca, es necesario situarlo en el contexto más amplio de la Agrupación Guerrillera de Levante (AGL), creada en agosto de 1946. Esta agrupación, que luego pasaría a denominarse Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), fue la más numerosa y mejor organizada de todas las que operaron en España, llegando a contar con más de 200 guerrilleros en activo y una estructura de sectores que abarcaba Teruel, Castellón, Valencia y Cuenca 4.
El territorio conquense formaba parte del denominado 5.º sector de la AGL, que comprendía el norte de Cuenca, el Rincón de Ademuz y partes de las provincias de Guadalajara y Valencia. Este sector estaba bajo el mando de Manuel Torres «Rodolfo», sustituido posteriormente por Antonio Gil «Medina» 5. La zona ofrecía condiciones idóneas para la guerra de guerrillas: una orografía abrupta, densos bosques, escasa densidad de población y una tradición de izquierdas arraigada en muchos núcleos rurales. Los guerrilleros establecieron campamentos estables en parajes de difícil acceso como los montes de Mira, la sierra de Altamira y, especialmente, la zona comprendida entre los términos de Algarra, Garcimolina y el Rincón de Ademuz.
El campamento de Morrogorrino, ubicado en una zona escarpada y de difícil acceso, se convirtió en uno de los refugios más importantes de la zona. Su ubicación estratégica permitía a los guerrilleros controlar los movimientos de las fuerzas represivas y disponer de rutas de escape hacia la vecina provincia de Valencia. Sin embargo, como ocurrió con la mayoría de los campamentos guerrilleros, su existencia dependía por completo del apoyo de la población civil 6.

3. LOS ENLACES: EL ESLABÓN VITAL Y VULNERABLE DE LA RESISTENCIA
La organización del «llano», es decir, la red de enlaces y colaboradores que apoyaban a los guerrilleros desde los pueblos y casas aisladas, fue el elemento cardinal para la supervivencia del maqui. En palabras de Felipe Matarranz, exguerrillero santanderino: «Los héroes fueron los del llano, que tantas palizas recibieron por apoyarnos, por facilitarnos comida, por no decir si nos habían visto» 7.
En la comarca de Garcimolina, los enlaces eran fundamentalmente habitantes de los «rentos» (viviendas rurales aisladas) y pequeños núcleos como Casas de Garcimolina. Estas familias, en su mayoría campesinas y jornaleras, se vieron atrapadas entre dos fuegos: la presión de los guerrilleros, que necesitaban su ayuda para sobrevivir, y la feroz represión de la Guardia Civil, que castigaba cualquier colaboración como delito de auxilio a la rebelión.
El testimonio de Amador Martínez, vecino de la zona que vivió aquellos años siendo un niño, ilustra esta compleja relación.
«Mis padres habían visto a los guerrilleros alguna vez, pero era difícil acceder al lugar donde estaban». […] «En una ocasión fueron tres hombres a su casa y su madre les preparó una cena que después le pagaron» 8.
Este fragmento revela aspectos fundamentales de la relación entre los maquis y sus apoyos: la clandestinidad de los encuentros, la provisión de comida como forma principal de ayuda y, significativamente, el hecho de que los guerrilleros pagaban por lo que recibían. Como documenta Francisco Moreno Gómez, en la Agrupación Guerrillera de Levante existía una norma no escrita de compensar económicamente a los campesinos para no grabar su precaria economía y para establecer una relación de reciprocidad que reforzara los lazos de confianza 9.
Los enlaces no solo proporcionaban alimentos, sino también información sobre los movimientos de la Guardia Civil, medicinas, ropa y, en ocasiones, refugio en sus propias casas. El Servicio de Información Republicano (SIR) estructuraba estas redes de apoyo, que en Levante alcanzaron un notable grado de organización 10.
Según explican en la gavilla verde: «El campamento guerrillero de Morrogorrino» detalla la brutalidad a la que se enfrentaban estas redes de apoyo. Describe cómo, en el rento de Santerón, a un residente «fue emborrachado para que revelara todos sus conocimientos. Al día siguiente, el individuo fue hallado muerto». Asimismo, en el rento de Dehesilla, la familia de Gabriel Martínez y Consolación, progenitores de Garcimolina, «también fue objeto de torturas» por parte de los famosos cabos Siró y Motos. Estos testimonios, recogidos de la tradición oral, confirman la política de terror sistemático que describe la historiadora Conxita Mir y explican el pánico que llevó al abandono de los rentos.

4. LA TRAGEDIA DEL 6 DE ENERO DE 1948: EL ASALTO A MORROGORRINO
El año 1948 marcó un punto de inflexión en la lucha antiguerrillera. Las autoridades franquistas, bajo la dirección del general Camilo Alonso Vega, intensificaron la represión mediante el decreto-ley sobre Bandidaje y Terrorismo de 18 de abril de 1947, que permitía aplicar métodos expeditivos como la «ley de fugas» y la militarización de la lucha contra el maqui 11. En Levante, la ofensiva fue dirigida por el general Manuel Pizarro Cenjor, que declaró «zona de guerra» extensas comarcas y aplicó una política de «tierra quemada» que incluía desalojos forzosos de masías y la quema de bosques 12.
El origen del asalto se encuentra en la detención, dos días antes, del guerrillero «Negrín» (Victoriano Pradas Martínez, «Pitián», de 49 años). Herido en un enfrentamiento previo, su estado de salud obligó a trasladarlo a Vallanca para ser atendido por el médico José Collado. La noche del 4 de enero, un grupo de guerrilleros, entre ellos «Valencia» y «Sastre», contactaron con los enlaces del pueblo, «Vidal» y «El francés», para coordinar el traslado. Sin embargo, al entrar en el pueblo, el grupo fue sorprendido por una patrulla de la Guardia Civil que se encontraba en un servicio rutinario. En el tiroteo, «Negrín», que estaba impedido, fue capturado, mientras que el resto de guerrilleros y enlaces lograron huir.
Fue un interrogatorio «meticuloso» a «Negrín», según consta en el parte del brigada Pedro Merino Izquierdo, el que reveló la ubicación exacta del campamento en el Morrogorrino e incluso la contraseña de entrada: «a unos cien metros del mismo, principiaban a aullar como si fuera un perro o un lobo y los del campamento, digo, el centinela contestaba de la misma manera». Esta información permitió a las fuerzas de la Guardia Civil —una «contrapartida» del Rincón de Ademuz reforzada con soldados— planificar el asalto con precisión.
El resultado inmediato del asalto fue la muerte de un guerrillero y una oleada de detenciones masivas entre la población civil que había apoyado al campamento. La familia de Amador Martínez fue una de las afectadas. Aquel día, cuando él tenía solo ocho años, la Guardia Civil se llevó a sus padres detenidos, acusados de colaboración con los maquis. Amador recuerda que la paliza que le propinaron a su padre delante de él fue una de esas «cosas que no se olvidan tan fácilmente» 13.
Al amanecer del 6 de enero, las fuerzas concentradas en Ademuz rodearon las cuatro cabañas que componían el campamento. Una espesa niebla obligó a retrasar el ataque hasta pasadas las ocho de la mañana. La mayoría de los guerrilleros habían partido, quedando solo dos: su jefe, «Valencia» (identificado en algunos listados como Felipe Mingarro Pérez), y el herido «Isidro» (Feliciano López). «Valencia» murió en la puerta de una de las chabolas, no sin antes herir al guardia Bernardo Calafell Juan. «Isidro», también herido, se entregó.
El botín incautado fue cuantioso: además de armamento (fusil Mauser, pistola Star, dinamita), se encontraron objetos personales que humanizan a los combatientes. En la mochila de «Valencia» había «tabaco, nueces, ropa, un reloj marca Pamap, un billete de quinientas pesetas, una fotografía de una mujer y de una niña, y otra con otra mujer y dos niñas». La documentación hallada, que incluía planes para volar puentes y asesinar al alcalde de El Cuervo, permitió a la Guardia Civil, a través de las declaraciones de «Isidro», capturar a once enlaces de los caseríos inmediatos, entre ellos Apolinar Martínez Lizcano, consumando así la destrucción de la red de apoyo civil.
El padre de Amador pasó casi tres años en prisión y posteriormente se le forzó a trabajar como «preso político» en la construcción del pantano de El Burguillo, en la provincia de Ávila, dentro del sistema de redención de penas por el trabajo que el franquismo aplicaba a los presos políticos 14. Su madre, aunque pasó menos tiempo en la cárcel, murió joven a consecuencia de la debilidad física y los padecimientos sufridos durante su reclusión.
Esta historia no fue un caso aislado. Todas las familias que vivían en los rentos cercanos al campamento de Morrogorrino sufrieron detenciones, encarcelamientos y, en algunos casos, la muerte. La represión fue ejemplarizante: se trataba de extirpar cualquier posibilidad de apoyo futuro a los guerrilleros mediante el terror. Como ha documentado Conxita Mir, para el caso catalán, en las comunidades rurales la represión devino un «ajuste de cuentas con pretensiones de escarmiento colectivo, impregnada de la brutalidad derivada del conocimiento mutuo entre víctimas y verdugos 15».
Las consecuencias demográficas fueron inmediatas. La Guardia Civil llegó a obligar a los habitantes de los rentos a desalojar sus viviendas por las noches, lo que provocó el abandono definitivo de muchos de estos enclaves y contribuyó al despoblamiento de la serranía. El miedo y el terror calaron tan hondo que varias generaciones silenciaron lo ocurrido.

5. LA FOSA DE ALGARRA. TESTIMONIO MATERIAL DE LA REPRESIÓN
Una investigación publicada en la revista digital Ojos de Moya reveló hace algunos años la existencia de una fosa con una persona enterrada en el cementerio de Algarra, con fecha del 6 de enero de 1948 18. Todo apunta a que podría tratarse del guerrillero abatido durante el asalto al campamento de Morrogorrino, estableciendo así una conexión directa entre el lugar de la lucha y el cementerio donde se sepultó.
Esta fosa constituye un testimonio material de la represión y, al mismo tiempo, un símbolo de las dificultades para recuperar la memoria de los vencidos. Como ha señalado Francisco Espinosa Maestre, miles de personas se enterraron en fosas anónimas durante la guerra y la posguerra, y muchas de ellas nunca identificadas ni inscritas en los registros civiles 17. El hecho de que en Algarra exista una tumba con una fecha concreta y la presunción de que corresponde a un guerrillero abatido es una excepción que permite reconstruir parte de la historia.
La información del documento analizado refuerza esta hipótesis y permite incluso aventurar una identidad. El único guerrillero muerto en el asalto del 6 de enero de 1948 fue el jefe del campamento, «Valencia». Descrito como de «pelo negro, abundante, ojos pardos, bigote recortado», y conocido también por el apodo de «Bigotes», se enterró en Ademuz. Sin embargo, dada la proximidad de Algarra y la fecha de la fosa en su cementerio, no se descarta que, en algún momento, sus restos pudieran haber sido trasladados o que exista una confusión en los registros. Lo que la documentación sí confirma es que el cuerpo sin vida de un alto mando guerrillero, abatido en la lucha, fue el primer y más visible resultado de la redada que aterrorizó a la comarca.

6. LA LUCHA POR LA MEMORIA: INICIATIVAS ACTUALES
Durante décadas, la historia de los guerrilleros y de quienes los apoyaron permaneció en el silencio impuesto por el miedo y la desmemoria institucional. Como advierte Secundino Serrano, «los años de la transición no corrigieron las condiciones objetivas, porque había que adecuar las biografías de algunos líderes comunistas a los perfiles políticamente correctos de la época» 18. La guerrilla fue sistemáticamente excluida de la historia académica y de los libros de texto.
En las últimas décadas, sin embargo, han surgido iniciativas ciudadanas y académicas para recuperar esta parte silenciada de nuestro pasado. En el ámbito de la Serranía de Cuenca y el Rincón de Ademuz, destaca la labor de La Gavilla Verde, asociación con sede en Santa Cruz de Moya que organiza anualmente encuentros de veteranos guerrilleros y actividades de divulgación histórica. También la Asociación de Vecinos Peña el Pardo de Casas de Garcimolina, ha impulsado iniciativas para visibilizar el papel de las mujeres en la resistencia y mantener viva la memoria de lo ocurrido 19.
Estas asociaciones han contribuido a que, como señala el testimonio recogido, «se está empezando a recuperar una parte bastante silenciada y desconocida de nuestra historia». El trabajo de recuperación de la memoria no es solo un ejercicio académico, sino un acto de justicia hacia quienes sufrieron la represión y hacia sus descendientes.

7. EL ESCENARIO LITERARIO: «MAQUIS» DE ALFONS CERVERA
La comarca que nos ocupa ha sido también escenario de la literatura de la memoria. La novela «Maquis» del escritor valenciano Alfons Cervera, publicada en 1997, sitúa su acción precisamente en la confluencia entre la serranía de Cuenca, el Rincón de Ademuz y la Comunidad Valenciana, acercándose a localidades como Santa Cruz de Moya 20.
Cervera sitúa su relato en un pueblo ficticio, «Los Yesares», pero los paisajes, el miedo y la dureza que describe son los que se vivieron en localidades reales como Garcimolina y Algarra. En la novela, las mujeres bajan de la iglesia para subir comida a los huidos del «Cerro de los Curas», un reflejo literario de lo que hacían las mujeres de los rentos cercanos a Morrogorrino en la vida real. La obra de Cervera forma parte de una corriente de narrativa memorialista que, desde finales de los años noventa, ha contribuido a devolver la palabra a los silenciados y a reconstruir el paisaje moral de la posguerra 21.

8. CONCLUSIONES: EL DEBER DE LA MEMORIA
La historia del campamento de Morrogorrino y sus enlaces es un ejemplo paradigmático de lo que fue la lucha guerrillera en España: una resistencia heroica y desigual, sostenida por el apoyo de gentes humildes que pagaron un precio altísimo por su solidaridad. La redada del 6 de enero de 1948 y sus consecuencias ilustran la brutalidad de la represión franquista, que no se limitó a combatir a los guerrilleros, sino que castigó ejemplarmente a quienes les prestaban ayuda, sembrando el terror en las comunidades rurales.
El caso de la familia de Amador Martínez es solo uno entre miles, pero nos permite acercarnos a la dimensión humana de aquellos acontecimientos: un niño de ocho años que ve cómo se llevan a sus padres, una madre que muere joven a consecuencia de los padecimientos sufridos, un padre que pasa años en prisión y se fuerza a trabajar como esclavo en la construcción de un pantano. Son historias que no pueden ser olvidadas.
La fosa de Algarra nos recuerda que la represión dejó huellas materiales que todavía hoy esperan ser reconocidas. Las iniciativas de asociaciones como La Gavilla Verde y La Peña el Pardo, nos muestran el camino a seguir: visibilizar, recordar y dignificar la memoria de quienes lucharon por la libertad y de quienes les apoyaron, a menudo con sus propias vidas.
Como escribió Secundino Serrano al final de su obra, «no se trata de rehabilitar a la guerrilla y redimir a los guerrilleros por el procedimiento de reescribir un pasado ucrónico, teológico y angelical, sino de aproximarnos a su historia, que es un fragmento medular de la historia última de este país» 22. La historia del campamento de Morrogorrino y de sus enlaces es parte ineludible de ese pasado que merece ser conocido y recordado.

REFERENCIAS
op. cit. → Abreviatura de opus citatum u opere citato, que significa “obra citada”. p. 2 → Página específica dentro de esa obra.

1. Serrano, S. (2001). *Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista*. Madrid: p. 18.
2. Moreno Gómez, F. (2002). «La resistencia armada contra Franco». En Casanova, J. et al., *Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco*. Barcelona: Crítica, p. 255.
3. Serrano, op. cit., p. 2.
4. Romeu Alfaro, F. (1987). *Más allá de la utopía: perfil histórico de la Agrupación Guerrillera de Levante*. Valencia: Alfons el Magnànim, pp. 95-98.
5. Serrano, op. cit., p. 235.
6. Moreno Gómez, op. cit., p. 236.
7. Citado en Serrano, op. cit., p. 261.
8. Testimonio de Amador Martínez, dosier local del campamento de Morrogorrino.
9. Moreno Gómez, op. cit., p. 240.
10. Serrano, op. cit., p. 120.
11. Moreno Gómez, op. cit., p. 213.
12. Romeu Alfaro, op. cit., p. 160.
13. Testimonio de Amador Martínez.
14. Sobre el sistema de redención de penas por el trabajo, véase Casanova, J. (2002). «Una dictadura de cuarenta años». En Casanova et al., op. cit., pp. 29-30.
15. Mir, C. (2002). «El sino de los vencidos: la represión franquista en la Cataluña rural de la posguerra». En Casanova et al., op. cit., p. 110.
16. *Ojos de Moya*, revista digital.
17. Espinosa Maestre, F. (2002). «La mecánica de la represión: el golpe y la guerra de exterminio en el Suroeste de España». En Casanova et al., op. cit., pp. 93-95.
18. Serrano, op. cit., p. 21.
19. Información recogida en WEB local. Memoria – Garcimolina.net
20. Cervera, A. (1997). *Maquis*. Barcelona: Montesinos.
21. Sobre la literatura memorialista, véase Serrano, op. cit., pp. 484-486.
22. Serrano, op. cit., p. 27.

BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias y testimonios orales
• Martínez, Amador. Testimonio oral recogido en el dosier local sobre el Campamento de Morrogorrino (sin fecha).
• Ojos de Moya. Revista digital. Investigación sobre la fosa de Algarra.

Fuentes bibliográficas
1. Domingo, Alfonso. El canto del búho: La vida en el monte de los guerrilleros antifranquistas. 2002.
2. Varios autores (AA. VV.). *El último frente: La resistencia armada antifranquista en España, 1939-1952*. Coordinado por Julio Aróstegui y Jorge Marco, Los Libros de la Catarata, 2008.
3. Cervera, Alfons. Maquis. 1997.
4. Serrano, Secundino. Maquis: Historia de la guerrilla antifranquista. 2001.
5. Casanova, Julián, Francisco Espinosa, Conxita Mir y Francisco Moreno Gómez. Morir, matar, sobrevivir: La violencia en la dictadura de Franco. 2002.
6. Fernández Cava, S. (2019). El campamento guerrillero de Morrogorrino. (Garcimolina, 20 de abril de 2019). El Campamento guerrillero de “Morrogorrino”

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