La sombra del paseo

 LA SOMBRA DEL PASEO

  Represión franquista y resistencia de la CNT, la Serranía Baja de Cuenca (1936-1945)

 

 Casas de Garcimolina

Revista Cultural “Memoria Histórica de Garcimolina”, noviembre 2025

 

Resumen:

La sombra del paseo: este artículo analiza los mecanismos de represión franquista en la Serranía Baja de Cuenca, tomando como estudio de caso el expediente judicial “Documento Garcimolina en formato PDF (1943-1945)”. A través de una aproximación microhistórica, se examina la estrategia del “paseo” como forma de terror ejemplarizante, la persecución específica contra la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y el contexto de resistencia guerrillera en la zona. El documento, que culmina en un sobreseimiento sin condenas, sirve como testimonio de la arquitectura de la impunidad del régimen.

Palabras clave: Memoria histórica, represión franquista, “paseo”, CNT, Serranía de Cuenca, guerrilla, impunidad.

 

Introducción, un expediente como espejo de la represión

El Documento Garcimolina, un procedimiento sumarísimo iniciado en 1943, no es solo un legajo judicial. Es una radiografía de la represión franquista en el mundo rural. Instruido contra 22 vecinos de las localidades de Garcimolina y Algarra, el expediente (de 121 folios) acusa a los procesados de «desmanes cometidos contra las iglesias» y «requisas e incautaciones llevadas a cabo» durante «la dominación roja». Sin embargo, entre líneas, revela una historia más profunda, la de una comunidad marcada por la violencia de los «paseos», la resistencia anarcosindicalista y la imposición de un silencio forzado.

Este artículo utiliza este caso concreto para explorar el marco teórico de la represión franquista, entendida no como un exceso, sino como una estrategia calculada de terror, tal como señalan historiadores como Javier Rodrigo.

 

El marco de la represión. Del «Paseo» al terror sistemático

El término «paseo», un eufemismo macabro, designaba las ejecuciones extrajudiciales. Era la «Ley de fugas» aplicada en descampados, de noche, para eliminar físicamente a los disidentes y sembrar un pánico con «efectos paralizantes» en la población. Esta práctica fue la punta de lanza de un sistema represivo masivo que, según Rodrigo, causó unos 150.000 muertos y 300.000 encarcelados.

El expediente Garcimolina, aunque posterior a la guerra (1939-1945), está impregnado del eco de esta violencia. Las declaraciones de los testigos, tomadas bajo la coacción de un régimen victorioso, buscan no solo castigar actos del pasado, sino reafirmar el nuevo orden. El proceso judicial se convierte en un instrumento más de dominación, donde el miedo guía la pluma de los declarantes.

 

El contexto geográfico, la serranía baja, tierra de guerrilla y represalia

La investigación se sitúa en la Serranía Baja de Cuenca, un territorio agreste donde municipios como Santa Cruz de Moya y sus aldeas (La Olmeda, Las Rinconadas) se convirtieron en emblemáticos focos de resistencia guerrillera (maquis). Esta conexión es crucial.

La presencia de los maquis agudizó la represión sobre la población civil, sospechosa de ofrecer apoyo logístico. La línea entre un «requisa» durante la guerra y la colaboración con la guerrilla en la posguerra era delgada y a menudo mortal. El monumento a los guerrilleros españoles erigido en Santa Cruz de Moya en 1991 es un testimonio contemporáneo de esta lucha y su legado en la memoria local.

 

La CNT como objetivo prioritario, colectivización y respuesta franquista

La acusación de haber formado parte de la «Colectividad C.N.T. y U.G.T. de Garcimolina» (folio 85) es central en el expediente. La CNT, que había liderado una profunda revolución social con colectivizaciones agrarias, era un enemigo ideológico primordial para los sublevados. Su historial de resistencia a la dictadura de Primo de Rivera y su papel clave en la defensa inicial de la República la señalaron para una represión especialmente virulenta.

El documento detalla estas colectivizaciones, presentadas como «incautaciones». Declaraciones como la de Julián Pérez Jiménez (folio 78) relatan cómo Vicente Valero Cano, presidente del comité, lo coaccionó con una pistola para que «cediera voluntariamente» sus fincas. Este caso ilustra la doble naturaleza de la represión: castigo por un acto concreto (la colectivización) y aniquilación de un proyecto político y social alternativo.

VICENTE VALERO CANO

«Vicentón», el revolucionario perseguido (1936-1952)

Perfil y liderazgo durante la guerra civil

Conocido por el sobrenombre de «Vicentón» (presencia física, imponente y un carácter temido y respetado), era el presidente del Comité de Defensa y de la Colectividad de la CNT y UGT en Garcimolina. El expediente lo pinta como el principal ideólogo y ejecutor de la transformación revolucionaria en el pueblo.

  • Arquitecto de la colectivización:Según múltiples declaraciones, fue la mente tras las incautaciones y la creación de la colectividad. El expediente recoge testimonios de cómo obligó a los propietarios a «ceder voluntariamente» sus tierras bajo coacción. Julián Pérez Jiménez relata (folio 78) cómo Vicentón lo amenazó con una pistola en su propia casa y lo encarceló brevemente para forzar su adhesión.
  • Responsable de los «Desmanes»: Se le señala como el principal responsable de la quema de imágenes religiosas y de la destrucción de la iglesia, actos que el régimen franquista consideraba «excesos» de la «dominación roja».
  • Figura central y temida: El informe de las autoridades del pueblo (folio 76) lo reputa como «la persona que en el pueblo ha tenido la dirección de la mayoría de los desmanes que se han cometido». Es descrito como un hombre de «carácter izquierdista» pero con matices, ya que se reconoce que en algunos casos defendió a personas contra «atropellos de la horda marxista», una contradicción común en líderes locales con poder absoluto.

 

El papel de Vicente Valero «Vicentón» como frenó a las milicias externas

Dentro del complejo y a menudo sangriento, panorama de la retaguardia republicana en la Serranía Baja de Cuenca, el caso de Garcimolina, presenta una particularidad significativa que debe resaltarse: la intervención decisiva de Vicente Valero «Vicentón».

Mientras que en los primeros meses de la guerra (julio-diciembre de 1936), milicias republicanas procedentes de la zona de Requena —vinculadas a la CNT y el PCE— llevaron a cabo una dura represión en pueblos de la comarca, caracterizada por detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales («paseos») y una profunda fractura social, en Garcimolina este patrón de violencia fatal se quebró.

Según la memoria histórica y los testimonios recogidos en la zona, Vicente Valero, a pesar de su liderazgo revolucionario y su papel en la colectivización y la quema de iglesias, ejerció su autoridad local para «parar los pies» a estas brigadas foráneas. Su intervención, basada en su influencia como presidente del Comité y posiblemente en su condición de anarco sindicalista, impidió que las milicias externas se cobraran vidas entre los moradores del pueblo.

Este hecho matiza profundamente su figura.

«Vicentón» no fue solo el líder radical que impulsó la transformación social a cualquier coste; fue también un hombre de poder local que supo ejercerlo para proteger a su comunidad de la violencia externa más extrema. Su acción creó una paradoja. Garcimolina sufrió la revolución social y la destrucción de su patrimonio religioso, pero se libró de la sangría de los «paseos» que sí afectaron a localidades vecinas. Este detalle es esencial para entender los complejos mecanismos de poder, lealtad y violencia en la España rural durante la guerra civil, donde las dinámicas locales podían, en ocasiones, contener la furia desatada del conflicto.

Esta protección no lo eximiría de la persecución franquista, que lo juzgaría por los «desmanes» cometidos dentro del pueblo, pero añade un matiz fundamental a su legado, el de un líder que, en medio del caos, trazó una línea que no permitió cruzar a quienes venían de fuera.

Su longeva vida y su muerte en libertad son el epílogo más elocuente de su historia, fue un vencido que, al final, sobrevivió a sus vencedores. El hombre que encarnó el poder popular durante la guerra y que desafió al régimen desde la sierra durante 13 años, terminó sus días paseando por las calles de un pueblo que, para bien o para mal, nunca pudo olvidar su nombre. Su figura se transforma así de «peligroso rojo» a símbolo de la tenacidad humana y de la compleja y larga memoria de los pueblos de España.

 

Significado histórico

La larga clandestinidad de «Vicentón» lo convierte en un símbolo.

En conclusión, Vicente Valero «Vicentón» fue mucho más que un nombre en un expediente. Fue el líder revolucionario que intentó cambiar su mundo, el hombre perseguido que desafió al régimen desde las sombras durante 13 años, y finalmente, otra víctima de la implacable y duradera represión franquista. Su larga desaparición no fue un silencio, sino un largo y amargo capítulo de resistencia.

 

El mecanismo del «Paseo» y la violencia extrajurídica

Aunque el expediente judicial no documenta ejecuciones directas, el concepto del «paseo» sobrevuela el procedimiento. La desaparición forzada de Juan Francisco Pérez Alonso, detenido por la 69.ª Brigada Mixta y del que «no se ha vuelto a saber de él» (folio 37), es el ejemplo más claro. Su caso, denunciado por su familia, sigue el patrón del «paseo», detención arbitraria, traslado indeterminado y desaparición final. Esta práctica, lejos de ser un hecho aislado, era la materialización más cruda del terror, destinada a eliminar al «enemigo» sin dejar rastro ni permitir duelo.

 

OCHO PERSONAJES CONDUCIDOS HACIA SALVACAÑETE O CAÑETE

Contexto del Hecho

Durante la estancia de la 69.ª Brigada Mixta en Fuente de Pedro Naharro (diciembre de 1937), se realizaron detenciones masivas de vecinos acusados de ser «afiliados a Izquierda y Unión Republicana y C.N.T.». Entre los detenidos, un grupo de ocho personas fue separado del resto y trasladado hacia otra localidad.

El declarante Francisco Yunta describe este hecho con las palabras textuales (folio 37):

«Alcanzando estas detenciones a algunos evacuados, como Mariano Sánchez y una muchacha de unos veinte años, apellidada, Guzmán Sesena.» Eran llevados a la Comandancia Militar establecida en Radio Comunista […] donde permanecieron en compañía del declarante toda una noche. […] Como no había motivo fundamental para las detenciones, se les puso en libertad, y debe tenerse en cuenta que la mayoría de estos detenidos, seguramente por denuncias falsas, lo fueron con anterioridad y juzgados por el Tribunal Popular.

 

Inmediatamente después, en el mismo folio, se añade la información crucial:

«A estos ocho evacuados los llevaron a Cañete o Salvacañete».

Lista de los ocho personajes

El documento no enumera los ocho nombres completos, pero sí proporciona datos parciales a partir de los cuales podemos reconstruir el grupo.

  1. Mariano Sánchez (evacuado).
  2. Guzmán Sesena (muchacha de ~20 años, evacuada).
  3. Seis personas cuyos nombres no se especifican, pero que formaban parte del conjunto de «evacuados» detenidos aquel día.

Nota importante: El término «evacuados» se refiere a personas que habían huido de sus pueblos de origen (posiblemente por el avance del frente de guerra) y se habían refugiado en Fuente de Pedro Naharro. Esto las convertía en figuras vulnerables y susceptibles de ser detenidas con mayor arbitrariedad.

 

Análisis del episodio

  • Naturaleza del traslado: El hecho de que fueran conducidos a Cañete o Salvacañete (poblaciones mayores y con mayor presencia de mandos militares) en lugar de ser liberados con el resto, sugiere que fueron sometidos a un procedimiento distinto y potencialmente más severo.
  • Falta de Información Posterior: El expediente no aclara qué sucedió con este grupo tras su traslado. No hay más referencias a su suerte final, lo que abre la posibilidad de que pudieran haber sido sometidos a consejos de guerra, encarcelados o, en el peor de los casos, víctimas de «paseos».
  • Patrón Represivo: Este episodio ejemplifica un patrón recurrente: las fuerzas militarizadas (en este caso, una brigada republicana) realizaban redadas y trasladaban a detenidos entre localidades, un procedimiento que, en el contexto de la guerra, podía desembocar en violencia extrema y desapariciones.

 

La arquitectura de la impunidad. Del expediente al sobreseimiento

El desenlace del Documento Garcimolina es tan revelador como su contenido. A pesar de la gravedad de las acusaciones y de las numerosas declaraciones incriminatorias, el Auditor de Guerra recomienda en 1943 la «terminación sin declaración de responsabilidad» (folio 113). En 1944, se ordena el «sobreseimiento provisional» (folio 119).

Este final no significa la inocencia de los acusados, sino la consolidación de la impunidad. El régimen, una vez consolidado y habiendo logrado su objetivo de aterrorizar y someter a la población, archivaba miles de casos. La justicia militar franquista no buscaba equidad, sino ser un instrumento de legitimación y control. El mensaje era claro, el poder podía investigarte, procesarte y arruinarte, pero la absolución final dependía de su conveniencia, borrando así cualquier noción de justicia para las víctimas.

 

Memoria frente al archivo del olvido

El Documento Garcimolina es un microcosmos de la represión franquista. En él confluyen el «paseo» como herramienta de terror físico, la persecución ideológica contra la CNT, el contexto de una guerrilla resistente y la farsa judicial que culmina en impunidad. Su valor para la memoria histórica es incalculable. Estudiar a estos expedientes, cruzar sus datos con archivos civiles y recurrir a la historia oral para rescatar nombres como el de Juan Francisco Pérez Alonso, es un acto de justicia epistemológica.

  • Es la prueba viviente (y muerta), de la violencia más extrema. Su nombre representa a los desaparecidos, aquellos que no tuvieron ni siquiera una tumba donde sus familias pudieran llorarlos. El hecho de que su caso quedara impune, diluido en el sobreseimiento general del expediente, es una doble injusticia: primero, la de su asesinato extrajudicial, y segundo, la del olvido administrativo al que el sistema franquista condenó a sus víctimas.
  • Su historia es un recordatorio crucial de que la memoria histórica no solo debe juzgar a los verdugos, sino también buscar a los desaparecidos y devolverles su identidad y su lugar en la historia. Investigaciones futuras en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca o en el Archivo General de la Guerra Civil Española, (Salamanca), podrían intentar cruzar su nombre con listas de fosas comunes de la zona para, quizás, cerrar un capítulo que ha permanecido abierto desde 1937.

Frente al archivo del olvido que el franquismo pretendió construir, la labor del historiador y del movimiento memorialista es devolver la voz a los silenciados y demostrar que, como evidencia este documento, detrás de un sobreseimiento provisional hay siempre una historia de violencia, resistencia y una deuda pendiente con la verdad.

 


Bibliografía citada

  1. Rodrigo, J. (2005). Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947. Crítica.
  2. Documento Garcimolina.pdf (1943-1945). Procedimiento sumarísimo. Archivo Histórico del Ejército.
  3. Espinosa, F. (ed.) (2006). Violencia roja y azul. España, 1936 a 1950. Crítica.
  4. Banc de la Memòria Democràtica (Generalitat de Catalunya): Su enlace web ya lo menciona. Profundizar en esta fuente puede deparar nueva información sobre su estancia en Cataluña.
  5. Rodrigo, Javier y Fuentes, Maximiliano (2022), Ellos, los fascistas. La banalización del fascismo y la crisis de la democracia, Madrid, Deusto.
  6. Rodrigo, Javier (ed.) (2023), Posguerras civiles europeas, 1939-50: una historia comparada, Madrid, Marcial Pons.

 


 

 

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