Amador sobre los sucesos de Santerón

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Amador sobre los sucesos de Santerón
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Amador habla sobre cuando, viviendo en Santerón, la Guardia Civil se llevó a sus padres siendo un niño. Esta fue su intervención en las Jornadas «El Maquis» en Santa Cruz de Moya.

Vamos a continuar ahora con el testimonio de Amador, vecino de Garcimolina, que  tuvo contacto con los guerrilleros en el campamento guerrillero de Morro Gorrino y nos va a contar la historia de su familia y todas las vicisitudes que sufrió. Gracias. Muchas gracias.

No soy buen orador, pero voy a contar de mi manera lo que pasamos, mi familia y yo. Un poco, por ejemplo, vamos pasando las imágenes de donde estaba el campamento de Morrogorrino. A medida que vaya hablando, yo le llamo el regalo que nos hicieron los reyes el día 6 de enero de 1948.

Nosotros éramos mis padres y cuatro hijos. Los hijos, yo con ocho años, la mayor con once y los otros dos más pequeños. Entonces, ese mismo día que he dicho, pues ya aparecen las imágenes de la casa donde vivamos.

Ahora son piedras y todo eso. Pero esa casa que vemos en las imágenes, en esa casa que vemos en las imágenes es donde vivamos nosotros. Una casa sola en el campo.

 

Entonces, claro, llega por la mañana, nosotros como críos, pues a ver qué nos han dejado los reyes, entonces, ¿qué no nos iban a dejar? Si no había algo de comida, alguna cosa nueva. Y estando allí, jugando con los animales que teníamos mi hermano y yo, cuando empezamos a ver un tiroteo enorme, sonaban los ametralladoras y tal, y pararon a los siete o ocho minutos otro tiroteo enorme ahí­ en el puntal donde estaba el campamento. Fue cuando percurrieron el campamento.

 

Bueno, pues ya pasó todo eso. A las dos o tres horas, ya viene por allí la policía, y coge a mi padre, el cabo Motos, que era muy conocido en esta zona, y con la pistola en la mano, dice, has tenido suerte que no hayamos caído ninguno, si no, de ahí no te morirías. Nosotros críos, allí delante mi madre, pues llorando, nos mete dentro de la casa para que no lleguemos a las imágenes, y todo eso.

 

Bueno, ya se lo llevaron detenido. Después, a unos 500 metros de la casa, de llevárselo, pues oíamos otra vez cómo le estaban pegando. Le estaban pegando, y entonces, pues claro, yo siempre he pensado, allí había un cambio de razón, que en el camino se pusieron a pegarle allí, a ver si salía corriendo, y aplicarlo a la ley del fútbol.

 

No tiene otra explicación. Pues bueno, ya se lo llevaron detenido. Donde estaban mis abuelos, que allí había tres casas más, a dos kilómetros de la casa que buscábamos nosotros.

 

Se lo llevaron allí, y luego, por la tarde, bajó un tío mío a buscarnos. Dice, no, no, vámonos para allá arriba, que tenemos que estar todos en las casas de Santerón. Ya subimos allí, dormimos allí, y ya por la mañana, cuando nos levantamos, hoy yo creo que reconocería la voz, con la soberbia que hablaba aquel cabo de la Guardia Civil.

 

Venga, dale, y se lo llevaron a todos. Mi madre le dice a un tío mío, oye, cuídate de los chiquillos. Un tío mío, que tenía aquí ahora hoy familia esta tarde, llamado Vitoriano, dice, como que Vitoriano se va a quedar aquí.

 

Se viene delante Vitoriano y usted, todos. Se llevaron a trece personas. Todos los que había.

 

Quedamos solo los chiquillos. Entonces, se llevaron a mis cuatro abuelos, ya mayores, se los llevaron a todos a la cárcel. Desde allí se los llevaron andando a frente del pilo de muelles, que estaba el cuartel, y había allí a Cuenca.

 

Bueno, luego después, ya los juzgaron, ya todo eso, y cuando mi padre, porque estaba más cerca la casa del campamento, le echaban más culpas. Y no era así, porque en mi casa es que no había nada. Si iban alguna vez los guerrilleros a suministrar, iban a las casas de los abuelos, que había más gente, más personas trabajando, y tenían más posibilidad de ganar el cenar, por ejemplo.

 

Y así, yo me acuerdo que en mi casa solamente una noche o tres de noche vinieron tres. Vinieron tres allí, nos decían que eran compradores de ganado, y tal, pero yo vi por la forma que eso, que no eran compradores de ganado, no sabían de ganado nada. Eran guerrilleros, les mandaron a ir a la cena, les hicieron algo de cenar, y que luego después, cuando terminaron, se marcharon, les dieron dinero.

 

Yo me recuerdo, parece que me darían a mí alguna peseta, en fin, ellos pagaban. Si daban dinero, pagaban. Entonces, ya se fueron, y bueno, luego cuando ya vamos a la tarde, nos hemos metido a las casas de Santerón, al otro día por la mañana, que es cuando ya se levantó con aquella soberbia, el frío y tal, y se los llevó todos a detenir en la cuenca.

 

Luego mi padre, como estaba más cerca, lo decía, le echaban las culpas. Dice que los había tenido que ver más, que no sé cuántas, que en fin. Se lo llevaron a… De la cárcel de Cuenca, se lo llevaron a Segovia, a trabajar en un pantano.

 

A Sierra de Mía, apenas. Trabajando en un pantano. Yo luego a veces, algunos hace poco, me decía el señor, me dice, hombre, es que Franco hizo los pantanos.

 

Digo, no, Franco no hizo los pantanos, los hicieron presos políticos, casi todos, sin gastarse ningún dinero. Estaban prestados, como mi padre y otros, a empresas privadas. Y así hicieron los pantanos en muchas obras, por ejemplo.

 

Y por eso digo que todo eso lo vivimos con una edad muy corta, y no se olvida, incluso intentes, no se puede olvidar. A causa de los disgustos, mi madre, pues, como cualquier madre, me imagino que hay muchas personas a que­ jóvenes, madres que tendrán hijos, que tendrán a… Que da que se dejan los hijos solos, se llegan a la cárcel, pues eso. Y entonces, nosotros teníamos familia en Algarra, nos recogió una tía mía, y estuvimos en su casa, hasta que mis padres vinieron de la cárcel.

 

Y… Y eso fue todo. Esa que… Que pasamos mi padre, mi madre, por los disgustos que tuvo, empezó a darle mareos en la cabeza, y tal, y vino, y a los cuatro años de todo aquello, mi madre murió también. Es una historia que no se me puede olvidar, nunca.

 

Y, en fin, yo creo que… No sé si alguna cosa se me olvida, pero… No hay más casos, como dice Pepe, pues voy a cortar la palabra para otro, y siga ahí. Muchas gracias a todos los que han venido a vernos, a los de la Villa Verde, al alcalde, y a los acompañantes de la mesa. Aplausos.

 

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