La II República en la Baja Serranía de Cuenca

La II República en la Baja Serranía de Cuenca

 

Génesis, evolución y memoria histórica

Génesis, evolución y memoria histórica

 

 

Monarquía, caciquismo, dictadura, república y represión franquista en una comarca rural

 

Introducción

La Baja Serranía de Cuenca —esa franja de tierra que abraza la Alcarria conquense, las villas de Huete y Tarancón, y los pueblos serranos del sur, antiguo marquesado de Moya y su capital de comarca Landete— constituye un observatorio privilegiado para asomarse a las grandes convulsiones de la España del siglo XX.

Allí, la transición desde la Monarquía alfonsina hasta la dictadura franquista no fue un eco lejano de los debates parlamentarios de Madrid, sino una experiencia vivida con crudeza, con sus luces y sus sombras, en el día a día de labradores, jornaleros, párrocos y maestros.

El carácter rural de la comarca, su estructura social fuertemente jerarquizada y la influencia persistente del clero y del caciquismo permiten observar cómo los grandes procesos nacionales se filtraron, se adaptaron y se transformaron en un entorno local, dando lugar a una historia tan compleja como apasionante.

La bibliografía especializada coincide en señalar que Cuenca fue, durante la República, una de las provincias más conservadoras de España. Llegando a ser conocida como la «Covadonga del resurgimiento derechista español». Esta realidad, lejos de ser un simple dato estadístico, matiza profundamente la recepción del cambio de régimen y explica muchas de las tensiones que jalonaron el periodo.

El presente estudio, que se apoya en obras generales y en investigaciones recientes sobre la provincia, aspira a recorrer ese camino accidentado. Desde los cimientos de la Restauración hasta el silencio impuesto por la dictadura. Con la voluntad de rescatar del olvido las voces y los rostros de una tierra que vivió la historia con intensidad.

 

Marco cronológico general (1868‑1975)

 

Sexenio democrático (1868‑1874)

  • Reinado de Amadeo I (1870‑1873)
  • Primera República Española (1873‑1874)

Restauración borbónica — caciquismo en la Baja Serranía (1874‑1923)

  • Reinado de Alfonso XII (1874‑1885)
  • Regencia de María Cristina (1885‑1902)
  • Reinado de Alfonso XIII (1902‑1931)

Dictadura de Primo de Rivera. 1923‑1930

II República española (1931‑1936)

  • Entusiasmo en Tarancón y Huete.

Golpe de Estado (1936‑1939)

  • Fracaso inicial en la provincia.
  • Guerra Civil Española.

Dictadura de Francisco Franco (1939‑1975)

  • Represión franquista y fosas comunes.
La II República en la Baja Serranía de Cuenca

 

La Monarquía y la Restauración en la Baja Serranía: el dominio del caciquismo

La Restauración borbónica (1874-1923) consolidó en la Baja Serranía un modelo social y político que se mantuvo inalterado durante décadas. Sus pilares fueron el caciquismo rural, con familias notables que controlaban ayuntamientos y procesos electorales a su antojo.

El predominio del clero, que ejercía una influencia moral y política desde los púlpitos, y una economía agraria de subsistencia, con jornaleros, pequeños propietarios y una industrialización prácticamente inexistente.

El analfabetismo, especialmente femenino, era abrumador, como documenta Francisco Márquez Hidalgo al señalar que, en el conjunto de España, el acceso de las mujeres a la educación seguía siendo un privilegio minoritario.

El partido judicial de Huete se convirtió en un ejemplo paradigmático de este entramado clientelar. Allí, las redes caciquiles encontraron un terreno abonado para perdurar más tiempo que en otras provincias, precisamente por la debilidad de los partidos y grupos de interés organizados. En muchas ocasiones, las presiones de los caciques y las directrices gubernativas condicionaron los resultados electorales mucho más que la voluntad de los ciudadanos. El Carlismo, aunque más fuerte en la Serranía Alta, mantuvo una presencia notable en círculos tradicionalistas de Huete, Tarancón y la Alcarria, reforzando una cultura política profundamente conservadora que veía con recelo cualquier atisbo de modernización.

 

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

 

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930): orden militar y descontento sordo

La llegada de la dictadura de Primo de Rivera fue recibida con ambivalencia en la Baja Serranía. Por un lado, se valoró inicialmente la promesa de orden frente a los conflictos agrarios y la conflictividad social que empezaban a asomar.

Por otro lado, se reforzó el papel de la Guardia Civil, muy implantada en la zona, y se mantuvo la estructura caciquil, ahora bajo tutela militar. Sin embargo, no todo fue conformidad, surgieron focos de oposición entre maestros, jóvenes y círculos republicanos urbanos que veían en la dictadura una traición a las libertades.

Lo más relevante, quizás, fue que la vinculación entre Alfonso XIII y el régimen militar erosionó de manera decisiva la legitimidad monárquica, preparando el terreno para el cambio político que estallaría en 1931. La dictadura, al fin y al cabo, fue un banco de pruebas que desgastó la imagen de la Corona y abrió una grieta por la que se colaría la República.

 

La llegada de la II República (1931): entusiasmo urbano y recelo rural

La proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, fue recibida con auténtico entusiasmo en núcleos urbanos como Tarancón y Huete, donde las clases medias y los trabajadores vieron la oportunidad de una transformación profunda. Tarancón, la segunda localidad más poblada de la provincia, se convirtió en el principal baluarte republicano de la comarca, un faro de esperanza en medio de un mar de conservadurismo. Pero en los pueblos más pequeños y tradicionales, la cautela y el recelo fueron la tónica dominante. No en vano, aunque la Conjunción Republicano-Socialista ganó en la provincia en las elecciones de junio de 1931, Cuenca fue la circunscripción más conservadora de toda Castilla-La Mancha. De los seis diputados elegidos, dos pertenecían a la oposición a la República, y el candidato más votado, Carlos Blanco Pérez, era de la Derecha Liberal Republicana, el ala más conservadora de la coalición gubernamental.

Las transformaciones republicanas se hicieron sentir con fuerza: se impulsó la modernización educativa mediante la creación de escuelas laicas —como las construidas en Cañete y otras localidades— y el aumento de la alfabetización; surgieron nuevas sociabilidades —ateneos, bibliotecas populares, sociedades obreras— que rompían el monopolio cultural de la Iglesia; se ensayaron reformas agrarias que generaron tensiones entre jornaleros y propietarios; y el caciquismo, aunque no desapareció, sufrió un debilitamiento considerable. Pero la Iglesia local reaccionó con firme oposición. El obispo de Cuenca, Cruz Laplana y Laguna, mantuvo una actitud distante ante el nuevo régimen, postura que se incrementó tras la expulsión de su amigo, el cardenal Segura. La República, en definitiva, llegó a la Baja Serranía como un vendaval de esperanza para unos y de amenaza para otros.

La llegada de la II República (1931)

 

Polarización política (1933-1936): el péndulo de las urnas

La Baja Serranía vivió la polarización nacional de forma intensa. En las elecciones de 1933, la derecha —agrupada en la CEDA y en partidos agrarios— avanzó con claridad, recuperando ayuntamientos y posiciones de poder. El bienio radical-cedista supuso un freno a las reformas y un fortalecimiento de los sectores conservadores. Pero la radicalización no se hizo esperar: la represión tras la revolución de Asturias en 1934 tuvo su eco en la provincia, con conflictos agrarios y huelgas que endurecieron las posiciones.

La investigación de López Villaverde confirma que el electorado de Cuenca se mostró inclinado hacia opciones centristas o derechistas, con la excepción de mayo de 1936. En aquellas elecciones, las derechas presentaron como candidatos a personajes vinculados a la Restauración —como Fanjul o Casanova— junto a cuneros de la talla de Primo de Rivera o Franco. Por su parte, los republicanos, divididos en múltiples facciones, tuvieron escaso poder de penetración social en el mundo rural. La provincia quedó así partida en dos mitades, un reflejo de la fractura que ya era irrespirable en toda España.

 

El golpe de Estado de julio de 1936: fracaso inicial y reacción violenta

Cuando el 18 de julio de 1936 estalló el golpe militar, la provincia de Cuenca presentaba un panorama incierto. Las investigaciones más recientes muestran que el golpe fracasó inicialmente por varias razones: la ausencia de guarniciones militares relevantes, la dependencia de la conspiración de élites locales, clero y Guardia Civil, y la falta de coordinación entre los sublevados.

A ello se sumó la movilización republicana en Tarancón y otros núcleos, que logró mantener la zona en el bando leal durante los primeros meses de la guerra. La indecisión en el seno de la Guardia Civil se suplió con la movilización de Falange, a pesar de su limitado número de afiliados y su descoordinada organización. El triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936 y la victoria en las elecciones de mayo —que anularon los resultados de febrero— agudizaron el antagonismo, de modo que cuando los sublevados consiguieron reorganizarse, la respuesta no se hizo esperar.

Fracaso inicial y reacción violenta

 

La Guerra Civil en la Baja Serranía (1936-1939): violencia, hambre y resistencia

La guerra civil convirtió la comarca en un escenario de sufrimiento. La provincia de Cuenca permaneció en el bando republicano desde el inicio del conflicto hasta su conclusión en marzo de 1939. Se produjeron requisas y colectivizaciones en algunos pueblos, mientras que la violencia anticlerical, aunque menor que en otras regiones, dejó heridas profundas. Los religiosos fueron uno de los grupos objetivo de esta violencia: el obispo Cruz Laplana fue fusilado el 8 de agosto de 1936 en el paraje de Puente de la Sierra, al parecer por iniciativa de líderes anarquistas de Tarancón. La represión de derechistas por parte de comités locales fue también una realidad, y la escasez y el hambre se hicieron sentir por la paralización agrícola y la movilización de milicias hacia el frente de Madrid.

La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros seis meses tras el golpe. En Cuenca, estalló a finales de julio, y los paseos —ejecuciones sumarias— comenzaron en la capital el 5 de agosto. Se crearon tribunales populares; el Tribunal Especial Popular de Cuenca conoció 278 sentencias e impuso 6 penas de muerte. Su actuación fue, en términos generales, benévola, con un alto número de absoluciones, lo que contrasta con la imagen de furia incontrolada que a veces se ha transmitido. Pero no hay que engañarse: la guerra dejó un reguero de víctimas y de miedo que marcaría a la población durante generaciones.

 

Casas de Garcimolina

Un pequeño municipio del este de la provincia, se convirtió en un enclave defensivo de primera línea. Desde lo alto de sus cerros, el bando republicano emplazó una serie de líneas de trincheras para controlar y proteger la carretera que unía Salvacañete con Valencia, una ruta estratégica que podía pertenecer a la línea defensiva de la capital valenciana, sede del gobierno de la República durante el conflicto. La trinchera del cerro de la Moracha, construida entre mayo y octubre de 1938 por el batallón de obras y construcciones de la CNT, presenta hoy un buen estado de conservación, salvada de la destrucción por hallarse en retaguardia, lejos del fuego enemigo. Estas fortificaciones, junto con las de la vecina localidad de Algarra, son testimonio mudo de la resistencia republicana y han sido objeto reciente de investigaciones históricas y arqueológicas.

 

Landete

Capital de la comarca de la Serranía Baja, sufrió con especial crudeza los rigores de la guerra. El 22 de enero de 1938, a las dos del mediodía, cuando las familias se disponían a comer, la villa fue bombardeada. Algunas casas se desplomaron con familias enteras dentro; murieron 16 personas. La guerra, como escribieron los cronistas locales, «aportó muchas miserias y penurias, pero quizá ninguna tan imperdonable como el bombardeo».

En el entorno comarcal del Rincón de Ademuz, que incluye Moya y Henarejos, se registraron detenciones y asesinatos de varios sacerdotes y responsables eclesiásticos al iniciarse la sublevación. El párroco de Henarejos, Agustín Navarro Zapata, fue asesinado a finales de agosto de 1936, y otros sacerdotes de la zona corrieron igual suerte en caminos y rutas de la comarca. La destrucción de imágenes y el saqueo de iglesias y ermitas en el partido judicial de Cañete y comarcas colindantes fueron fenómenos documentados por los trabajos sobre la violencia anticlerical de 1936.

La Iglesia y los paseos —ejecuciones sumarias—

 

La represión franquista (1939-1975): silencio, fosas y control clerical

Tras la victoria franquista, la Baja Serranía sufrió una represión sistemática y meticulosa. Consejos de guerra contra militantes republicanos, depuración de maestros, funcionarios y cargos municipales, cárceles y trabajos forzados para vecinos de la zona, y un control clerical reforzado que recuperó su papel central en la vida social. El silencio y el miedo se convirtieron en normas de conducta, y las desapariciones y fosas comunes, documentadas por la ARMH Cuenca, son el testimonio mudo de aquella tragedia.

En Landete y su comarca, la posguerra inmediata trajo la clásica represión franquista: detenciones, causas de depuración y un clima de terror que se prolongó durante décadas. En Santa Cruz de Moya, la memoria de la resistencia antifranquista ha perdurado a través de las jornadas sobre el maquis y la recuperación de las antiguas líneas de trincheras.

Las fosas comunes son el testimonio mudo de aquella tragedia. En la provincia de Cuenca hay registradas 49 fosas, de las cuales 38 aún están por abrir. Es la segunda provincia de Castilla-La Mancha con más fosas comunes vinculadas a la Guerra Civil y la represión franquista. Una de las más conocidas es la del cementerio municipal de Cuenca, que alberga alrededor de 450 víctimas. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca (ARMH Cuenca) trabaja incansablemente para documentar estas fosas, preservar la memoria de los represaliados y colaborar en la creación de un gran archivo de la II República, la Guerra Civil y la posguerra en la provincia. La dictadura consolidó un modelo social conservador que frenó la modernización iniciada en 1931 y condenó al olvido a quienes habían soñado con una España diferente.

 

Las fosas en las cunetas

 

Conclusión: una memoria que reclama justicia

La II República en la Baja Serranía de Cuenca fue el resultado de un proceso histórico complejo, donde confluyeron el agotamiento de la monarquía y del caciquismo —simbolizado por el partido judicial de Huete—, la modernización educativa y cultural republicana, la polarización social entre jornaleros y élites conservadoras, un golpe militar mal coordinado, una guerra civil devastadora que dejó su huella en pueblos como Casas de Garcimolina, Landete, Cañete y Moya, y una dictadura que reprimió y silenció durante décadas la memoria republicana. La comarca constituye un ejemplo claro de cómo los grandes procesos nacionales se vivieron, reinterpretaron y sufrieron en el mundo rural.

Pero la conclusión debe ir más allá: el conocimiento de la violencia política y la conflictividad social previa es un tema que ha reclamado durante mucho tiempo un estudio pormenorizado. La participación política de los ciudadanos comenzó a cambiar el aspecto anterior dominado por la «quietud y un atroz caciquismo».

Hoy, cuando la recuperación de la memoria histórica se abre paso lentamente —con iniciativas como la investigación arqueológica en las trincheras de Casas de Garcimolina y Algarra, o la labor de la ARMH Cuenca—, la Baja Serranía nos recuerda que la historia no es un relato cerrado, sino una herida abierta que exige verdad, justicia y reparación. Solo desde el reconocimiento de lo ocurrido podremos construir un futuro en el que las palabras República y libertad no sean ya motivos de enfrentamiento, sino de encuentro.

 

Bibliografía

Obras adjuntas utilizadas

  • Arrarás, Joaquín. Historia de la Segunda República Española. Madrid, 1939.
  • González Meléndez, Fernando. La otra cara de la II República Española. Madrid, 1999. Edición digital Titivillus, 2020.
  • Márquez Hidalgo, Francisco. Nueve mujeres en las Cortes de la II República. Madrid: Congreso de los Diputados, 2015.
  • Pérez, Ana, y Ernst Toller. Entre la II República y la Guerra Civil española. Madrid, 2000.
  • Tusell, Javier. Historia de España en el siglo XX. II. La crisis de los años treinta: República y guerra civil. Madrid: Taurus, 1999.

Bibliografía complementaria

  • ARMH Cuenca. Informes y estudios sobre represión franquista en la provincia de Cuenca. Cuenca, 2010-2024.
  • Barroso Cabrera, Rafael, Marta Escolá Martínez, Jorge Morín de Pablos y Amalia Pérez-Juez Gil. «Arqueología de la Guerra Civil: Excavaciones arqueológicas en las trincheras». Revista de arqueología 23, nº 250 (2002): 22-31.
  • Cantero de Julián, Juan Ignacio. «Percepciones persistentes sobre la Guerra Civil Española en la Provincia de Cuenca». En Cuenca entre los siglos XIX y XX: Política, sociedad y cultura, 115-138. Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha, 2019.
  • Casanova, Julián. La República y la Guerra Civil. Barcelona: Crítica, 2007.
  • Domínguez-Solera, Santiago D. «Cuenca en guerra: primera campaña de investigación histórica y arqueológica sobre las fortificaciones de la Guerra Civil Española (1936-1939) en los términos municipales de Casas de Garcimolina y Algarra (Cuenca)». Ebre 38, 2023.
  • Juliá, Santos. Un siglo de España. Política y sociedad. Madrid: Marcial Pons, 1999.
  • López Villaverde, Ángel Luis. Cuenca durante la II República: elecciones, partidos y vida política, 1931-1936. Tesis doctoral. Universidad de Castilla-La Mancha, 1994.
  • López Villaverde, Ángel Luis. «La Iglesia de Cuenca durante la II República (1931-1936)». Hispania Sacra 49, nº 99 (1997): 73-102.
  • Peñuelas Ayllón, Juan Carlos. Violencia política y conflictividad social en la provincia de Cuenca durante la II República, 1931-1936. Tesis doctoral. Universidad de Castilla-La Mancha, 2023.
  • Reig Tapia, Alberto. Anti-Franco. Historia de un fracaso. Madrid: Alianza, 2005.
  • Rodríguez Patiño, Ana Belén. La guerra civil en Cuenca 1936-1939. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2002.
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