Observaciones de la Iglesia de San Juan Bautista
Análisis arquitectónico a partir de la observación directa.
Publicado originalmente el 22 de agosto de 2022
Introducción
El presente texto nace de la observación directa y minuciosa de la iglesia parroquial de San Juan Bautista en Casas de Garcimolina (Cuenca). Ante la ausencia de documentación histórica accesible, este ejercicio pretende levantar acta de lo que el edificio revela por sí mismo: sus materiales, sus técnicas constructivas, sus reformas y sus huellas. Se trata, por tanto, de una lectura arqueológica del monumento, donde cada piedra, cada mechinal y cada inscripción se convierten en fuentes primarias.
Lejos de cualquier pretensión erudita basada en textos, este escrito ofrece una enumeración objetiva de observaciones. Con él se busca contribuir al conocimiento de este templo rural y, eventualmente, señalar errores, omisiones o interpretaciones que puedan ser contrastadas y corregidas con futuras aportaciones documentales.
Contexto histórico y constructivo
La iglesia de San Juan Bautista se asienta sobre un templo anterior, probablemente erigido durante la repoblación de las tierras de Moya, entre principios y mediados del siglo XIV, en un periodo anterior a la constitución del Marquesado de Moya. Del edificio primitivo apenas quedan vestigios, aunque algunos elementos, como la puerta cegada en la fachada oeste, podrían pertenecer a aquella primera fábrica.
El templo actual responde a una profunda reforma y ampliación realizada en 1731-1732, bajo el pontificado del cura párroco don Diego Martínez y con la dirección del maestro cantero Juan Picazo. Esta intervención definió la configuración que hoy podemos contemplar, dentro de los cánones del Renacimiento temprano —caracterizado por la sobriedad y la recuperación de elementos clásicos—, aunque con pervivencias de técnicas y formas tradicionales.
Descripción exterior
Aspecto general y materiales
El edificio presenta planta de cruz latina, con una nave de gruesos muros de mampostería bien proporcionada, de corte clásico y austero. Los sillares de piedra caliza, de excelente factura, se reservan para los esquinales, los marcos de ventanas y la portada principal, confiriendo solidez y realce a los puntos estructuralmente sensibles y a los elementos decorativos.
La cubierta de la nave es a tres aguas, con teja de barro cocido sobre estructura de madera de pino. Sobre el tejado se abre una ventana abuhardillada, probablemente para ventilación del bajo cubiente. En el crucero se alza un cimborrio de planta cuadrada, cubierto a cuatro aguas, que alberga en su interior la bóveda, pero que, significativamente, no permite la entrada de luz al ábside, lo que plantea dudas sobre su función original o si se concibió como mera torre de acompañamiento.
Adosada al lado sur del transepto se encuentra la sacristía, pequeña construcción con cubierta inclinada a un agua, también de madera y teja.
La puerta principal (fachada, sur)
Constituye el elemento más cuidado del conjunto. Se trata de un vano enmarcado en sillería de excelente talla, con arco de medio punto ligeramente peraltado que tiende a la forma de herradura.
Las dovelas, bien aparejadas, convergen en una clave central. El arco descansa sobre jambas rematadas por estrechos capiteles a modo de moldura, sobre los que se apoyan las impostas.
La puerta, de madera maciza de quejigo o carrasca, se compone de dos hojas asimétricas. La hoja izquierda, de mayor tamaño, alberga una portezuela para el uso ordinario, mientras que la apertura completa de ambas hojas permite el acceso total del vano, facilitando la salida procesional.
La carpintería, decorada con cuarterones, es de factura tradicional y notable conservación.
Un pórtico moderno, con columnas cuadradas que imitan la mampostería, protege actualmente la entrada.
Las ventanas: distribución y un dintel excepcional
Las cinco ventanas del templo están construidas con sillares bien escuadrados. Su distribución es la siguiente:
- Fachada, oeste (calle La Plaza): una ventana de cinco piezas (dintel, dos jambas, dos alféizares) que ilumina el coro.
- Sacristía (lado este): vano pequeño de cuatro piezas (dintel, dos jambas, un alféizar).
- Fachada, sur, sobre la puerta: dos ventanas de cuatro piezas que iluminan la entrada y la nave central.
- Sobre el tejado de la sacristía (lado sur): una ventana de cinco piezas que da luz al espacio presbiterial. Su dintel presenta una inscripción excepcional: «año 1732 hizo esta lintel Juan Picazo», acompañada de una cruz de ocho puntas o cruz de Malta, también denominada cruz de San Juan, en clara alusión al titular del templo. Este detalle epigráfico resulta fundamental para fechar la reforma e identificar a su artífice.
La fachada del oeste y la puerta cegada
En el muro que da al campanario se conserva una puerta completamente cegada con mampostería. Presenta jambas, dovelas y clave de piedra, formando un arco de medio punto en herradura. Su factura, en mampostería y sillarejo, contrasta con la esmerada sillería de la portada sur. Todo indica que se trata de la entrada primigenia del templo medieval, situada en el extremo opuesto al ábside, según la tradición. Su cegamiento, probablemente durante la reforma del siglo XVIII, respondió a necesidades funcionales: al abrir directamente a la zona del baptisterio, obstaculizaba la circulación de los fieles.
En este mismo muro se aprecian siete mechinales (orificios cuadrados para alojar las vigas del andamiaje durante la construcción), enmarcados con sillarejos, testigos mudos del proceso edificatorio.
El campanario en espadaña
Se trata de una espadaña de factura clásica, rematada con un frontón triangular. Alberga dos vanos de medio punto con sus correspondientes campanas: una mayor a la izquierda y otra menor a la derecha. No se ha podido determinar la fecha exacta de su construcción, aunque se observan distintas fases:
- El cuarto superior del muro de la iglesia y la esquina adyacente al campanario son de sillería original.
- Los dos tercios inferiores son de buena mampostería, rematados en adarajas o dentellones (salientes escalonados para enlazar con obras posteriores).
- Un contrafuerte de piedra toba, de peor calidad, refuerza la base, evidenciando reformas acumuladas.
Un balcón metálico da acceso, mediante una escalera empinada, al coro.
Otras fachadas y marcas del cantero
El recorrido exterior permite identificar numerosos elementos de interés.
- Fachada, norte (parte trasera): presenta entre veinte y veinticuatro mechinales, así como mampostería más descuidada. En el muro del transepto, un sillar esquinero muestra una inscripción con el año de la reforma y el nombre del párroco. «En el año 1731. Siendo cura párroco, don Diego, y de segundo, Martínez». La ejecución de las letras revela lo que podría ser una disgrafía evolutiva del cantero: las dos primeras «N y Ñ» aparecen invertidas, con trazo irregular, mientras que la «N» de «Martínez» está bien orientada y es más cuidada, lo que sugiere la intervención de dos manos o la copia de un modelo.

Año 1731. Siendo el cura párroco don Diego, y de segundo, Martínez.
Iglesia de San Juan Bautista.
Es importante subrayar:
La naturaleza de este error. A diferencia de la epigrafía romana, donde en ocasiones la inversión de letras respondía a criterios estéticos, simbólicos o de código gremial, en el contexto rural del siglo XVIII esta explicación no es viable. No hay en esta inscripción ningún mensaje oculto ni intencionalidad decorativa. Se trata, pura y simplemente, de una limitación técnica del artesano: un cantero con un aprendizaje práctico, probablemente analfabeto funcional, que labró las letras copiando un modelo que no sabía leer, invirtiendo los trazos por puro desconocimiento de la forma correcta. Esta observación refuerza la hipótesis de la «disgrafía» y nos acerca a la realidad humana de la obra, ejecutada por manos hábiles en la piedra, pero no en la escritura.
- Muro este del ábside: se observan dos grandes grietas reparadas sin criterio estético, que afectan a la mampostería original.
- Muros del transepto y sacristía: muestran numerosos vanos cegados con mampostería, indicios de modificaciones en la configuración original de huecos.
En la inscripción se puede leer: año 1732 hizo esta lintel Juan Picazo. «Cruz de San Juan».
Descripción interior
Acceso y primera impresión
Tras cruzar la puerta de cuarterones, se salva un pequeño desnivel entre el zócalo pétreo y el suelo de la nave, este último enlosado con baldosas de barro cocido. El espacio, de planta de cruz latina, se organiza con claridad: nave única, transepto y cabecera poligonal.

El baptisterio
A la izquierda de la entrada, sobre una base elevada y delimitada por una barandilla, se encuentra el baptisterio, con su pila de piedra sobre pedestal. Junto a él nace una pequeña escalera que asciende al coro, protegida con barandilla de madera de pino.
El coro y el acceso al campanario
El coro, situado a los pies de la nave, se ilumina mediante la ventana occidental. Desde él, una pequeña puerta da paso a unas escaleras inclinadas que conducen al balcón del campanario, todo ello protegido con barandillas metálicas.
El presbiterio y el retablo
La cabecera, poligonal, acoge el altar. Sobre él, en el testero plano, se dispone el retablo, que alberga un crucificado enmarcado por dos columnas con capiteles y dintel adosados al muro. Completan el conjunto las imágenes de San Juan, San Miguel y la Virgen María, muestras de la imaginería popular que ha nutrido la devoción local.
La bóveda que cubre el presbiterio descansa sobre los arcos torales, que a su vez sostienen el cimborrio.
El sagrario
En el altar mayor se encuentra el sagrario, lugar destinado a la reserva eucarística.
Conclusiones: un edificio que habla a través de sus piedras
La iglesia de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina se revela, a través de la observación directa, como un palimpsesto arquitectónico en el que se superponen al menos dos grandes momentos constructivos.
- Una fase medieval (siglo XIV), de la que apenas subsisten la puerta cegada del oeste y algunos tramos de mampostería.
- Una profunda reforma dieciochesca (1731-1732), que redefine el edificio con una estética sobria de raíz clasicista, nueva portada, ampliación de la nave y construcción del cimborrio.
Las numerosas huellas visibles —mechinales, vanos cegados, reparaciones, inscripciones— constituyen un valioso registro de la historia constructiva y de las vicisitudes del edificio.
Especialmente relevante resulta la epigrafía conservada: el dintel firmado por Juan Picazo con la cruz de Malta, y el sillar con el nombre del párroco y la peculiar grafía de las «N» invertidas. Estos detalles no solo fechan la obra, sino que humanizan el proceso, evocando la mano del cantero analfabeto que copiaba lo que no sabía leer.
Quedan, no obstante, interrogantes abiertos: la función exacta del cimborrio, la cronología precisa del campanario, la historia de los vanos cegados en los muros del transepto.
La resolución de estos enigmas deberá esperar al hallazgo de documentos que complementen lo que la fábrica del edificio, por sí sola, ya nos ha contado.
Notas sobre terminología arquitectónica
A lo largo del texto se han empleado términos especializados que conviene precisar:
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Abuhardillada: ventana que sobresale de la pendiente del tejado.
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Ábside: cabecera de la iglesia, generalmente poligonal o semicircular, que alberga el altar.
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Adarajas o dentellones: salientes de piedra en un muro para enlazar con una obra posterior.
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Alféizar: derrame interior o repisa de una ventana.
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Arco toral: cada uno de los cuatro arcos que sostienen una cúpula o cimborrio.
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Baptisterio: espacio destinado a la administración del bautismo.
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Bajo cubiente: o bajo cubierta, término arquitectónico del espacio situado inmediatamente debajo del tejado de un edificio, el desván o ático no habitable.
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Capitel: elemento superior de una columna o jamba.
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Cimborrio: torre sobre el crucero que cubre la bóveda interior.
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Clave: dovela central de un arco.
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Coro: espacio elevado a los pies de la iglesia para los cantores.
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Crucero: intersección de la nave principal y el transepto.
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Cruz de Malta o de San Juan: cruz de ocho puntas, emblema de la Orden de San Juan.
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Cuarterones: paneles decorativos en puertas.
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Disgrafía evolutiva: dificultad en el aprendizaje de la escritura, observable en adultos analfabetos.
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Dintel: elemento horizontal que cubre un vano.
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Dovela: cada una de las piezas que forman un arco.
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Espadaña: estructura vertical con huecos para campanas.
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Frontón: remate triangular de una fachada.
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Imposta: hilada sobre la que se asienta un arco.
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Intradós: superficie interior de un arco.
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Jamba: elemento vertical que sostiene un dintel o arco.
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Mampostería: construcción con piedras sin labrar o apenas desbastadas.
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Mechinal u opa: orificio cuadrado para alojar las vigas del andamio.
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Palimpsesto arquitectónico: En la construcción conviven elementos antiguos y modernos.
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Presbiterio: espacio en torno al altar mayor.
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Retablo: obra pictórica o escultórica tras el altar.
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Sillar: piedra labrada regularmente.
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Sillarejo: sillar pequeño de labra tosca.
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Testero: pared opuesta a la entrada principal.
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Transepto: nave transversal que cruza la principal.
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Umbral: parte inferior de una puerta.
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Vano: hueco en una construcción (puerta o ventana).
Este texto es una reelaboración, con fines divulgativos y académicos, de las observaciones publicadas originalmente en agosto de 2022. Su autor, Ángel Martínez M., mantiene los derechos sobre el contenido y agradece cualquier corrección o aportación documental que ayude a completar el conocimiento de este patrimonio local.
IGLESIA SAN JUAN BAUTISTA
ANEXO: Complemento histórico y documental a la observación arquitectónica de la Iglesia de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina.
El presente anexo se redacta como continuación del artículo «Observaciones de la Iglesia de San Juan Bautista», publicado originalmente en agosto de 2022. Su objetivo es incorporar información histórica contrastada que complementa, sin alterar ni solapar, el análisis arquitectónico previo. Las fuentes utilizadas son documentos primarios (expediente judicial 32860, actas municipales de 1939, ficha eclesiástica de la parroquia) y el estudio microhistórico «Las semillas de la Tejería», basado en dichos archivos. Se mantiene el enfoque descriptivo y objetivo, ahora enriquecido con el contexto histórico que la fábrica del edificio no puede contar por sí sola.
La puerta de la CNT en la sacristía: huella de un uso revolucionario
En la descripción exterior del templo se mencionó la existencia de una pequeña construcción adosada al lado sur del transepto: la sacristía, con cubierta inclinada a un agua y más baja que la nave principal. El examen detallado de los muros de este anexo, complementado con la documentación histórica. Revela un elemento hasta ahora no consignado: una puerta cegada en el lado este de la sacristía, orientada hacia la calle que discurre paralela a la cabecera del templo.
Según consta:
En las declaraciones del expediente sumarísimo 32860 (folios 62 y 69), durante el período de dominación republicana, el comité local de la CNT, presidido por Vicente Valero Cano, utilizó la sacristía como sede de sus reuniones.
Para ello, se abrió un vano en el muro este —donde originalmente no existía puerta ni ventana— con el fin de acceder directamente desde el exterior, sin necesidad de atravesar el interior de la iglesia. Esta apertura, realizada con mampostería y posiblemente con algún dintel de madera o piedra, permitía un acceso discreto e independiente.
Hoy, dicho vano se encuentra cegado con mampostería irregular, claramente diferenciable de la fábrica original del siglo XVIII. Su trazado, aunque cubierto, es perceptible en el paramento exterior como un rectángulo de piedras y argamasa de distinta factura. La puerta, que nunca se rehizo, permanece como testimonio mudo, de un uso del espacio sagrado para fines políticos y sindicales durante la Guerra Civil. Este detalle, invisible desde el interior de la sacristía (donde actualmente se conserva una puerta de cuarterones que da al presbiterio), es una de las pocas huellas materiales de la vida revolucionaria del pueblo que aún pueden observarse en el edificio.
La llegada del nuevo San Juan Bautista (1939), reconstrucción simbólica y fractura social
Tras la destrucción de las imágenes religiosas en septiembre de 1936 —descrita en el artículo principal—, la parroquia permaneció vacía hasta el final de la contienda. El 23 de junio de 1939, en el denominado «Año de la Victoria», se produjo la reposición de la imagen titular. El acto, minuciosamente documentado en las actas municipales conservadas, constituye un episodio clave para entender la posguerra en el ámbito local.
La nueva talla de San Juan Bautista fue encargada por una comisión formada por el alcalde Carmelo Pérez Montesinos, el jefe de Milicias Crescencio Montesinos, el jefe de Falange Raimundo Montesinos, el jefe juvenil Claudio Novella y el anciano Lorenzo Montesinos Huerta. A través de dos hijas del pueblo residentes en Valencia —María Montesinos y Carmen Huerta—, se contactó con el escultor valenciano Joaquín Torno Catalán, quien realizó la imagen por un coste de 800 pesetas, sufragado mediante suscripción popular.
La imagen:
Llegó en tren hasta Utiel, y desde allí se transportó en el carro de Ponciano Sáiz hasta Garcimolina. A su entrada en el pueblo, se recibió con repique de campanas —la única disponible era el campanillo de la Virgen de Santerón, prestado por Algarra— y con vítores a San Juan, a España y al Caudillo. Tras ser desempaquetada en la iglesia, se colocó en unas andas talladas por Lorenzo Montesinos. Desde entonces, preside el altar mayor en la cabecera del ábside, flanqueado por las imágenes de San Miguel y la Virgen de Fátima. Estas últimas fueron donadas en 1939 por Mariano Muñoz Montesinos y su esposa María Ferrer, quienes también obsequiaron a la parroquia con un estandarte del santo patrón.
Junto a la suscripción para el nuevo San Juan, se elaboró una «Relación de los vecinos que no han dado para adquirir un San Juan (considerados Rojos)», documento que evidencia la utilización de la reconstrucción religiosa como instrumento de señalamiento político. En dicha lista figuran nombres como Florián Sánchez, Victoriano Argudo, Pedro Soriano, Rufino Sánchez, Paulino Montesinos, y, aunque posteriormente raspado, Saturnino Montesinos Sáez (exalcalde republicano). La lista, conservada en el archivo municipal, es un testimonio de la fractura social que la guerra dejó en el pueblo y de cómo la restauración del culto se convirtió también en un acto de afirmación del nuevo orden.
Las campanas: del «pozo de los temples» a las refundiciones de 1941 y 1988
En el artículo anterior se mencionó, a partir del testimonio del herrero Román Valero Junquero (expediente 32860, folio 69), que una de las campanas de la iglesia fue utilizada por la Compañía de Fortificación del Batallón 281 como recipiente para el temple del metal, recibiendo el nombre popular de «pozo de los temples». Este episodio, ocurrido durante la guerra, explica el mal estado en que quedaron las campanas.
Tras la contienda, las campanas se refundieron en 1941. La documentación parroquial (ficha de 2023) detalla:
- La campana grande recibió el nombre de «Juana», siendo sus padrinos Crescencio Montesinos y Victoriana.
- La campana pequeña se bautizó como «Carmen», con padrinos Juan Pérez y Genoveva.
Ambas campanas permanecieron en uso hasta que, en 1987-1988, la campana grande presentó una grieta vertical que obligó a una nueva refundición. Los trabajos fueron realizados por la fundición Salvador Manclús de Valencia, bajo el pontificado de don Juan García Gorgojo, y el coste se sufragó mediante aportación popular. En este proceso, la campana perdió el nombre original de «Juana», aunque la inscripción actual recuerda el hecho. La campana pequeña, «Carmen», se conserva sin cambios desde 1941.
Actualmente, el campanario en espadaña alberga las dos campanas en sus vanos: la mayor a la izquierda y la menor a la derecha, llamando a los fieles como lo han hecho durante más de ocho décadas, superando las vicisitudes de la guerra y la posguerra.
Otros usos del templo durante la guerra
El expediente judicial y los testimonios recogidos confirman que, además de servir como sede de la CNT en la sacristía, la iglesia se utilizó como almacén de la colectividad y, posteriormente, como caballeriza por las tropas republicanas acantonadas en la zona. La madera de los retablos y bancos fue empleada en parte para las cocinas de la compañía de fortificación, y la alfombra del altar mayor desapareció, según declaraciones, llevada por dicha unidad.
El edificio, despojado de sus elementos litúrgicos, quedó convertido en un espacio polivalente al servicio de las necesidades bélicas y revolucionarias.
Conclusión del anexo
La observación directa del templo, completada con la documentación histórica. Permite leer en sus muros no solo las etapas constructivas (siglo XIV, reforma de 1731-1732), sino también las cicatrices de la Guerra Civil y la posguerra: la puerta cegada de la CNT. La imagen del nuevo San Juan de 1939, las campanas refundidas, la lista de excluidos de la suscripción. Todos estos elementos, aunque invisibles a primera vista, forman parte de la biografía del edificio y de la comunidad que lo habita. La iglesia de San Juan Bautista es, así, un palimpsesto arquitectónico e histórico, donde cada piedra y cada objeto guardan memoria de un pasado complejo, cuyas heridas aún pueden rastrearse con la ayuda de los archivos.
Nota de la redacción: breve apunte biográfico del autor
Natural de Casas de Garcimolina (Cuenca). Su vinculación con el pueblo y su interés por desvelar las claves de su patrimonio le han llevado a desarrollar, durante más de una década, una labor de observación directa y recopilación documental. Aplicando un método riguroso basado en la inspección ocular y el análisis de fuentes primarias —archivos municipales, eclesiásticos, judiciales y notariales—, ha ido construyendo un corpus de conocimiento sobre la historia local que trasciende la mera erudición para convertirse en una herramienta de memoria colectiva.
Su aproximación a la historiografía parte de la convicción de que el rigor académico y la divulgación accesible no son incompatibles. Por ello, sus escritos, sin renunciar a la precisión y al contraste de lo observado con la documentación conservada, buscan llegar a todos los públicos. Haciendo comprensible el pasado sin simplificarlo ni traicionarlo. El presente artículo y su anexo son fruto de esa vocación: ofrecer una lectura del edificio —la iglesia de San Juan Bautista— que integre lo que la piedra cuenta y lo que los papeles silenciaron. Para contribuir al conocimiento y valoración de un patrimonio que encierra las claves de la memoria colectiva de un pueblo de la Serranía conquense.
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