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EL REGADÍO TRADICIONAL DE GARCIMOLINA, PATRIMONIO INMATERIAL DE ESPAÑA
Las acequias y caces de la Serranía Baja, reconocidos por el Gobierno como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial
El 1 de septiembre de 2026, el Consejo de Ministros aprobó, a propuesta del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, el Real Decreto por el que se reconocen los Sistemas Históricos y Tradicionales de Regadío (SHTR) como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España. Esta declaración, amparada por la Ley 10/2015 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, viene a reforzar el reconocimiento de una práctica ancestral que constituye un valioso legado ambiental, tecnológico y paisajístico, además de desempeñar una importante función social en los territorios y comunidades donde se desarrolla.
La decisión del Gobierno español, que culmina un expediente incoado en septiembre de 2025 por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, supone un paso decisivo para la protección de unos sistemas que son «el resultado de una construcción colectiva forjada a lo largo de los siglos a través de una estrecha interacción entre las comunidades humanas y su entorno». Esta coevolución social y ecológica ha dado lugar a paisajes culturales vinculados a la identidad de sus poblaciones, caracterizados por la convivencia de múltiples valores culturales, sociales, económicos, ambientales, ecológicos y paisajísticos.
El reconocimiento nacional se suma al otorgado en 2023 por la UNESCO, que incluyó el «Riego tradicional: conocimientos, técnica y organización» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, a instancias de Austria, Alemania, Bélgica, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza. Como señala el Ministerio de Cultura, este reconocimiento internacional «constituye un marco de referencia al que España podrá sumarse en el futuro».
Un patrimonio vivo en la Serranía Baja de Cuenca
Casas de Garcimolina, enclavado en el corazón de la Serranía Baja conquense, atesora históricamente uno de esos sistemas tradicionales de regadío que ahora ven reconocido su valor patrimonial. La red de canales que surca su término municipal —desde el Caz principal, pasando por los huertos camino del Pozanco, por detrás de la loma, la Umbría hasta las tablillas y la Berzosilla (Ferzosilla), a la Acequia Madre, camino de las vueltas— constituye un ejemplo paradigmático de la ingeniería popular, adaptada a los condicionantes de un entorno de clima mediterráneo continentalizado.
En él, la pluviometría media anual, en torno a los 500-600 mm, y la alta evapotranspiración estival hacen imprescindible el riego para la horticultura de autoconsumo y los pequeños frutales. No obstante, en la actualidad, debido a su desuso, a la falta de mantenimiento, a la despoblación y a la dejación, toda la infraestructura tiende al abandono y a su posterior desaparición. Todo el esfuerzo, el sudor y las lágrimas de nuestros ancestros caerán, tarde o temprano, en el abandono y la posterior desaparición.
La declaración gubernamental subraya que estos sistemas son «creaciones colectivas fruto de una evolución social y ecológica indisociable en los socioecosistemas a lo largo de los siglos». Se trata de sistemas de organización social donde la comunidad portadora establece formas de gobernanza y gestión del agua adaptadas a la morfología, la funcionalidad y el conocimiento aprendido y transmitido por relaciones de parentesco. Esta definición encaja a la perfección con la realidad de Casas de Garcimolina, donde el agua se capta, conduce y distribuye mediante una jerarquía de canales cuyos nombres —azud, caz, acequia, reguero, regajuelo— reflejan no solo funciones técnicas diferenciadas, sino también una profunda carga cultural y local.
RESUMEN
El presente artículo documenta y analiza la red de canales de riego del municipio de Casas de Garcimolina, enclavado en la Sierra Baja de Cuenca. A partir de fuentes locales, bibliografía técnica y la memoria oral recogida en plataformas digitales y las aportaciones inestimables de Eugenio Verdad Seguí.
Se describen los nombres de las acequias (Caz, acequia madre, tablillas, Berzosilla), sus sistemas constructivos en mampostería y piedra seca, y las balsas de almacenamiento. Se constata la ausencia de datos cuantitativos estandarizados (secciones, caudales) en los recursos disponibles, por lo que se señala la necesidad de consultar el organismo de cuenca.
El trabajo profundiza en la institución de las peonadas como forma de mantenimiento comunitario obligatorio y en el entramado normativo que regula los turnos de riego, los derechos consuetudinarios y los permisos administrativos. Se concluye con recomendaciones para futuras investigaciones que integren la documentación histórica, los levantamientos topográficos y el registro oral.
Palabras clave:
Acequias tradicionales, regadío histórico, peonadas, comunidades de regantes, Casas de Garcimolina, Cuenca.

INTRODUCCIÓN
Los sistemas de riego tradicionales de la Serranía Baja de Cuenca constituyen un patrimonio hidráulico y cultural que ha modelado el paisaje agrario y las relaciones sociales durante siglos. En el término municipal de Casas de Garcimolina, la articulación de fuentes, acequias y balsas ha permitido el aprovechamiento de caudales modestos pero estratégicos en un entorno de clima mediterráneo continentalizado. A pesar de su relevancia, estos ingenios carecen a menudo de registros técnicos detallados, lo que dificulta su conocimiento preciso y su protección. El presente artículo reúne la información dispersa en fuentes locales, testimonios y referencias administrativas con el fin de ofrecer una panorámica exhaustiva de los canales de riego de Casas de Garcimolina, abordando sus nombres, materiales constructivos, la organización del trabajo colectivo (peonadas) y el marco de derechos y turnos que rige el uso del agua.
La revisión de contenidos publicados en el archivo digital de la localidad, la consulta de guías técnicas sobre acequias españolas y la caracterización general de los procedimientos administrativos ante la Confederación Hidrográfica competente. Ninguna de las fuentes accesibles proporciona mediciones cuantitativas de caudal o dimensiones.
El Ministerio de Cultura destaca que las comunidades vinculadas a la cultura del regadío han acumulado un amplio patrimonio cultural inmaterial integrado por conocimientos, técnicas, formas de organización y normas consuetudinarias transmitidas de generación en generación de manera oral y escrita, y recogidas en ordenanzas o libros de aguas. «Este legado forma parte de la identidad colectiva de estas comunidades y se refleja en rituales, festividades, topónimos y formas de vida asociadas al agua y a la tierra».
CONTEXTO GEOGRÁFICO E HIDROLÓGICO
Casas de Garcimolina se sitúa en el extremo nororiental de la provincia de Cuenca, en el corazón de la Serranía Baja, una comarca de relieves abruptos modelados sobre calizas y margas del Mesozoico y Cenozoico. La red hidrográfica local está dominada por barrancos, fuentes y arroyos de régimen pluvio-nival, con estiajes acusados. La pluviometría media anual, en torno a los 500-600 mm, y la alta evapotranspiración estival hacen imprescindible el riego para la horticultura de autoconsumo y los pequeños frutales que caracterizan el parcelario de la zona. En este contexto, el almacenamiento en balsas y la conducción por gravedad mediante acequias han sido las estrategias históricas de adaptación.

LA RED DE CANALES: NOMBRES Y TRAZADO
La documentación local identifica un eje principal, procedente del río Algarra y distribuido en el lavadero, denominado «Caz» —término patrimonial que alude al canal que desagua en la acequia mayor—, cuyo trazado medio, viene desde las balsas del salto del Pozanco, discurre por detrás de la Loma hacia la zona sur de la partida de la Umbría y actúa como desagüe de cabecera del sistema. Conectado a la Acequia Madre, que distribuye el agua hacia dos ramales claramente irrigados: las tablillas y la Ferzosilla (con frecuencia transcrita como Berzosilla en fuentes orales). Esta última denominación aparece en la toponimia local asociada a una fuente y al espacio regable contiguo (Garcimolina.net, s. f.- b).
Junto a los canales lineales, el sistema incluye pequeñas balsas de almacenamiento situadas junto a viviendas y huertos. La balsa del tío Ambrosio, debajo de la Peña el Pardo, las del Tornajillo y como la documentada históricamente en la «caseta de la Umbría», donde se encontraban unas balsas de tierra excavada, rudimentarias, que recogían el agua excedente para su uso lúdico, de riego y como decantadores, en momentos de corte del suministro principal (Garcimolina.net, s. f.- a). La interconexión de estos elementos configura una red de riego por turnos, en la que la acequia madre funciona como distribuidor primario y los ramales secundarios atienden a parcelas concretas.
No se han localizado planos parcelarios de detalle con las longitudes exactas de cada acequia, pero la memoria oral y los registros locales confirman que el trazado ha permanecido sustancialmente inalterado desde al menos el siglo XIX, aunque algunas conducciones han sido renovadas con tuberías cerradas en las últimas décadas.
DIFERENCIAS ENTRE AZUDES, CACES, ACEQUIAS Y OTROS CANALES DE RIEGO TRADICIONALES
Los nombres de las infraestructuras hidráulicas tradicionales no son sinónimos exactos, sino que reflejan una jerarquía de funciones, tamaños y, a menudo, una fuerte carga local.
A continuación, se explica cada término.
Azud y su variante «azús».
Un azud es una pequeña presa o dique construido transversalmente en el cauce de un río o arroyo. Su función no es almacenar agua, sino elevar el nivel para desviarla por una toma lateral hacia un canal o acequia. Se trata de la obra de cabecera, es decir, la infraestructura que da origen al sistema de riego. La palabra «azús» es una pronunciación dialectal de la misma realidad y se documenta en algunas zonas de Cuenca y Aragón; en ocasiones se aplica a presas muy modestas de piedra en barrancos. La diferencia clave es que el azud no es un canal, sino la presa que alimenta el canal.
Caz, plural «caces».
El caz es un canal artificial, casi siempre de corta longitud y fuerte pendiente cuando se destina a mover molinos, o de pendiente suave si es para riego. Conduce el agua desde el azud o desde una fuente hasta un molino, una ferrería o la red de acequias. En la Serranía Baja de Cuenca, y en concreto en Casas de Garcimolina, «Caz» se emplea como nombre propio del canal principal que atraviesa la partida de la Umbría y funciona como acequia madre de toda la red. En términos generales, el caz se considera un segmento de cabecera: más profundo, mejor revestido y de mayor solidez que las acequias secundarias.
Acequia
La acequia es un canal de riego de gestión comunitaria que forma parte de un sistema con ordenanzas, turnos y derechos de agua. Es el elemento central del regadío mediterráneo: recoge el agua del caz o del azud y la distribuye entre los regantes. Su tamaño varía: la acequia madre (o acequia mayor) es la arteria principal, de la que nacen acequias secundarias e «hijuelas» cada vez menores. En el artículo previo sobre Casas de Garcimolina, la «acequia madre» deriva del Caz y alimenta los ramales llamados «tablillas» y «Berzosilla». La diferencia con «canal de riego» es de matiz cultural y jurídico: acequia implica comunidad de regantes y costumbre; «canal de riego» es un término más genérico y administrativo.
Canal de riego y canal
Es el nombre más amplio para cualquier conducción artificial de agua destinada al uso agrícola, desde una pequeña reguera hasta una gran infraestructura estatal. El término «canal» por sí solo carece de las connotaciones históricas y sociales que tiene «acequia». Se emplea preferentemente en contextos técnicos modernos o para obras de mayor escala; en la práctica, todas las acequias pueden considerarse canales de riego, pero no todos los canales de riego son acequias.
Reguero
El reguero es un canal pequeño, a menudo un simple surco de tierra o un canalillo de mampostería, que deriva el agua desde una acequia secundaria hacia una parcela, un bancal o una hilera de árboles. Tiene una sección reducida (20-40 cm de ancho) y poca profundidad. Representa el último tramo de la distribución colectiva antes de que el agua entre en el dominio del agricultor.
Regajuelo
Diminutivo de «regajo», el Regajuelo es un hilillo de agua apenas encauzado: puede ser un surco excavado con azada para regar un árbol concreto, una pequeña planta o un rincón de huerto. Es la unidad más pequeña de la red de riego, y en la Serranía Baja de Cuenca el término se aplica también a los hilillos naturales que se aprovechan para un riego puntual.
Canaleta
La canaleta es un canal pequeño, generalmente prefabricado (obra, chapa metálica, PVC o madera) y con frecuencia instalado en alto sobre soportes. Se usa para salvar desniveles, distribuir agua en invernaderos o conducirla desde una balsa a varios puntos. Aunque en los sistemas tradicionales existen canaletas de piedra labrada. El término remite hoy a soluciones más modernas, portátiles o industriales, y se distingue de las acequias y regueros por su carácter funcional y desmontable.

Jerarquía en el caso concreto de Casas de Garcimolina
Para visualizar cómo se relacionan todos estos elementos sobre el terreno, puede imaginarse el siguiente orden: el agua se capta mediante un azud (o directamente de una fuente), se encauza por el Caz (canal principal de cabecera), pasa a la acequia madre y de esta se reparte por acequias secundarias como las tablillas y la Berzosilla. De dichas acequias se derivan regueros que entran en los huertos particulares, y en los puntos más menudos o apartados, el agua corre por el Regajuelo. Las balsas recogen los sobrantes y, en algún caso, el agua se conduce mediante pequeñas canaletas de obra, mampostería o lodo (greda), “como la que hubo antaño en la caseta de la Umbría”. Así, la diferencia fundamental entre estos nombres estriba en la función que cumple cada elemento —toma, transporte principal, distribución colectiva o riego privado— y en la escala con que trabajan.
SISTEMAS CONSTRUCTIVOS: MATERIALES Y TIPOLOGÍAS
La construcción de los canales de Casas de Garcimolina responde a las técnicas tradicionales de la arquitectura hidráulica rural de la Serranía. Predomina la mampostería en seco o tomada con mortero de cal, formando cajeros de piedra caliza irregular que delimitan canales a cielo abierto. En los tramos de mayor desnivel se intercalan saltos escalonados o pequeñas compuertas de madera y chapa para regular el flujo, mientras que en las zonas llanas la sección se ensancha para laminar la velocidad del agua.
Las balsas asociadas al sistema son de planta rectangular o ligeramente trapezoidal, algunos con muros de mampostería, revestidos interiormente con una capa de mortero hidrófugo de cal y arena; los otros excavados en el suelo de tierra compactada. La captación suele realizarse desde un ramal de la acequia, con aliviadero de superficie que retorna los excedentes al cauce natural. La «caseta de la Umbría» constituye un ejemplo representativo: una construcción de tierra compactada con perímetro de piedra seca (ya desaparecida), que albergaba una balsa a cielo abierto, como todas las del circuito de canales, integrando así las funciones de almacenamiento, decantación y protección del agua frente a la fuga superficial, con un aliviadero del sobrante (Garcimolina.net, s. f.- a).
Con la modernización de pocas de las infraestructuras agrarias, (abandono total del cultivo de las tierras, exceptuando los huertos) algunos tramos de acequia han sido sustituidos por tuberías de metal, obra, PVC o polietileno enterradas, perdiendo el carácter a cielo abierto, pero manteniendo el mismo trazado y servidumbres. Estas intervenciones, aunque funcionales, alteran la morfología tradicional y dificultan la inspección visual del estado de la red.
DIMENSIONES, CAUDALES Y LIMITACIONES EN LOS DATOS CUANTITATIVOS
Uno de los principales obstáculos para una caracterización técnica completa es la ausencia de mediciones de sección, longitud y caudal específicamente referidas a las acequias de Casas de Garcimolina en las fuentes públicas disponibles. Ni el archivo digital local (garcimolina.net) ni los testimonios recogidos ofrecen cifras estandarizadas; la información se limita a descripciones funcionales («la acequia trae buena agua», «la balsa se llena en una noche») que no permiten extrapolar magnitudes hidráulicas.
En el contexto general de las acequias tradicionales españolas, las secciones transversales oscilan entre 0,20 y 0,80 m de ancho en solera, con calados de 0,15 a 0,50 m, y los caudales derivados rara vez superan los 50-100 L/s, modulados por compuertas y paradas (Naranjas del Carmen, 2023). Sin embargo, la extrapolación directa a este sistema local carecería de rigor sin un levantamiento de campo.
Para obtener datos cuantitativos fiables, se recomienda la consulta de los siguientes repositorios:
- Archivo Municipal de Casas de Garcimolina: posibles planos catastrales antiguos, actas de la comunidad de regantes o libros de reparto del agua.
- Confederación Hidrográfica del Júcar (Ministerio para la Transición Ecológica): concesiones de aprovechamiento, registros de aguas y visores cartográficos con capas de infraestructuras hidráulicas (MITECO, s. f.).
- Levantamiento topográfico e hidrométrico directo: aforos puntuales en épocas de riego y medición de secciones con estación total o GPS.
Mientras no se complete ese trabajo de campo, cualquier cifra concreta debe considerarse una mera estimación. La presente contribución se limita, por tanto, a describir el funcionamiento cualitativo y las denominaciones de los elementos.
MANTENIMIENTO COMUNITARIO: LA INSTITUCIÓN DE LAS PEONADAS
El mantenimiento de la red de acequias de Casas de Garcimolina se ha sustentado históricamente en la figura de la peonada, (las famosas concejás o concejadas), una forma de trabajo colectivo obligatorio, no remunerado y organizado por la comunidad de usuarios. Cada regante o propietario beneficiario del agua debía aportar un número determinado de jornadas de trabajo —peonadas— proporcionales a la superficie regada o a los derechos de agua que ostentaba. La convocatoria se realizaba por el «regador» o persona encargada de la distribución, habitualmente en épocas de limpieza general (finales de invierno o antes de la campaña de riegos) y tras episodios de lluvias torrenciales que colmataban los cauces (Garcimolina.net, s. f.- a).

Las tareas colectivas incluían:
- Retirada de sedimentos, piedras y vegetación invasora de la solera y los cajeros.
- Reconstrucción de tramos deteriorados con piedra y mortero.
- Limpieza de las compuertas y aliviaderos.
- Mantenimiento de las balsas: vaciado, reparación de revestimientos y eliminación de lodos acumulados.
La frecuencia y el número exacto de peonadas
No están cuantificados en las fuentes locales consultadas, ya que dependían de los acuerdos de la asamblea de regantes y de la costumbre transmitida oralmente. La literatura sobre acequias españolas (Naranjas del Carmen, 2023) confirma que este modelo de trabajo en especie fomentaba la cohesión social y la resolución dialogada de conflictos, al tiempo que garantizaba la sostenibilidad de unas infraestructuras que, de otro modo, carecerían de financiación externa.
Con la transformación socioeconómica y la despoblación, las peonadas han perdido vigencia en muchas localidades, siendo reemplazadas por derramas económicas para contratar maquinaria o personal especializado. En Casas de Garcimolina, la memoria oral indica que hasta fechas recientes se conservaba el espíritu comunitario, pero la práctica se ha reducido a intervenciones puntuales por parte de los pocos hortelanos activos. La pérdida de este mecanismo amenaza la conservación de las acequias y la transmisión del conocimiento asociado.
El Ministerio de Cultura
Destaca que las comunidades vinculadas a la cultura del regadío han acumulado un amplio patrimonio cultural inmaterial integrado por conocimientos, técnicas, formas de organización y normas consuetudinarias transmitidas de generación en generación de manera oral y escrita, y recogidas en ordenanzas o libros de aguas. «Este legado forma parte de la identidad colectiva de estas comunidades y se refleja en rituales, festividades, topónimos y formas de vida asociadas al agua y a la tierra».
NORMATIVA, PERMISOS, TURNOS Y DERECHOS DEL AGUA
El régimen de uso del agua en Casas de Garcimolina se asienta sobre dos pilares complementarios: el derecho consuetudinario local y la normativa administrativa contemporánea.
Derechos consuetudinarios y turnos de riego. La asignación del agua se basa en acuerdos verbales y repartos por turnos (tandas) que la comunidad de regantes ha establecido históricamente. Cada «heredero» o regante recibe el agua durante un período de tiempo proporcional a su propiedad o a la antigüedad del derecho, en un sistema de rotación continua (módulo) que comienza en la cabecera de la acequia madre y avanza hacia los ramales. La administración de los turnos recae en una persona designada anualmente, que abre y cierra las compuertas correspondientes y vela por el cumplimiento de los tiempos. No se han documentado ordenanzas escritas previas al siglo XX, aunque la costumbre goza de reconocimiento tácito.
Marco administrativo moderno.
Desde la entrada en vigor de la Ley de Aguas y la legislación autonómica de Castilla-La Mancha, cualquier aprovechamiento de aguas superficiales o subterráneas requiere, en principio, una concesión o autorización del organismo de cuenca (Confederación Hidrográfica del Júcar). Aunque muchos de los aprovechamientos tradicionales pueden tener la consideración de usos privados por disposición legal (si se acredita una antigüedad anterior a la Ley de Aguas de 1879 o a la de 1985), es necesario que los titulares regularicen sus derechos e inscriban los aprovechamientos en el Registro de Aguas.
Para obras o derivaciones nuevas es preceptivo obtener una autorización administrativa, tanto del Ayuntamiento en lo que respecta a las licencias urbanísticas y la ocupación de vías públicas, como de la Confederación Hidrográfica en lo referente a la alteración de cauces o a la toma de agua. La página del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO, s. f.) ofrece visores geográficos que permiten identificar el dominio público hidráulico y los expedientes de concesión; la consulta de estos registros es el primer paso para cualquier proyecto de rehabilitación o ampliación.
Interacción entre ambos planos.
En la práctica local, los turnos consuetudinarios suelen operar al margen de formalidades administrativas mientras no surjan conflictos o denuncias. Sin embargo, la debilidad demográfica y la falta de renovación generacional están llevando a que algunos derechos no se ejerzan o se confundan, lo que hace recomendable la plasmación escrita de las tandas y la constitución formal de una comunidad de regantes que pueda relacionarse con la Administración y optar a ayudas para la modernización del regadío.

DESAFÍOS PARA LA CONTINUIDAD
El Gobierno advierte que los cambios sociales, económicos y ambientales «ponen a prueba la continuidad de algunas de sus prácticas, conocimientos y modelos tradicionales de gobernanza.
Entre los principales desafíos destaca el envejecimiento de la población, la despoblación de las zonas rurales y la falta de relevo generacional, «factores que favorecen la pérdida de saberes y debilitan la capacidad de gobernanza y gestión que ha sustentado históricamente estos sistemas».
Casas de Garcimolina no es ajeno a esta realidad. La transformación socioeconómica y la despoblación han hecho que las peonadas hayan perdido vigencia, siendo reemplazadas por derramas económicas para contratar maquinaria o personal especializado. La memoria oral indica que hasta fechas recientes se conservaba el espíritu comunitario, pero la práctica se ha reducido a intervenciones puntuales por parte de los pocos hortelanos activos.
UN RECONOCIMIENTO QUE ABRE NUEVAS OPORTUNIDADES
La declaración de los Sistemas Históricos y Tradicionales de Regadío como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial supone un reconocimiento que, como señala el Ministerio de Cultura, «refuerza el valor cultural, ambiental y social de estas prácticas agrícolas ancestrales». Para localidades como Casas de Garcimolina, este reconocimiento abre la puerta a:
- La puesta en valor de un patrimonio hidráulico que, además de su función agrícola, encierra valores históricos, etnológicos y paisajísticos merecedores de protección.
- La posibilidad de acceder a fondos para la restauración y conservación de los elementos más degradados de la red.
- El impulso a la investigación y documentación de unos sistemas que, a pesar de su relevancia, carecen a menudo de registros técnicos detallados.
- El fomento del relevo generacional mediante la transmisión de unos conocimientos que, como subraya la UNESCO, se transmiten «de manera informal». «Mediante la observación y la formación por parte de miembros experimentados».
- La declaración, según ha precisado el Ministerio, «reconoce y salvaguarda» el patrimonio cultural inmaterial constituido por «las prácticas culturales del riego tradicional, sin alterar el régimen jurídico de los bienes materiales asociados, ni incidir en las competencias sectoriales en materia de aguas, medio ambiente, agricultura o gestión del territorio».

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES PARA LA INVESTIGACIÓN FUTURA
- El sistema de riego de Casas de Garcimolina constituye un ejemplo notable de ingeniería popular adaptada a los condicionantes de la Serranía Baja. La toponimia de sus acequias (Caz, tablillas, Berzosilla) y la presencia de balsas como la de la Umbría revelan una organización espacial. Y un saber técnico que ha permitido el cultivo en un medio ecológicamente limitante. La construcción en mampostería y piedra seca. El mantenimiento mediante peonadas y la regulación por turnos de base consuetudinaria son rasgos compartidos con otras acequias del interior peninsular, pero su documentación específica es aún fragmentaria.
- El reconocimiento de los sistemas históricos y tradicionales de regadío como manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial de España. Coloca a las acequias, caces y regueros de Casas de Garcimolina en el lugar que les corresponde: el de un patrimonio vivo, fruto de siglos de interacción entre la comunidad y su entorno. Ha modelado paisajes, forjado identidades y sostenido formas de vida.
- La red de canales que surca el término municipal —desde el Caz hasta el más modesto Regajuelo— no es solo una infraestructura hidráulica: es la expresión material de un saber colectivo. De unas normas consuetudinarias y de una organización social que ahora ven reconocido su valor excepcional. Que este reconocimiento sirva para impulsar su conservación y para que las generaciones futuras puedan seguir aprendiendo, como han hecho sus antepasados, el arte de conducir el agua por la ladera.

Las principales limitaciones detectadas son la ausencia de datos cuantitativos de caudal y dimensiones. La falta de un registro escrito de los turnos y derechos, y la debilidad actual de la institución de las peonadas. Para subsanarlas, se proponen las siguientes líneas de actuación:
- Investigación archivística: rastrear en el Archivo Municipal de Casas de Garcimolina y en el Histórico Provincial de Cuenca las actas de la comunidad de regantes, los libros de riego y los expedientes de obras hidráulicas.Trabajo de campo y levantamiento topográfico: Medir las secciones de las acequias, realizar aforos en diferentes épocas y georreferenciar el trazado completo de la red.
- Registro de la memoria oral: Entrevistar a los mayores del lugar para recoger los nombres de parajes, los tiempos de riego, el número histórico de peonadas y las anécdotas en torno a la gestión de conflictos. La plataforma Garcimolina.net ya ha iniciado esta labor, que debería intensificarse.
- Regularización administrativa y puesta en valor: Promover la constitución de una comunidad de regantes formal que elabore ordenanzas actualizadas y gestione la inscripción de los aprovechamientos, facilitando la conservación y la posible obtención de fondos para restaurar los elementos más degradados.
- Solo a través de la integración de estas fuentes será posible completar el conocimiento de un patrimonio hidráulico que, además de su función agrícola, encierra valores históricos, etnológicos y paisajísticos merecedores de protección.
REFERENCIAS
- Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado (2025). Resolución de 4 de septiembre de 2025, de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, por la que se incoa expediente de declaración de «Los sistemas históricos y tradicionales de regadío» como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. BOE-A-2025-18183.
- Europa Press (2026, 1 de septiembre). Los sistemas históricos y tradicionales de regadío, declarados Manifestación Representativa del Patrimonio Inmaterial.
- Garcimolina.net (s. f.- a). La caseta de la Umbría. https://garcimolina.net/archivo-historico/la-caseta-de-la-umbria.
- Garcimolina.net (s. f.- b). Las fuentes de Casas de Garcimolina. https://garcimolina.net/noticias/las-fuentes-de-casas-de-garcimolina/
- Infobae/EFE (2026, 1 de septiembre). Los sistemas de regadío tradicional, reconocida manifestación del patrimonio inmaterial.
- MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) (s. f.). Visores y cartografía del agua. https://www.miteco.gob.es/es/cartografia-y-sig/visores/visores-agua.html
- Naranjas del Carmen (2023, 25 de julio). Manifiesto de las acequias. Blog El Exprimidor. https://www.naranjasdelcarmen.com/blog/el-exprimidor/2023/07/25/manifesto-acequias/
- UNESCO (2023). Riego tradicional: conocimientos, técnica y organización. Inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Artículo elaborado a partir de la documentación recogida en el archivo digital de Garcimolina.net y de las fuentes bibliográficas y administrativas citadas.