De la dictadura de Primo de Rivera al franquismo

 

 

De la dictadura de Primo de Rivera al franquismo

 

Resumen

El presente artículo analiza la evolución de la represión ejercida sobre las mujeres educadoras en España a lo largo de tres períodos históricos consecutivos: la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), la Segunda República (1931-1936) y el franquismo (1939-1975). A través del examen de fuentes primarias, documentación de archivo y el caso paradigmático de las hermanas Jiménez Millán, se demuestra que la dictadura primorriverista sentó las bases de un control moral y profesional sobre las maestras que, tras el paréntesis de normalización republicana, fue retomado y agravado por el franquismo. La posguerra no supuso una ruptura, sino un continuismo exacerbado de los mecanismos represivos ya ensayados en la década de 1920, ahora legitimados por la victoria militar y el nacionalcatolicismo.

 

Palabras clave:

Represión de género, magisterio femenino, dictadura de Primo de Rivera, Segunda República, franquismo, depuración franquista, memoria histórica.

 

Introducción

La historia de la educación en España durante el siglo XX está atravesada por una tensión permanente entre modernización y reacción autoritaria. En el centro de esa tensión se situaron las maestras, profesionales que encarnaron el ideal de mujer independiente y transformadora, pero que pagaron con su carrera y su dignidad personal el precio de transgredir los moldes de feminidad impuestos por los regímenes dictatoriales.

La represión sobre las educadoras no fue un fenómeno exclusivo del franquismo, sino que hunde sus raíces en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Este artículo sostiene que el franquismo no inventó la represión sexuada del magisterio femenino, sino que la heredó, la sistematizó y la agravó tras el breve paréntesis de la Segunda República, período en el que las maestras alcanzaron cotas de reconocimiento profesional y libertad personal sin precedentes.

 

La dictadura de Primo de Rivera: el precedente represivo

La dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) representó un período de autoritarismo que, en el plano educativo, se tradujo en el deseo de acabar con las conquistas pedagógicas y profesionales del magisterio. El régimen primorriverista desplegó mecanismos de control ideológico sobre los docentes que anticipaban los que décadas después utilizaría el franquismo.

 

El control de la moral femenina

El contrato de maestras de 1923, transcrito en la documentación adjunta, constituye un documento excepcional para comprender la lógica represiva de la época. En él se establecen catorce condiciones que las maestras debían cumplir so pena de anulación automática del contrato:

  • Prohibición de casarse.
  • Prohibición de andar en compañía de hombres.
  • Obligación de estar en casa entre las 8 de la tarde y las 6 de la mañana.
  • Prohibición de fumar, beber alcohol o maquillarse.
  • Prohibición de vestir ropas de colores brillantes o vestidos por encima de los tobillos.
  • Obligación de usar al menos dos enaguas.
  • Prohibición de viajar en coche con ningún hombre excepto su hermano o su padre.

 

 

Este documento evidencia

Que la represión sobre las maestras no se limitaba a su labor profesional, sino que se extendía a todos los ámbitos de su vida privada. La maestra era sometida a un control exhaustivo de su cuerpo, su vestimenta, sus relaciones sociales y su moralidad. Como ha señalado la historiografía reciente, durante la dictadura primorriverista las educadoras sufrieron formas específicas de «represión y exilio interior» que condicionaron severamente su desarrollo profesional y personal.

La prohibición del matrimonio y la vigilancia de la vida amorosa de las maestras revelan una concepción de la mujer educadora como un ser cuya sexualidad debía ser controlada y regulada por el Estado. La maestra no era considerada una profesional autónoma, sino una figura moral que debía encarnar la virtud y la sumisión.

 

La instrumentalización patriarcal de la educación

Durante la dictadura de Primo de Rivera, «los maestros y maestras fueron considerados como agentes de transmisión ideológica». Sin embargo, la represión se aplicó de manera desigual: mientras los maestros varones eran vigilados por sus ideas políticas, las maestras lo eran además —y quizá sobre todo— por su conducta moral y su adecuación al modelo de feminidad dominante.

El contrato de 1923 no es un documento aislado. Forma parte de una cultura represiva que concebía a la mujer educadora como una amenaza potencial al orden social y familiar. Su independencia económica, su acceso al conocimiento y su presencia en el espacio público la convertían en un sujeto peligroso que debía ser estrictamente regulado.

 

La Segunda República: el paréntesis de normalización

La proclamación de la Segunda República en 1931 supuso un cambio radical en la situación de las maestras. El nuevo régimen democrático impulsó una reforma educativa ambiciosa que situó la escuela pública en el centro del proyecto de modernización social.

 

La dignificación de la profesión docente

Durante la República, «las maestras encarnaron el ideal republicano de mujer moderna e independiente». El gobierno republicano abolió los institutos de segunda enseñanza específicamente femeninos y los convirtió en mixtos. Las maestras participaron activamente en la conquista de los derechos de las mujeres y en la modernización de la educación.

La República reconoció a las maestras como profesionales de pleno derecho, valoradas por su competencia pedagógica y no por su sumisión moral. Las fotografías de la época muestran a maestras como Perpetua Jiménez Millán junto a sus compañeros, en instantáneas que reflejan «el proyecto pedagógico innovador que el franquismo se empeñaría en destruir».

 

La ruptura con el pasado dictatorial

La República supuso una ruptura con el modelo represivo de la dictadura primorriverista. Las maestras pudieron ejercer su profesión sin las humillantes restricciones del contrato de 1923. La educación se convirtió en un instrumento de transformación social y las maestras en agentes de cambio.

Sin embargo, esta normalización fue breve. La sublevación militar de 1936 y la posterior victoria franquista pusieron fin al proyecto republicano y desencadenaron una represión sin precedentes sobre el magisterio.

 

El franquismo: continuismo agravado

La llegada del franquismo no supuso una ruptura con las prácticas represivas de la dictadura de Primo de Rivera, sino su reactivación y agravamiento. Los mecanismos de control moral y profesional ensayados en la década de 1920 fueron retomados y sistematizados por el nuevo régimen, ahora legitimados por la victoria militar y la ideología nacionalcatólica.

 

 

La depuración del magisterio

La depuración franquista del magisterio constituyó una «política sistemática de eliminación del modelo educativo republicano y de castigo ejemplarizante a los docentes, considerados agentes esenciales de la «desviación» ideológica de la Segunda República». Los maestros y maestras se sometieron a una doble represión: «administrativa, a través de las Comisiones Depuradoras creadas por decreto en 1936, y penal, mediante los temidos Consejos de Guerra Sumarísimos».

El caso de Perpetua Jiménez Millán ilustra con especial crudeza este proceso. En marzo de 1939, la Falange de Mollet presentó un informe contra ella acusándola de ser «gran entusiasta de todos los partidos rojos, y gran propagandista en todas partes, y en todas las ocasiones se manifestaba en contra del GMN (Glorioso Movimiento Nacional)». La Comisión de Informes del Ayuntamiento añadió que «hablaba en contra de los Nacionales y a favor de los rojos y su conducta moral dejaba mucho que desear».

Aunque el tribunal militar la absolvió en agosto de 1939, el régimen la sometió a la depuración administrativa y la «separaba definitivamente del servicio». Perpetua Jiménez Millán, como tantas otras maestras, fue víctima de «la doble represión que padecieron las mujeres, por sus ideas y por transgredir el rígido modelo de moralidad femenina del nuevo régimen».

 

La doble condena de género

La investigación sobre la depuración franquista ha demostrado que «las maestras reciben, sobre todo en el proceso represivo que juzga las acciones en el espacio público, el mismo trato severo que los maestros, siendo incluso más duramente castigadas que estos en algunos comportamientos propios del espacio privado».

El análisis de los expedientes de depuración revela que «los cargos políticos fueron frecuentes en todos los casos, pero su distribución fue más elevada en maestros que en maestras». Sin embargo, «las sanciones evidencian el control social que el régimen pretendía hacer sobre ellas, puesto que se juzgó más en ellas las actitudes morales y religiosas».

Mientras sus compañeros varones «recibieron sanciones relativamente leves (traslados o inhabilitaciones temporales)», el caso de Perpetua Jiménez Millán «tomó un cariz diferente cuando entró en juego su condición de mujer». La represión franquista «fue implacable contra hombres y mujeres; las motivaciones, las causas y los efectos son necesariamente distintos». Las maestras se castigaron no solo por lo que habían hecho, sino por lo que eran: mujeres independientes en un régimen que exaltaba la sumisión femenina.

 

La posguerra: el retorno al contrato de 1923

La posguerra supuso la restauración, en clave nacionalcatólica, de los mecanismos de control que la dictadura de Primo de Rivera había ensayado en la década de 1920. El régimen franquista «mostró una proyección de la mujer como educadora sumisa, orientada hacia la obediencia y la moral cristiana».

La Sección Femenina de Falange asumió el adoctrinamiento de niñas y jóvenes, «ejerciendo sobre ellas durante casi cuatro décadas» un control ideológico que reproducía los patrones del contrato de 1923. Las maestras debían encarnar los valores del nacionalcatolicismo: sumisión, virtud, maternidad y obediencia. Cualquier desviación de este modelo se castigaba con la depuración y la marginación.

El franquismo no inventó la represión sexuada del magisterio; la heredó de la dictadura primorriverista, la perfeccionó y la elevó a la categoría de política de Estado. La posguerra fue, en este sentido, un continuismo agravado de los mecanismos represivos ya existentes.

 

 

Documento aportado por: Gloria Pérez Cornet

 

El caso de las hermanas Jiménez Millán: paradigma de la represión sexuada

El caso de Perpetua y Lorenza Jiménez Millán constituye un paradigma de la represión sexuada ejercida sobre las educadoras españolas. Naturales de Casas de Garcimolina (Cuenca), estas dos hermanas pertenecían a una saga de maestros que habían hecho de la escuela pública un espacio de transformación social.

Perpetua ejerció como maestra nacional en Mollet del Vallès, mientras que Lorenza lo hizo en Corbera del Llobregat. Ambas fueron víctimas de la «represión brutal por su condición de mujeres». El caso de Perpetua, en particular, muestra cómo la acusación de «conducta moral» reprobable —calificada de «moral turbia»— constituyó la clave de su condena.

La documentación consultada demuestra que la represión sobre las hermanas Jiménez Millán no se fundamentó en su parentesco con un familiar cenetista, sino en su condición de mujeres independientes y profesionales. Como tantas otras maestras republicanas, fueron castigadas por su triple condición: mujeres, republicanas y docentes.

 

Conclusiones

La represión de la mujer educadora en España no fue un fenómeno exclusivo del franquismo, sino que hunde sus raíces en la dictadura de Primo de Rivera. El contrato de maestras de 1923 constituye la expresión más explícita de un modelo represivo que concebía a la maestra como un sujeto moralmente peligroso que debía ser estrictamente regulado.

La Segunda República supuso un paréntesis de normalización en el que las maestras pudieron ejercer su profesión con dignidad y libertad. Sin embargo, la victoria franquista puso fin a este proyecto y reactivó los mecanismos represivos de la dictadura primorriverista, ahora agravados por la ideología nacionalcatólica y la violencia de la guerra.

La posguerra no fue, por tanto, una ruptura, sino un continuismo agravado de las prácticas represivas ya existentes. El franquismo no inventó la represión sexuada del magisterio; la heredó, la sistematizó y la convirtió en un instrumento fundamental de su proyecto de restauración del orden patriarcal.

El caso de las hermanas Jiménez Millán, como el de tantas otras maestras republicanas, nos recuerda que la represión de género no es un fenómeno accesorio de los regímenes autoritarios, sino un elemento central de su lógica de dominación. La memoria de estas mujeres, rescatada por plataformas como garcimolina.net, constituye un acto de justicia histórica y un instrumento para que el pasado no se repita.

 

Bibliografía

  • Fernández Soria, J. M. y Agulló Díaz, M. C. (2010). Depuración de maestras en el franquismo. Studia Historica. Historia Contemporánea, 17.
  • Robles Sanjuán, V. (2023). Control y exilio interior de las educadoras en la dictadura de Primo de Rivera.
  • Robles Sanjuán, V. (2024). Las educadoras en la dictadura primorriverista.
  • Ramos Zamora, S. (2004). La depuración del magisterio de primera enseñanza en Castilla-La Mancha (1936-1945). Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.
  • net. Memoria Histórica. Perpetua Jiménez Millán; Represión franquista contra maestros.
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