La gran nevada de 1945 en Garcimolina

Geografía, clima, aislamiento y memoria de un invierno excepcional

 

Resumen

La gran nevada de enero de 1945 constituye uno de los episodios meteorológicos y sociales más severos conservados en la memoria de la Serranía Baja de Cuenca y, particularmente, de Casas de Garcimolina. Aquel invierno combinó precipitaciones nivales extraordinarias, temperaturas extremas, aislamiento prolongado, interrupción de las comunicaciones, pérdida de ganado y una grave crisis de subsistencia.

Este artículo reconstruye aquel episodio a partir de la tradición oral, las referencias periodísticas y diversos estudios sobre la geografía física, la climatología, la hidrología y los riesgos nivales del Sistema Ibérico meridional. El análisis permite comprender que la catástrofe no fue únicamente consecuencia de una nevada excepcional, sino del encuentro entre un fenómeno natural extremo y una sociedad rural de posguerra, dependiente de unas comunicaciones frágiles y de una economía fundamentalmente ganadera y de autoconsumo.

Palabras clave: nevada de 1945, Casas de Garcimolina, Serranía Baja de Cuenca, Montes Universales, río Júcar, río Cabriel, frío extremo, inversión térmica, Sistema Ibérico, memoria.

 

Memoria de un invierno excepcional

 

1. Introducción: cuando el invierno se volvió eterno

Imaginar el invierno de 1945 en la Serranía Baja de Cuenca exige abandonar la imagen de una nevada ordinaria. Durante aquellos días, los caminos desaparecieron bajo la nieve, el frío penetró en las viviendas y la comunicación con el exterior quedó prácticamente interrumpida. Para los habitantes de Casas de Garcimolina, el temporal no fue solo un episodio meteorológico: se convirtió en una experiencia colectiva de aislamiento, incertidumbre y resistencia.

Aquel invierno no fue un fenómeno aislado de la comarca. El invierno de 1944-1945 fue uno de los episodios de frío más severos registrados en España durante el siglo XX. La situación comenzó a finales de diciembre de 1944, con importantes nevadas en las dos Mesetas, y se prolongó hasta enero de 1945, cuando la entrada de aire polar produjo heladas muy intensas y temperaturas excepcionalmente bajas. La Agencia Estatal de Meteorología considera el período comprendido entre el 28 de diciembre de 1944 y el 20 de enero de 1945 como una única ola de frío. Esta ola de frío afectó a amplias zonas de la Península y contribuyó a que el aislamiento y las dificultades descritas en Garcimolina se vivieran también en otros muchos lugares de la España interior.

La memoria de las personas mayores ha conservado expresiones como «época de frío glaciar» y «gran nevada» para describir aquel invierno. Algunas narraciones hablan incluso de «hambruna». Desde una perspectiva histórica rigurosa, y a falta de registros sistemáticos de mortalidad que permitan confirmar una hambruna generalizada, resulta más prudente hablar de una situación de escasez crítica, inseguridad alimentaria aguda y crisis de subsistencia. Sin embargo, estas cautelas terminológicas no disminuyen la gravedad de la experiencia vivida por numerosos hogares.

La reconstrucción de aquel episodio se apoya en dos tipos de fuentes. Por una parte, se encuentran los estudios científicos dedicados al clima, la geografía y la hidrología del Sistema Ibérico. Por otra, la tradición oral, los recuerdos familiares, las referencias periodísticas y la documentación aportada por la Asociación de Vecinos «La Peña el Pardo» permiten aproximarse a la dimensión social de la catástrofe.

 

2. Un territorio situado entre montañas y ríos

Casas de Garcimolina, en un espacio de singularidad geográfica, el entorno de los Montes Universales y de la Serranía Baja de Cuenca, dentro del Sistema Ibérico meridional. Este territorio forma parte de uno de los principales nudos hidrográficos de la península ibérica, donde nacen o tienen sus cabeceras algunos ríos fundamentales, entre ellos el Tajo, el Júcar, el Turia y el Cabriel.

La posición del área dentro de este gran sistema montañoso explica buena parte de sus características climáticas. El Sistema Ibérico actúa como divisoria de aguas entre las vertientes atlántica y mediterránea, al tiempo que sus relieves canalizan, retienen y transforman las masas de aire. Las montañas funcionan como una pantalla orográfica capaz de interceptar corrientes atlánticas perturbadas, favoreciendo precipitaciones abundantes, especialmente durante el invierno.

El relieve de la Serranía de Cuenca es además de naturaleza kárstica, con numerosas dolinas, depresiones, valles cerrados y resurgencias, (agua subterránea vuelve a salir a la superficie). Estos accidentes no son simples elementos del paisaje, condicionan la circulación del aire, la acumulación de nieve y la persistencia de las bajas temperaturas. Los valles y las hoyas pueden comportarse como auténticas cubetas en las que se concentra el aire frío.

Por este motivo, el territorio reúne dos características aparentemente contradictorias. Es, al mismo tiempo, una zona de extraordinaria riqueza hídrica y un espacio especialmente vulnerable frente a los episodios de frío, nieve y aislamiento.

 

3. El clima pluvionival de los Montes Universales

Los estudios de geografía e hidrología definen el régimen climático de la cabecera del Júcar como pluvionival de raigambre atlántico-mediterránea subtropical. Esta expresión alude a un clima en el que se combinan las precipitaciones líquidas y sólidas, con un importante componente nival durante los meses fríos.

En distintos observatorios del área se alcanzan valores próximos a los 1.000 milímetros de precipitación anual. El máximo pluviométrico se registra en invierno y, al menos, una cuarta parte de las precipitaciones puede producirse en forma de nieve. Por tanto, la nieve no era un fenómeno extraño para los habitantes de Casas de Garcimolina: formaba parte del ciclo climático habitual de la montaña.

Lo excepcional de 1945 fue la intensidad y la persistencia del episodio. La gran nevada puede interpretarse como una exacerbación extrema de un patrón climático propio de la comarca. No se trató de un fenómeno completamente ajeno al territorio, sino de la manifestación extraordinaria de unas condiciones que normalmente se expresaban de manera menos severa.

La cabecera del Júcar y el Alto Cabriel eran espacios de abundantes precipitaciones, innivaciones prolongadas y temperaturas invernales entre las más bajas de España. Esta realidad ya había sido observada en estudios anteriores, que señalaban la importancia de la nieve en el régimen de los ríos y en la configuración de los paisajes de montaña.

En este sentido, el invierno de 1945 debe situarse dentro de una tradición climática más amplia. Las innivaciones habían sido todavía más prolongadas durante la Pequeña Edad de Hielo, especialmente a mediados del siglo XIX, pero continuaban siendo considerables en las primeras décadas del siglo XX.

 

El episodio tuvo dos fases principales

A finales de diciembre de 1944 se produjeron nevadas importantes en amplias zonas de la Península, especialmente en las dos Mesetas. Durante los primeros días de enero de 1945 irrumpió una masa de aire polar marítimo del noroeste, seguida de cielos despejados y fuertes heladas nocturnas. A mediados de enero, la situación fría persistió y las nevadas se extendieron también a áreas del litoral mediterráneo, Andalucía y otras zonas poco acostumbradas a precipitaciones de nieve. La combinación de nieve en el suelo, aire polar y noches despejadas favoreció las llamadas heladas de irradiación: durante la noche, la superficie terrestre perdió rápidamente calor y las temperaturas descendieron hasta valores extremos. El resultado fue una sucesión de jornadas en las que la nieve permanecía sin fundirse, los caminos quedaban bloqueados y el hielo dificultaba las comunicaciones y las actividades agrícolas.

 

4. El frío extremo y la inversión térmica

La nevada estuvo acompañada por temperaturas extraordinariamente bajas. Los registros de enero de 1945 documentan valores extremos en distintos observatorios peninsulares: -10,1° C en Madrid-Retiro el día 16, su mínima absoluta del siglo XX; -20,4° C en Ávila el día 17; -21,2° C en Daroca el día 3; y -11,5° C de mínima con -6,3° C de máxima en Segovia el día 13. Estas cifras permiten hacerse una idea de la intensidad del frío que pudo afectar a las zonas altas de la Serranía Baja y a las majadas de la sierra.

Estos valores se inscriben en un episodio de frío mucho más amplio. El 3 de enero de 1945 se registraron heladas generalizadas, con numerosas estaciones por debajo de los −10° C. Entre los valores más destacados figuran los −19,0° C de Burgos-Villafría, los −17,4° C de León-Virgen del Camino, los −16,8° C de Reinosa o los −15,5° C de Albacete-Los Llanos. También se registraron valores extraordinarios en el interior peninsular: −27,6° C en el aeródromo de Ávila el día 17 y temperaturas próximas a −25° C en Calamocha y en Uña, en la provincia de Cuenca. La referencia a Uña, donde se alcanzaron −24,6° C, confirma la intensidad del episodio en la Serranía conquense, un territorio especialmente expuesto a este tipo de situaciones por su altitud y su situación en el interior peninsular.

Para comprender estos valores es necesario explicar el fenómeno de la inversión térmica. En una situación invernal estable, con cielo despejado y poco viento, el suelo pierde calor durante la noche mediante irradiación. El aire que está en contacto con la superficie se enfría, aumenta su densidad y desciende por las laderas. Posteriormente, queda acumulado en el fondo de valles, hoyas y dolinas.

En condiciones normales, el aire más cálido se encuentra cerca del suelo y la temperatura disminuye con la altura. Durante una inversión térmica ocurre lo contrario: el aire frío queda atrapado en las zonas bajas, mientras que el aire situado a mayor altitud puede presentar temperaturas relativamente superiores.

La configuración del relieve es determinante. Un valle con forma de cubeta y algún estrechamiento orográfico favorece la retención del aire frío. La Serranía de Albarracín y los Montes Universales reúnen numerosos lugares con estas características, lo que explica la existencia de auténticos «polos del frío».

La nieve intensifica aún más el proceso. Su superficie blanca refleja una parte importante de la radiación solar mediante el denominado efecto albedo. Como consecuencia, el suelo absorbe menos energía durante el día y se calienta con mayor dificultad. Si además las noches son despejadas y calmadas, el enfriamiento se prolonga y puede alcanzar valores extremos.

Los estudios de la Sierra de Albarracín han demostrado la capacidad de este territorio para generar temperaturas inferiores a -20 °C durante las noches de inversión.

Desde el punto de vista físico, los registros históricos de enero de 1945 resultan, por tanto, verosímiles. La combinación de nieve persistente, cielos despejados, inversión térmica y relieve cerrado pudo producir un frío particularmente intenso en Garcimolina y en las áreas altas de la sierra.

 

Podcast

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5. El aislamiento: diez días con el mundo detenido

La consecuencia más inmediata de la nevada fue la incomunicación. En 1945, las comunicaciones de la comarca eran muy diferentes de las actuales. Muchos itinerarios eran caminos de herradura, estrechos, sinuosos y vulnerables a la acumulación de nieve. No existía la actual red viaria ni los medios mecánicos de limpieza disponibles en la actualidad.

Este aislamiento no fue exclusivo de Garcimolina. En las zonas serranas y de la Baja Sierra, la sucesión de nevadas y heladas debió tener efectos similares: interrupción o dificultad de los caminos, aislamiento temporal de aldeas, congelación de fuentes y conducciones de agua, daños en cultivos y dificultades para alimentar y desplazar el ganado

La nieve convirtió los caminos en superficies impracticables. Los desplazamientos quedaron limitados al entorno más próximo de las viviendas y, en numerosos casos, ni siquiera fue posible acceder con normalidad a corrales, majadas, fuentes o tierras de labor.

La tradición oral ha conservado el recuerdo de un aislamiento que pudo prolongarse durante aproximadamente diez días. Durante ese tiempo, la circulación de personas, animales, mercancías y noticias quedó gravemente limitada. La comunidad tuvo que organizarse con los recursos disponibles y depender de sus propias reservas.

 

Las consecuencias principales fueron las siguientes:

  • Interrupción de los suministros: dejaron de llegar con normalidad alimentos, medicamentos, leña, sal, aceite, harina y otros productos básicos.
  • Suspensión del correo y de las comunicaciones: las noticias del exterior se retrasaron y cualquier gestión administrativa o sanitaria se volvió extremadamente difícil.
  • Dificultad para acceder a médicos y asistencia: una enfermedad, un accidente o un parto podían convertirse en situaciones de alto riesgo.
  • Problemas para obtener combustible: la imposibilidad de transportar leña agravó la exposición de las familias al frío.
  • Deterioro de las viviendas y construcciones auxiliares: el peso de la nieve sobre tejados y cubiertas frágiles aumentó el riesgo de daños y derrumbes.
  • Peligro de placas de hielo, desprendimientos y pequeños aludes: la nieve no solo impedía circular, sino que podía desplazarse o caer desde laderas y tejados.

El aislamiento fue también psicológico. La sensación de encontrarse dentro de un «cerco blanco», sin posibilidad de recibir ayuda ni saber cuándo terminaría el temporal, dejó una huella profunda en quienes lo vivieron.

 

6. Una economía de subsistencia al límite

La sociedad rural de Casas de Garcimolina dependía en gran medida de la ganadería, de la agricultura y de los recursos obtenidos directamente del entorno. La ganadería no constituía únicamente una fuente de ingresos: proporcionaba leche, carne, fuerza de tiro, estiércol y, en algunos casos, la posibilidad de intercambiar productos.

La nevada bloqueó el acceso a pastos, corrales y refugios. Los animales quedaron expuestos al frío, a la falta de alimento y a la dificultad de recibir cuidados. La acumulación de nieve impedía desplazarlos o conducirlos hacia zonas más seguras.

La muerte de ganado tuvo consecuencias que se prolongaron más allá del temporal. Cada animal perdido representaba una merma de los recursos familiares y reducía la capacidad de recuperación posterior. No se perdía solo una pieza de ganado: también desaparecían leche, carne, abono, fuerza de trabajo y posibilidades de reproducción.

La interrupción de las comunicaciones agravó una situación ya delicada por el contexto de la posguerra. La economía doméstica estaba debilitada, el acceso a los alimentos podía ser irregular y la capacidad de adquirir productos en el exterior era limitada. En estas condiciones, una nevada prolongada podía transformar rápidamente una dificultad climática en una crisis social.

La expresión popular «hambruna» debe entenderse dentro de esta experiencia concreta. No significa necesariamente que existiera una hambruna generalizada y estadísticamente documentada en toda la comarca, pero sí refleja la percepción de peligro y privación vivida por muchos hogares. Desde el punto de vista académico, la fórmula más precisa sería hablar de una crisis de subsistencia asociada a la inseguridad alimentaria.

 

7. La nieve y los riesgos del Sistema Ibérico

El Sistema Ibérico se extiende en dirección noroeste-sureste entre la depresión del Ebro y la Meseta a lo largo de más de 500 kilómetros. Dentro de su sector central y sudoccidental se encuentran la Sierra de Albarracín, los Montes Universales y diversas sierras de la Serranía de Cuenca.

Se trata de una cordillera caracterizada por inviernos muy fríos y nevadas abundantes durante los meses centrales del invierno. Aunque el estudio de los aludes de nieve se centra especialmente en otros sectores y en áreas de mayor altitud, sus conclusiones ayudan a entender la capacidad general de esta cordillera para acumular espesores importantes y generar desplazamientos de nieve.

 

Riesgos asociados a temporales, no se limitan a las bajas temperaturas. Deben considerarse:

  • Peso acumulado sobre tejados y construcciones.
  • Placas de hielo en caminos y laderas. Desprendimientos de nieve.
  • La pérdida de visibilidad.
  • Dificultad para localizar personas o animales.
  • Aislamiento de majadas y refugios.
  • Imposibilidad de reparar caminos, presas rústicas y otras infraestructuras.

En las condiciones de 1945, los caminos de herradura y las construcciones rurales eran especialmente vulnerables. La nieve podía convertir una ruta conocida en un espacio peligroso y borrar las referencias habituales del paisaje.

 

La gran nevaba de 1945 en Garcimolina

 

8. El Alto Júcar y el Cabriel antes de la regulación hidráulica

La nevada de 1945 se produjo cuando el río Júcar conservaba todavía un régimen esencialmente natural. Su caudal dependía de las precipitaciones, los deshielos, las aportaciones subterráneas y la dinámica estacional propia de la cuenca.

La cabecera del Júcar era considerada una cabecera bien constituida y abundante. En la estación de Cuenca se ha señalado un caudal relativo de aproximadamente 8,30 litros por segundo y kilómetro cuadrado, seguido por el Cabriel, con unos 6,6 litros por segundo y kilómetro cuadrado. Estos valores ponen de relieve la importancia hidrológica del conjunto de los Montes Universales y de la Serranía de Cuenca.

El Alto Cabriel, cuya vega había sido descrita por Janini en 1941, presentaba todavía caminos de herradura, presas rústicas y formas de aprovechamiento estrechamente vinculadas al comportamiento natural del río. Las crecidas y los deshielos podían modificar las condiciones de la vega, mientras que las nevadas prolongadas afectaban a la disponibilidad de agua, a los desplazamientos y a la actividad ganadera.

La nieve tenía entonces una doble condición. Por una parte, era un obstáculo inmediato, responsable del aislamiento y de la pérdida de animales. Por otra, constituía una reserva de agua que se incorporaría progresivamente a los ríos y acuíferos durante el deshielo.

 

9. Del Júcar natural al Júcar regulado

A partir de la segunda mitad del siglo XX, especialmente desde la construcción de grandes embalses iniciada en torno a 1957, el régimen del Júcar fue profundamente modificado. El acondicionamiento hidráulico alteró la distribución natural de los caudales y la relación entre las precipitaciones, los deshielos y la circulación fluvial.

El régimen natural fue sustituido progresivamente por un régimen regulado. La curva de caudales mensuales se modificó, parte de la demanda estival se trasladó a los meses de invierno y los embalses pasaron a desempeñar un papel central en la gestión del agua.

A esta transformación se añadieron posteriormente los bombeos masivos en el acuífero de la Mancha Oriental, que contribuyeron a una profunda alteración del funcionamiento hidrológico de la cuenca. El Júcar dejó de responder exclusivamente a los ritmos climáticos naturales y pasó a estar condicionado por infraestructuras, demandas urbanas, agrícolas y energéticas.

El contraste entre 1945 y la actualidad es significativo. En aquel invierno, la nieve era percibida ante todo como una amenaza: impedía circular, aislaba a los pueblos y provocaba la muerte de animales. En el presente, la nieve acumulada en las montañas puede considerarse también un embalse natural, cuya aportación hídrica se observa, calcula y gestiona dentro de la planificación de los recursos.

La misma nieve puede ser, por tanto, una catástrofe o una reserva de agua. El resultado depende del contexto social, de la capacidad técnica disponible y de la relación existente entre la población y el medio natural.

 

10. Casas de Garcimolina como ejemplo de vulnerabilidad geográfica

La gran nevada de 1945 permite aplicar al caso de Casas de Garcimolina el concepto de vulnerabilidad geográfica. Este concepto no se refiere únicamente a la intensidad del fenómeno natural, sino a la combinación de diversos factores que aumentan sus efectos sobre la población.

 

En este caso coincidieron:

  1. Un clima de montaña, caracterizado por inviernos fríos y precipitaciones abundantes.
  2. Un relieve accidentado, con valles y depresiones capaces de acumular aire frío y nieve.
  3. Una posición periférica, alejada de los principales centros de abastecimiento y asistencia.
  4. Comunicaciones frágiles, basadas en caminos estrechos y difíciles de despejar.
  5. Una economía de subsistencia, dependiente de la ganadería y de las reservas domésticas.
  6. Un contexto de posguerra, marcado por la escasez y la debilidad económica.
  7. Asistencia sanitaria limitada, incapaz de acudir con rapidez a situaciones de emergencia.
  8. Construcciones e infraestructuras vulnerables, expuestas al peso de la nieve y al hielo.

La nevada fue el detonante que afloró las fragilidades. El fenómeno natural se transformó en una crisis humana porque afectó a una comunidad con pocos recursos y sus consecuencias.

Esta perspectiva resulta esencial para interpretar correctamente la catástrofe. Una nevada de igual intensidad no habría producido necesariamente los mismos efectos en una sociedad con carreteras modernas, maquinaria quitanieves, comunicaciones inmediatas, reservas alimentarias amplias y acceso rápido a los servicios sanitarios.

 

 

11. Memoria oral y reconstrucción histórica

La tradición oral ocupa un lugar en la reconstrucción de la gran nevada. En pueblos pequeños, donde numerosos episodios cotidianos no quedaron registrados en documentos oficiales, los recuerdos transmitidos por las familias permiten conservar experiencias que habrían desaparecido.

Las expresiones vecinales —«frío que pelaba», «cerco blanco», «época de frío glaciar» o «hambruna»— no deben considerarse únicamente fórmulas coloquiales. Constituyen testimonios de percepción histórica. Expresan cómo fue vivido el fenómeno por las personas afectadas y qué huella dejó en la memoria colectiva. La tradición oral debe contrastarse con fuentes meteorológicas, estudios geográficos, documentos administrativos, prensa histórica y registros parroquiales o municipales.

La combinación de estas fuentes permite evitar dos riesgos: reducir el episodio a una narración puramente legendaria o, por el contrario, despojarlo de la dimensión humana que explica su permanencia en la memoria.

La gran nevada de 1945, la prensa provincial ofrece un testimonio directo. El periódico Ofensiva, órgano del Movimiento en Cuenca, publicó el 4 de febrero de 1945 una noticia sobre una gran nevada que afectó al normal desarrollo de la vida en El Provencio, donde algunas personas tuvieron problemas para conseguir lo más básico para la subsistencia. El artículo original se conserva en la colección digitalizada de Ofensiva (1942-1950) de la Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha.

En el caso de Casas de Garcimolina, la colaboración vecinal y la conservación de testimonios, fotografías y datos locales resultan especialmente valiosas. La historia de la nevada no pertenece únicamente a los archivos: también se encuentra en los relatos familiares, en los nombres de los lugares, en las construcciones dañadas y en las formas de recordar de la comunidad.

 

12. Conclusiones

La gran nevada de enero de 1945 fue la expresión extrema de unas condiciones geográficas y climáticas propias de los Montes Universales y de la Serranía Baja de Cuenca. El territorio era, y continúa siendo, un importante nudo hidrográfico, una zona de clima pluvionival y uno de los espacios peninsulares con mayor potencial para registrar temperaturas muy bajas.

La intensidad del episodio se explica por la combinación de varios factores: precipitaciones nivales abundantes, persistencia de la nieve, inversión térmica, efecto albedo, acumulación de aire frío en valles y dolinas, y dificultades de deshielo. Los valores de -10,1 °C en Madrid-Retiro, -20,4 °C en Ávila, -21,2 °C en Daroca y -11,5 °C en Segovia, registrados en enero de 1945, ilustran la severidad del frío regional, mientras que los estudios contemporáneos sobre los polos del frío de la Sierra de Albarracín confirman la capacidad del entorno para alcanzar temperaturas extremas.

La catástrofe fue también social. El aislamiento interrumpió el abastecimiento, impidió la asistencia médica, dificultó el acceso a la leña y provocó la pérdida de ganado. En una comunidad con una economía de subsistencia y situada en el contexto de la posguerra, la nevada llevó a numerosos hogares a una situación límite.

El episodio permite observar asimismo la transformación histórica de la relación con el agua. En 1945, el Júcar conservaba un régimen natural y la nieve era principalmente un agente de incomunicación y peligro. Décadas después, los embalses, los bombeos y la gestión hidráulica modificaron profundamente la cuenca. La nieve pasó a ser contemplada también como una reserva hídrica, un embalse natural que puede contribuir al abastecimiento.

Recordar aquel invierno no es un ejercicio de nostalgia. Es una forma de comprender la historia ambiental y social de Casas de Garcimolina, valorar la resistencia de sus habitantes y reconocer cómo el clima, el relieve, la economía y las infraestructuras condicionan la vida de las comunidades de montaña. La gran nevada de 1945 permanece, así como un episodio de memoria colectiva y como una advertencia histórica: la montaña puede ofrecer agua, pastos y refugio, pero también puede convertirse, bajo determinadas condiciones, en un espacio implacable.

 

Agradecimientos

Este artículo ha sido elaborado gracias a la memoria transmitida por las personas mayores de Casas de Garcimolina, cuyos relatos han permitido conservar la experiencia de aquel invierno y reconstruir sus consecuencias sociales.

Se agradece especialmente la colaboración de los socios de la Asociación de Vecinos «La Peña el Pardo», por compartir datos, fotografías y testimonios fundamentales para la preservación de la memoria local. Su labor contribuye a mantener vivo un capítulo esencial de la historia de Casas de Garcimolina y de la Serranía Baja de Cuenca.

 

Referencias bibliográficas

  1. ABC (2017). Las cinco peores olas de frío de la historia de España.
  2. Aupí, V. (2018). Referencias a los registros históricos de frío extremo en el Sistema Ibérico.
  3. Coeña del Real, M. J. (2011). «Conocemos nuestro país: Geografía de España». Revista Digital Innovación y Experiencias Educativas, núm. 46.
  4. EMET (2024). Olas de frío. Agencia Estatal de Meteorología.
  5. Foro de Tiempo.com. Olas de frío con registros menores a -20ºC.
  6. Gil Olcina, A. (2006). «Regímenes natural y artificial del río Júcar». Investigaciones Geográficas, núm. 40, pp. 7-30.
  7. Janini, A. (1941). La vega del Alto Cabriel, sus caminos de herradura y sus presas rústicas.
  8. Lahoz Vicario, J. (2014). «Polos del frío en la Sierra de Albarracín». Rehalda, número especial del X aniversario, pp. 100-110.
  9. Ofensiva (Cuenca), 4 de febrero de 1945. «El Provencio». Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha (CECLM), colección de Ofensiva (1942-1950).
  10. San Vicente Marqués, J. L., Cuenca Peña, I. y Rodés i Muñoz, P. (s. f.). «Aludes de nieve en el Sistema Ibérico». Revista ACNa núm. 8, pp. 1-6.

 

Ofensiva, texto completo del artículo: EL PROVENCIO 

«Durante los pasados días, y con motivo de las nevadas tan tremendas, no conocidas en esta villa por ninguno de sus vecinos ni en los más ancianos, y con el fin de que los trabajadores pudieran ganar su jornal, para subvenir a sus más perentorias necesidades, esta Jefatura local organizó una suscripción entre el vecindario, encaminada a poder dar una comida a dichos obreros.

El vecindario respondió en perfecta armonía, aunque muchos de entre los más pudientes pedían contribuir a pesar de la ausencia de algunos ayudantes del sector. Se ha trabajado con gran espíritu de sacrificio, con nieve hasta la cintura, para repartir la comida y algo de los socorros.

Con esto, esta Jefatura local ha demostrado que sus postulados de servicio al régimen y al Caudillo son sinceros, pues no quiere el español sin pan y sin lumbre».

 

Artículo de la Ofensiva

 

 

Documentación de base: testimonios de tradición oral, datos y materiales facilitados por la Asociación de Vecinos «La Peña el Pardo» y los documentos aportados para la elaboración de este artículo.

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