Raimundo Jiménez Millán (1904 – 1978)
Trayectoria anarcosindicalista, innovación técnica y memoria del exilio
Una vida entre la tradición docente, la militancia obrera y el legado familiar
Resumen
Raimundo Jiménez Millán (1904-1978) fue un militante anarcosindicalista español cuya trayectoria vital atravesó el exilio argentino, la reorganización clandestina de la CNT durante el franquismo y el exilio definitivo en Venezuela. Este artículo reconstruye su biografía a partir de fuentes primarias —incluyendo una entrevista inédita realizada por José Guardia Abella, así como necrológicas y notas biográficas coetáneas— y secundarias, con especial atención a dos facetas poco conocidas de su actividad: su vinculación con las artes gráficas —oficio que ejerció como linotipista— y su faceta de inventor, documentada en una patente de 1949 para un procedimiento de impresión sobre cerámica plana y vidrio.
El análisis de estas dimensiones técnicas, insertas en una trayectoria de militancia y exilio, contribuye a iluminar los perfiles polifacéticos de los activistas libertarios del siglo XX y a recuperar la memoria de un protagonista de segundo plano cuya obra testimonial, Réquiem a mis amigos fusilados, constituye un documento esencial sobre la represión franquista. Se presta especial atención a sus raíces familiares —una auténtica saga de maestros que marcó el compromiso educativo de la familia Jiménez-Millán— y a la influencia de la tradición docente en su formación y en su posterior militancia.
Palabras clave:
Anarcosindicalismo, CNT, exilio republicano, artes gráficas, patentes, Raimundo Jiménez Millán, memoria histórica, saga de maestros, educación laica.
Introducción
La historiografía del anarquismo español ha tendido a centrarse en las grandes figuras del movimiento obrero, en las dinámicas organizativas de la CNT y la FAI, o en los episodios de la guerra civil y la resistencia antifranquista. Sin embargo, la complejidad del movimiento libertario se aprecia también en las trayectorias de militantes de segunda línea, cuyo compromiso político se combinó con oficios técnicos y actividades económicas que, a menudo, han permanecido en la penumbra documental. Raimundo Jiménez Millán es uno de esos casos: anarquista, linotipista, inventor, escritor y exiliado. Su biografía permite explorar la intersección entre la militancia política. El trabajo manual cualificado y la innovación técnica en el contexto de la diáspora republicana, al tiempo que arroja luz sobre las contradicciones internas del movimiento libertario, su tendencia a la «autofagia» y la pervivencia de su memoria a través de testimonios de primera mano.
La recuperación de su figura se nutre de un conjunto heterogéneo de fuentes: la entrevista que le dedicó José Guardia Abella en el volumen: Conversaciones sobre el movimiento obrero (1980), que contiene no solo un perfil biográfico, sino también un diálogo sustancial sobre sus concepciones políticas. La documentación de patentes; las colaboraciones periodísticas dispersas en la prensa libertaria de Argentina, España y Francia; y su obra póstuma, Réquiem a mis amigos fusilados (1975), publicada bajo seudónimo.
A ello se suma ahora la documentación genealógica aportada por su hijo, que ha permitido reconstruir con precisión sus raíces familiares y la tradición educativa que impregnó su infancia y juventud. El presente artículo integra estos materiales para ofrecer una visión de conjunto de su vida y obra, prestando especial atención a sus aportaciones técnicas, a su legado memorialista y, por vez primera, a la saga de maestros que conforma el tronco familiar de los Jiménez-Millán.
Raíces familiares y tradición docente: la saga de maestros de Casas de Garcimolina
Raimundo Jiménez Millán nació en 1904 en Casas de Garcimolina, provincia de Cuenca, en el seno de una familia profundamente arraigada en la Serranía Baja conquense y vinculada desde generaciones a la educación pública. Su padre, Rafael Julián Giménez y Montesinos (nacido el 27 de enero de 1873 en Casas de Garcimolina), era maestro nacional en la escuela de la localidad, profesión que ejercía con dedicación y que le valió el reconocimiento oficial a través de la concesión de un haber pasivo anual de 312,50 pesetas. Su tío paterno, Rafael Giménez (hermano de su padre, nacido hacia 1853), era también maestro de niños, lo que evidencia que la vocación docente era una constante en la familia.
Los abuelos paternos de Raimundo
José Andrés Giménez (natural de Pajaroncillo) y Cecilia Montesinos (natural de Casas de Garcimolina), vivían en el mismo entorno rural, y los tatarabuelos —Rafael Giménez (de Moya) y Bienvenida Monleón (de Mira), así como Claudio Montesinos (de Casas) y Ramona Martínez (de Salvacañete)— conforman una genealogía de pequeños propietarios y artesanos que, sin embargo, valoraban la instrucción como vía de promoción social. Esta tradición educativa no era casual: en la España rural de finales del siglo XIX, el magisterio constituía una de las pocas profesiones que permitía a las familias humildes ascender socialmente y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo de sus comunidades. Los Jiménez, y más tarde los Millán, abrazaron esa senda con entusiasmo.
La familia se trasladó a Valencia en 1913, cuando Raimundo tenía nueve años. Este desplazamiento, motivado probablemente por la búsqueda de mejores oportunidades educativas y laborales, fue decisivo: Valencia era entonces un hervidero de movimientos republicanos, blasquistas y libertarios, y la ciudad ofrecía una oferta cultural y política muy superior a la de la serranía conquense. Allí, Raimundo cursó estudios primarios y cuatro años en la Escuela Normal, siguiendo los pasos de su padre y de su tío, aunque su destino acabaría por alejarlo del aula.

Pero la saga de maestros no se detuvo en la generación de Rafael Julián. Tres de los hijos de este —hermanos de Raimundo— abrazaron también la docencia:
- Lorenza Jiménez Millán: (nacida hacia 1901) fue maestra nacional por oposición libre, según consta en la Gaceta de Madrid de 1920 y en listados posteriores de 1923 y 1933. Su carrera se vio truncada por la represión franquista: fue condenada a seis años y un día de prisión por «adhesión a la rebelión», pero, tras cumplir condena, participó en la fundación de la Casa de Cuenca en Barcelona, una institución de apoyo mutuo que preservaba la identidad regional y servía de red de sostén para represaliados.
- Perpetua Jiménez Millán: (nacida en 1904), fue maestra nacional en Mollet del Vallès (Barcelona). Sufrió la depuración franquista: absuelta en consejo de guerra en 1939, fue inhabilitada administrativamente en 1940 por «simpatizar con la CNT» y «conducta moral dudosa». No fue readmitida hasta 1952, con traslado forzoso e inhabilitación para cargos directivos, un claro ejemplo de la utilización del estigma de género como arma represiva.
- El propio Raimundo, aunque es conocido por su militancia anarcosindicalista y su oficio de linotipista, también cursó estudios en la Escuela Normal de Valencia y, según algunas fuentes, llegó a ejercer como maestro durante un breve periodo, antes de que su exilio y su activismo lo llevaran por otros derroteros.
Esta saga de maestros —que abarca al menos tres generaciones y cinco miembros de la familia— no es un mero accidente biográfico: constituye un rasgo identitario que explica la profunda sensibilidad de Raimundo hacia la educación laica, su admiración por Francisco Ferrer Guardia y la Escuela Moderna, y su posterior dedicación a la cultura obrera y a la difusión del saber a través de la imprenta y el periodismo. La enseñanza, en todas sus formas, estaba en su ADN.
Biografía y militancia anarcosindicalista
Infancia, formación y primeras influencias
Nacido en 1904 en la provincia de Cuenca, en el seno de una familia que pronto se trasladaría a Valencia en 1913, Jiménez Millán cursó estudios primarios y cuatro años en la Escuela Normal. Su temprano contacto con el republicanismo de Blasco Ibáñez derivó pronto hacia el movimiento libertario, atraído por las ideas de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia, de quien hizo «el símbolo de su ideal» (Guardia Abella, 1980, p. 97). Esta formación pedagógica y su sensibilidad hacia la educación laica —heredada de su padre y de sus hermanas— marcarían su posterior compromiso con la cultura obrera.
Primer exilio: Argentina (1924-1930)
En 1924, huyendo del servicio militar —que consideraba «servir al Rey»— y de la dictadura de Primo de Rivera, emigró a Argentina. En Buenos Aires se afilió a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y colaboró en el diario anarquista La Protesta, al tiempo que se formaba como linotipista, oficio que compartiría con otros exiliados españoles como Emilio López Arango o Diego Abad de Santillán. Su periplo americano, que le permitió conocer de primera mano el poderoso movimiento obrero argentino, se vio interrumpido por el golpe militar de 1930, que le impulsó a regresar a la Península.
Reorganización sindical en Valencia (1930-1936)
De vuelta a Valencia, Jiménez Millán se convirtió en uno de los reorganizadores del Sindicato Único de Artes Gráficas de la CNT. Partidario de las tesis trentistas, en 1932 formó parte de la comisión organizadora del Ateneo Sindicalista Libertario (ASL) y colaboró entre 1933 y 1934 en Sindicalismo, órgano de la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), en el que participó en al menos 87 números (Los de la Sierra, s. f.). Durante la guerra civil, su militancia se mantuvo activa, aunque sin ocupar cargos orgánicos de primera línea; colaboró en la revista cultural de la CNT Libre Estudio (12 números, 1936-1938) y en Fragua Social (Valencia, 1936).

Clandestinidad y represión franquista (1939-1941)
Tras la derrota republicana, Jiménez Millán permaneció en la Península y, desde mayo de 1939, participó en la reorganización de la red clandestina de la CNT. Integró el primer Comité Nacional clandestino (Junta Nacional del Movimiento Libertario), dirigido por Esteban Pallarols Xirgu («Riera»), para el que fabricó numerosa documentación falsa, salvoconductos y órdenes de liberación que permitieron la evasión de militantes internados en el campo de Albatera.
Su actividad en este periodo queda reflejada en el testimonio de José Guardia Abella, quien relata un encuentro fortuito en las calles de Valencia a principios de 1940, en el que Jiménez Millán les advirtió: «Oye, cuidado, mucho cuidado. Me dicen que estáis haciendo algo. Sabrás que Cervera, Leoncio, Úbeda y Pallarols han caído. Están rabiando. Ojo, mucho ojo» (Guardia Abella, 1980, p. 95). Meses después, en junio de aquel año, ambos fueron detenidos y encarcelados juntos en la Comisaría de Valencia, donde Guardia Abella lo recuerda discutiendo de literatura con un maestro comunista «en el suelo, al estilo árabe, con las piernas dobladas» (p. 95).
La detención de Jiménez Millán
Se produjo en el marco de la caída de todo el primer Comité Nacional clandestino de la CNT, que había sido reorganizado por Esteban Pallarols Xirgu («Riera»). Junto a Pallarols y Jiménez Millán, fueron arrestados ese mismo mes de junio de 1940 los militantes Eladio Hernández, Nicolás Sansegundo, «Lillo», Pedro Quevedo, «Campoamor», «Julia» y «Justa», así como otros once compañeros vinculados a la red de falsificación de documentos. Todos ellos fueron recluidos en la Cárcel Modelo de Valencia, la principal prisión de la ciudad en aquellos años, donde permanecieron a la espera del consejo de guerra. La documentación conservada en el Archivo del Reino de Valencia custodia los expedientes personales de estos presos, aunque no todos los nombres han sido aún identificados en su totalidad.
La composición del Comité Nacional clandestino y su reclusión en la Modelo se recoge en las fuentes consultadas en el Archivo del Reino de Valencia (sección de prisiones, expedientes de presos 1936-1960) y en la bibliografía secundaria sobre la reorganización de la CNT en la posguerra (vid. Íñiguez, 2001; Los de la Sierra, s. f.).
Juzgado en consejo de guerra en noviembre de 1941, fue absuelto en circunstancias que apuntan a sus «buenas relaciones» con el falangista José Antonio Girón de Velasco, hecho que ha suscitado interpretaciones encontradas sobre su comportamiento durante la dictadura. Tras dos detenciones más, y considerándose ya «quemado» para la lucha clandestina, emigró finalmente a Venezuela.
Exilio definitivo en Venezuela (c. 1950-1978) y fallecimiento
En Caracas se integró en la Agrupación de la CNT y, según algunas fuentes, simpatizó con el «cincopuntismo» —la corriente que proponía una apertura hacia el sindicalismo oficial en el interior de España—. Allí residió con su familia, compuesta por su esposa, Asunción Gómez Catalá, y sus cuatro hijos —Mariluz, Belén, Raimundo Rafael (nacido en Casas de Garcimolina el 28 de agosto de 1945) y Carlos—, a quienes consideraba su «mayor compensación» tras tantos años de lucha (Guardia Abella, 1980, p. 97).
Su hijo Raimundo Rafael Giménez Gómez nació en Casas de Garcimolina el 28 de agosto de 1945, durante una breve estancia del militante en su pueblo natal, y fue inscrito en el Juzgado de Paz el 28 de abril de 1945. Este dato, revelado por la documentación familiar, confirma que Raimundo mantuvo vínculos con su tierra incluso en los años más duros de la clandestinidad. Falleció en Caracas el 13 de febrero de 1978, a los 75 años de edad.

Su muerte
Según el testimonio de su compañero y amigo de la infancia J. Bassons, fue inesperada y sobrecogedora: «Su compañera Asunción, la pobreta, le daba cachetadas dulces en la mejilla diciendo: “Cómo es posible? ¿Cómo es posible?”. Y así fue» (Bassons, 1978). Bassons, que lo conocía desde los tiempos de escuela en Valencia, lo describió como «mi hermano más que amigo y compañero» y subrayó su valía como organizador, su inteligencia y su entrega a la causa libertaria. La necrológica, publicada en Toulouse, concluye: «Con la desaparición de Raimundo Jiménez, ha perdido la C.N.T. uno de los hombres, uno de los compañeros que supieron con cordialidad y entereza defender la esencia más profunda de todo cuanto ella encarna» (Bassons, 1978). Este homenaje póstumo, firmado por un militante que compartió con él décadas de lucha, refleja el reconocimiento que su figura alcanzó entre los exiliados de la CNT.
Pensamiento político y diagnóstico del movimiento libertario
La entrevista de Guardia Abella constituye la fuente más completa para conocer el pensamiento político de Jiménez Millán en su madurez. En ella se revela como un agnóstico respetuoso con las creencias religiosas, pero también como un crítico severo de la tendencia «autófaga» del anarquismo español, que devoraba a sus propios líderes. Al ser preguntado sobre este fenómeno, responde con un diagnóstico lúcido:
«Sí, he comprobado que nadie como nosotros se complace tanto en encumbrarlos primero y en martirizarlos las espinillas después a los hombres que abrazan las ideas libertarias y destacan, por su inteligencia o por sus sacrificios, en el ámbito más amplio del concierto político nacional» (Guardia Abella, 1980, p. 100).
Cita los ejemplos de Anselmo Lorenzo, «cernido en nuestra rigurosa criba y expulsado, primero de la organización madrileña y luego por la catalana»; de Ángel Pestaña, «devorado, no por sus enemigos naturales de la burguesía o de los otros campos ideológicos en competencia, sino por la propia «familia»»; y de Eleuterio Quintanilla, que evitó idéntico destino recluyéndose en un ostracismo voluntario.
Para Jiménez Millán
La raíz de este mal reside en «nuestro ciego y bárbaro iconoclastismo; nuestro repudio —también ciego y bárbaro— al endiosamiento, al moderno «culto a la personalidad». Frente a ello, propone la tolerancia como principio y la aceptación de que «la verdad puede presentar muchas caras», de modo que las diversas corrientes del sentir libertario puedan convivir cordialmente en la búsqueda de una praxis social libre y solidaria.
En el terreno de la democracia, Jiménez Millán se muestra escéptico respecto a la democracia directa entendida como mera «plaza pública» o sufragio universal, que considera viciados por la demagogia y la heterogeneidad de intereses. Su apuesta es el sindicalismo libre y autónomo, organizado por profesiones, como el módulo natural de una comunidad global democrática. Sobre la relación entre socialismo y libertad, sostiene que el socialismo no excluye la libertad, sino que la condiciona, estableciendo una interdependencia entre deber y derecho que denomina «libertad social».
Jiménez Millán y las artes gráficas: la conexión con Gráficas Cosmos
El oficio de linotipista, adquirido durante su exilio argentino, no fue para Jiménez Millán un mero medio de subsistencia, sino una faceta más de su identidad militante. La imprenta y las artes gráficas constituían un espacio estratégico para la propaganda y la organización obrera, y su dominio técnico le permitió participar activamente en la reorganización del Sindicato de Artes Gráficas de la CNT en Valencia.
La documentación disponible permite vincularlo con Gráficas Cosmos, una empresa del sector gráfico con presencia en Valencia y en el ámbito del exilio republicano. Aunque las referencias son fragmentarias, la conexión con esta firma, que editó obras de carácter libertario y participó en la difusión de la cultura anarquista en el exilio, sitúa a Jiménez Millán en el núcleo de las redes técnicas y editoriales que sostuvieron la propaganda del movimiento. Su habilidad para la falsificación documental durante la clandestinidad —salvoconductos y órdenes de liberación— evidencia también un dominio práctico de la impresión y la tipografía que va más allá del trabajo asalariado.

La patente de impresión sobre cerámica (1949)
Uno de los aspectos más singulares de la trayectoria de Jiménez Millán es su participación en el registro de una patente técnica. El 1 de julio de 1949, junto a Fernando Mansergas Tort, solicitó el «Primer certificado de adición a la patente principal n.º 187.173» por «mejoras en la patente principal número 187.173, concedida a favor de don Fernando Mansergas Tort y don Raimundo Jiménez Millán, domiciliados en Valencia, por un procedimiento y su correspondiente máquina, para reproducir dibujos e ilustraciones sobre cerámica plana o vidrio» (OEPM, 1949).
La memoria descriptiva
El certificado de adición revela una innovación técnica orientada a resolver un problema práctico: la impresión sobre superficies cerámicas, que por su proceso de fabricación presentan irregularidades que dificultan una reproducción perfecta. El proceso original, basado en un cilindro recubierto de caucho elástico, funcionaba bien en superficies completamente planas (como láminas de cristal), pero no así en cerámica. La mejora patentada consistió en intercalar entre el cuerpo del cilindro y la capa exterior de caucho una masa de material de mayor elasticidad, que actuara como «almohadilla» para que la superficie impresora se adaptara a las pequeñas irregularidades de la pieza. La invención permitía así una impresión perfecta sobre «superficies planas irregulares». Se reivindicaba, además, la posibilidad de constituir la mantilla impresora y la masa elástica en un solo cuerpo, preparando una película lisa y compacta en la superficie de la masa.
Esta patente, registrada en plena posguerra y en un contexto de exilio y represión, muestra a un Jiménez Millán que, lejos de limitarse a la militancia política, aplicó sus conocimientos técnicos a la resolución de problemas industriales, en una línea que conecta con la tradición del saber hacer obrero propio del anarcosindicalismo. Cabe subrayar que la patente se solicitó en Valencia, donde Jiménez Millán residía aún, y no en Venezuela, lo que indica que su actividad inventiva se desarrolló durante los años de clandestinidad o inmediatamente después de su liberación, antes de su definitivo exilio.
Obra escrita y legado documental
Jiménez Millán dejó una obra escrita dispersa, marcada por el exilio y la clandestinidad. Colaboró en numerosas publicaciones libertarias: además de La Protesta (Argentina) y Sindicalismo, escribió en Fragua Social (Valencia, 1936), en la revista cultural de la CNT Libre Estudio (12 n.º, 1936-1938) y en Le Combat Syndicaliste (Francia), en fechas que no han podido precisarse, pero que probablemente corresponden a la inmediata posguerra.
Su legado más relevante es, sin embargo, el libro testimonial Réquiem a mis amigos fusilados (1975), publicado bajo el seudónimo de Ramón de las Casas por Ediciones Surco (México-Caracas). Esta obra, concebida en el exilio venezolano, constituye un testimonio de primera mano sobre la represión franquista y la resistencia libertaria, y se inscribe en la tradición memorialista del anarquismo español. En ella, Jiménez Millán rinde homenaje a los compañeros caídos y ofrece un relato detallado de la lucha clandestina, la fabricación de documentos falsos y las vicisitudes de la supervivencia en la posguerra.

La trama de la falsificación de documentos que atraviesa el relato no es un mero recurso literario:
Responde a una experiencia real compartida. Jiménez Millán colaboró en esta empresa con Leoncio Sánchez Cardete (Zafrilla, Cuenca), obrero de la construcción y dirigente cenetista que, en febrero de 1939, había formado parte del comité nacional del interior del Movimiento Libertario Español. La «buena sintonía» entre ambos se fraguó en una editorial que servía de tapadera para la publicación de propaganda antifranquista, un vínculo que sitúa a Sánchez Cardete como un referente clave —y probable fuente— del relato de Jiménez Millán sobre la clandestinidad.
Entre sus pasajes más agudos destaca el diálogo de las páginas 120 a 122, donde Raimundo y el bibliotecario confrontan la naturaleza del odio en España. El bibliotecario sostiene que en los pueblos el rencor es visceral, hereditario y alimentado por la cercanía, mientras que en la capital el anonimato lo diluye, concluyendo que el ser humano muestra su peor faceta en el ámbito rural.
La elección del seudónimo —«Ramón de las Casas»— no es casual:
Remite al defensor de los indígenas en el siglo XVI, estableciendo un paralelismo entre la denuncia de la opresión y la defensa de los perseguidos, y al mismo tiempo evoca el arraigo a su tierra natal —«Las Casas» de Garcimolina—, un gesto de pertenencia que resuena con la tradición familiar de maestros rurales.
Además de esta obra, la entrevista de Guardia Abella recoge numerosas reflexiones que, aunque no publicadas como libro, constituyen un corpus de pensamiento político de gran interés: sus críticas a la demagogia, su defensa del sindicalismo profesional y su análisis de la «autofagia» libertaria.
Consideraciones sobre su figura en la memoria histórica
La trayectoria de Jiménez Millán plantea algunas paradojas que han suscitado interpretaciones diversas entre los historiadores del movimiento libertario. Su absolución en el consejo de guerra de 1941, atribuida a sus «buenas relaciones» con Girón de Velasco, ha sido objeto de controversia. Algunos militantes exiliados vieron en ello una concesión al franquismo, mientras que otros lo interpretaron como un hábil aprovechamiento de contactos personales para salvar la vida y continuar la lucha desde la clandestinidad. La posterior simpatía por el «cincopuntismo» —la corriente que abogaba por una cierta institucionalización sindical en el interior— le granjeó reticencias entre los sectores más ortodoxos del exilio.
El testimonio memorialista, la contribución técnica a la imprenta y la cerámica lo sitúan como un ejemplo de la polifacética militancia obrera que supo combinar el oficio, la invención y la escritura. Su biografía, tal como se desprende de las fuentes disponibles, refleja las tensiones propias de un movimiento que, por su propio ideario igualitario y ácrata, tendía a la disidencia interna y al «martirio» de sus figuras más destacadas.
Las necrológicas publicadas tras su muerte, especialmente la de J. Bassons, reivindican su figura desde el afecto personal y el respeto a su trayectoria, subrayando que, por encima de discrepancias tácticas, supo mantener la coherencia y la entereza en la defensa de los ideales libertarios.
La saga de maestros como clave interpretativa
La reconstrucción genealógica de la familia Jiménez-Millán, posible gracias a la documentación aportada por su hijo, revela un hecho hasta ahora no suficientemente valorado: la vocación educativa no fue un accidente en la vida de Raimundo, sino una herencia familiar profundamente arraigada. Su padre, su tío, sus hermanas Lorenza y Perpetua, y probablemente otros miembros de la familia, dedicaron su vida a la enseñanza en las escuelas rurales de la Serranía conquense y de Cataluña. Esta saga de maestros explica la temprana sensibilidad de Raimundo hacia la educación laica y racionalista, su admiración por Ferrer Guardia, y su posterior empeño en difundir el saber a través de la imprenta y el periodismo.
La enseñanza
En todas sus formas, era el ADN de los Jiménez. Incluso cuando Raimundo se alejó del aula para abrazar la militancia obrera y el exilio, llevó consigo esa impronta educativa: sus artículos, sus charlas en los ateneos, su obra memorialista, e incluso su faceta de inventor, están impregnados de un afán didáctico y de una voluntad de transmisión que conecta directamente con la labor de sus antepasados maestros.
Por otra parte, la represión que sufrieron sus hermanas —Perpetua depurada e inhabilitada, Lorenza encarcelada— evidencia que la dictadura franquista no solo atacó a los combatientes activos, sino también a los portadores de los ideales reformistas de la República en el ámbito educativo. La persecución de los maestros republicanos fue uno de los pilares de la limpieza ideológica del régimen, y la familia Jiménez-Millán sufrió en carne propia esa estrategia. La resistencia de Lorenza, que tras la cárcel fundó la Casa de Cuenca en Barcelona, y la tenacidad de Perpetua, que logró reingresar tras doce años de inhabilitación, son ejemplos de resiliencia que se suman a la lucha clandestina de Raimundo.
Conclusiones
La trayectoria de Raimundo Jiménez Millán ilustra la complejidad de las vidas militantes en el anarquismo español del siglo XX. Su biografía combina el exilio (Argentina, Venezuela), la lucha clandestina contra el franquismo, el trabajo cualificado en las artes gráficas y la innovación técnica, documentada en una patente de 1949. Esta faceta de inventor, hasta ahora poco explorada, revela una dimensión del activismo libertario que trasciende la pura militancia política y se inscribe en una cultura obrera de saber hacer y de aplicación práctica de conocimientos al servicio de la producción y la industria.
Su reclusión en la Cárcel Modelo de Valencia, compartida con los miembros de su comité, constituye un episodio clave de esa resistencia que él mismo relataría años después en Réquiem a mis amigos fusilados.
La conexión con Gráficas Cosmos y el registro de la patente de impresión sobre cerámica sitúan a Jiménez Millán en las redes técnicas y editoriales del exilio republicano, y abren nuevas vías para el estudio de los perfiles polifacéticos de los militantes anarcosindicalistas. Su pensamiento político, crítico con los dogmatismos internos y defensor de la tolerancia, ofrece una visión matizada de las contradicciones del movimiento libertario. Y su obra testimonial, Réquiem a mis amigos fusilados, constituye un documento indispensable para comprender la resistencia antifranquista desde la perspectiva de quienes la protagonizaron en la clandestinidad.
La recuperación de figuras como Jiménez Millán
Contribuye a enriquecer la historia social del anarquismo, alejándola de los grandes relatos épicos y acercándola a las experiencias concretas de hombres y mujeres que combinaron el compromiso político con el trabajo, la técnica y la creación cultural. Pero, además, la atención a su linaje docente —esa saga de maestros que atraviesa tres generaciones— permite entender su vida como un contínuum entre la escuela rural, la imprenta obrera y el exilio memorialista. La enseñanza, la cultura y la resistencia se funden en la figura de Raimundo Jiménez Millán, cuyo legado sigue vivo en la memoria de su familia y en la historia del movimiento libertario español.
El homenaje póstumo de sus compañeros, como el de J. Bassons, confirma que su ejemplo perdura más allá de las controversias tácticas, como un símbolo de coherencia y entrega.
Agradecimientos
El autor desea expresar su más sincero agradecimiento al hijo de Raimundo: Raimundo Rafael Jiménez Gómez por la generosa aportación de documentos inéditos y materiales familiares que han enriquecido notablemente la bibliografía y el conocimiento de su trayectoria vital y militante. Esta contribución ha permitido precisar datos biográficos, contextualizar su producción escrita y arrojar luz sobre facetas hasta ahora poco conocidas de su actividad, como su faceta inventiva, su labor en la clandestinidad y sus raíces genealógicas. La investigación sobre la figura de Raimundo Jiménez Millán sigue abierta a nuevas y valiosas aportaciones documentales que permitan seguir ampliando el legado histórico y memorialista del movimiento libertario español en el exilio y la resistencia.

BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias
- Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). Primer certificado de adición a la patente principal n.º 187.173, concedido a favor de don Fernando Mansergas Tort y don Raimundo Jiménez Millán, por un procedimiento y su correspondiente máquina, para reproducir dibujos e ilustraciones sobre cerámica plana o vidrio. Valencia, 1 de julio de 1949. Consulta en línea: https://consultas2.oepm.es/.
- Casas, Ramón de las [seudónimo de Raimundo Jiménez Millán]. Réquiem a mis amigos fusilados. México-Caracas: Ediciones Surco, 1975.
- Guardia Abella, José. Conversaciones sobre el movimiento obrero: entrevistas con militantes de la CNT. Madrid: Las Ediciones de La Piqueta, 1980 [contiene entrevista a Raimundo Jiménez Millán, pp. 95-103].
- Certificación de bautismo de Rafael Julián Giménez y Montesinos (1873). Archivo Parroquial de San Juan Bautista, Casas de Garcimolina. Expedida el 14 de octubre de 1998.
- Acta de nacimiento de Raimundo Rafael Giménez Millán (1884). Juzgado de Paz de Casas de Garcimolina, 15 de marzo de 1884.
- Acta de nacimiento de Raimundo Rafael Giménez Gómez (1945). Juzgado de Paz de Casas de Garcimolina, 28 de abril de 1945.
- Colaboraciones periodísticas en: La Protesta (Buenos Aires), Sindicalismo (Valencia-Barcelona), Fragua Social (Valencia), Libre Estudio (Valencia), Le Combat Syndicaliste (Francia).
- Bassons, J. «Necrológica de Raimundo Jiménez». Toulouse: Impreso en la Société Générale d’Impression, 1978. [Boletín o publicación periódica de la CNT en el exilio; ejemplar conservado en archivos particulares].
- Archivo del Reino de Valencia. Sección de Prisiones. Expedientes personales de la Cárcel Modelo de Valencia (1936-1960). Referencia: ARV, Prisiones, legajos varios.
Fuentes secundarias
- Íñiguez, Miguel. Enciclopedia histórica del anarquismo español. Madrid: Fundación Anselmo Lorenzo, 2001.
- Los de la Sierra 1936-1975. Diccionario de guerrilleros y resistencia antifranquista. Entrada: «Jiménez Millán, Raimundo. Ramón de las Casas». [Fecha de consulta: junio 2026]. Disponible en: https://losdelasierra1936-1975.blogspot.com/.
- Jiménez Millán, Raimundo “Ramón de Las Casas”, JIMENEZ MILLAN, Raimundo “Ramon de Las Casas” – Los de la sierra 1936-1975
- Migueláñez Martínez, María. Más allá de las fronteras: el anarquismo argentino en el periodo de entreguerras. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, 2018. [Mención a Raimundo Jiménez Millán].
- Morente Valero, Francisco. «La depuración franquista del magisterio público. Un estado de la cuestión». Hispania, vol. 61, núm. 208, 2001, pp. 661-688.
- Ramos Zamora, Sara. La represión del magisterio en Castilla-La Mancha, 1936-1945. Almud, 2009.
- Suárez González, M. À. «La depuració dels mestres de les escoles nacionals de Mollet a la postguerra». Notes, núm. 34, 2019, pp. 87-118.
Recursos digitales y hemerográficos
- Blog Paco Salud. «Raimundo Jiménez Millán – anarquista de Cuenca». 14 de febrero de 2013. Disponible en: https://pacosalud.blogspot.com/2013/02/raimundo-jimenez-millan-anarquista-de.html.
- Hemeroteca digital de la CNT y prensa libertaria (consultas diversas: Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, etc.).
- Memoria Democrática UCLM, Cuencávila, Todocolección, pub (consultas contextuales).
Nota final del autor:
El autor agradece, tal como se ha detallado en el apartado de Agradecimientos, la desinteresada colaboración de Raimundo Rafael Jiménez Gómez, hijo de Raimundo Jiménez Millán, por la cesión de documentos e imágenes inéditas y por los permisos concedidos para su publicación.
El presente artículo ha sido elaborado a partir de la integración de todas las fuentes disponibles sobre Raimundo Jiménez Millán, incluyendo la entrevista de Guardia Abella, el registro de patentes, las colaboraciones periodísticas, los estudios biográficos y la documentación genealógica familiar, y las necrológicas y notas biográficas coetáneas (Bassons, 1978; Los de la Sierra, s. f.). Se han unificado las referencias y se ha procurado ofrecer un relato coherente que dé cuenta tanto de su dimensión política como de su faceta técnica, literaria y familiar. Quedan abiertas líneas de investigación sobre su producción periodística concreta, sobre el alcance de su patente en la industria cerámica de la posguerra y sobre la posible influencia de su linaje docente en su pensamiento educativo y político.