El Sabinarejo de Garcimolina (Cuenca) es un tesoro natural único situado en el término de Casas de Garcimolina, en la Serranía Baja conquense. Se trata de uno de los bosques de sabina albar (Juniperus thurifera) más orientales del Sistema Ibérico, un ecosistema relicto y de gran valor geobotánico que nos transporta a un paisaje vegetal de miles de años de antigüedad.
Un bosque ancestral y su valor geológico
El bosque crece en un paraje cuya geología abarca desde el periodo Jurásico (hace unos 200 millones de años) hasta el Cuaternario (unos 2 millones), donde aún pueden observarse caracolas fosilizadas. Las propias sabinas son árboles de crecimiento lentísimo y longevidad extrema, pudiendo superar los 500 años de vida, lo que las convierte en antecesoras de los pinos y testigos vivos de la historia natural de la Península.
Características de la sabina albar
La sabina albar es un árbol perenne de tronco corto, grueso y a menudo tortuoso en los ejemplares más veteranos. Es una especie dioica (con pies masculinos y femeninos separados) que produce un falso fruto llamado gálbulo, tóxico para humanos pero no para el ganado. Su madera, de olor intenso y característico debido a sus aceites esenciales, era muy apreciada en la antigüedad.
Patrimonio etnográfico: las «teñás»
Un paisaje con historia y leyenda
La tradición oral cuenta que el Cid Campeador, en sus viajes entre Valencia y Molina de Aragón, prefería transitar por bosques de sabinas para evitar emboscadas, lo que añade una capa de leyenda a este entorno. El paisaje actual, con sus sabinas de formas retorcidas y el manto de otras especies, es el resultado de siglos de adaptación y de una ancestral relación con el pastoreo.
¿Por qué visitar El Sabinarejo?
Visitar este bosque es una oportunidad excepcional para caminar entre fósiles del Jurásico y árboles milenarios, disfrutando de una naturaleza pura y un silencio solo roto por el viento. Es un destino imprescindible para los amantes de la botánica, la geología y el senderismo que busquen paisajes auténticos y cargados de historia en el corazón de la Serranía de Cuenca, y un recordatorio de la importancia de conservar estos frágiles ecosistemas únicos.
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