
(Barraca del tío Román) Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina.
Autoría: Ángel Martínez, Asociación de vecinos Peña el Pardo
Afiliación: [Asociación Cultural / Proyecto de Patrimonio y Recuperación de la Memoria Histórica]
Fecha de publicación: 7 de junio de 2026
Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Resumen
El presente artículo documenta la construcción, tipología y desaparición de un refugio de montaña edificado en el siglo XIX a una altitud aproximada de 1.300 metros, en la Baja Sierra de Cuenca. Fue levantado por el “Tío Román” —Román Valero Junquero—, natural de Fuentelespino de Moya y afincado en Casas de Garcimolina, donde ejercía el oficio de herrero.
Esta barraca de piedra seca, denominada localmente chozo o barraca de losas, constituye un testimonio excepcional de la arquitectura vernácula pastoril: pequeños refugios de piedra seca situados en caminos, veredas y zonas de tránsito, utilizados por caminantes, arrieros, trajineros y jornaleros.
A pesar de su valor como patrimonio etnológico, la construcción ha sido expoliada hasta los cimientos en un proceso de reaprovechamiento de materiales. Mediante esta síntesis técnica y la recuperación de la memoria oral, se pretende fijar su existencia y sus características constructivas antes de que caigan en el olvido total, reivindicando su valor como herencia de las rutas trashumantes del Sistema Ibérico y de toda la población que, en su trasiego diario, conectaba unos pueblos con otros.
Introducción: Memoria desmontada piedra a piedra
Existen construcciones que no figuran en los catálogos monumentales ni en las guías de arquitectura, pero que condensan siglos de inteligencia colectiva. Son arquitecturas nacidas de la necesidad, donde el único manual de construcción fue la tradición oral y la disponibilidad inmediata de la materia prima. El refugio que nos ocupa, localizado en el término de Casas de Garcimolina (Cuenca), era un ejemplar paradigmático de esta sabiduría.
Barraca edificada en el siglo XIX por el Tío Román, un herrero cuyo oficio le confería una singular comprensión de la solidez estructural, la barraca sirvió de abrigo a pastores en una cota de 1.300 metros. Hoy, esa edificación ya no existe. La construcción original ha sido desmantelada hasta los cimientos, víctima del expolio silencioso que practican quienes ven en estas ruinas un banco de materiales gratuitos. Este artículo nace como un acto de resistencia académica frente al olvido: documentar lo que fue para demostrar que, aunque la materia desaparezca, la memoria técnica merece ser preservada.
Contexto geográfico e histórico: Un enclave inhóspito en la ruta de Landete
La Serranía Baja de Cuenca, comarca a la que pertenece Garcimolina, se caracteriza por sus contrastes climáticos extremos. En las cotas altas, el territorio se vuelve especialmente hostil para la vida humana: la escasez de vegetación arbórea y la ausencia total de abrigos naturales convierten cualquier tormenta o ventisca en un peligro mortal. Era precisamente en ese contexto de vulnerabilidad donde el refugio del Tío Román adquiere su verdadero valor de supervivencia.
El emplazamiento exacto de la barraca respondía a una lógica de máximo aprovechamiento ganadero y viario. Se ubicaba en el antiguo camino de Landete, una vía de comunicación histórica que articulaba el tránsito de rebaños y arrieros. Partiendo desde el lavadero de Garcimolina, la ruta asciende por el paraje del Portillo de Moya, dejando a la derecha la desviación que conduce a Fuentelespino de Moya. Aproximadamente un kilómetro después de coronar el Portillo, en pleno camino de carro y en un tramo completamente despejado y batido por los vientos, se levantaba el refugio. Esta posición estratégica, en el mismo eje del camino, garantizaba su máxima utilidad como parada obligada, resguardo repentino y lugar de auxilio frente a las inclemencias, en una zona donde no existía otra posibilidad de cobijo.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Descripción técnica: La ciencia de la piedra seca
Este apartado desglosa la técnica constructiva del refugio, basada exclusivamente en la gravedad, y el apoyo mutuo, sin empleo de cal, cemento ni argamasa alguna. Se emplea aquí la nomenclatura tradicional de la zona.
La base o cimentación natural
La construcción renunciaba a cualquier excavación profunda. La estabilidad partía del propio terreno.
- Cimiento natural: Se preparaba una superficie mediante limpieza y apisonado en busca de suelo firme.
- Zócalo: Se disponía una primera hilada de losas de gran tamaño y peso. Estas piedras maestras perimetrales se colocaban «a hueso», buscando caras planas que repartieran las cargas y sellaran la base contra la humedad.
Alzado de muros en falsa bóveda
El cuerpo del refugio se levantaba mediante la técnica de aproximación de hiladas (falsa cúpula). Los elementos clave eran:
- Hiladas o tongadas: Anillos concéntricos de losa ancha donde cada fila se inclinaba ligeramente hacia el interior, sobresaliendo unos centímetros respecto a la inferior.
- Losa maestra y contra piedra: En los tramos críticos se utilizaban piezas de gran formato trabadas con calzos (contra piedras) colocados en la parte trasera para evitar el vuelco.
- Relleno seco: Pequeñas lascas de piedra que ajustaban los huecos y transmitían los empujes.
El ojo y el cierre
La reducción progresiva del diámetro interior generaba un vano circular superior denominado ojo. Esta abertura se iba cerrando hasta alcanzar un diámetro de cierre mínimo. En ese punto se colocaba la última pieza, la clave o losa de coronación, cuyo peso ejercía un empuje descendente que compactaba y sellaba la estructura.

Acabado exterior e interior
- Exterior: El refugio presentaba un aparejo ciclópeo con un ligero talud exterior que mejoraba la estabilidad y facilitaba la evacuación del agua de lluvia. Un pequeño vuelo de losas en la cúspide, la cornisa seca, protegía el muro de la escorrentía.
- Interior: Un espacio reducido, fresco en verano y templado en invierno. A pesar de la desnudez actual, la tradición oral sugiere que contaba con un bancal interior de piedra para el descanso y una peana a modo de repisa para el candil, todo sobre una solera de losas planas.
El expolio. Reaprovechamiento y reciclaje en la segunda mitad del siglo XX
La desaparición total de la barraca no fue obra de un derrumbe accidental ni de la erosión natural. La estructura fue espoliada hasta el nivel de cimentación natural. Este fenómeno, irónicamente practicado por los «amigos de lo ajeno» en busca de piedra para otras construcciones, supone una forma de reciclaje descontextualizado que arranca las páginas del paisaje.
En la mentalidad del reaprovechamiento contemporáneo, una barraca aislada en el monte se ve como una cantera de piedra vista y seca, lista para decorar jardines o muros contemporáneos. Se ignora que el valor de esa piedra no residía en su materialidad bruta, sino en su posición exacta dentro de la falsa cúpula, en su historia, como parte de un cobijo que salvó vidas durante las tormentas serranas. El expolio borra no solo la arquitectura, sino la prueba física del hábitat pastoril, las rutas trashumantes y la relación ancestral entre el oficio de herrero y la piedra.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Conclusiones
La documentación de este refugio inexistente se convierte en una paradoja necesaria. Ya no podemos conservar la materia, pero sí podemos fijar su memoria técnica y humana. La barraca del Tío Román ejemplifica el estado de vulnerabilidad del patrimonio vernáculo disperso en la Baja Sierra de Cuenca. Su recuperación en el plano documental permite comprender mejor la arquitectura nacida de la necesidad, basada en la geometría, la gravedad y la piedra caliza local.
Es urgente generar inventarios y proteger legalmente estos hitos del paisaje antropizado antes de que los «amigos de lo ajeno» los reduzcan a meros montones de escombros reciclados. Porque cuando una construcción de piedra seca desaparece sin ser documentada, no solo perdemos un refugio: perdemos la voz de los pastores, el ingenio del herrero y el latido de la montaña.
BIBLIOGRAFÍA
Técnica constructiva y piedra seca
- García Grinda, J. L. (2008). Arquitectura popular de piedra seca: técnicas, paisajes y patrimonio. León: Editorial de los Oficios.
(Obra de referencia sobre los principios estáticos de la falsa cúpula y el aparejo ciclópeo en el ámbito ibérico). - Bassegoda Nonell, J. (1990). La bóveda catalana: historia y construcción. Barcelona: Edicions UPC.
(Aunque centrada en la bóveda tabicada, aporta fundamentos sobre el comportamiento de las estructuras abovedadas sin cimbra, extrapolables a la falsa cúpula). - Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura. (s.f.). La piedra seca. Un paisaje km 0. Patrimoni Cultural.
https://patrimoni.gencat.cat/es/historias/la-piedra-seca-un-paisaje-km-0
(Recurso divulgativo que explica el valor universal de la piedra seca, su técnica y su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO).
Arquitectura vernácula y cobijos pastoriles
- Flores López, C. (1986). Arquitectura popular española (Vol. 3). Madrid: Aguilar.
(Compendio ilustrado de tipologías de refugios rurales, chozos y barracas de pastores en la Península). - Ponga Mayo, J. C., & Rodríguez Pascual, M. (2000). Arquitectura popular: las construcciones auxiliares en Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León.
(Incluye una clasificación de chozos de piedra seca y su implantación en las vías pecuarias).
Trashumancia, caminos históricos y territorio
- Martín Casas, J. (2002). Vías pecuarias y trashumancia en la Serranía de Cuenca. Cuenca: Diputación Provincial de Cuenca.
(Cartografía y descripción de cañadas y caminos de carro, incluyendo la ruta hacia Landete y el área de Garcimolina). - García Martín, P. (1990). La trashumancia en la España moderna. Madrid: Siglo XXI.
(Estudio de la vida pastoril, las infraestructuras de apoyo y la organización social de arrieros y trajineros).
Memoria oral, patrimonio inmaterial y expolio
- Benito del Pozo, P. (2014). Patrimonio y paisaje: la arquitectura popular ante el expolio. Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 12(3), 553-566.
(Analiza el saqueo de materiales en construcciones vernáculas como desarraigo cultural y pérdida de identidad). - Carrera Díaz, G. (2015). El valor de la memoria oral en la documentación del patrimonio etnológico. Revista PH, 87, 48-61.
(Metodología para registrar testimonios orales en procesos de pérdida de bienes culturales).
Historia local y entorno de Garcimolina
- Filiación personal de Román Valero Junquero (abril de 1939). Procedimiento sumarísimo de urgencia, N.º 32860: En el documento figura con 62 años, casado, natural de Fuentelespino (Cuenca), vecino de Casas de Garcimolina, con instrucción —sabe leer y escribir— y oficio declarado de labrador. No obstante, en el procedimiento sumarísimo consta también como herrero, de hecho, el herrero del pueblo, confirmando así la memoria oral que lo recuerda como el «Tío Román, el herrero de Garcimolina». Ambos oficios, lejos de excluirse, reflejan la proactividad característica del medio rural de la época).
- López de los Mozos, J. R. (2008). Caminos viejos y veredas de la Baja Serranía conquense. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Cuenca, nº 33 (segunda época), pp. 79‑104. (Descripción del itinerario lavadero de Garcimolina – Portillo de Moya – Landete y sus vestigios arquitectónicos).
Cómo citar este artículo
Martínez, Á. (2026). Arquitectura de la necesidad y la piedra seca: Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina (Cuenca). Asociación de Vecinos Peña el Pardo. https://garcimolina.net