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Los del Pozanco lanzan ‘Oda al huerto’ en YouTube y agradecen el apoyo de la Serranía Baja
El sello independiente Morrogorrino Records anuncia el lanzamiento del nuevo single de Los del Pozanco, titulado Oda al huerto. Aunque la publicación en Spotify se demorará unos días, el tema ya puede escucharse en el canal oficial de YouTube de la banda, donde está cosechando las primeras reacciones del público. Grabado en enero, el estreno…
Local social, antiguo Horno
Este espacio trata de ser un punto de encuentro de todas las personas interesadas en el desarrollo social, cultural y económico de la localidad.
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El Eco de las Espadas

Introducción y publicación por entregas:
«EL ECO DE LAS ESPADAS»
Asociación de personas mayores Peña el Pardo
Revista Histórica y Cultural
«Entre la piedra y la fe, una fortaleza escribe su destino»
Bien fallados seades, leedores, en aqueste viage que passa por los siglos et torna los sones d’aquella sazon en que la fe, el açero et la cobdicia texieron el fado d’un regno. En los cartapacios que agora se siguen, damos el primer recreo de «El Eco de las Espadas», estoria que se arraiga en la Baxa Edat Media de Castiella, en aquellas terras bravas et de frontera que oy dia son llamadas Castiella-La Mancha.
Bienvenidos, lectores, a un viaje que atraviesa los siglos y resucita los ecos de una época donde la fe, el acero y la ambición tejieron el destino de un reino. En las páginas que siguen, presentamos el primer adelanto de «El Eco de las Espadas», una novela histórica que sumerge sus raíces en la Baja Edad Media castellana, en ese territorio agreste y fronterizo que hoy conocemos como Castilla-La Mancha.

Inicio del camino de la Vera, 1347 ¿Qué secretos guardan las murallas del castillo de Moya?
En un mundo donde las órdenes militares —Santiago y Calatrava— pugnaban por el control de rutas sagradas y tierras baldías, un hombre, Juan González de Roa, «el mozo» (noble de segundo rango, no de alta nobleza, s. XV). Con su presencia en Moya (ficcionada s. XIV), como un encargo real temporal «por orden de Alfonso XI, para control en las zonas rurales de la Mancha y el valle del Tajo, de los mudéjares», como comisionado regio y labores de alcaide. Carga sobre sus hombros el peso de una misión imposible: sostener la unidad de su gente mientras el reino se fractura. Su historia, rigurosamente documentada, pero narrada con la pasión de la ficción, es el hilo que nos guía a través de intrigas palaciegas, batallas espirituales y la silenciosa resistencia de los peregrinos que, bajo la sombra de la Ruta de la Vera Cruz, buscaban redención.
¿Por qué desapareció un pueblo entero?
La lucha entre estos muros, las intrigas, la devoción mariana —encarnada en vírgenes aparecidas como la de Tejeda o Santerón— se entrelaza con leyendas templarias nunca confirmadas, pero imposibles de erradicar. Aquí, los setenarios de siete días (ya modernos), consagraban la fe en ermitas perdidas, mientras los campesinos y ganaderos de la heredad de la casa de labor de Casas de Garcimolina, (hoy apenas un eco en los archivos), labraban su supervivencia entre el olvido y la repoblación.
Una trama coral,1 un misterio histórico
Esta obra, estructurada como un tapiz de voces —caballeros, artesanos, peregrinos como el misterioso Herminio, cuyo mimbre simboliza la fragilidad humana—, alterna, eventos históricos verificables con relatos íntimos que desafían el tiempo. ¿Qué ocurrió realmente entre 1284 y 1292?, ¿Moya fue arrasada y sus emblemas borrados?, o no. ¿Por qué la Orden de Santiago perdió el control frente a Calatrava? Y, sobre todo, ¿quién traicionó a quién?
En esta primera entrega, descubrirán:
- El Castillo de Moya: bastión entre dos mundos, donde el viento aún susurra las plegarias de los caídos.
- La sombra de los Templarios: aunque no hay pruebas de su presencia, su herencia late en rituales y símbolos.
- La emboscada en el nogueral: un joven caballero, Álvaro, enfrentará su primera prueba de sangre en defensa de los peregrinos.
«El Eco de las Espadas» no es solo una novela: es una invitación a caminar por senderos olvidados, donde cada piedra, cada documento rescatado del silencio (como el Censo de Pecheros de Carlos I que menciona por primera vez a Garcimolina), nos habla de un mundo que creíamos perdido.
Queridos lectores, os invitamos a un viaje por los caminos olvidados de la Serranía Baja conquense, donde la historia y la leyenda se entrelazan en cada piedra. «El Eco de las Espadas» no es solo una novela histórica: es una puerta abierta a ese territorio agreste y fronterizo que se extiende entre las despobladas sierras de Moya, los venerados santuarios de Santerón y Algarra, y las humildes aldeas y casas de labores, como Garcimolina, Santo Domingo o Fuentelespino de Moya, resistieron el paso de los siglos.
¿Reconocéis estos parajes?
Quizá os suenen sus nombres, evocadores y misteriosos, como ecos de un pasado que aún late en fuentes escondidas, en ruinas de ermitas y en senderos que serpentean entre sabinares. Esta es la tierra que pisaron los caballeros de Calatrava y Santiago, donde los peregrinos de la Ruta de la Veracruz buscaban refugio, y donde pastores y labriegos tallaron su existencia entre la devoción y la supervivencia.
El Castillo de Moya, erguido sobre su cerro como un centinela de piedra, domina este paisaje áspero y bello. Desde sus almenas se divisan las torres de vigía y los caminos que llevan a Santerón, con su ermita mariana rodeada de leyendas; a Algarra y su castillo, donde las romerías tejían comunidad, y a esos pequeños mundos —Las casas de labor y corrales de García Molina, Santo Domingo, Fuente del Espino—, cuyas fuentes y majadas fueron testigos mudos de historias cotidianas y extraordinarias.
¿Qué secretos guardan estos andurriales?
En «El Eco de las Espadas», cada lugar tiene su voz:-
La casa de García Molina, una simple heredad o casa de labor, perdida en los documentos, que esconde la tenacidad de quienes repoblaron estas tierras.
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Los bosques de nogueras, pinos y sabinas, donde bandidos y peregrinos se cruzaban en noches de luna menguante.
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Las fuentes y lavaderos, puntos de encuentro donde se compartían noticias, temores, anhelos y esperanzas.
Esta es una historia de frontera, donde lo sagrado y lo profano se mezclan: las apariciones de vírgenes en encinares, los setenarios (ya muy modernos para esta historia), en ermitas aisladas, y las luchas entre órdenes militares por controlar no solo tierras, sino almas.
¿Por qué importa hoy esta historia?
¿Por qué estos parajes? —aunque hoy algunos sean apenas un recuerdo— moldearon la identidad de una región. En sus piedras, en sus documentos y en su tradición oral, encontramos las raíces de una resistencia callada: la de quienes, como el señor don Juan González de Roa, el peregrino Herminio o el caballero Álvaro, eligieron la lealtad a sus ideales frente a la conveniencia.En esta primera entrega, descubriréis:
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El Castillo de Moya en su esplendor, cuando sus muros albergaban tanto a señores como a pastores.
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La ermita de Santerón, faro espiritual en un territorio peligroso.
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La granja de Garcimolina, ejemplo de cómo la vida se abría paso, incluso en tiempos de guerra.
«El Eco de las Espadas» es una invitación a recorrer, con rigor histórico y pulso narrativo, esos lugares que, aunque os suenen lejanos, son parte de vuestra memoria. Porque la historia no solo se escribe en grandes ciudades, sino también en estos rincones donde el viento aún susurra nombres como Moya, Santerón, Algarra y Garcimolina …
¿Están preparados para oír el eco?
ACCESO A LOS CAPÍTULOS
Introducción del autor
Prólogo
PRIMERA PARTE FICCIONADA
I: El castillo de Moya
II: La sombra de la rivalidad
III: La conformación del poder
IV: La llegada de los peregrinos
V: La victoria de la fe
SEGUNDA PARTE NOVELADA
1. El inicio del viaje, abril de 1347
2. Herminio, el peregrino del mimbre
3. La huella del caminante
4. La nueva misión de Herminio en Moya
5. Reflexiones del camino
6. Una tradición perdurable
7. Un ciclo de enseñanza y aprendizaje
8. Una nueva era, preceptos del Mimbre y el Mimbrito
9. Nuevas generaciones y su propio camino
10. La obra de Herminio
11. Nuevos horizontes
12. Reflexiones en el umbral
13. El regreso de Herminio
14. Los canastos de la memoria
15. Semillas de esperanza
16. Una marca que perdura
17. Los caballeros de la luz
FIN
EPÍLOGO
Nota del editor:
Esta obra ha sido investigada con fuentes primarias, desde crónicas medievales hasta registros arqueológicos del cerro de Moya. Cada entrega irá acompañada de un anexo con bibliografía histórica para los lectores más exigentes.
Para no ser reiterativos, se han publicado todas las fuentes consultadas de un sola vez, al pie del documento, es la bibliografía total de la novela.
Ilustraciones y grabados que aparecen en la publicación:
Basados en las técnicas pictóricas de Jan Van Eyck (c. 1390-1441):
Maestro flamenco y pionero de la pintura al óleo en el Renacimiento nórdico. Es reconocido como una de las figuras fundacionales de la pintura occidental y máximo representante de la escuela flamenca del siglo XV. Su dominio técnico y conceptual revolucionó el arte europeo, especialmente mediante el perfeccionamiento de la pintura al óleo, lo que le permitió alcanzar cotas de realismo y simbología sin precedentes.
Características estilísticas y aportaciones técnicas
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Hiperrealismo y precisión óptica:
- Van Eyck elevó la técnica al óleo mediante el uso de capas translúcidas (glacis), lo que facilitó la recreación de texturas minuciosas en telas, metales, joyas y superficies naturales.
- Su tratamiento de la luz, con gradaciones sutiles y sombras articuladas, confería volumen tridimensional y profundidad espacial a sus composiciones.
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Simbología compleja y narrativa visual:
- Integró en sus obras un repertorio de elementos simbólicos (espejos, frutas, animales, inscripciones) que operaban como capas de significado adicional, a menudo vinculadas a temas religiosos, morales o sociopolíticos.
- Obras como El matrimonio Arnolfini (1434) son estudiadas por su densa carga alegórica y su capacidad para documentar la cultura material de la época.
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Innovaciones técnicas y firmas autógrafas:
- Perfeccionó la estabilidad y brillo de los pigmentos al óleo, superando las limitaciones del temple al huevo predominante hasta entonces.
- Sus obras frecuentemente incluían inscripciones como «Als ik kan» (“Con lo que puedo”), reflejando una conciencia autoral innovadora para su tiempo.
Legado e influencia
Van Eyck sentó las bases estéticas del Renacimiento nórdico e influyó en artistas como Hans Memling, El Bosco y, posteriormente, en maestros del Barroco. Su obra marca la transición definitiva del Gótico internacional hacia un naturalismo empírico que anticipó desarrollos posteriores en Europa.
Conexión con reconstrucciones históricas y culturales
La estética de Van Eyck resulta singularmente adecuada para recreaciones visuales de escenarios medievales y protomodernos, tales como:
- Escenas de vida cotidiana y poder señorial (ej.: el Castillo de la Moya o figuras como Gonzalo de Roa).
- Entornos rurales y simbología sacra (ej.: peregrinos, cruces, arados y utensilios como cestos y canastos).
- Narrativas históricas ambientadas en espacios como Santerón o el personaje del Zurdo, donde el detalle realista y la carga simbólica enriquecen la comunicación.
Su capacidad para integrar precisión documental con profundidad conceptual permite que las imágenes no solo ilustren, sino que interpreten contextos históricos, reforzando el axioma de que “una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación del patrimonio cultural.
PIE DE PÁGINA
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Narrativa coral:
Se refiere a un enfoque de narración donde la historia se relata por medio de diferentes voces o narradores, en vez de apoyarse en un solo punto de vista. Cada personaje, comúnmente desempeñándose como el personaje principal, proporciona una perspectiva singular de los acontecimientos, lo cual facilita la elaboración de una narración polifónica y enriquecida por la diversidad de experiencias y emociones. Este enfoque fomenta una interpretación más exhaustiva y minuciosa de la historia, dado que los sucesos se presentan desde múltiples puntos de vista, lo cual realza la complejidad y la autenticidad de la narrativa.
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Fungir:
Desempeñar un empleo, cargo o función. “Desempeñar una función, a veces sin tener el nombramiento preceptivo”.
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Setenarios:
Agrupaciones simbólicas de siete elementos en contextos espirituales o teológicos, destacando la relevancia del número siete, como símbolo de plenitud y perfección. Tradición cristiana, mística medieval; estas estructuras organizaban conceptos clave en grupos de siete, mostrando un marco para la reflexión y el crecimiento espiritual.
- Los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
- Las siete virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
- Los siete pecados capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
- Las siete bienaventuranzas: Interpretadas a partir del Sermón del Monte.
- Las siete peticiones del Padrenuestro: Cada una se considera un antídoto espiritual frente a los pecados o debilidades humanas.
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Orden del Temple:
Conocida como los Caballeros Templarios. Fundada en 1119 por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada, su misión original era proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.
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Los pecheros:
Eran individuos pertenecientes al tercer estamento en la España del régimen antiguo, no pertenecientes a la nobleza ni al clero, y estaban obligados a abonar tributos directos a la Corona española. El término viene de “pecho” o “pecha” (tributos medievales). Principalmente, eran agricultores, artesanos y residentes de villas, cuya situación tributaria no se basaba en su riqueza, sino en su obligación de contribuir.
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Alfoz:
Se trataba de un término de la era medieval que se utilizaba para referirse a un territorio rural bajo la jurisdicción de una villa principal, en el que se congregaban diversas aldeas. Poseía responsabilidades fiscales, judiciales y militares, desempeñando un papel crucial durante la Reconquista.
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Señorío de realengo:
Tierras bajo control directo del rey, en contraposición a las tuteladas por nobles o la Iglesia, el monarca podía concederlas por merced o venta.
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Vísperas:
Los miembros de la Orden de Santiago practicaban un rito denominado la Plegaria del Caballero, que se sincroniza con las horas canónicas de la Iglesia. Rezaban en momentos específicos del día. Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. La misa conventual y la liturgia de las horas, pilares esenciales en su vida espiritual.
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Prácticas de armas abiertas
En los castillos de las órdenes militares solían realizarse, en espacios amplios y despejados dentro del recinto fortificado, como el patio de armas. Este era el corazón del castillo, una gran explanada central donde los caballeros entrenaban en combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, lanzas, arcos y tácticas de formación. Además del patio de armas, algunos castillos contaban con terrazas exteriores o explanadas cercanas que también se usaban para ejercicios ecuestres y simulacros de batalla. Estos entrenamientos eran esenciales para mantener la disciplina y la preparación militar de los caballeros, guerreros altamente entrenados.
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Pertenencia a un grupo:
Es cuando un individuo se siente parte de un conjunto de personas que comparten algo en común: afición, cultura, ideología, actividad o una edad…
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Bordón:
Cayado largo de madera que sirve de apoyo durante el camino y tiene un significado simbólico en la peregrinación. Su uso se remonta a la Edad Media y suele estar coronado por un puño del que cuelga una calabaza.
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Limosnera:
Típica de la época, era un recipiente sencillo, a menudo de tela o cuero, que servía para llevar la limosna que se recogía de donantes.
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Ucronías:
Relatos que imaginan cómo habría sido la historia si un hecho del pasado hubiera ocurrido de forma diferente. Es decir, son reconstrucciones ficticias de la historia basadas en un punto de divergencia.
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La Carola:
Danza medieval en círculo, acompañada por el canto de los propios bailarines. Aunque no se han conservado partituras específicas, los instrumentos que solían acompañar este tipo de danzas incluían:
- Tamboriles: Marcaban el ritmo con golpes constantes.
- Flautas dulces: Añadían melodías suaves y fluidas.
- Cornamusa: Un instrumento de viento similar a la gaita, con un sonido potente.
- Chirimía: Antecesora del oboe, con un timbre agudo y expresivo.
- Laúd: Instrumento de cuerda pulsada que aportaba armonía.
- Castañuelas: Utilizadas para marcar el ritmo con percusión manual.
CRONOLOGÍA DE LAS ÓRDENES MILITARES
Orden de Santiago (1210 – 1300)
- Justificación: Tras la conquista de Moya por Alfonso VIII de Castilla en 1210, la villa y su castillo fueron entregados a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación de la frontera con al-Ándalus. Es el dominio más largo y estable.
- Evidencia: Documentos reales de donación y confirmaciones posteriores de la posesión Santiaguista.
Orden de Montesa (1300 – 1304)
- Justificación: Mediante una bula papal (Sane Considerante) del Papa Bonifacio VIII (11 de julio de 1297), se autorizó al rey Jaime II de Aragón a crear la Orden de Montesa y asignarle los bienes de la disuelta Orden del Temple en la Corona de Aragón. Sin embargo, Jaime II formalizó la cesión de Moya (que era castellana, no aragonesa) a Montesa en 1300, buscando fortalecer esta nueva orden en la frontera.
- Fecha exacta de finalización:
- Justificación: La cesión de Moya (territorio castellano) a una orden aragonesa (Montesa), generó un conflicto diplomático entre Castilla y Aragón. Mediante el Tratado de Torrellas (8 de agosto de 1304), que fijaba las fronteras entre ambos reinos, Jaime II de Aragón acordó devolver Moya a Castilla.
- Evidencia: Bula papal de 1297, documentos reales aragoneses de cesión a Montesa (1300) y texto de la sentencia arbitral del Tratado de Torrellas (1304).
Fin del dominio directo de las órdenes militares (1304 en adelante).
- Justificación: Cumpliendo el Tratado de Torrellas, la Orden de Montesa, dejó Moya, que volvió a la Corona de Castilla bajo el rey Fernando IV.
- A partir de entonces, Moya fue gobernada por señores laicos nombrados por el rey (Señorío de Realengo 7), aunque mantuvo vínculos históricos con Santiago y tuvo Comendadores santiaguistas en su territorio. Nunca más volvió a estar bajo el dominio directo de una orden militar como villa propia.
- Evidencia: Aplicación del Tratado de Torrellas y aparición de tenentes.
Conflictos que marcaron la región
- Guerra Civil Castellana (1366–1369): Moya fue escenario de enfrentamientos entre los bandos de Pedro I «el Cruel» (apoyado por Inglaterra) y su hermanastro don Enrique de Trastámara (respaldado por Aragón y Francia). La guerra dejó la zona devastada y sembró el caos institucional. Las órdenes Militares, tanto la Orden de Santiago como la de Calatrava, intentaron hacerse con el control de Moya, aprovechando su valor defensivo y su ubicación clave en las rutas entre Castilla y Aragón.
- Consecuencias para la población, el auge del bandolerismo. Tras conflictos como la Guerra de los Dos Pedros (1356–1369), muchos soldados y mercenarios quedaron sin paga ni señorío. En la Baja Sierra esto se tradujo en: Grupos armados itinerantes, no eran ejércitos regulares, sino bandas de excombatientes desmovilizados, mercenarios sin contrato.
BIBLIOGRAFÍA
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Alfonso X el Sabio
Primera Crónica General de España (c. 1270-1284). Fundamental para el contexto político y militar de la Castilla del siglo XIII.
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Fuero de Cuenca
Ed. crítica de Rafael de Ureña y Smenjaud (1935). Base jurídica de la repoblación y organización territorial en la región.
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Chronica Latina Regum Castellae:
Ed. Luis Charlo Brea (1999). Relatos contemporáneos sobre Alfonso VIII y Enrique I.
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Martínez Díez, Gonzalo
Los templarios en los reinos de la Península Ibérica. Ed. Cátedra. (1993).
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Ruiz Gómez, Francisco
Los orígenes de las órdenes militares y la repoblación de los territorios de La Mancha (CSIC, 2003). Análisis del papel de Santiago y Calatrava en la consolidación territorial.
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Doménech, M. Ángeles (2005)
Religiosidad popular y santuarios en la Serranía Baja de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.
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Sánchez Garzón, Alfredo (2006)
Santuario de la Virgen de Tejeda en Garaballa. Ed. Comarcal.
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Llop Domingo, J. V. (1997)
Ermitas y espiritualidad mariana en el Alto Turia.
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Archivo Parroquial de Moya y Libros de Fábrica de Garaballa y Garcimolina
Contienen referencias a los orígenes legendarios y primeros cultos.
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Sanz y Díaz, José
Historia de la muy noble y leal villa de Moya (Ed. Añil, 1947). Crónica local con documentos sobre Juan González de Roa.
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VV. AA. (2011)
Marianismo rural en la península Ibérica: ritos, caminos y ermitas. Universidad de Castilla-La Mancha.
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Vauchez, André
La espiritualidad del Occidente medieval (Cátedra, 1995). Contexto sobre devociones populares (vírgenes aparecidas, setenarios).
-
Castro, Caridad, Pepe
Peregrinos en la España medieval. (Ediciones Nowtilus, 2010). Rutas alternativas, hospederías y simbolismo espiritual.
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Almagro Gorbea, Martín
El castillo de Moya, arqueología de fortaleza medieval (Diputación de Cuenca, 2015). Estudio arquitectónico y estratigráfico del bastión.
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Retuerce Velasco, Manuel
La Serranía Conquense en la Edad Media. Poblamiento y estructura social (AACHE Ed., 2009). Asentamientos como Casas de Garcimolina.
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Primera mención documental de «La Casa de García Molina». Censo de pecheros de Carlos I, 1528.
Tomo I, pág.: 133 https://ine.es/prodyser/pubweb/censo_pecheros/tomo1.pdf
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Archivo municipal de Moya, 1380-1400, Pedro López de Ayala
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Real Academia de la Historia
https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/registro.do?id=12781
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Recursos digitales
- https://gw.geneanet.org/foullon?lang=es&n=de+roa&p=juan+gonzalez+de+roa
- https://palomatorrijos.blogspot.com/2020/04/juan-gonzalez-de-rosa-senor-de-moya-y-de.html
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Documentos de órdenes militares
Archivo Histórico Nacional (Madrid). Sección órdenes Militares (Santiago, Calatrava).
- Pergaminos y cartularios: encomiendas en Cuenca y Moya (siglos XII-XIV).
- Consultas sobre posesiones en la zona oriental de Cuenca. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=50989
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La caseta de la Umbría


La caseta de la Umbría
RAIMUNDO JIMÉNEZ MILLÁN
Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría
Introducción: El regreso a la umbría que no pudo ser refugio
Hacia 1931, Raimundo Jiménez Millán regresó a España tras su primer exilio en Argentina. Después de recorrer los caminos de la militancia anarcosindicalista en Valencia y de intentar construir una vida en la convulsa Segunda República, sintió la necesidad de volver a sus orígenes.
En la Umbría de Casas de Garcimolina (Serranía Baja de Cuenca), a 1.150 m de altitud y muy próxima al Rincón de Ademuz (Valencia). El paraje es un valle relativamente llano de 26 hectáreas dedicadas a pastos y pinos, con un clima mediterráneo continentalizado: inviernos fríos y veranos secos. Al tratarse de una umbría, recibe menos sol que las laderas que la enmarcan, lo que genera un microclima más fresco y húmedo, propicio para vegetación hidrófila. No presenta los bruscos desniveles ni las hoces profundas del entorno montañoso circundante, pues el río Algarra la bordea sin atravesarla. Es un paraje frío y sombrío, ligeramente alejado del núcleo urbano, sin agua corriente (solo el Caz que la atraviesa de oeste a este), ni alcantarillado, ni electricidad.
Inmerso en la miseria de la economía de subsistencia de la posguerra.
Raimundo decidió edificar una caseta; no era una construcción más. Frente a las modestas viviendas de mampostería y piedra seca que poblaban la aldea serrana, la casa de Raimundo destacaba por su diseño diferente y por un lujo entonces inaudito en la zona: su interior estaba decorado con cerámica valenciana, un material que trasladaba a su refugio serrano los ecos de su vida urbana y mediterránea. Aquella vivienda no solo era un techo, sino un símbolo: la expresión material de un hombre que, habiendo visto mundo y luchado por sus ideales, anhelaba echar raíces en la tierra que lo vio nacer.
Pero la Guerra Civil y la feroz represión franquista lo empujaron de nuevo al exilio, esta vez definitivo, en Venezuela. La casa de la Umbría quedó abandonada, testigo mudo de un sueño truncado. Más de setenta años después, amenaza ruina, expoliada casi en su totalidad, con sus puertas y tejas reutilizadas en otras construcciones del pueblo. Este artículo reconstruye la trayectoria vital de Raimundo Jiménez Millán y rescata del olvido la historia de aquella casa singular, un enclave de memoria en el corazón de la Serranía Baja conquense.
Raíces y exilio temprano: De Casas de Garcimolina a la Argentina Libertaria
Raimundo Jiménez Millán nació en 1904 en Casas de Garcimolina, un pequeño municipio de la Serranía Baja conquense que, según el censo de 2025, apenas supera la treintena de habitantes. En 1913, su familia emigró a Valencia, ciudad donde cursó estudios primarios y cuatro años en la Escuela Normal.
Huyendo del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera, en 1924 emigró a Argentina. En Buenos Aires se afilió a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y colaboró en el influyente diario anarquista La Protesta. Fue allí donde aprendió el oficio de linotipista, una profesión que lo mantendría durante toda su vida y que más tarde utilizaría para falsificar documentación en la clandestinidad.

De izquierda a derecha, empezando por el hombre sentado a la izquierda: Torres, Maella, Raimundo Jiménez Millán, ?, García, Parra, González, ?, Ortiz, Ferrer.
En Venezuela. Texto en la parte trasera de la foto: «Una de las tantas mesas esperando un domingo en la Casa de España la paella».
Matices y precisiones sobre la trayectoria temprana de Raimundo Jiménez Millán
La información recogida en la tradición oral y en los archivos consultados para el presente artículo puede enriquecerse con los datos aportados por el blog de divulgación histórica de Paco Salud (2017), basado a su vez en fuentes hemerográficas y en la obra del propio Raimundo Jiménez Millán:
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Origen ideológico previo al anarquismo
Antes de abrazar el anarcosindicalismo, Raimundo militó en el blasquismo y en el republicanismo valenciano. Su conversión al ideario libertario se produjo tras conocer la obra de Francisco Ferrer Guardia y la Escuela Moderna, lo que explica su posterior adhesión a la CNT y su defensa de la educación laica y racionalista.
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Motivación del primer exilio en Argentina (1924)
Si bien el artículo alude a un «primer exilio» hacia 1930-1931, otras fuentes precisan que Raimundo viajó a Argentina ya en 1924 para huir del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera. Allí se afilió a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) y aprendió el oficio de linotipista, lo que más tarde resultaría decisivo en su labor clandestina de falsificación de documentos.
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Perfil dentro del movimiento libertario durante la Segunda República
Durante los años treinta, Raimundo se identificó con las tesis «trentistas» (corriente posibilista dentro de la CNT) y formó parte de la comisión gestora del Ateneo Sindicalista Libertario en 1932. Colaboró asiduamente en periódicos como Sindicalismo (1933-1934) y, ya en el exilio, en La Protesta (Argentina), Libre Studio (México) y Le Combat Syndicaliste (Francia).
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Rol exacto en la clandestinidad (1939-1940)
El artículo señala correctamente que Raimundo integró el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Otras fuentes concretan que dicho comité se denominó Junta Nacional del Movimiento Libertario, fue encabezado por Esteban Pallarols y cayó en 1940. La especialidad de Raimundo era la fabricación de documentación falsa (salvoconductos, órdenes de liberación), lo que permitió la evasión de numerosos presos republicanos recluidos en el campo de concentración de Albatera.
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Últimos años en Venezuela
Se confirma su integración en la Agrupación de la CNT en Caracas. Algunos testimonios de la época señalan que en sus últimos años simpatizó con el denominado «cincopuntismo» (estrategia colaboracionista de ciertos sectores del exilio libertario durante los años sesenta), un matiz que refleja la evolución del pensamiento de Raimundo sin desmerecer su trayectoria de resistencia.
El regreso y la construcción de la casa en la Umbría (c. 1939-1942)
Tras su regreso de Argentina en 1930, Raimundo Jiménez Millán se instaló en Valencia y participó activamente en la reorganización del Sindicato Único de Artes Gráficas de la CNT, así como en la vida cultural y política de la Segunda República. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior derrota republicana truncaron cualquier posibilidad de una vida estable en la ciudad. Fue una vez finalizada la contienda, en los años más duros de la posguerra, cuando Raimundo decidió materializar su vínculo con la tierra natal. La memoria oral de Casas de Garcimolina sitúa la construcción de su casa en la Umbría entre 1941 y 1942, coincidiendo con su breve periodo de libertad tras la absolución en el consejo de guerra de noviembre de 1941.
El encargado de llevar a cabo la obra fue:
Ángel Martínez Millán (1908 – c. 1960), natural de Santo Domingo de Moya, especialista en la técnica tradicional de piedra seca y cuñado de Vicente Valero «Vicentón», el presidente del Comité de Defensa local. Ángel, que había sido dado oficialmente por desaparecido en el frente de Batea (Tarragona) en 1938, había regresado clandestinamente a Garcimolina y, con sus manos de labriego y cantero, levantó las sólidas paredes de mampostería que aún se sostienen.
Efectuó la edificación en un paraje alejado del casco urbano, donde las condiciones de vida eran extremadamente duras. Según el testimonio de Carmen Montesinos Jiménez, se abre la hipótesis razonable de que Ángel Martínez ejecutara la estructura exterior (el «continente»), como maestro cantero y especialista en piedra seca; y que algún otro artesano de la zona realizara los acabados interiores de carpintería, cerámica valenciana y el sistema de balsas:
El «contenido» externo requeriría confirmación documental adicional, como el maestro de obras de la zona y los operarios. En aquella época de miseria y economía de subsistencia, no existían canalizaciones de agua, ni alcantarillado, ni tendido eléctrico. La mayoría de las viviendas se levantaban con mampostería de piedra seca, encaladas, con pequeños vanos y cubiertas de teja árabe. Las condiciones higiénicas eran precarias, la tuberculosis y el tifus golpeaban con fuerza, y el hambre era un compañero cotidiano.
La casa de Raimundo supuso todo un lujo para la época
No tanto por su arquitectura exterior —que seguía la tipología serrana—, sino por su ingeniosa solución para el agua y por su decoración interior. Se aprovechó el agua del «caz» que se utilizaba para el riego de las tablillas y de la Ferzosilla (Berzosilla), y que luego se canalizaba en la acequia madre.
Raimundo mandó construir unas balsas a modo de contenedores que almacenaban el agua; hasta que no se llenaban por completo, el agua no volvía a circular hacia cotas más bajas. Este sistema, novedoso en la zona de la Baja Sierra, permitía disponer de un pequeño remanso de agua junto a la vivienda. Los niños del pueblo disfrutaban con la novedad y se bañaban en las pozas que se formaban, algo completamente desconocido hasta entonces en la comarca. Además, en el interior de la casa, Raimundo dispuso una decoración con cerámica valenciana, inexistente en el resto de las viviendas del pueblo, que recordaba los años de su activismo en la capital del Turia.

Esta casa, levantada en plena represión franquista:
Fue el último gesto de arraigo de un hombre que ya llevaba una vida marcada por el exilio y la clandestinidad. Apenas pudo disfrutarla: su reincidencia en la actividad antifranquista y la necesidad de huir de nuevo al extranjero lo llevaron a abandonarla definitivamente en la década de 1950. Desde entonces, ha permanecido cerrada, primero como símbolo de la esperanza de un regreso que nunca se produjo, y después como ruina silenciosa.
Raimundo, sin embargo, no se conformó con lo vernáculo. Su casa destacaba por una tipología constructiva diferente a las del pueblo: más espaciosa, con una distribución que revelaba la influencia de su paso por la ciudad y, sobre todo, por una seña de identidad inconfundible: la decoración interior con cerámica valenciana. Este material, de rica tradición artesanal en la región de origen de su familia adoptiva, era completamente inexistente en las humildes viviendas serranas de la época. Mientras el exterior de la casa dialogaba con el paisaje de piedra y monte bajo, en su interior Raimundo imprimió un sello personal que evocaba la luz y el color del Mediterráneo, una suerte de pequeño homenaje a la cultura y la modernidad que había abrazado en Valencia.
Guerra, clandestinidad y exilio definitivo: El abandono de la caseta
La guerra civil española (1936-1939) y la posterior represión franquista truncaron cualquier posibilidad de arraigo. Tras la contienda, Raimundo se integró en el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Desde mayo de 1939 fabricó documentación falsa, salvoconductos y órdenes de liberación que permitieron evadirse a numerosos militantes recluidos en el campo de concentración de Albatera. Detenido en junio de 1940 y juzgado en consejo de guerra en noviembre de 1941, fue absuelto —presuntamente gracias a sus contactos con el falangista José Antonio Girón de Velasco— y retomó la lucha clandestina, siendo detenido al menos en dos ocasiones más.
Una red de contactos clave para la supervivencia
La absolución de Raimundo en 1941 no fue fruto de la casualidad, sino de una compleja y paradójica red de contactos tejida a dos niveles. A nivel nacional, pudo hacer valer sus buenas relaciones con el ministro de Trabajo y destacado falangista José Antonio Girón de Velasco, cuya influencia resultó decisiva para salvarle la vida.
De igual importancia fue su vínculo con las nuevas autoridades locales de Casas de Garcimolina. Si bien Raimundo Montesinos Jiménez había sido alcalde entre junio de 1939 y octubre de 1940, para cuando se construyó la casa (1941-1942), la alcaldía la ocupaba Enrique Rodríguez. El verdadero vínculo local de Raimundo Jiménez Millán fue, más bien, con Ángel Martínez Millán, el constructor de la casa, un hombre de su misma quinta y también represaliado, que más tarde sería encarcelado en la prisión provincial de Cuenca. (La tradición oral precisa que Raimundo Montesinos no intervino en la obra, a pesar de su oficio).
Finalmente, se vio forzado a marchar al exilio definitivo en Venezuela, donde se integró en la Agrupación de la CNT en Caracas. Nunca pudo regresar a la casa de la Umbría. Quedó abandonada, cerrada a cal y canto, como un símbolo de la derrota y el desarraigo.
Un legado testimonial: Réquiem a mis amigos fusilados
Raimundo Jiménez Millán no solo fue un hombre de acción, sino también un memorialista. En 1975, bajo el seudónimo «Ramón de las Casas» —nombre que evocaba su pertenencia a Casas de Garcimolina—, publicó el libro testimonial «Réquiem a mis amigos fusilados», un testimonio de primera mano sobre la despiadada represión franquista. La obra fue publicada por Ediciones Surco entre México y Caracas, y en ella se mezcla el lamento por los camaradas caídos con el trauma colectivo del exilio. El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas» es un gesto de pertenencia a la tierra de la que se expulsó, un intento de fijar una identidad que la distancia y el tiempo amenazaban con diluir. Falleció en Caracas el 13 de febrero de 1978.

El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas» La casa hoy: ruina, expolio y memoria
Actualmente, la casa de Raimundo en la Umbría permanece en pie, pero amenaza ruina tras más de siete décadas de abandono. El expolio ha sido casi total: se han sustraído puertas, ventanas, rejas y, muy especialmente, los azulejos de cerámica valenciana que decoraban sus paredes. Algunos de estos materiales, según la tradición oral del pueblo, han sido reutilizados en otras viviendas de Casas de Garcimolina, en un particular y doloroso proceso de canibalización arquitectónica.
La casa permanece como una ruina romántica, desprovista de sus señas de identidad más valiosas. La estructura de mampostería todavía se sostiene, pero los elementos que la hacían única han desaparecido. La imagen de la construcción desolada, con sus ventanas vacías como cuencas, es un poderoso recordatorio del exilio interior y la pérdida del patrimonio afectivo.

Foto cedida por Julio Montesinos Adalid El contexto depresivo familiar. Hermanas Maestras en Cataluña
La tragedia de Raimundo no fue un hecho aislado. Sus hermanas, Perpetua y Lorenza Jiménez Millán, maestras nacionales en Cataluña, sufrieron una represión brutal por su condición de mujeres profesionales. Perpetua, destinada en Mollet del Vallès (Barcelona), se acusó de «simpatizar con la CNT» y de tener una «conducta moral dudosa». Se separó del servicio en 1940 y no se admitió hasta 1952 con penosas condiciones. Lorenza, por su parte, se condenó a seis años y un día de prisión por «adhesión a la rebelión». Años más tarde, participó en la fundación de la Casa de Cuenca en Barcelona (1960), una institución que se convirtió en un punto de encuentro para los conquenses emigrados y un espacio de resistencia cultural.
La represión de las hermanas Jiménez Millán ejemplifica cómo el franquismo castigaba con especial saña a las mujeres que desempeñaban funciones públicas y educativas. La acusación de «conducta moral dudosa» no era más que un mecanismo de deslegitimación de su labor profesional, un doble rasero de género que se sumaba a la persecución política.
Un vecino eminente en el panorama nacional e internacional
Raimundo Jiménez Millán merece un lugar destacado entre los vecinos eminentes de Casas de Garcimolina por varias razones:
- Dimensión nacional: Fue una pieza clave en la reorganización de la CNT en la clandestinidad durante los años más duros de la represión franquista. Su habilidad como linotipista y falsificador de documentos salvó numerosas vidas.
- Dimensión internacional: Su periplo vital lo llevó de Argentina a Venezuela, pasando por España. En ambos países americanos mantuvo una intensa actividad política y sindical. Su libro Réquiem a mis amigos fusilados es un documento fundamental para entender la memoria del exilio libertario.
- Vínculo con las raíces: A pesar de su itinerancia, nunca perdió el vínculo con Casas de Garcimolina. La construcción de la casa en la Umbría es la prueba material de su deseo de arraigo, un gesto profundamente significativo en una vida marcada por el desarraigo y la persecución.
Cronología de Raimundo Jiménez Millán (1904-1978)
Periplo vital
- Nacimiento y raíces (1904-1913): Casas de Garcimolina (Cuenca). Nace en 1904.
- Formación y adolescencia (1913-1924): Valencia. Su familia emigra en 1913; cursa estudios primarios y en la Escuela Normal. Inicia su militancia en el blasquismo y republicanismo.
- Primer exilio (1924-1930): Buenos Aires (Argentina). Emigra en 1924 huyendo del servicio militar y la dictadura de Primo de Rivera. Se afilia a la FORA, colabora en La Protesta y aprende el oficio de linotipista.
- Regreso y militancia (c. 1930-1939): Valencia/España. Regresa en 1930 tras el golpe de Estado en Argentina. Durante la II República se identifica con las tesis «trentistas» de la CNT.
- Clandestinidad y construcción de la casa (1939-c.1950): Valencia y Casas de Garcimolina. Tras la guerra, integra la Junta Nacional del Movimiento Libertario (CNT clandestina). Detenido en junio de 1940, juzgado y absuelto en noviembre de 1941. Construye su casa en la Umbría hacia 1941-1942.
- Exilio definitivo (c. 1950-1975): Caracas (Venezuela). Perseguido, se exilia en Venezuela. Se integra en la Agrupación de la CNT en Caracas.
- Obra testimonial (1975): Caracas (Venezuela). Bajo el seudónimo «Ramón de las Casas», publica Réquiem a mis amigos fusilados.
- Fallecimiento (13 de febrero de 1978): Caracas (Venezuela). Muere a los 74 años.
Líneas futuras de investigación y puesta en Valor
La historia de Raimundo y su casa plantea varios interrogantes y oportunidades para futuras investigaciones:
- Documentación arquitectónica: Sería necesario realizar un levantamiento planimétrico de la casa de la Umbría para estudiar su tipología constructiva y compararla con la arquitectura tradicional de la zona.
- Investigación archivística: Consultar los expedientes de depuración de magisterio de sus hermanas en el Archivo General de la Administración (AGA) y los procedimientos sumarísimos en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona.
- Historia oral: Recoger los testimonios de los vecinos de Casas de Garcimolina que aún recuerdan la casa y su historia, así como los posibles avistamientos de Raimundo durante sus breves estancias en el pueblo.
- Reconocimiento patrimonial: Evaluar el estado de conservación de la ruina y estudiar la posibilidad de consolidar los restos para evitar su colapso total. La instalación de un panel informativo en el lugar podría servir para divulgar la historia de Raimundo y sus hermanas.
- Digitalización de fuentes: Localizar y digitalizar los artículos de Raimundo en la prensa libertaria (La Protesta, Sindicalismo, Libre Studio, Le Combat Syndicaliste) para ponerlos a disposición de los investigadores.
Conclusiones
Raimundo Jiménez Millán fue un hombre de su tiempo: un anarcosindicalista itinerante, un linotipista que utilizó su oficio para luchar contra la dictadura, un memorialista que quiso dejar constancia del horror para que no se repitiera. Pero también fue un vecino de Casas de Garcimolina que, en medio de la miseria de la posguerra, soñó con levantar una casa diferente, con ecos de cerámica valenciana y aires de modernidad. Su vida es un ejemplo de resistencia, desarraigo y tenaz memoria.
La casa de la Umbría, hoy en ruinas y expoliada, sigue siendo un símbolo. Es el símbolo de un sueño de paz y arraigo que la historia truncó. Es el símbolo del exilio y la pérdida. Y es, también, un símbolo de la necesidad de recordar: cada piedra que aún se sostiene, cada azulejo que sobrevive en alguna otra fachada del pueblo, nos habla de Raimundo, de sus hermanas maestras y de aquella generación de españoles que luchó por un mundo más justo y que, por ello, sufrió el destierro y el olvido. Recuperar su memoria es un acto de justicia poética, una forma de devolver a la Umbría la voz de quien un día quiso hacer de aquel paraje su hogar.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.
Nota aclaratoria
Este artículo forma parte del trabajo de recuperación de la memoria histórica impulsado por garcimolina.net. La investigación se ha basado en fuentes documentales primarias (archivos militares, actas municipales, procedimientos sumarísimos) y en los testimonios recogidos en la tradición oral de la comarca. No obstante, somos conscientes de que la información aquí volcada puede ser incompleta o mejorable.
Agradecemos profundamente a la Asociación de Vecinos de la Peña el Pardo su intermediación, su confianza y su impulso para que estos nombres y estas historias no sigan en el olvido. Sin su colaboración, este trabajo no habría sido posible.
Invitamos a cuantas personas, familiares, investigadores o vecinos dispongan de documentación, fotografías, cartas, expedientes o testimonios orales que puedan complementar, matizar o corregir estos artículos, a que se pongan en contacto con nosotros a través del correo electrónico. mailto:garcimolinaasociacion@gmail.com. Toda aportación será bienvenida y debidamente contrastada para seguir construyendo entre todos una memoria más justa y veraz.
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Estos artículos son documentos vivos: susceptibles de ser corregidos, ampliados o matizados a la luz de nuevas evidencias documentales o de nuevos testimonios. La memoria histórica no se construye de una vez para siempre, sino que se enriquece con cada aportación y se corrige con cada error detectado.
Nota bibliográfica, cómo citar el artículo
Garcimolina, R. «La caseta de la Umbría: Raimundo Jiménez Millán. Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría». Garcimolina.net. s.f. https://garcimolina.net/archivo-historico/la-caseta-de-la-umbria/
Nota metodológica y fuentes
Este artículo se ha elaborado a partir del cruce de fuentes primarias y secundarias:
Fuentes primarias
- Entrada biográfica de Raimundo Jiménez Millán en el diccionario Los de la Sierra 1936-1975.
- Expedientes de depuración de magisterio de Perpetua y Lorenza Jiménez Millán (AGA).
- Réquiem a mis amigos fusilados (Ramón de las Casas, Ediciones Surco, México-Caracas, 1975).
Bibliografía y recursos digitales
- Iñiguez, Miguel. Enciclopedia histórica del anarquismo español.
- Moreinte Valero, Francisco. La depuración franquista del magisterio público.
- Ramos Zamora, Sara. La represión del magisterio en Castilla-La Mancha, 1936-1945.
- Salud, Paco. «Raimundo Jiménez Millán, anarquista de Casas de Garcimolina». Blog de Paco Salud, 12 de febrero de 2017. Disponible en: https://pacosalud.blogspot.com/2017/02/raimundo-jimenez-millan-anarquista-de.html?m=1
- Suárez González, M. À. La depuració dels mestres de les escoles nacionals de Mollet a la postguerra.
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Barraca del tío Román: La necesidad y la piedra seca


(Barraca del tío Román) Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina.
Autoría: Ángel Martínez, Asociación de vecinos Peña el Pardo
Afiliación: Asociación Cultural / Proyecto de Patrimonio y Recuperación de la Memoria Histórica
Fecha de publicación: 7 de junio de 2026
Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Resumen
El presente artículo documenta la construcción, tipología y desaparición de un refugio de montaña edificado a finales del siglo XIX, a una altitud aproximada de mil doscientos metros, en la Baja Sierra de Cuenca. Fue levantado por el «Tío Román» —Román Valero Junquero—, natural de Fuentelespino de Moya y afincado en Casas de Garcimolina, donde ejercía el oficio de herrero.
Esta barraca de piedra seca, denominada localmente chozo o barraca de losas, constituye un testimonio excepcional de la arquitectura vernácula pastoril: pequeños refugios de piedra seca situados en caminos, veredas y zonas de tránsito, utilizados por caminantes, arrieros, trajineros y jornaleros.
A pesar de su valor como patrimonio etnológico, la construcción ha sido expoliada hasta los cimientos en un proceso de reaprovechamiento de materiales. Mediante esta síntesis técnica y la recuperación de la memoria oral, se pretende fijar su existencia y sus características constructivas antes de que caigan en el olvido total, reivindicando su valor como herencia de las rutas trashumantes del Sistema Ibérico y de toda la población que, en su trasiego diario, conectaba unos pueblos con otros.
Introducción: Memoria desmontada piedra a piedra
Existen construcciones que no figuran en los catálogos monumentales ni en las guías de arquitectura, pero que condensan siglos de inteligencia colectiva. Son arquitecturas nacidas de la necesidad, donde el único manual de construcción fue la tradición oral y la disponibilidad inmediata de la materia prima. El refugio que nos ocupa, localizado en el término de Casas de Garcimolina (Cuenca), era un ejemplar paradigmático de esta sabiduría.
Barraca edificada en el siglo XIX por el Tío Román, un herrero cuyo oficio le confería una singular comprensión de la solidez estructural; la barraca sirvió de abrigo a pastores en una cota de mil doscientos metros. Hoy, esa edificación ya no existe. La construcción original ha sido desmantelada hasta los cimientos, víctima del expolio silencioso que practican quienes ven en estas ruinas un banco de materiales gratuitos. Este artículo nace como un acto de resistencia académica frente al olvido: documentar lo que fue para demostrar que, aunque la materia desaparezca, la memoria técnica merece ser preservada.
Contexto geográfico e histórico: Un enclave inhóspito en la ruta de Landete
La barraca en la red de caminos históricos del antiguo Marquesado de Moya. Más allá de su valor como construcción de piedra seca, la barraca del Tío Román formaba parte de un entramado viario mucho más amplio, heredado de siglos de trashumancia, comercio y movilidad campesina. Su ubicación no fue casual, sino que respondía a la confluencia de tres ejes de comunicación tradicionales que articulaban la Baja Serranía de Cuenca antes de la construcción de las carreteras asfaltadas en la segunda mitad del siglo XX.
El camino del Lavadero de Garcimolina
Este vial, hoy parcialmente conservado como pista forestal, nacía en el núcleo urbano de Casas de Garcimolina, junto al antiguo lavadero comunal —punto de encuentro y abastecimiento de agua para vecinos y rebaños—. Desde allí, ascendía suavemente siguiendo el curso del barranco que desciende del Portillo de Moya, bordeando pequeñas huertas de regadío y zonas de pasto. Era una ruta utilizada a diario por las mujeres que iban a lavar la ropa, por los agricultores que se dirigían a sus huertos y a las parcelas o rochos. Los que iban a Santo Domingo o Landete, y a la derecha hacia Fuentelespino, por los pastores que accedían siguiendo el camino hacia la vereda del Barranco del Lobo (Vereda de las Monjas), que conducían el ganado a los abrevaderos y hacia el Levante.
La barraca se hallaba a medio camino de Landete, a la derecha, a unos escasos dos mil metros del portillo ancho, dentro del término de Garcimolina, justo antes de entrar en tierras de Santo Domingo de Moya. En un rellano protegido del viento del norte, servía como punto de descanso y resguardo ante las tormentas repentinas, frecuentes en estas altitudes.
El Portillo de Moya: puerta natural entre valles
El Portillo de Moya es un collado que actúa como divisoria de aguas y límite histórico entre los términos de Garcimolina, Fuentelespino de Moya y Landete. Su nombre evoca su función de «puerta» hacia la antigua villa de Moya, cabecera del marquesado.
Por este paso obligado transitaban:
- Rebaños trashumantes que se dirigían a la Vereda del camino del Cubillo o de las Monjas (también conocida en este tramo como Vereda del Barranco del Lobo), una vía pecuaria de unos veinte metros de anchura que conectaba los pastos de la Sierra de Albarracín con las dehesas de la Manchuela.
- Arrieros y carreteros que transportaban madera de pino y roble desde los montes de Moya y Landete hacia los aserraderos y mercados de Utiel y Valencia.
- Viajeros y trajineros que se desplazaban a pie o en caballerías entre los pueblos de la comarca.
La barraca se encontraba aproximadamente a dos kilómetros y medio, después de coronar el Portillo Ancho, en dirección a Moya y antes de llegar a los corrales del Gabacho, dentro del término de Garcimolina, en el lado que desciende suavemente hacia Landete. Esta posición la convertía en el único cobijo o albergue, en varios kilómetros a la redonda, en un terreno desarbolado y azotado por los cierzos.
El camino antiguo de Landete: eje comercial y social
Antes de la construcción de la carretera CU-V-5003 (décadas de 1960-1970), la comunicación entre Garcimolina y Landete se realizaba a través de un camino de herradura, primero, y más tarde carretero, que seguía el trazado descrito. Este camino formaba parte de una ruta más larga que unía la Serranía Baja con la Plana de Utiel, centro neurálgico de comercio y servicios. Por él subían y bajaban.
- Carros de varas y de pértigo cargados de leña, carbón vegetal, sacos de cereal y, a la vuelta, productos coloniales, bacalao, aceite y herramientas adquiridas en Utiel.
- Pastores trashumantes que en otoño bajaban sus rebaños hacia las tierras cálidas del levante, y en primavera los devuelven a las sierras.
- Herreros, lañadores, cesteros y quincalleros ambulantes, que recorrían los pueblos ofreciendo sus servicios.
La barraca del Tío Román, construida por un herrero, se alzaba en un tramo del camino donde las pendientes se suavizan, permitiendo hacer un alto. La tradición oral recuerda que allí se podía encender un pequeño fuego, herrar una caballería de urgencia o simplemente refugiarse del granizo o la nevasca. Era, en esencia, una arquitectura de la hospitalidad forzada en un entorno hostil.

Una encrucijada de caminos
La importancia estratégica del lugar se comprende mejor si se superponen las siguientes rutas:
- Camino de carros: Ruta Garcimolina – Landete – Utiel. Era el eje principal del transporte de mercancías. La barraca era parada intermedia, antes de llegar a las teñadas de los gabachos, ya dentro del término de Santo Domingo de Moya.
- Camino local: Del Lavadero al Portillo Ancho. Uso diario para labores agrícolas y domésticas. Refugio cercano al núcleo.
- Senda de herradura: Derivación hacia Fuentelespino de Moya. Se desviaba en la vuelta del Barranco. La barraca quedaba ubicada a la izquierda, en el camino de Landete, y servía como hito antes del cambio de término municipal.
- Vía pecuaria principal: Vereda de las Monjas. Discurre paralela al camino de Landete, por debajo de este, a unos tres kilómetros de distancia, hacia el sur. La barraca servía de abrigo auxiliar a los transeúntes y arrieros. Para los pastores de la vereda, quedaba un poco desplazada hacia el norte, estando mejor ubicadas las barracas del Tío Bernardino y la del Tío Bruno (o Ruperta, su hija).
La barraca del Tío Román
No fue un refugio aislado, sino una pieza más de un sistema de arquitectura vernácula dispersa que incluía chozos, neveras, abrevaderos y majadas. Todos ellos estaban conectados por una red de caminos que hoy, en gran parte, han sido borrados o transformados en pistas forestales. Su expolio supone no solo la pérdida de un edificio singular, sino de un testimonio físico de cómo se organizaba el territorio, se gestionaban los recursos y se viajaba por estas tierras de frontera entre Cuenca, Teruel y Valencia. Documentar su existencia y su ubicación precisa —en el cruce del camino del Lavadero, el Portillo de Moya y la ruta antigua a Landete— es contribuir a fijar la memoria de un paisaje cultural que merece ser reconocido y protegido.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Otras barracas en las inmediaciones
Además de la Barraca del tío Román, en los alrededores se localizan otras dos construcciones tradicionales de similar tipología:
- Barracas del Tío Bernardino, sitas en el paraje de la Matorrosilla, en el término de Garcimolina. Se encuentran a unos cuatrocientos metros por debajo de la vereda del Barranco del Lobo, justo en el punto en que se accede a dicha vereda desde la frontera del término de Algarra, y a cuatrocientos metros por encima de las ramblas del arroyo de las Olmedillas.
- Barraca del tío Bruno (también conocida como de la tía Ruperta), emplazada en el pago de los Monteros, en la zona de la Teñailla Blanca, muy cerca de las nogueras de la tía Cecilia. Se sitúa aproximadamente a 500 metros por encima del cauce del Barranco del Lobo.

Tres barracas: Tío Román, Tío Bruno y Tío Bernardino

Detalles de la Barraca del tío Bruno o de la tía Ruperta
(Imágenes cedidas por Daniel Argudo)
Exterior de la barraca: acceso, dintel y esquinales
El exterior de la barraca de piedra seca de Casas de Garcimolina ofrece una lectura clara de los principios constructivos que caracterizan a la arquitectura pastoril tradicional de la Serranía Baja. La estructura, levantada íntegramente mediante técnicas de mampostería en seco, evidencia una combinación de funcionalidad, economía de medios y adaptación precisa al entorno geológico inmediato.
El acceso principal constituye el elemento más elaborado del conjunto. Las jambas están formadas por piedras de gran tamaño, seleccionadas por su estabilidad y por la capacidad de ofrecer un plano vertical relativamente regular. Estas piezas, dispuestas a hueso, actúan como soporte lateral del vano y como puntos de transmisión de cargas hacia el terreno. Su colocación revela un conocimiento empírico de la resistencia de la caliza local y de la necesidad de evitar movimientos diferenciales en la zona más vulnerable de la estructura.
El dintel, pieza clave del sistema, se resuelve mediante una losa monolítica de gran longitud, cuidadosamente encajada entre los muros laterales. Su función no es únicamente cerrar el vano superior, sino también redistribuir el peso de las hiladas superiores hacia los esquinales, evitando concentraciones de carga que pudieran comprometer la estabilidad del acceso. La elección de una losa única —en lugar de varias piezas menores— responde a la lógica de minimizar juntas y, con ello, posibles puntos de fractura.
Los esquinales muestran un tratamiento especialmente cuidadoso. Se emplean bloques de mayor tamaño y mejor escuadría, capaces de asegurar la verticalidad y la trabazón de los muros. Estas piezas actúan como auténticos anclajes estructurales, estabilizando el perímetro y permitiendo que las hiladas superiores avancen con regularidad hacia el cierre por aproximación. La presencia de estas piedras angulares, más trabajadas y seleccionadas, es un rasgo común en las construcciones de piedra seca de la zona, donde la durabilidad depende en gran medida de la calidad de los encuentros.
Un aspecto notable del exterior
La diferencia cromática entre las piedras. Las zonas altas y expuestas presentan tonos más claros, resultado de décadas de insolación directa, deshidratación progresiva y mínima retención de humedad. Por el contrario, las piedras próximas al suelo conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrecen la vegetación circundante y el propio volumen del muro. Esta variación cromática constituye un indicador fiable del envejecimiento natural de la caliza y de la estabilidad prolongada de la estructura, que ha permanecido sin alteraciones significativas durante aproximadamente siglo y medio.
En conjunto, el exterior de la barraca revela una solución constructiva coherente y altamente eficiente, donde cada elemento —jambas, dintel, esquinales y aparejo general— responde a una lógica funcional precisa. Su lectura permite comprender no solo la técnica, sino también la cultura material de un territorio donde la piedra seca ha sido, durante generaciones, una herramienta esencial para la supervivencia y el trabajo pastoril.
Imagen del interior de la barraca
La imagen del interior de la barraca de piedra seca documentada en Casas de Garcimolina constituye un testimonio excepcional de las técnicas vernáculas de refugio pastoril en la Serranía Baja de Cuenca. El espacio muestra con claridad la lógica constructiva propia de la arquitectura de la necesidad, basada en la disponibilidad inmediata de materiales locales y en la optimización de recursos mediante soluciones empíricas transmitidas por tradición.
En primer término se aprecia el solado de lajas irregulares, dispuesto directamente sobre el terreno natural. La ausencia de nivelación artificial o de capas preparatorias confirma el carácter funcional de la estructura, destinada a un uso estacional y no residencial. Sobre este plano se levantan los muros perimetrales, construidos sin cimientos excavados: las primeras hiladas se apoyan directamente sobre el suelo, siguiendo la práctica habitual en la piedra seca serrana, donde la estabilidad se logra por el peso, la trabazón y la geometría más que por la cimentación.
El cerramiento superior constituye el elemento técnico más significativo. La imagen permite observar con nitidez el sistema de aproximación de hiladas mediante grandes losas, que avanzan progresivamente hacia el interior hasta cerrar el vano superior. Este procedimiento —propio de las falsas cúpulas mediterráneas— culmina en una losa central de cierre, pieza «clave» que redistribuye las cargas y sella el espacio interior. La regularidad del avance, el tamaño de las piezas y la ausencia de mortero evidencian un conocimiento práctico muy depurado de la mecánica de la piedra.
Diferenciación climatológica
Un aspecto de gran interés patrimonial es la diferencia cromática entre las losas superiores y las piedras de las zonas bajas. Las partes elevadas, más expuestas a la radiación solar directa y a la circulación del aire, presentan un tono más claro y deshidratado, resultado de aproximadamente siglo y medio de insolación continua y mínima retención de humedad. Por el contrario, las zonas inferiores conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrece el propio volumen de la estructura. Esta variación cromática no solo aporta información sobre la meteorización diferencial de la caliza local, sino que también permite inferir la estabilidad prolongada de la barraca y la ausencia de intervenciones recientes.
En conjunto, la imagen documenta un ejemplo notable de refugio pastoril de piedra seca, donde convergen la economía de medios, la adaptación al medio serrano y la pervivencia de técnicas constructivas ancestrales. Su lectura estratigráfica —solado, muros sin cimiento, aproximación de losas y cierre final— ofrece una secuencia completa del proceso constructivo y refuerza el valor patrimonial de estas arquitecturas humildes, hoy amenazadas por el abandono y la erosión.
Descripción técnica: La ciencia de la piedra seca
Este apartado desglosa la técnica constructiva del refugio, basada exclusivamente en la gravedad, y el apoyo mutuo, sin empleo de cal, cemento ni argamasa alguna. Se emplea aquí la nomenclatura tradicional de la zona.
La base o cimentación natural
La construcción renunciaba a cualquier excavación profunda. La estabilidad partía del propio terreno.
- Cimiento natural: Se preparaba una superficie mediante limpieza y apisonado en busca de suelo firme.
- Zócalo: disponía de una primera hilada de losas de gran tamaño y peso. Estas piedras maestras perimetrales se colocaban «a hueso», buscando caras planas que repartieran las cargas y sellaran la base contra la humedad.
Alzado de muros en falsa bóveda
El cuerpo del refugio se levantaba mediante la técnica de aproximación de hiladas (falsa cúpula). Los elementos clave eran:
- Hiladas o tongadas: Anillos concéntricos de losa ancha donde cada fila se inclinaba ligeramente hacia el interior, sobresaliendo unos centímetros respecto a la inferior.
- Losa maestra y contra piedra: En los tramos críticos se utilizaban piezas de gran formato trabadas con calzos (contrapiedras) colocados en la parte trasera para evitar el vuelco.
- Relleno seco: Pequeñas lascas de piedra que ajustaban los huecos y transmitían los empujes.
El ojo y el cierre
La reducción progresiva del diámetro interior generaba un vano circular superior denominado ojo. Esta abertura se iba cerrando hasta alcanzar un diámetro de cierre mínimo. En ese punto se colocaba la última pieza, «la clave o losa de coronación», cuyo peso ejercía un empuje descendente que compactaba y sellaba la estructura.

Acabado exterior e interior
- Exterior: El refugio presentaba un aparejo ciclópeo con un ligero talud exterior que mejoraba la estabilidad y facilitaba la evacuación del agua de lluvia. Un pequeño vuelo de losas en la cúspide, la cornisa seca, protegía el muro de la escorrentía.
- Interior: Un espacio reducido, fresco en verano y templado en invierno. A pesar de la desnudez actual, la tradición oral sugiere que contaba con un bancal interior de piedra para el descanso y una peana a modo de repisa para el candil, todo sobre una solera de losas planas.
El expolio. Reaprovechamiento y reciclaje en la segunda mitad del siglo XX
La desaparición total de la barraca no fue obra de un derrumbe accidental ni de la erosión natural. La estructura fue espoliada hasta el nivel de cimentación natural. Este fenómeno, irónicamente practicado por los «amigos de lo ajeno» en busca de piedra para otras construcciones, supone una forma de reciclaje descontextualizado que arranca las páginas del paisaje.
En la mentalidad del reaprovechamiento contemporáneo, una barraca aislada en el monte se ve como una cantera de piedra vista y seca, lista para decorar jardines o muros contemporáneos. Se ignora que el valor de esa piedra no residía en su materialidad bruta, sino en su posición exacta dentro de la falsa cúpula, en su historia, como parte de un cobijo que salvó vidas durante las tormentas serranas. El expolio borra no solo la arquitectura, sino la prueba física del hábitat pastoril, las rutas trashumantes y la relación ancestral entre el oficio de herrero y la piedra.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Conclusiones
La documentación de este refugio inexistente se convierte en una paradoja necesaria. Ya no podemos conservar la materia, pero sí podemos fijar su memoria técnica y humana. La barraca del Tío Román ejemplifica el estado de vulnerabilidad del patrimonio vernáculo disperso en la Baja Sierra de Cuenca. Su recuperación en el plano documental permite comprender mejor la arquitectura nacida de la necesidad, basada en la geometría, la gravedad y la piedra caliza local.
Es urgente generar inventarios y proteger legalmente estos hitos del paisaje antropizado antes de que los «amigos de lo ajeno» los reduzcan a meros montones de escombros reciclados. Porque cuando una construcción de piedra seca desaparece sin ser documentada, no solo perdemos un refugio: perdemos la voz de los pastores, el ingenio del herrero y el latido de la montaña.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.
BIBLIOGRAFÍA
Técnica constructiva y piedra seca
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https://patrimoni.gencat.cat/es/historias/la-piedra-seca-un-paisaje-km-0
(Recurso divulgativo que explica el valor universal de la piedra seca, su técnica y su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO).
Arquitectura vernácula y cobijos pastoriles
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(Compendio ilustrado de tipologías de refugios rurales, chozos y barracas de pastores en la Península). - Ponga Mayo, J. C., & Rodríguez Pascual, M. (2000). Arquitectura popular: las construcciones auxiliares en Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León.
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(Cartografía y descripción de cañadas y caminos de carro, incluyendo la ruta hacia Landete y el área de Garcimolina). - García Martín, P. (1990). La trashumancia en la España moderna. Madrid: Siglo XXI.
(Estudio de la vida pastoril, las infraestructuras de apoyo y la organización social de arrieros y trajineros).
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(Analiza el saqueo de materiales en construcciones vernáculas como desarraigo cultural y pérdida de identidad). - Carrera Díaz, G. (2015). El valor de la memoria oral en la documentación del patrimonio etnológico. Revista PH, 87, 48-61.
(Metodología para registrar testimonios orales en procesos de pérdida de bienes culturales).
Historia local y en torno de Garcimolina
- Filiación personal de Román Valero Junquero (abril de 1939). Procedimiento sumarísimo de urgencia, n.º 32860: En el documento figura con 62 años, casado, natural de Fuentelespino (Cuenca), vecino de Casas de Garcimolina, con instrucción —sabe leer y escribir— y oficio declarado de labrador. No obstante, en el procedimiento sumarísimo consta también como herrero, de hecho, el herrero del pueblo, confirmando así la memoria oral que lo recuerda como el «Tío Román, el herrero de Garcimolina». Ambos oficios, lejos de excluirse, reflejan la proactividad característica del medio rural de la época).
- López de los Mozos, J. R. (2008). Caminos viejos y veredas de la baja serranía conquense. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Cuenca, n.º 33 (segunda época), pp. 79‑104. (Descripción del itinerario: lavadero de Garcimolina – Portillo de Moya – Landete y sus vestigios arquitectónicos).
¿Cómo citar este artículo?
Martínez, Á. (2026). Arquitectura de la necesidad y la piedra seca: Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina (Cuenca). Asociación de Vecinos Peña el Pardo. https://garcimolina.net

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