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Local social, antiguo Horno

Este espacio trata de ser un punto de encuentro de todas las personas interesadas en el desarrollo social, cultural y económico de la localidad.

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    El Eco de las Espadas

    Introducción y publicación por entregas:

    «EL ECO DE LAS ESPADAS»

    Asociación de personas mayores Peña el Pardo

     

    Revista Histórica y Cultural

    «Entre la piedra y la fe, una fortaleza escribe su destino»

    Bien fallados seades, leedores, en aqueste viage que passa por los siglos et torna los sones d’aquella sazon en que la fe, el açero et la cobdicia texieron el fado d’un regno. En los cartapacios que agora se siguen, damos el primer recreo de «El Eco de las Espadas», estoria que se arraiga en la Baxa Edat Media de Castiella, en aquellas terras bravas et de frontera que oy dia son llamadas Castiella-La Mancha.

    Bienvenidos, lectores, a un viaje que atraviesa los siglos y resucita los ecos de una época donde la fe, el acero y la ambición tejieron el destino de un reino. En las páginas que siguen, presentamos el primer adelanto de «El Eco de las Espadas», una novela histórica que sumerge sus raíces en la Baja Edad Media castellana, en ese territorio agreste y fronterizo que hoy conocemos como Castilla-La Mancha.

    Inicio del camino de la Vera, 1347

    ¿Qué secretos guardan las murallas del castillo de Moya?

    En un mundo donde las órdenes militares —Santiago y Calatrava— pugnaban por el control de rutas sagradas y tierras baldías, un hombre, Juan González de Roa, «el mozo» (noble de segundo rango, no de alta nobleza, s. XV). Con su presencia en Moya (ficcionada s. XIV), como un encargo real temporal «por orden de Alfonso XI, para control en las zonas rurales de la Mancha y el valle del Tajo, de los mudéjares», como comisionado regio y labores de alcaide. Carga sobre sus hombros el peso de una misión imposible: sostener la unidad de su gente mientras el reino se fractura. Su historia, rigurosamente documentada, pero narrada con la pasión de la ficción, es el hilo que nos guía a través de intrigas palaciegas, batallas espirituales y la silenciosa resistencia de los peregrinos que, bajo la sombra de la Ruta de la Vera Cruz, buscaban redención.

    ¿Por qué desapareció un pueblo entero?

    La lucha entre estos muros, las intrigas, la devoción mariana —encarnada en vírgenes aparecidas como la de Tejeda o Santerón— se entrelaza con leyendas templarias nunca confirmadas, pero imposibles de erradicar. Aquí, los setenarios de siete días (ya modernos), consagraban la fe en ermitas perdidas, mientras los campesinos y ganaderos de la heredad de la casa de labor de Casas de Garcimolina, (hoy apenas un eco en los archivos), labraban su supervivencia entre el olvido y la repoblación.

    Una trama coral,1 un misterio histórico

    Esta obra, estructurada como un tapiz de voces —caballeros, artesanos, peregrinos como el misterioso Herminio, cuyo mimbre simboliza la fragilidad humana—, alterna, eventos históricos verificables con relatos íntimos que desafían el tiempo. ¿Qué ocurrió realmente entre 1284 y 1292?, ¿Moya fue arrasada y sus emblemas borrados?, o no. ¿Por qué la Orden de Santiago perdió el control frente a Calatrava? Y, sobre todo, ¿quién traicionó a quién?

    En esta primera entrega, descubrirán:

    • El Castillo de Moya: bastión entre dos mundos, donde el viento aún susurra las plegarias de los caídos.
    • La sombra de los Templarios: aunque no hay pruebas de su presencia, su herencia late en rituales y símbolos.
    • La emboscada en el nogueral: un joven caballero, Álvaro, enfrentará su primera prueba de sangre en defensa de los peregrinos.

    «El Eco de las Espadas» no es solo una novela: es una invitación a caminar por senderos olvidados, donde cada piedra, cada documento rescatado del silencio (como el Censo de Pecheros de Carlos I que menciona por primera vez a Garcimolina), nos habla de un mundo que creíamos perdido.

    Queridos lectores, os invitamos a un viaje por los caminos olvidados de la Serranía Baja conquense, donde la historia y la leyenda se entrelazan en cada piedra. «El Eco de las Espadas» no es solo una novela histórica: es una puerta abierta a ese territorio agreste y fronterizo que se extiende entre las despobladas sierras de Moya, los venerados santuarios de Santerón y Algarra, y las humildes aldeas y casas de labores, como Garcimolina, Santo Domingo o Fuentelespino de Moya, resistieron el paso de los siglos.

    ¿Reconocéis estos parajes?

    Quizá os suenen sus nombres, evocadores y misteriosos, como ecos de un pasado que aún late en fuentes escondidas, en ruinas de ermitas y en senderos que serpentean entre sabinares. Esta es la tierra que pisaron los caballeros de Calatrava y Santiago, donde los peregrinos de la Ruta de la Veracruz buscaban refugio, y donde pastores y labriegos tallaron su existencia entre la devoción y la supervivencia.

    El Castillo de Moya, erguido sobre su cerro como un centinela de piedra, domina este paisaje áspero y bello. Desde sus almenas se divisan las torres de vigía y los caminos que llevan a Santerón, con su ermita mariana rodeada de leyendas; a Algarra y su castillo, donde las romerías tejían comunidad, y a esos pequeños mundos —Las casas de labor y corrales de García Molina, Santo Domingo, Fuente del Espino—, cuyas fuentes y majadas fueron testigos mudos de historias cotidianas y extraordinarias.

    ¿Qué secretos guardan estos andurriales?
    En «El Eco de las Espadas», cada lugar tiene su voz:

    • La casa de García Molina, una simple heredad o casa de labor, perdida en los documentos, que esconde la tenacidad de quienes repoblaron estas tierras.

    • Los bosques de nogueras, pinos y sabinas, donde bandidos y peregrinos se cruzaban en noches de luna menguante.

    • Las fuentes y lavaderos, puntos de encuentro donde se compartían noticias, temores, anhelos y esperanzas.

    Esta es una historia de frontera, donde lo sagrado y lo profano se mezclan: las apariciones de vírgenes en encinares, los setenarios (ya muy modernos para esta historia), en ermitas aisladas, y las luchas entre órdenes militares por controlar no solo tierras, sino almas.

    ¿Por qué importa hoy esta historia?
    ¿Por qué estos parajes? —aunque hoy algunos sean apenas un recuerdo— moldearon la identidad de una región. En sus piedras, en sus documentos y en su tradición oral, encontramos las raíces de una resistencia callada: la de quienes, como el señor don Juan González de Roa, el peregrino Herminio o el caballero Álvaro, eligieron la lealtad a sus ideales frente a la conveniencia.

    En esta primera entrega, descubriréis:

    • El Castillo de Moya en su esplendor, cuando sus muros albergaban tanto a señores como a pastores.

    • La ermita de Santerón, faro espiritual en un territorio peligroso.

    • La granja de Garcimolina, ejemplo de cómo la vida se abría paso, incluso en tiempos de guerra.

    «El Eco de las Espadas» es una invitación a recorrer, con rigor histórico y pulso narrativo, esos lugares que, aunque os suenen lejanos, son parte de vuestra memoria. Porque la historia no solo se escribe en grandes ciudades, sino también en estos rincones donde el viento aún susurra nombres como Moya, Santerón, Algarra y Garcimolina …

    ¿Están preparados para oír el eco?

     


    ACCESO A LOS CAPÍTULOS

    Introducción del autor

    Prólogo

     

    PRIMERA PARTE FICCIONADA

    I: El castillo de Moya

    II: La sombra de la rivalidad

    III: La conformación del poder

    IV: La llegada de los peregrinos

    V: La victoria de la fe

     

    SEGUNDA PARTE NOVELADA

    1.  El inicio del viaje, abril de 1347

    2.  Herminio, el peregrino del mimbre

    3.  La huella del caminante

    4.  La nueva misión de Herminio en Moya

    5.  Reflexiones del camino

    6.  Una tradición perdurable

    7.  Un ciclo de enseñanza y aprendizaje

    8. Una nueva era, preceptos del Mimbre y el Mimbrito

    9.  Nuevas generaciones y su propio camino

    10. La obra de Herminio

    11. Nuevos horizontes

    12. Reflexiones en el umbral

    13. El regreso de Herminio

    14. Los canastos de la memoria

    15. Semillas de esperanza

    16. Una marca que perdura

    17. Los caballeros de la luz

    FIN

    EPÍLOGO

     


    Nota del editor:

    Esta obra ha sido investigada con fuentes primarias, desde crónicas medievales hasta registros arqueológicos del cerro de Moya. Cada entrega irá acompañada de un anexo con bibliografía histórica para los lectores más exigentes.

    Para no ser reiterativos, se han publicado todas las fuentes consultadas de un sola vez, al pie del documento, es la bibliografía total de la novela.


    Ilustraciones y grabados que aparecen en la publicación:

    Basados en las técnicas pictóricas de Jan Van Eyck (c. 1390-1441):

    Maestro flamenco y pionero de la pintura al óleo en el Renacimiento nórdico. Es reconocido como una de las figuras fundacionales de la pintura occidental y máximo representante de la escuela flamenca del siglo XV. Su dominio técnico y conceptual revolucionó el arte europeo, especialmente mediante el perfeccionamiento de la pintura al óleo, lo que le permitió alcanzar cotas de realismo y simbología sin precedentes.


    Características estilísticas y aportaciones técnicas

    1. Hiperrealismo y precisión óptica:
      1. Van Eyck elevó la técnica al óleo mediante el uso de capas translúcidas (glacis), lo que facilitó la recreación de texturas minuciosas en telas, metales, joyas y superficies naturales.
      2. Su tratamiento de la luz, con gradaciones sutiles y sombras articuladas, confería volumen tridimensional y profundidad espacial a sus composiciones.
    2. Simbología compleja y narrativa visual:
      1. Integró en sus obras un repertorio de elementos simbólicos (espejos, frutas, animales, inscripciones) que operaban como capas de significado adicional, a menudo vinculadas a temas religiosos, morales o sociopolíticos.
      2. Obras como El matrimonio Arnolfini (1434) son estudiadas por su densa carga alegórica y su capacidad para documentar la cultura material de la época.
    3. Innovaciones técnicas y firmas autógrafas:
      1. Perfeccionó la estabilidad y brillo de los pigmentos al óleo, superando las limitaciones del temple al huevo predominante hasta entonces.
      2. Sus obras frecuentemente incluían inscripciones como «Als ik kan»  (“Con lo que puedo”), reflejando una conciencia autoral innovadora para su tiempo.

     Legado e influencia

    Van Eyck sentó las bases estéticas del Renacimiento nórdico e influyó en artistas como Hans Memling, El Bosco y, posteriormente, en maestros del Barroco. Su obra marca la transición definitiva del Gótico internacional hacia un naturalismo empírico que anticipó desarrollos posteriores en Europa.

     Conexión con reconstrucciones históricas y culturales

    La estética de Van Eyck resulta singularmente adecuada para recreaciones visuales de escenarios medievales y protomodernos, tales como:

    • Escenas de vida cotidiana y poder señorial (ej.: el Castillo de la Moya o figuras como Gonzalo de Roa).
    • Entornos rurales y simbología sacra (ej.: peregrinos, cruces, arados y utensilios como cestos y canastos).
    • Narrativas históricas ambientadas en espacios como Santerón o el personaje del Zurdo, donde el detalle realista y la carga simbólica enriquecen la comunicación.

    Su capacidad para integrar precisión documental con profundidad conceptual permite que las imágenes no solo ilustren, sino que interpreten contextos históricos, reforzando el axioma de que “una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación del patrimonio cultural.


    PIE DE PÁGINA

    1. Narrativa coral:

      Se refiere a un enfoque de narración donde la historia se relata por medio de diferentes voces o narradores, en vez de apoyarse en un solo punto de vista. Cada personaje, comúnmente desempeñándose como el personaje principal, proporciona una perspectiva singular de los acontecimientos, lo cual facilita la elaboración de una narración polifónica y enriquecida por la diversidad de experiencias y emociones. Este enfoque fomenta una interpretación más exhaustiva y minuciosa de la historia, dado que los sucesos se presentan desde múltiples puntos de vista, lo cual realza la complejidad y la autenticidad de la narrativa.

    2. Fungir:

      Desempeñar un empleo, cargo o función. “Desempeñar una función, a veces sin tener el nombramiento preceptivo”.

    3. Setenarios:

      Agrupaciones simbólicas de siete elementos en contextos espirituales o teológicos, destacando la relevancia del número siete, como símbolo de plenitud y perfección. Tradición cristiana, mística medieval; estas estructuras organizaban conceptos clave en grupos de siete, mostrando un marco para la reflexión y el crecimiento espiritual.

      1. Los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
      2. Las siete virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
      3. Los siete pecados capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
      4. Las siete bienaventuranzas: Interpretadas a partir del Sermón del Monte.
      5. Las siete peticiones del Padrenuestro: Cada una se considera un antídoto espiritual frente a los pecados o debilidades humanas.
    4. Orden del Temple:

      Conocida como los Caballeros Templarios. Fundada en 1119 por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada, su misión original era proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.

    5. Los pecheros:

      Eran individuos pertenecientes al tercer estamento en la España del régimen antiguo, no pertenecientes a la nobleza ni al clero, y estaban obligados a abonar tributos directos a la Corona española. El término viene de “pecho” o “pecha” (tributos medievales). Principalmente, eran agricultores, artesanos y residentes de villas, cuya situación tributaria no se basaba en su riqueza, sino en su obligación de contribuir.

    6. Alfoz:

      Se trataba de un término de la era medieval que se utilizaba para referirse a un territorio rural bajo la jurisdicción de una villa principal, en el que se congregaban diversas aldeas. Poseía responsabilidades fiscales, judiciales y militares, desempeñando un papel crucial durante la Reconquista.

    7. Señorío de realengo:

      Tierras bajo control directo del rey, en contraposición a las tuteladas por nobles o la Iglesia, el monarca podía concederlas por merced o venta.

    8. Vísperas:

      Los miembros de la Orden de Santiago practicaban un rito denominado la Plegaria del Caballero, que se sincroniza con las horas canónicas de la Iglesia. Rezaban en momentos específicos del día. Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. La misa conventual y la liturgia de las horas, pilares esenciales en su vida espiritual.

    9. Prácticas de armas abiertas

      En los castillos de las órdenes militares solían realizarse, en espacios amplios y despejados dentro del recinto fortificado, como el patio de armas. Este era el corazón del castillo, una gran explanada central donde los caballeros entrenaban en combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, lanzas, arcos y tácticas de formación. Además del patio de armas, algunos castillos contaban con terrazas exteriores o explanadas cercanas que también se usaban para ejercicios ecuestres y simulacros de batalla. Estos entrenamientos eran esenciales para mantener la disciplina y la preparación militar de los caballeros, guerreros altamente entrenados.

    10. Pertenencia a un grupo:

      Es cuando un individuo se siente parte de un conjunto de personas que comparten algo en común: afición, cultura, ideología, actividad o una edad…

    11. Bordón:

      Cayado largo de madera que sirve de apoyo durante el camino y tiene un significado simbólico en la peregrinación. Su uso se remonta a la Edad Media y suele estar coronado por un puño del que cuelga una calabaza.

    12. Limosnera: 

      Típica de la época, era un recipiente sencillo, a menudo de tela o cuero, que servía para llevar la limosna que se recogía de donantes.

    13. Ucronías:

      Relatos que imaginan cómo habría sido la historia si un hecho del pasado hubiera ocurrido de forma diferente. Es decir, son reconstrucciones ficticias de la historia basadas en un punto de divergencia.

    14. La Carola:

      Danza medieval en círculo, acompañada por el canto de los propios bailarines. Aunque no se han conservado partituras específicas, los instrumentos que solían acompañar este tipo de danzas incluían:

      1. Tamboriles: Marcaban el ritmo con golpes constantes.
      2. Flautas dulces: Añadían melodías suaves y fluidas.
      3. Cornamusa: Un instrumento de viento similar a la gaita, con un sonido potente.
      4. Chirimía: Antecesora del oboe, con un timbre agudo y expresivo.
      5. Laúd: Instrumento de cuerda pulsada que aportaba armonía.
      6. Castañuelas: Utilizadas para marcar el ritmo con percusión manual.

    CRONOLOGÍA DE LAS ÓRDENES MILITARES

    Orden de Santiago (1210 – 1300)

    • Justificación: Tras la conquista de Moya por Alfonso VIII de Castilla en 1210, la villa y su castillo fueron entregados a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación de la frontera con al-Ándalus. Es el dominio más largo y estable.
    • Evidencia: Documentos reales de donación y confirmaciones posteriores de la posesión Santiaguista.

    Orden de Montesa (1300 – 1304)

    • Justificación: Mediante una bula papal (Sane Considerante) del Papa Bonifacio VIII (11 de julio de 1297), se autorizó al rey Jaime II de Aragón a crear la Orden de Montesa y asignarle los bienes de la disuelta Orden del Temple en la Corona de Aragón. Sin embargo, Jaime II formalizó la cesión de Moya (que era castellana, no aragonesa) a Montesa en 1300, buscando fortalecer esta nueva orden en la frontera.
    • Fecha exacta de finalización:
    • Justificación: La cesión de Moya (territorio castellano) a una orden aragonesa (Montesa), generó un conflicto diplomático entre Castilla y Aragón. Mediante el Tratado de Torrellas (8 de agosto de 1304), que fijaba las fronteras entre ambos reinos, Jaime II de Aragón acordó devolver Moya a Castilla.
    • Evidencia: Bula papal de 1297, documentos reales aragoneses de cesión a Montesa (1300) y texto de la sentencia arbitral del Tratado de Torrellas (1304).

    Fin del dominio directo de las órdenes militares (1304 en adelante).

    • Justificación: Cumpliendo el Tratado de Torrellas, la Orden de Montesa, dejó Moya, que volvió a la Corona de Castilla bajo el rey Fernando IV.
    • A partir de entonces, Moya fue gobernada por señores laicos nombrados por el rey (Señorío de Realengo 7), aunque mantuvo vínculos históricos con Santiago y tuvo Comendadores santiaguistas en su territorio. Nunca más volvió a estar bajo el dominio directo de una orden militar como villa propia.
    • Evidencia: Aplicación del Tratado de Torrellas y aparición de tenentes.

     

    Conflictos que marcaron la región

    • Guerra Civil Castellana (1366–1369): Moya fue escenario de enfrentamientos entre los bandos de Pedro I «el Cruel» (apoyado por Inglaterra) y su hermanastro don Enrique de Trastámara (respaldado por Aragón y Francia). La guerra dejó la zona devastada y sembró el caos institucional. Las órdenes Militares, tanto la Orden de Santiago como la de Calatrava, intentaron hacerse con el control de Moya, aprovechando su valor defensivo y su ubicación clave en las rutas entre Castilla y Aragón.
    • Consecuencias para la población, el auge del bandolerismo. Tras conflictos como la Guerra de los Dos Pedros (1356–1369), muchos soldados y mercenarios quedaron sin paga ni señorío. En la Baja Sierra esto se tradujo en: Grupos armados itinerantes, no eran ejércitos regulares, sino bandas de excombatientes desmovilizados, mercenarios sin contrato.

    BIBLIOGRAFÍA

    1. Alfonso X el Sabio

      Primera Crónica General de España (c. 1270-1284). Fundamental para el contexto político y militar de la Castilla del siglo XIII.

    2. Fuero de Cuenca

      Ed. crítica de Rafael de Ureña y Smenjaud (1935). Base jurídica de la repoblación y organización territorial en la región.

    3. Chronica Latina Regum Castellae:

      Ed. Luis Charlo Brea (1999). Relatos contemporáneos sobre Alfonso VIII y Enrique I.

    4. Martínez Díez, Gonzalo

      Los templarios en los reinos de la Península Ibérica. Ed. Cátedra. (1993).

    5. Ruiz Gómez, Francisco

      Los orígenes de las órdenes militares y la repoblación de los territorios de La Mancha (CSIC, 2003). Análisis del papel de Santiago y Calatrava en la consolidación territorial.

    6. Doménech, M. Ángeles (2005)

      Religiosidad popular y santuarios en la Serranía Baja de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.

    7. Sánchez Garzón, Alfredo (2006)

      Santuario de la Virgen de Tejeda en Garaballa. Ed. Comarcal.

    8. Llop Domingo, J. V. (1997)

      Ermitas y espiritualidad mariana en el Alto Turia.

    9. Archivo Parroquial de Moya y Libros de Fábrica de Garaballa y Garcimolina

      Contienen referencias a los orígenes legendarios y primeros cultos.

    10. Sanz y Díaz, José

      Historia de la muy noble y leal villa de Moya (Ed. Añil, 1947). Crónica local con documentos sobre Juan González de Roa.

    11. VV. AA. (2011)

      Marianismo rural en la península Ibérica: ritos, caminos y ermitas. Universidad de Castilla-La Mancha.

    12. Vauchez, André

      La espiritualidad del Occidente medieval (Cátedra, 1995). Contexto sobre devociones populares (vírgenes aparecidas, setenarios).

    13. Castro, Caridad, Pepe

      Peregrinos en la España medieval. (Ediciones Nowtilus, 2010). Rutas alternativas, hospederías y simbolismo espiritual.

    14. Almagro Gorbea, Martín

      El castillo de Moya, arqueología de fortaleza medieval (Diputación de Cuenca, 2015). Estudio arquitectónico y estratigráfico del bastión.

    15. Retuerce Velasco, Manuel

      La Serranía Conquense en la Edad Media. Poblamiento y estructura social (AACHE Ed., 2009). Asentamientos como Casas de Garcimolina.

    16. Primera mención documental de «La Casa de García Molina». Censo de pecheros de Carlos I, 1528.

      Tomo I, pág.: 133 https://ine.es/prodyser/pubweb/censo_pecheros/tomo1.pdf

    17. Archivo municipal de Moya, 1380-1400, Pedro López de Ayala

      bub_gb_9-s97PAswgsC.pdf

    18. Real Academia de la Historia

      https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/registro.do?id=12781

    19. Recursos digitales
      1. https://gw.geneanet.org/foullon?lang=es&n=de+roa&p=juan+gonzalez+de+roa
      2. https://palomatorrijos.blogspot.com/2020/04/juan-gonzalez-de-rosa-senor-de-moya-y-de.html
    20. Documentos de órdenes militares

      Archivo Histórico Nacional (Madrid). Sección órdenes Militares (Santiago, Calatrava).

      1. Pergaminos y cartularios: encomiendas en Cuenca y Moya (siglos XII-XIV).
      2. Consultas sobre posesiones en la zona oriental de Cuenca. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=50989

     

     

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    San Juan: devoción, reconstrucción y fractura social

    San Juan: devoción, reconstrucción y fractura social

     

    Descripción de la talla de San Juan Bautista (1939)

    Autor: Joaquín Torno Catalán (Valencia, 1939).
    Material: madera tallada y policromada, con aplicación de estuco y pigmentos naturales.
    Tipología: imagen de talla completa, no de vestir; concebida para procesión y altar.
    Dimensiones aproximadas: tamaño natural (1,20 – 1,40 m).
    Iconografía: San Juan Bautista de joven, con brazo derecho alzado en gesto de proclamación y mano izquierda sosteniendo la cruz con el estandarte (filacteria). ECCE AGNVS DEI. «He aquí el Cordero de Dios». Evangelio de Juan (1:29)
    Atributos: túnica de piel clara ceñida con cuerda, manto rojo, cordero a los pies y halo circular luminoso.
    Base: peana de madera con moldura dorada y decoración floral, .
    Estilo: realismo devocional propio de la imaginería valenciana de posguerra; policromía cálida, rostro sereno y anatomía suavemente idealizada.
    Estado de conservación: excelente; mantiene su función litúrgica y procesional.

     

    Andas

    La imagen de San Juan Bautista se presenta elevada sobre unas andas procesionales, una estructura de madera robusta y austeramente trabajada, que permite su traslado en las celebraciones religiosas. Las andas, de proporciones equilibradas y rematadas con molduras sencillas, sirven de base estable para la talla y realzan su presencia durante la procesión.

    En la parte superior, la peana original de la imagen —con su moldura dorada y el conjunto floral que la acompaña— queda perfectamente integrada en la plataforma, de modo que el santo aparece visiblemente destacado y elevado, facilitando su contemplación por los fieles. La disposición transmite solemnidad y continuidad con la tradición local, subrayando el carácter devocional de la festividad.

     

    Las andas: descripción técnica y estética

    • Estructura: rectangular, de madera oscura, con molduras doradas en los bordes y esquinas reforzadas.
    • Decoración: cuatro pináculos dorados en las esquinas, coronados por flores naturales (rosas rojas y blancas), que aportan simetría y solemnidad.
    • Base: peana central donde se asienta la imagen, con moldura dorada y superficie elevada sobre el plano de las andas.
    • Elementos florales: dispuestos en macetas o jarrones pequeños, con predominio de rosas rojas y claveles blancos, símbolo de pureza y martirio.
    • Sistema de transporte: dos varales laterales de madera, robustos y pulidos, que permiten el porte manual por los cofrades durante la procesión.
    • Estilo: tradicional y sobrio, propio de la imaginería rural de la Serranía Baja; combina funcionalidad y ornamentación devocional.

     


     

    Recaudación para la imagen de San Juan en Casas de Garcimolina, 1939

     

    Introducción

    El siguiente documento constituye un valioso testimonio histórico de la posguerra española, conservado en el archivo municipal de Casas de Garcimolina, provincia de Cuenca. Se trata de un conjunto de actas, relaciones y anotaciones realizadas entre mayo y septiembre de 1939, en el denominado «Año de la Victoria», que reflejan la reconstrucción de la imagen de San Juan Bautista, patrón de la localidad, tras su destrucción durante la Guerra Civil.

    Estas páginas, redactadas con la retórica propia de la época, muestran no solo el proceso de adquisición de la nueva imagen y la participación vecinal en la suscripción popular, sino también las profundas divisiones sociales que la contienda dejó en el mundo rural. La relación final de «vecinos que no han dado para adquirir un San Juan», explícitamente calificados como «rojos», constituye un documento crudo y elocuente de las consecuencias de la guerra en la convivencia cotidiana.

    Se reproduce íntegramente el texto original, respetando escrupulosamente su redacción, ortografía, sintaxis y puntuación, con todas las peculiaridades lingüísticas y gráficas que contiene, para preservar su autenticidad como fuente primaria.

     

     

    CUERPO DEL ESCRITO: ALCALDÍA NACIONAL DE CASAS DE GARCIMOLINA, (Proª Cuenca)

    En Casas de Garcimolina a 15 de septiembre de mil novecientos treinta y nueve Año de la Victoria, el Alcalde que suscribo en nombre y representación de este Ayuntamiento y a la vez del pueblo que conmueven estas líneas, tiene a bien hacer constar que pasada la avalancha de las hordas ROJAS que hemos padecido en esta España Católica, dejaron esta Iglesia como todas las demás que dominaron deshecha, y saqueada, terminó esta y quedamos todos los amantes de la Religión viendo nuestra pobre Iglesia en tan lamentable estado, que la conciencia remuerde, máxime cuando en un pobre pueblo tan católico vemos que dentro de su pobreza no puede reconstruir lo perdido, pero que haciendo un sacrificio y no queriendo que en esta Iglesia falte aquel que fue siempre el amparo y el abrigo de todos los buenos cristianos patrón del pueblo Juan Bautista, hizo un sacrificio y cada cual con arreglo a sus miserias se contribuyó a volver a nuestro altar el mencionado Sant San Juan, que traído se le inauguró con sus preces como lo hacían nuestros deudos, pero solamente disponíamos de este glorioso santo, y en aquel que cuando nadie lo esperábamos cuando nadie se acordaba de ello, un buen hijo del pueblo, MARIANO MUÑOZ MONTESINOS y su Católica esposa MARIA FERREZ, se presentan en esta localidad, trayendo para la derruida Iglesia un magnífico Estandarte donde se halla pintado nuestro glorioso San Juan Bautista, y una alegoría del pueblo, acompañado de una preciosa imagen de la Virgen del Carmen, no menos preciosa y bonita, cual ha sido el orgullo de estos vecinos, católicos.

    Sigue

    En vista de todo lo expuesto este Ayuntamiento y como tal representante del vecindario, no tiene palabras con que decir lo muchísimo que agradece este donativo, y máxime el reconocer los buenos hijos del pueblo, católicos y honrados; no así querido Mariano y MARIA os habéis salvado de la maldita canalla, así tenía que ser puesto que vuestros corazones puros católicos siempre teníais puestas vuestras esperanzas en Dios y en su infinita misericordia, nadie duda de ti Mariano puesto que has estado fuera de tu hogar paterno pero que siempre dada tu gran cristiandad Dios, te ha protegido, y te has llevado a compartir tus felicidades con una buena Sra. que a no dudarlo tenía las mismas cualidades que tú, todo indudablemente debido a la infinita misericordia de Dios Nuestro Señor que sabe muy bien donde se hallan los corazones puros santos y caritativos.

    Y ahora bien no sabemos que decirte no encontramos palabras adecuadas con que poderte honrar una vez más esta benéfica obra, y como así es solamente te decimos, Dios. QUE TODO LO PUEDE TE LO PAGUE, decir os lo pague, Dios os lo premie Dios os lo recompense, todos nosotros a una viva voz decimos GRACIAS simpáticos bienhechores MARIANO, MUÑOZ Y MARIA FERRER, Dios os lo premie, y enaltezca en todas tus necesidades, y que tengáis mucha salud para vivir y ayudar lo que podáis a tan magna obra de reconstruir lo deshecho.

    Sirvan estas líneas como recuerdo, como cariño, las cuales se hallan llenas de la más entusiasta enhorabuena, y la más cariñosa salutación para ti y para tu señora, y ahora Dios nuestro Señor que os lo tenga presente, que no os deje de descarrilar de su protección y que os ampare siempre en todos los trances apurados como hasta ahora. Doy fe, y yo que me considero como uno de los más pecadores, sirvan estas líneas como consagratorias, protégeles en todas sus necesidades los que amparas, y llegado el día de la partida de este mundo recojan en tu infinita misericordia gocen una vida celestial en el cielo.

    Casas de Garcimolina 15 de septiembre de 1939 Año de la Victoria.

     

    El Alcalde: Carmelo Pérez                  El Secretario:  Luis Novella

     

     

    Continuación (literal)

    En Casas de Garcimolina Año de la Victoria a 23 de junio de 1939 siendo Alcalde D. Carmelo Pérez Montesinos, y Concejales D. Juan Pérez, Juan J. Plá Pérez = Yldefonso Murciano y Juan Saiz Montesinos, y Secretario D. Luis Novella, reunidos en la Sala del Ayuntamiento en este día, y con motivo de haberse traído un San Juan nuevo en virtud de que el que teníamos fue destruido por las hordas rojas de este pueblo en el día 14 de agosto de 1936 así como todo lo existente en esta Iglesia, se hace constar que la compra de este Santo S. Juan se ha hecho a instancias del referido Ayuntamiento, y de Crescencio Montesinos Jefe de Milicias, de Raimundo Montesinos Jefe de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. de Claudio Novella Sánchez Jefe de organización juvenil de esta localidad, y de Lorenzo Montesinos Huerta, pensado en ello se encargó a las hijas de esta localidad que se hallaban en Valencia María Montesinos Carmen Huerta, y en las gestiones por el esposo de esta, Manolo se encargó al Joaquín Torno Catalán Escultor, que tan buen acierto y gusto lo ha hecho, en esta gestión se han distinguido en todas cuantas gestiones se han hecho las mencionadas Carmen y María, que no han cesado de hacer todo lo que ha estado de su parte para conseguir que en este día se encontrase en esta Iglesia, encargándose estas buenas señoras de traerlo desde Valencia en el tren y desde Utiel lo trajo Crescencio Montesinos en el Carro del vecino de este pueblo Ponciano Saiz, Se hace constar que al dar vista al pueblo por la cuesta de la reja se echaron al vuelo las campanas es decir una campanilla que para la fiesta o sea el campanillo de la Virgen de Santerón que nos habían dejado las autoridades del pueblo de Algarra para solemnizar el acto, saliendo a las orillas del pueblo a recibirlo, depositándole en la Iglesia, donde la inmensa mayoría del pueblo reunido esperaba con impaciencia que fuese destapado, haciendo seguidamente por el vecino de este Crescencio Montesinos, y Luis Novella, que una vez desempaquetado causó la alegría y admiración del pueblo, viéndose y cantándose por las mozas y chicos del pueblo la Marcha Real, y Cara al sol de falange vitoreándose muchas veces al glorioso Santo España y al Caudillo FRANCO, fue colocado en unas andas que había hecho Lorenzo Montesinos vecino de este pueblo y anciano pero que lleno de fe ardiente como en sus años antepasados tenía en su corazón, y así en esta forma quedó en este día preparado para el día de la fiesta, que se pensó hacérsela con mayor creces que otras veces, y ahora para que sirva de memoria, quedan estas líneas archivadas en esta Yglesia y en el Ayuntamiento para recuerdo de las personas futuras de esta localidad, y para que puedan ampararse como lo hacemos nosotros, como lo habían hecho nuestros antepasados, puesto que siempre fue el auxilio el amparo de todos estos vecinos, hasta que por las malas cabezas rojas, lo destruyeron, lo rompieron y lo quemaron, pero como no hay mal ni bien que cien años dure, ha vuelto a campar por sus respetos en esta Iglesia y con mayor esplendor mayor elegancia, y para consuelo como digo de todos como lo fue siempre, y digamos muy fuerte ¡ARRIBA ESPAÑA! !VIVA FRANCO!

     

    Manuscrito

    Hijos de este pueblo, traer la limosna que con arreglo a vuestras fuerzas podáis, para volver hacer nuestro glorioso patrón San Juan, no seáis ingratos para con él, acordaros que siempre fué el amparo de las amarguras de nuestros padres abuelos, y de nosotros mismos; no hay razón para que no vuelva á ocupar el lugar preferente que siempre tuvo en nuestra Santa Iglesia, ¡no todo lo contrario que brille con mayor esplendor, que sean perdonados los que lo pisotearon, y hoy más que nunca, se reconcilien, vuelvan al camino perdido, y hallaran protección y consuelo en todas sus necesidades.

    Si lo hacemos todos sin vergüenza alguna, por que sea poquito lo que podamos contribuir; volverá de nuevo como queda dicho á estar en nuestra compañía, y así mismo podremos una vez más acompañarnos en su infinita misericordia, que vuelva á recorrer el pueblo, que se celebre como siempre su fiesta, fiesta que siempre fue la alegría de estos vecinos, que producen en la limosna de nuestros hijos el cariño y devoción, que da como hasta aquí el pan de todos; y si ante el Buen Dios no nos preparamos, llegado que sea el fin de nuestra vida en la tierra, que mejor aquel que cuando reine en ella Bautizo solemnemente con las aguas del Jordán, para que sea recogida nuestra alma, y conducida á las mansiones celestiales; y ahora todos á una voz digamos, ¡Viva San Juan! ¡Viva Franco! ¡Arriba España!

    Casas de Garcimolina 22 mayo 1939. Año de la Victoria

    La Comisión

     

     

    Relación de los donativos

    En el año 1939 Año de la victoria, habiendo sido quitado San JUAN BAUTISTA, PATRÓN DE ESTE PUEBLO, terminada la Guerra motivo de esta destrucción por las hordas ROJAS, se mandó hacer el San Juan presente, para gloria y auxilio de este vecindario, como lo fue de nuestros antepasados, habiendo contribuido al mismo los siguientes.

     

    El Ayuntamiento… 305.00
    Carmelo Pérez… 25.00
    Crescencio Montesinos… 28.00
    LUIS NOVELLA Malavia… 22.00
    Faustino López… 21.00
    Raimundo Montesinos… 21.00
    Lorenzo Montesinos… 24.00
    Carmen y María id… 44.00
    Narciso Montesinos… 5.00
    D Enrique Trillo… 25.00
    Juan Julian pl… 25.00
    Julio Montesinos… 5.00
    Juan José Murciano… 2.00
    Geronimo Muñoz… 5.00
    Jesus Martin… 2.25
    Ma Cruz Huerta… 2.00
    Pedro Pla… 1.50
    Florentino Montesinos… 0.75
    Julian Huerta… 1.50
    Benito Huerta… 2.00
    Cecilia Pérez… 0.50
    Ambrosio Sánchez… 0.50
    Alejandro Montesinos… 0.75
    Juan Montesinos… 3.00
    Francisco Montesinos… 3.00
    Yldefonso Murelano… 5.00
    Justina Segui… 5.00
    Eusebio Trillo López… 0.50
    Julian Rodríguez… 1.00
    Flix Pérez… 4.00
    Bruno Segui… 1.50
    Rosa Montesinos… 3.00
    ANIANO MONTESINOS… 25.00
    Ebarista Munoz… 2.00
    Antonio Martínez… 2.00
    Nemesia Montesinos… 2.00
    Mariano Pérez… 1.50
    Gabriel Martínez… 2.00
    Aniceto Rodríguez… 5.00
    Rupert Rodríguez… 3.00
    Marcial Argudo… 5.00
    Ponciano Saiz… 1.00
    Feliciano Saiz… 1.50
    Federico Marín… 3.00
    Mariano Muñoz… 2.00
    Maria Martínez… 0.70
    Gerardo Galvez… 5.00
    Marina Sánchez… 5.00
    Plácido Millán… 1.00
    Modesto Saiz… 2.50
    Claudio Montesinos… 5.00
    Natalio Saiz… 5.00
    Bernardino Montesinos… 2.00
    Frutos Montesinos… 2.00
    Frutos Montesinos… 5.00
    Manuel Montesinos… 2.00
    Antonio Seguí… 0.75
    Florentina Pérez… 5.00
    Donata Munoz… 5.00
    Saturnino Montesinos, personal 1,25
    Felix Munoz y Juliana… 1,25
    una católica… 10,00
    Benigno Muñoz… 5,00
    Ursula Munoz… 75
    Mariano Seguí… 5,00
    Juan Saiz Montesinos… 3,00
    Fermín Muñoz… 0,50
    José Soriano… 0,75
    Anastasio Murciano… 2,00
    Valentín Yuste… 0,75
    Eloisa Martínez… 0,50
    Francisco Marín… 0,50
    Casimira Ruiz… 1,00
    Justo Jiménez… 2,00
    Ynocencio Anto… l6,00
    Maria López… 5,00
    Julian Pla… 7,00
    Iris Noelia López… 10,00
    Ramon Pérez… 10,00
    Miguelia Yuste… 5,00
    Marcial Jiménez… 1,50
    Inis Martínez… 1,25
    Miguel Muñoz Marín… 7,00
    Miguel Munoz Pla… 7,00
    Margarita Montesinos… 1,50
    Antonia Martínez… 1,50
    Marcelino Jiménez… 5,00
    Juan Pérez… 22,00

    TOTAL: 800.00 pesetas

     

    Coste del Santo: 800.00 ptas.

    Casas de Garcimolina: 18 junio 1939 Año de la Victoria:

     

    Firmados sellos de: AYUNTAMIENTO DE CASAS DE GARCIMOLINA Y

    FALANGE ESPAÑOLA

     

    CARTEL DE PROPAGANDA:

    «PROPORCIÓN DE CAMAS PARA ENFXERMOS TUBERCULOSOS»

    Gráfico de barras con las siguientes fechas y cifras:

    • 14 ABRIL 1931: 565
    • DICIEMBRE 1933: 1664
    • 1 JUNIO 1936: 2,571
    • 18 JULIO 1936: 2221
    • MARZO 1937: 790
    • OCTUBRE 1937: 2326
    • 1 ENERO 1938: 3,727

    En la parte inferior reza el lema:

    LA GUERRA SIGNIFICA LUCHAR POR LA SALUD Y LA FORTALEZA DE LOS ESPAÑOLES Y DE SUS HIJOS

    Y en la esquina inferior derecha:
    SUBSECRETARÍA DE PROPAGANDA
    (Nota: «SUBSECRETARÍA DE PROPAGANDA»).

     

    Relación de los vecinos que no han dado para adquirir un San Juan (considerados Rojos)

    Florian Sánchez
    Victoriano Argudo
    Pedro Soriano
    Rufino Sánchez
    Paulino Montesinos

    Saturnino Montesinos (raspado el nombre)

    Julio Montesinos)
    Aurora Valero
    Roman Valero
    Rafaela Dolz
    Beatriz.
    Fermina Huerta
    Gaspar Millan
    José López (Molinero)

    Casas de Garcimolina 18 de junio de 1939

    Año de la Victoria

     

    PROSA A SAN JUAN BAUTISTA

     

    DE LUIS NOVELLA MALAVIA (1949)

     

    Presentación del manuscrito

    El siguiente texto, fechado en 1949, forma parte del poema que Luis Novella Malavia dedicó a la Virgen de Santerón y a San Juan Bautista con motivo del septenario de aquel año. Se trata de una sección en prosa que, a diferencia de los versos, no fue sometida a corrección ortográfica en la transcripción para archivo, pues se ha considerado que su redacción original, tal como se conserva en el manuscrito mecanografiado, constituye un testimonio de primera mano de la voz y el sentir de su autor.

    El documento que aquí se reproduce procede de una copia mecanografiada, con algunas correcciones de puño y letra atribuidas al propio Novella. Se ha optado por respetar íntegramente el texto original, sin enmendar ni regularizar su ortografía, para conservar la autenticidad de una pieza concebida para ser leída en voz alta durante las ceremonias religiosas, donde la emoción y la súplica compartida primaban sobre la corrección formal.

     

    Prosa original

    Glorioso San Juan Bautista, Patrón de Garcimolina.

    Refugio y amparo que siempre has sido en los apuros y angustias de nuestros deudos, y de los actuales, que te quieren con cariño, y como ves aquí nos tienes siempre dispuestos a honrar y engrandecer.

    Tú que fuiste el precursor del Mesías, tú que bautizaste al Señor, tú que tienes por estos y otros actos verdadera intervención con la soberanía del Altísimo; NO consientas que tu pueblo perezca en la miseria, perdonarnos los pecados que te podamos haber ofendido glorioso San Juan Bautista, acuérdate de las inocentes criaturas de este pueblo; ten compasión también de los mayores, ¡cómo! Pues que te pedimos todos con lágrimas en los ojos, implores toda la fuerza que puedas e intercedas a la misma Virgen, MADRE de todos los hijos y como tal misericordiosa, para que recabe de su DIVINO Hijo que mande una AGUA fructífera, que se rieguen nuestros campos, para que no se pierdan las pobres cosechas que tenemos sembradas. No estés disgustado con nosotros; pues si no te engrandecemos más, no es porque no estés siempre dentro de nuestros corazones, piensa más bien en ignorancias y frialdades, y confiados todos en que no nos desamparara y seremos atendidos, repetimos: AGUA PARA NUESTROS CAMPOS, y como así lo esperamos de tu infinita misericordia, te decimos muy fuerte: ¡VIVA SAN JUAN BAUTISTA!… ¡VIVA!…

     

    Contexto histórico

    Esta prosa fue compuesta por Luis Novella Malavia en 1949, en el marco de las rogativas por la sequía que asolaba la comarca de la Serranía Baja conquense en plena posguerra. El texto refleja la precariedad de una economía de subsistencia y la desesperación de una comunidad que veía cómo sus campos se secaban y sus vecinos emigraban. La referencia a la «cruzá» alude a la destrucción del patrimonio religioso durante la Guerra Civil, en concreto a la quema de la imagen primigenia de la Virgen de Santerón, un episodio que marcó la memoria colectiva del pueblo. Novella, fiel a su papel de cronista y pilar comunitario, pone su pluma al servicio de la súplica compartida, expresando en esta prosa el anhelo de agua y la esperanza de un futuro menos incierto. Este texto, rescatado ahora, se convierte en un testimonio valioso del sentir de quienes, en aquellos años difíciles, se aferraban a la fe como último refugio.

     

    Soneto a San Juan Bautista

     

    Glorioso Juan, patrón de esta comarca,
    refugio en los apuros y en la pena,
    tú que del Mesías fuiste la cadena
    y al Redentor bautizaste en la arca.

    No dejes que tu pueblo en la miseria
    perezca; danos, Santo, tu perdón,
    apiádate del niño y del varón,
    y de los viejos que tu gracia esperan.

    A la Virgen, por ti, Madre piadosa,
    suplica que su Hijo nos conceda
    el agua que fecunde el campo estéril.

    Confiamos en tu auxilio, dadivosa,
    clamamos ¡agua! y con fe verdadera
    ¡San Juan Bautista! ¡Viva! y nos libere.

     

    Pie de página

    El documento aquí reproducido constituye una fuente primaria de excepcional valor para comprender las complejas realidades de la posguerra española en el ámbito rural. Más allá de su interés como testimonio de la reconstrucción del patrimonio religioso destruido durante la contienda —fenómeno común en toda España—, estas páginas reflejan con crudeza la imposición de una nueva legitimidad política y moral basada en la victoria militar.

    La retórica empleada, la participación explícita de las autoridades municipales junto a los jefes locales de Falange y Milicias, y la identificación de los vecinos que no contribuyeron económicamente como «rojos» —con la consiguiente estigmatización pública— evidencian la profunda fractura social que la guerra dejó en comunidades pequeñas como Casas de Garcimolina. La lista de excluidos, encabezada por aquellos que no participaron en la suscripción popular, funcionaba como un mecanismo informal de depuración y señalamiento que completaba, a escala local, la represión institucionalizada.

    Resulta igualmente significativa la inclusión del cartel de propaganda sobre camas para enfermos tuberculosos, que conecta la exaltación patriótica y religiosa con los logros sanitarios del nuevo régimen, presentando la guerra como una lucha por la «salud y fortaleza de los españoles». Este elemento, aparentemente inconexo, forma parte del mismo esfuerzo por legitimar el orden surgido de la victoria.

    Conservar y estudiar estos documentos con rigor historiográfico, respetando su literalidad, nos permite acercarnos a las experiencias, los lenguajes y las tensiones de quienes vivieron aquellos años, y comprender mejor las huellas que la Guerra Civil y la posguerra dejaron en la memoria colectiva de los pueblos de España.

     

    Nota aclaratoria

    Este artículo forma parte del trabajo de recuperación de la memoria histórica impulsado por garcimolina.net. La investigación se ha basado en fuentes documentales primarias (archivos militares, actas municipales, procedimientos sumarísimos) y en los testimonios recogidos en la tradición oral de la comarca. No obstante, somos conscientes de que la información aquí volcada puede ser incompleta o mejorable.

    Agradecemos profundamente a la Asociación de Vecinos de la Peña el Pardo su intermediación, su confianza y su impulso para que estos nombres y estas historias no sigan en el olvido. Sin su colaboración, este trabajo no habría sido posible.

    Invitamos a cuantas personas, familiares, investigadores o vecinos dispongan de documentación, fotografías, cartas, expedientes o testimonios orales que puedan complementar, matizar o corregir estos artículos, a que se pongan en contacto con nosotros a través del correo electrónico. mailto:garcimolinaasociacion@gmail.com Toda aportación será bienvenida y debidamente contrastada para seguir construyendo entre todos una memoria más justa y veraz.

     

    De conformidad con lo establecido:

    En el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD). Informamos que cualquier persona mencionada en estos artículos, o sus familiares o representantes legales, podrá ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación del tratamiento y portabilidad de sus datos personales, así como a solicitar la anulación o matización de la información publicada si se considera inexacta, desfasada o perjudicial para su honor o intimidad. Para ello, bastará con enviar un escrito debido a la dirección de correo electrónico indicada, identificando el artículo y la concreta información que se desea revisar. Atenderemos todas las solicitudes con la máxima celeridad y el debido respeto a la normativa vigente.

     

    Estos artículos son documentos vivos: susceptibles de ser corregidos, ampliados o matizados a la luz de nuevas evidencias documentales o de nuevos testimonios. La memoria histórica no se construye de una vez para siempre, sino que se enriquece con cada aportación y se corrige con cada error detectado.

     

     

     


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    La caseta de la Umbría

    La caseta de la Umbría

     

    RAIMUNDO JIMÉNEZ MILLÁN

     

    Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría

     

    Introducción: El regreso a la umbría que no pudo ser refugio

    Hacia 1931, Raimundo Jiménez Millán regresó a España tras su primer exilio en Argentina. Después de recorrer los caminos de la militancia anarcosindicalista en Valencia y de intentar construir una vida en la convulsa Segunda República, sintió la necesidad de volver a sus orígenes.

    En la Umbría de Casas de Garcimolina (Serranía Baja de Cuenca), a 1.150 m de altitud y muy próxima al Rincón de Ademuz (Valencia). El paraje es un valle relativamente llano de 26 hectáreas dedicadas a pastos y pinos, con un clima mediterráneo continentalizado: inviernos fríos y veranos secos. Al tratarse de una umbría, recibe menos sol que las laderas que la enmarcan, lo que genera un microclima más fresco y húmedo, propicio para vegetación hidrófila. No presenta los bruscos desniveles ni las hoces profundas del entorno montañoso circundante, pues el río Algarra la bordea sin atravesarla. Es un paraje frío y sombrío, ligeramente alejado del núcleo urbano, sin agua corriente (solo el Caz que la atraviesa de oeste a este), ni alcantarillado, ni electricidad.

     

    Inmerso en la miseria de la economía de subsistencia de la posguerra.

    Raimundo decidió edificar una caseta; no era una construcción más. Frente a las modestas viviendas de mampostería y piedra seca que poblaban la aldea serrana, la casa de Raimundo destacaba por su diseño diferente y por un lujo entonces inaudito en la zona: su interior estaba decorado con cerámica valenciana, un material que trasladaba a su refugio serrano los ecos de su vida urbana y mediterránea. Aquella vivienda no solo era un techo, sino un símbolo: la expresión material de un hombre que, habiendo visto mundo y luchado por sus ideales, anhelaba echar raíces en la tierra que lo vio nacer.

    Pero la Guerra Civil y la feroz represión franquista lo empujaron de nuevo al exilio, esta vez definitivo, en Venezuela. La casa de la Umbría quedó abandonada, testigo mudo de un sueño truncado. Más de setenta años después, amenaza ruina, expoliada casi en su totalidad, con sus puertas y tejas reutilizadas en otras construcciones del pueblo. Este artículo reconstruye la trayectoria vital de Raimundo Jiménez Millán y rescata del olvido la historia de aquella casa singular, un enclave de memoria en el corazón de la Serranía Baja conquense.

     

    Raíces y exilio temprano: De Casas de Garcimolina a la Argentina Libertaria

    Raimundo Jiménez Millán nació en 1904 en Casas de Garcimolina, un pequeño municipio de la Serranía Baja conquense que, según el censo de 2025, apenas supera la treintena de habitantes. En 1913, su familia emigró a Valencia, ciudad donde cursó estudios primarios y cuatro años en la Escuela Normal.

    Huyendo del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera, en 1924 emigró a Argentina. En Buenos Aires se afilió a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y colaboró en el influyente diario anarquista La Protesta. Fue allí donde aprendió el oficio de linotipista, una profesión que lo mantendría durante toda su vida y que más tarde utilizaría para falsificar documentación en la clandestinidad.

     

    De izquierda a derecha, empezando por el hombre sentado a la izquierda: Torres, Maella, Raimundo Jiménez Millán, ?, García, Parra, González, ?, Ortiz, Ferrer.

    En Venezuela. Texto en la parte trasera de la foto: «Una de las tantas mesas esperando un domingo en la Casa de España la paella».

     

    Matices y precisiones sobre la trayectoria temprana de Raimundo Jiménez Millán

    La información recogida en la tradición oral y en los archivos consultados para el presente artículo puede enriquecerse con los datos aportados por el blog de divulgación histórica de Paco Salud (2017), basado a su vez en fuentes hemerográficas y en la obra del propio Raimundo Jiménez Millán:

    1. Origen ideológico previo al anarquismo

      Antes de abrazar el anarcosindicalismo, Raimundo militó en el blasquismo y en el republicanismo valenciano. Su conversión al ideario libertario se produjo tras conocer la obra de Francisco Ferrer Guardia y la Escuela Moderna, lo que explica su posterior adhesión a la CNT y su defensa de la educación laica y racionalista.

    2. Motivación del primer exilio en Argentina (1924)

      Si bien el artículo alude a un «primer exilio» hacia 1930-1931, otras fuentes precisan que Raimundo viajó a Argentina ya en 1924 para huir del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera. Allí se afilió a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) y aprendió el oficio de linotipista, lo que más tarde resultaría decisivo en su labor clandestina de falsificación de documentos.

    3. Perfil dentro del movimiento libertario durante la Segunda República

      Durante los años treinta, Raimundo se identificó con las tesis «trentistas» (corriente posibilista dentro de la CNT) y formó parte de la comisión gestora del Ateneo Sindicalista Libertario en 1932. Colaboró asiduamente en periódicos como Sindicalismo (1933-1934) y, ya en el exilio, en La Protesta (Argentina), Libre Studio (México) y Le Combat Syndicaliste (Francia).

    4. Rol exacto en la clandestinidad (1939-1940)

      El artículo señala correctamente que Raimundo integró el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Otras fuentes concretan que dicho comité se denominó Junta Nacional del Movimiento Libertario, fue encabezado por Esteban Pallarols y cayó en 1940. La especialidad de Raimundo era la fabricación de documentación falsa (salvoconductos, órdenes de liberación), lo que permitió la evasión de numerosos presos republicanos recluidos en el campo de concentración de Albatera.

    5. Últimos años en Venezuela

      Se confirma su integración en la Agrupación de la CNT en Caracas. Algunos testimonios de la época señalan que en sus últimos años simpatizó con el denominado «cincopuntismo» (estrategia colaboracionista de ciertos sectores del exilio libertario durante los años sesenta), un matiz que refleja la evolución del pensamiento de Raimundo sin desmerecer su trayectoria de resistencia.

     

    El regreso y la construcción de la casa en la Umbría (c. 1939-1942)

    Tras su regreso de Argentina en 1930, Raimundo Jiménez Millán se instaló en Valencia y participó activamente en la reorganización del Sindicato Único de Artes Gráficas de la CNT, así como en la vida cultural y política de la Segunda República. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior derrota republicana truncaron cualquier posibilidad de una vida estable en la ciudad. Fue una vez finalizada la contienda, en los años más duros de la posguerra, cuando Raimundo decidió materializar su vínculo con la tierra natal. La memoria oral de Casas de Garcimolina sitúa la construcción de su casa en la Umbría entre 1941 y 1942, coincidiendo con su breve periodo de libertad tras la absolución en el consejo de guerra de noviembre de 1941.

     

    El encargado de llevar a cabo la obra fue:

    Ángel Martínez Millán (1908 – c. 1960), natural de Santo Domingo de Moya, especialista en la técnica tradicional de piedra seca y cuñado de Vicente Valero «Vicentón», el presidente del Comité de Defensa local. Ángel, que había sido dado oficialmente por desaparecido en el frente de Batea (Tarragona) en 1938, había regresado clandestinamente a Garcimolina y, con sus manos de labriego y cantero, levantó las sólidas paredes de mampostería que aún se sostienen.

    Efectuó la edificación en un paraje alejado del casco urbano, donde las condiciones de vida eran extremadamente duras. Según el testimonio de Carmen Montesinos Jiménez, se abre la hipótesis razonable de que Ángel Martínez ejecutara la estructura exterior (el «continente»), como maestro cantero y especialista en piedra seca; y que algún otro artesano de la zona realizara los acabados interiores de carpintería, cerámica valenciana y el sistema de balsas:

    El «contenido» externo requeriría confirmación documental adicional, como el maestro de obras de la zona y los operarios. En aquella época de miseria y economía de subsistencia, no existían canalizaciones de agua, ni alcantarillado, ni tendido eléctrico. La mayoría de las viviendas se levantaban con mampostería de piedra seca, encaladas, con pequeños vanos y cubiertas de teja árabe. Las condiciones higiénicas eran precarias, la tuberculosis y el tifus golpeaban con fuerza, y el hambre era un compañero cotidiano.

     

    La casa de Raimundo supuso todo un lujo para la época

    No tanto por su arquitectura exterior —que seguía la tipología serrana—, sino por su ingeniosa solución para el agua y por su decoración interior. Se aprovechó el agua del «caz» que se utilizaba para el riego de las tablillas y de la Ferzosilla (Berzosilla), y que luego se canalizaba en la acequia madre.

    Raimundo mandó construir unas balsas a modo de contenedores que almacenaban el agua; hasta que no se llenaban por completo, el agua no volvía a circular hacia cotas más bajas. Este sistema, novedoso en la zona de la Baja Sierra, permitía disponer de un pequeño remanso de agua junto a la vivienda. Los niños del pueblo disfrutaban con la novedad y se bañaban en las pozas que se formaban, algo completamente desconocido hasta entonces en la comarca. Además, en el interior de la casa, Raimundo dispuso una decoración con cerámica valenciana, inexistente en el resto de las viviendas del pueblo, que recordaba los años de su activismo en la capital del Turia.

     

     

    Esta casa, levantada en plena represión franquista:

    Fue el último gesto de arraigo de un hombre que ya llevaba una vida marcada por el exilio y la clandestinidad. Apenas pudo disfrutarla: su reincidencia en la actividad antifranquista y la necesidad de huir de nuevo al extranjero lo llevaron a abandonarla definitivamente en la década de 1950. Desde entonces, ha permanecido cerrada, primero como símbolo de la esperanza de un regreso que nunca se produjo, y después como ruina silenciosa.

    Raimundo, sin embargo, no se conformó con lo vernáculo. Su casa destacaba por una tipología constructiva diferente a las del pueblo: más espaciosa, con una distribución que revelaba la influencia de su paso por la ciudad y, sobre todo, por una seña de identidad inconfundible: la decoración interior con cerámica valenciana. Este material, de rica tradición artesanal en la región de origen de su familia adoptiva, era completamente inexistente en las humildes viviendas serranas de la época. Mientras el exterior de la casa dialogaba con el paisaje de piedra y monte bajo, en su interior Raimundo imprimió un sello personal que evocaba la luz y el color del Mediterráneo, una suerte de pequeño homenaje a la cultura y la modernidad que había abrazado en Valencia.

     

    Guerra, clandestinidad y exilio definitivo: El abandono de la caseta

    La guerra civil española (1936-1939) y la posterior represión franquista truncaron cualquier posibilidad de arraigo. Tras la contienda, Raimundo se integró en el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Desde mayo de 1939 fabricó documentación falsa, salvoconductos y órdenes de liberación que permitieron evadirse a numerosos militantes recluidos en el campo de concentración de Albatera. Detenido en junio de 1940 y juzgado en consejo de guerra en noviembre de 1941, fue absuelto —presuntamente gracias a sus contactos con el falangista José Antonio Girón de Velasco— y retomó la lucha clandestina, siendo detenido al menos en dos ocasiones más.

     

    Una red de contactos clave para la supervivencia

    La absolución de Raimundo en 1941 no fue fruto de la casualidad, sino de una compleja y paradójica red de contactos tejida a dos niveles. A nivel nacional, pudo hacer valer sus buenas relaciones con el ministro de Trabajo y destacado falangista José Antonio Girón de Velasco, cuya influencia resultó decisiva para salvarle la vida.

    De igual importancia fue su vínculo con las nuevas autoridades locales de Casas de Garcimolina. Si bien Raimundo Montesinos Jiménez había sido alcalde entre junio de 1939 y octubre de 1940, para cuando se construyó la casa (1941-1942), la alcaldía la ocupaba Enrique Rodríguez. El verdadero vínculo local de Raimundo Jiménez Millán fue, más bien, con Ángel Martínez Millán, el constructor de la casa, un hombre de su misma quinta y también represaliado, que más tarde sería encarcelado en la prisión provincial de Cuenca. (La tradición oral precisa que Raimundo Montesinos no intervino en la obra, a pesar de su oficio).

    Finalmente, se vio forzado a marchar al exilio definitivo en Venezuela, donde se integró en la Agrupación de la CNT en Caracas. Nunca pudo regresar a la casa de la Umbría. Quedó abandonada, cerrada a cal y canto, como un símbolo de la derrota y el desarraigo.

     

    Un legado testimonial: Réquiem a mis amigos fusilados

    Raimundo Jiménez Millán no solo fue un hombre de acción, sino también un memorialista. En 1975, bajo el seudónimo «Ramón de las Casas» —nombre que evocaba su pertenencia a Casas de Garcimolina—, publicó el libro testimonial «Réquiem a mis amigos fusilados», un testimonio de primera mano sobre la despiadada represión franquista. La obra fue publicada por Ediciones Surco entre México y Caracas, y en ella se mezcla el lamento por los camaradas caídos con el trauma colectivo del exilio. El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas» es un gesto de pertenencia a la tierra de la que se expulsó, un intento de fijar una identidad que la distancia y el tiempo amenazaban con diluir. Falleció en Caracas el 13 de febrero de 1978.

     

    El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas»

     

    La casa hoy: ruina, expolio y memoria

    Actualmente, la casa de Raimundo en la Umbría permanece en pie, pero amenaza ruina tras más de siete décadas de abandono. El expolio ha sido casi total: se han sustraído puertas, ventanas, rejas y, muy especialmente, los azulejos de cerámica valenciana que decoraban sus paredes. Algunos de estos materiales, según la tradición oral del pueblo, han sido reutilizados en otras viviendas de Casas de Garcimolina, en un particular y doloroso proceso de canibalización arquitectónica.

    La casa permanece como una ruina romántica, desprovista de sus señas de identidad más valiosas. La estructura de mampostería todavía se sostiene, pero los elementos que la hacían única han desaparecido. La imagen de la construcción desolada, con sus ventanas vacías como cuencas, es un poderoso recordatorio del exilio interior y la pérdida del patrimonio afectivo.

     

    Foto cedida por Julio Montesinos Adalid

     

    El contexto depresivo familiar. Hermanas Maestras en Cataluña

    La tragedia de Raimundo no fue un hecho aislado. Sus hermanas, Perpetua y Lorenza Jiménez Millán, maestras nacionales en Cataluña, sufrieron una represión brutal por su condición de mujeres profesionales. Perpetua, destinada en Mollet del Vallès (Barcelona), se acusó de «simpatizar con la CNT» y de tener una «conducta moral dudosa». Se separó del servicio en 1940 y no se admitió hasta 1952 con penosas condiciones. Lorenza, por su parte, se condenó a seis años y un día de prisión por «adhesión a la rebelión». Años más tarde, participó en la fundación de la Casa de Cuenca en Barcelona (1960), una institución que se convirtió en un punto de encuentro para los conquenses emigrados y un espacio de resistencia cultural.

    La represión de las hermanas Jiménez Millán ejemplifica cómo el franquismo castigaba con especial saña a las mujeres que desempeñaban funciones públicas y educativas. La acusación de «conducta moral dudosa» no era más que un mecanismo de deslegitimación de su labor profesional, un doble rasero de género que se sumaba a la persecución política.

     

    Un vecino eminente en el panorama nacional e internacional

    Raimundo Jiménez Millán merece un lugar destacado entre los vecinos eminentes de Casas de Garcimolina por varias razones:

    • Dimensión nacional: Fue una pieza clave en la reorganización de la CNT en la clandestinidad durante los años más duros de la represión franquista. Su habilidad como linotipista y falsificador de documentos salvó numerosas vidas.
    • Dimensión internacional: Su periplo vital lo llevó de Argentina a Venezuela, pasando por España. En ambos países americanos mantuvo una intensa actividad política y sindical. Su libro Réquiem a mis amigos fusilados es un documento fundamental para entender la memoria del exilio libertario.
    • Vínculo con las raíces: A pesar de su itinerancia, nunca perdió el vínculo con Casas de Garcimolina. La construcción de la casa en la Umbría es la prueba material de su deseo de arraigo, un gesto profundamente significativo en una vida marcada por el desarraigo y la persecución.

     

    Cronología de Raimundo Jiménez Millán (1904-1978)

    Periplo vital

    • Nacimiento y raíces (1904-1913): Casas de Garcimolina (Cuenca). Nace en 1904.
    • Formación y adolescencia (1913-1924): Valencia. Su familia emigra en 1913; cursa estudios primarios y en la Escuela Normal. Inicia su militancia en el blasquismo y republicanismo.
    • Primer exilio (1924-1930): Buenos Aires (Argentina). Emigra en 1924 huyendo del servicio militar y la dictadura de Primo de Rivera. Se afilia a la FORA, colabora en La Protesta y aprende el oficio de linotipista.
    • Regreso y militancia (c. 1930-1939): Valencia/España. Regresa en 1930 tras el golpe de Estado en Argentina. Durante la II República se identifica con las tesis «trentistas» de la CNT.
    • Clandestinidad y construcción de la casa (1939-c.1950): Valencia y Casas de Garcimolina. Tras la guerra, integra la Junta Nacional del Movimiento Libertario (CNT clandestina). Detenido en junio de 1940, juzgado y absuelto en noviembre de 1941. Construye su casa en la Umbría hacia 1941-1942.
    • Exilio definitivo (c. 1950-1975): Caracas (Venezuela). Perseguido, se exilia en Venezuela. Se integra en la Agrupación de la CNT en Caracas.
    • Obra testimonial (1975): Caracas (Venezuela). Bajo el seudónimo «Ramón de las Casas», publica Réquiem a mis amigos fusilados.
    • Fallecimiento (13 de febrero de 1978): Caracas (Venezuela). Muere a los 74 años.

     

    Líneas futuras de investigación y puesta en Valor

    La historia de Raimundo y su casa plantea varios interrogantes y oportunidades para futuras investigaciones:

    1. Documentación arquitectónica: Sería necesario realizar un levantamiento planimétrico de la casa de la Umbría para estudiar su tipología constructiva y compararla con la arquitectura tradicional de la zona.
    2. Investigación archivística: Consultar los expedientes de depuración de magisterio de sus hermanas en el Archivo General de la Administración (AGA) y los procedimientos sumarísimos en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona.
    3. Historia oral: Recoger los testimonios de los vecinos de Casas de Garcimolina que aún recuerdan la casa y su historia, así como los posibles avistamientos de Raimundo durante sus breves estancias en el pueblo.
    4. Reconocimiento patrimonial: Evaluar el estado de conservación de la ruina y estudiar la posibilidad de consolidar los restos para evitar su colapso total. La instalación de un panel informativo en el lugar podría servir para divulgar la historia de Raimundo y sus hermanas.
    5. Digitalización de fuentes: Localizar y digitalizar los artículos de Raimundo en la prensa libertaria (La Protesta, Sindicalismo, Libre Studio, Le Combat Syndicaliste) para ponerlos a disposición de los investigadores.

     

    Conclusiones

    Raimundo Jiménez Millán fue un hombre de su tiempo: un anarcosindicalista itinerante, un linotipista que utilizó su oficio para luchar contra la dictadura, un memorialista que quiso dejar constancia del horror para que no se repitiera. Pero también fue un vecino de Casas de Garcimolina que, en medio de la miseria de la posguerra, soñó con levantar una casa diferente, con ecos de cerámica valenciana y aires de modernidad. Su vida es un ejemplo de resistencia, desarraigo y tenaz memoria.

    La casa de la Umbría, hoy en ruinas y expoliada, sigue siendo un símbolo. Es el símbolo de un sueño de paz y arraigo que la historia truncó. Es el símbolo del exilio y la pérdida. Y es, también, un símbolo de la necesidad de recordar: cada piedra que aún se sostiene, cada azulejo que sobrevive en alguna otra fachada del pueblo, nos habla de Raimundo, de sus hermanas maestras y de aquella generación de españoles que luchó por un mundo más justo y que, por ello, sufrió el destierro y el olvido. Recuperar su memoria es un acto de justicia poética, una forma de devolver a la Umbría la voz de quien un día quiso hacer de aquel paraje su hogar.

     

    Agradecimientos

    Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.

     

    Nota aclaratoria

    Este artículo forma parte del trabajo de recuperación de la memoria histórica impulsado por garcimolina.net. La investigación se ha basado en fuentes documentales primarias (archivos militares, actas municipales, procedimientos sumarísimos) y en los testimonios recogidos en la tradición oral de la comarca. No obstante, somos conscientes de que la información aquí volcada puede ser incompleta o mejorable.

    Agradecemos profundamente a la Asociación de Vecinos de la Peña el Pardo su intermediación, su confianza y su impulso para que estos nombres y estas historias no sigan en el olvido. Sin su colaboración, este trabajo no habría sido posible.

     

    Invitamos a cuantas personas, familiares, investigadores o vecinos dispongan de documentación, fotografías, cartas, expedientes o testimonios orales que puedan complementar, matizar o corregir estos artículos, a que se pongan en contacto con nosotros a través del correo electrónico. mailto:garcimolinaasociacion@gmail.com. Toda aportación será bienvenida y debidamente contrastada para seguir construyendo entre todos una memoria más justa y veraz.

     

    De conformidad con lo establecido:

    En el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD). Informamos que cualquier persona mencionada en estos artículos, o sus familiares o representantes legales, podrá ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación del tratamiento y portabilidad de sus datos personales, así como a solicitar la anulación o matización de la información publicada si se considera inexacta, desfasada o perjudicial para su honor o intimidad. Para ello, bastará con enviar un escrito debido a la dirección de correo electrónico indicada, identificando el artículo y la concreta información que se desea revisar. Atenderemos todas las solicitudes con la máxima celeridad y el debido respeto a la normativa vigente.

     

    Estos artículos son documentos vivos: susceptibles de ser corregidos, ampliados o matizados a la luz de nuevas evidencias documentales o de nuevos testimonios. La memoria histórica no se construye de una vez para siempre, sino que se enriquece con cada aportación y se corrige con cada error detectado.

     

    Nota bibliográfica, cómo citar el artículo

    Garcimolina, R. «La caseta de la Umbría: Raimundo Jiménez Millán. Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría». Garcimolina.net. s.f. https://garcimolina.net/archivo-historico/la-caseta-de-la-umbria/

     

    Nota metodológica y fuentes

    Este artículo se ha elaborado a partir del cruce de fuentes primarias y secundarias:

     

    Fuentes primarias

    • Entrada biográfica de Raimundo Jiménez Millán en el diccionario Los de la Sierra 1936-1975.
    • Expedientes de depuración de magisterio de Perpetua y Lorenza Jiménez Millán (AGA).
    • Réquiem a mis amigos fusilados (Ramón de las Casas, Ediciones Surco, México-Caracas, 1975).

     

    Bibliografía y recursos digitales

    • Iñiguez, Miguel. Enciclopedia histórica del anarquismo español.
    • Moreinte Valero, Francisco. La depuración franquista del magisterio público.
    • Ramos Zamora, Sara. La represión del magisterio en Castilla-La Mancha, 1936-1945.
    • Salud, Paco. «Raimundo Jiménez Millán, anarquista de Casas de Garcimolina». Blog de Paco Salud, 12 de febrero de 2017. Disponible en: https://pacosalud.blogspot.com/2017/02/raimundo-jimenez-millan-anarquista-de.html?m=1
    • Suárez González, M. À. La depuració dels mestres de les escoles nacionals de Mollet a la postguerra.

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    La vereda de las monjas

    La vereda de las monjas

     

    Recorrido histórico de una vía trashumante por la Serranía Baja de Cuenca

     

    Introducción

    La «Vereda de las Monjas» constituye uno de los ejes vertebradores del pastoreo trashumante en la Serranía Baja de Cuenca. Esta vía pecuaria histórica, cuyo trazado discurre desde el sur de la provincia hasta el corazón de su serranía, ha sido testigo durante siglos del tránsito de rebaños, arrieros y caminantes que recorrían estas tierras de frontera entre las antiguas coronas de Castilla, Aragón y Valencia. El presente artículo documenta su recorrido desde Salinas del Manzano hasta Landete, sus cambios de denominación, los hitos geográficos que la jalonan y las infraestructuras ganaderas asociadas, con especial atención al tramo que atraviesa los términos de Algarra y Casas de Garcimolina, donde la vereda recibe el nombre alternativo de «Vereda del Barranco del Lobo».

     

    Aunque los documentos históricos no detallan una línea continua y precisa para los mapas, las fuentes archivísticas y las tradiciones orales nos ofrecen una imagen clara de su recorrido, sus diferentes nombres y su papel como arteria fundamental de la trashumancia en esta comarca conquense.

     

     

    Denominación oficial y cambios de nombre en el recorrido

    En la documentación administrativa de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la vía se denomina oficialmente «Vereda del camino del Cubillo o de las Monjas», aunque de forma popular se la conoce sencillamente como «Vereda de las Monjas». Su anchura legal es de 20,89 metros, lo que corresponde a 25 varas castellanas, dimensión característica de las vías de rango de vereda dentro de la jerarquía de las vías pecuarias.

     

    Una de las características más singulares de esta vía es su mutabilidad nominal al cruzar los límites municipales, reflejo de la tradición oral y administrativa de cada lugar. Este fenómeno de polionimia es común en los caminos tradicionales, donde el nombre local prevalece sobre la denominación genérica de la ruta.

    • En los términos de Tejadillos, Salinas del Manzano, Alcalá de la Vega y El Cubillo, la vía mantiene el nombre de «Vereda de las Monjas».
    • En Algarra, se la conoce como «Vereda del camino del Cubillo o de las Monjas», una denominación mixta que empata con la oficial.
    • Al entrar en Casas de Garcimolina, su nombre cambia a «Vereda del Barranco del Lobo», una clara referencia a la accidentada orografía, con barrancos encajados que caracterizan este tramo del recorrido.
    • Pasado el término de Moya, se transforma en «Vereda del Collado de las Minas», denominación que evoca la actividad minera histórica documentada en los siglos XVIII y XIX en los términos de Landete y Moya (minas de hierro, carbón y otros minerales).

     

     

    Hipótesis sobre el origen del nombre

    Existe una sólida hipótesis histórica sobre el origen del nombre de la vereda. Todo apunta a que podría estar relacionada con las monjas «Concepcionistas de Moya», una orden de clausura franciscana que poseía importantes propiedades en la zona. Este convento, conocido oficialmente como Convento de la Concepción Franciscana, fue fundado por Luisa de Cabrera, marquesa de Moya, y construido entre los siglos XVI y XVII en estilo barroco. Las monjas de clausura, Concepcionistas, habitaron el cenobio hasta su exclaustración con la desamortización de Mendizábal en 1835, aunque el edificio, actualmente en proceso de rehabilitación, aún se alza en la villa de Moya como testimonio de su pasado religioso.

    Aunque no existe confirmación documental definitiva, la tradición sostiene que la vía recibió su nombre por estar asociada a los ganados o al tránsito hacia el convento, cuyas propiedades se extendían por estos términos. La desamortización supuso el abandono del cenobio y la dispersión de sus bienes, pero el nombre de las monjas perduró en la vía pecuaria que atravesaba sus dominios, incorporándose a la toponimia local de la comarca.

     

    Recorrido documentado: del sur provincial a la sierra

    El itinerario de la Vereda de las Monjas ha sido objeto de atención en diversos documentos históricos y administrativos, lo que ha permitido reconstruir su trazado con notable precisión. Los documentos más reveladores proceden de un acta de visita de 1908, conservada en el Portal de Archivos Españoles (PARES), que detalla pormenorizadamente el recorrido a su paso por el término de Salinas del Manzano. Según esta acta, la vereda penetra en Salinas desde el municipio de Alcalá de la Vega por un punto denominado «la Cruz de Algarra», una encrucijada que ya en el siglo XIX actuaba como hito divisorio y punto de referencia para pastores y arrieros. El tramo desde Alcalá de la Vega, hasta Moya, es de unos 18 km de recorrido, pasando por los términos del Cubillo, Algarra y Casas de Garcimolina.

     

    Recorrido de la Vereda de las monjas, desde Alcalá hasta Moya

     

    A partir de este punto, el trazado describe el siguiente itinerario:

    • Cruza el «Carril del Cuervo», una vía secundaria que se entrecruza con la vereda principal.
    • Pasa por el paraje de los «Altillos», donde el terreno forma un pequeño collado que facilita el tránsito del ganado.
    • Llega a la «Cañada Sáez», un punto especialmente relevante en el recorrido, pues aquí la comisión identificó un descansadero para el ganado de 50 varas de anchura y 802 varas de longitud.
    • Continúa por la «Cingle de Viscas de los Altillos», una formación geológica que desde aquí delimita la extensión del descansadero.
    • Finaliza, en el tramo inspeccionado, en la «barraca de los herederos de Manuel Serna», una edificación auxiliar de piedra seca que servía de cobijo y punto de referencia para los pastores.

     

    Infraestructura ganadera asociada

    La importancia de esta vía como ruta trashumante se evidencia en las infraestructuras ganaderas que la jalonan. Estas construcciones auxiliares, levantadas con técnicas vernáculas de piedra seca, formaban parte de un sistema de apoyo al pastoreo trashumante que incluía descansaderos, abrevaderos, chozos pastoriles y corrales.

     

    Descansadero de la Cañada Sáez

    En el tramo comprendido entre Los Altillos y la barraca de los herederos de Manuel Serna, se localiza un importante descansadero, es decir, un área de retiro y reagrupamiento del ganado donde los rebaños podían detenerse, pastar y recuperarse tras largas jornadas de marcha. Sus dimensiones, 50 varas de anchura y 802 varas de longitud, lo convierten en uno de los espacios de descanso más amplios documentados en esta red viaria. La referencia documental indica que tomaba como línea derecha la «cerrada de la Dehesa de Cañada Sáez», lo que sugiere que el descansadero estaba delimitado por el cierre de una propiedad colindante.

     

     

    Descansadero de la Fuente de Mariluna (Salinas del Manzano)

    Además del descansadero de la Cañada Sáez, en el término de Salinas del Manzano existe otro espacio de esta naturaleza conocido como el descansadero de la Fuente de Mariluna. Se trata de un lugar más amplio que el anterior, situado junto a una fuente que garantiza el abastecimiento de agua para los rebaños, un elemento crítico en los recorridos trashumantes de larga distancia. La presencia de una fuente en este punto subraya la importancia estratégica del emplazamiento como parada obligada en la ruta.

     

    Otras construcciones auxiliares

    Jalonando el recorrido de la vereda se hallaban otras construcciones de piedra seca, como la mencionada «barraca de los herederos de Manuel Serna», que formaban parte del patrimonio etnográfico asociado a la trashumancia. Se trata de edificaciones que los pastores levantaban con la piedra disponible en el terreno, utilizando técnicas de falsa cúpula y aproximación de hiladas, sin empleo de argamasa alguna. Estas barracas, chozos o majadas proporcionaban cobijo frente a las inclemencias del tiempo en una zona de altitud donde los temporales y las ventiscas podían poner en peligro la vida de personas y animales.

     

    Del sur provincial a Landete: itinerario completo

    El recorrido de la Vereda de las Monjas desde Salinas del Manzano hasta Landete se compone de tres tramos bien diferenciados, cada uno con sus propias características geográficas y toponímicas.

     

    Tramo 1: Salinas del Manzano – Algarra

    El recorrido más documentado corresponde a este primer tramo, gracias al acta de visita de 1908. Partiendo desde la Cruz de Algarra en el límite entre Alcalá de la Vega y Salinas del Manzano, la vereda atraviesa un paisaje de parameras y pequeños valles hasta alcanzar el término de Algarra. Los hitos sucesivos son:

    1. Cruz de Algarra (límite Alcalá/Salinas), punto de inicio del reconocimiento de 1908.
    2. Carril del Cuervo, cruce con esta vía secundaria.
    3. Los Altillos, pasan por este paraje donde se forma un pequeño collado.
    4. Cañada Sáez, donde la comisión identificó el descansadero de 50 varas de anchura y 802 varas de longitud.
    5. Cingle de Viscas de los Altillos, formación geológica que marca la extensión del descansadero.
    6. Barraca de los herederos de Manuel Serna, punto final de la inspección de 1908.

     

    Tramo 2: Algarra – Casas de Garcimolina

    Tras salir de Algarra, la vereda se adentra en el término de Casas de Garcimolina, donde adopta el nombre de «Vereda del Barranco del Lobo». Este cambio toponímico no es casual: alude a la orografía accidentada del terreno, con barrancos encajados que caracterizan este tramo del recorrido. La vía discurre por el fondo de valle y por las laderas, buscando siempre las zonas más despejadas para facilitar el tránsito del ganado y evitar los pasos más escarpados. Es en este tramo, donde la vereda se aproxima a las inmediaciones de la barraca del Tío Román. Aquel refugio pastoril de piedra seca que, situado estratégicamente en la confluencia del camino del Lavadero, el Portillo de Moya y la ruta antigua a Landete, servía como parada obligada y resguardo frente a los temporales en un terreno desarbolado y azotado por los vientos.

     

    Tres barracas: Tío Román, Tío Bruno y Tío Bernardino

     

    Otras barracas en las inmediaciones

    Además de la Barraca del tío Román, en los alrededores se localizan otras dos construcciones tradicionales de similar tipología:

    • Barracas del Tío Bernardino, sitas en el paraje de la Matorrosilla, en el término de Garcimolina. Se encuentran a unos 400 metros por debajo de la vereda del Barranco del Lobo, justo en el punto en que se accede a dicha vereda desde la frontera del término de Algarra, y a 400 metros por encima de las ramblas del arroyo de las Olmedillas.
    • Barraca del tío Bruno (también conocida como de la tía Ruperta), emplazada en el pago de los Monteros, en la zona de la Teñailla Blanca, muy cerca de las nogueras de la tía Cecilia. Se sitúa aproximadamente a 500 metros por encima del cauce del Barranco del Lobo.

     

    Tramo 3: Casas de Garcimolina – Moya –  Landete.

    Pasado el término de Garcimolina, la vereda se aproxima a Landete, conectando con la densa red de caminos que articulan la comarca de la Serranía Baja. Desde Landete, la vía prosigue hacia Moya, donde su nombre se transforma en «Vereda del Collado de las Minas». Esta última denominación está probablemente relacionada con la intensa actividad minera que se desarrolló en la zona durante la Edad Moderna y Contemporánea: minas de hierro documentadas en el siglo XVIII en los términos de Landete y Moya, explotaciones de carbón en Henarejos y minas de plata y plomo en la Sierra de Albarracín. El collado que da nombre a este tramo pudo haber sido un punto estratégico para la extracción y transporte de estos minerales.

     

     

    La vereda en el contexto de la trashumancia conquense

    La Vereda de las Monjas forma parte de una densa red de vías pecuarias que surcaban la provincia de Cuenca, un territorio de gran tradición ganadera y trashumante. En total, la provincia cuenta con 636 vías pecuarias que suman una longitud de 2.584 kilómetros y una superficie de 9.406 hectáreas de corredor ecológico.

    El auge de la trashumancia ovina, impulsado por la industria textil a partir del siglo XV, creció de manera desmesurada hasta alcanzar su máximo a mediados del siglo XIX. Las vías pecuarias no solo se utilizaban en trayectos largos, sino también en recorridos cortos complementarios del ferrocarril, que conectaban las estaciones de tren con los pastos de montaña y las dehesas de invernadero.

    La Vereda de las Monjas, como vía de rango secundario dentro de la jerarquía de vías pecuarias (por debajo de las cañadas reales, de 75,22 metros de anchura, y los cordeles, de 37,61 metros), cumplía una función comarcal de primer orden, conectando los pastos de la serranía con los mercados y centros de consumo del sur provincial y de las tierras valencianas.

     

    Herramientas para la consulta cartográfica

    Aunque no se ha localizado un plano específico que muestre el recorrido completo en los documentos analizados, la herramienta oficial para visualizar la trayectoria es el visor cartográfico «Vías Pecuarias CLM», accesible a través de la página web de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Este visor, de carácter técnico, ofrece información sobre los ejes aproximados de las vías pecuarias, así como capas de puntos y polígonos correspondientes a los deslindes y amojonamientos realizados en diferentes épocas.

     

    Para su consulta, se recomienda acceder a través de un ordenador, ya que la herramienta no está diseñada para dispositivos móviles y su manejo puede requerir ciertos conocimientos técnicos de cartografía digital. Una vez dentro, se deben localizar en el mapa los términos municipales de Algarra o Casas de Garcimolina y seleccionar la capa de información de «Vías Pecuarias» para visualizar la ruta. En el visor, la vereda aparece bajo su nombre oficial: «Vereda del camino del Cubillo o de las Monjas».

     

    Consideraciones finales

    La Vereda de las Monjas constituye un valioso testimonio del patrimonio cultural y etnográfico de la Serranía Baja de Cuenca. Su trazado, sus cambios de nombre, las infraestructuras ganaderas que la jalonan y los vestigios arquitectónicos que aún pueden reconocerse en el terreno son elementos de un paisaje cultural forjado a lo largo de siglos de trashumancia, pastoreo y vida rural. La documentación de su recorrido desde Salinas del Manzano hasta Landete, pasando por Algarra y Casas de Garcimolina (donde recibe el nombre de Vereda del Barranco del Lobo), permite fijar la memoria de una vía que fue arteria de comunicación y sustento para generaciones de pastores y ganaderos.

     

    La conservación y valoración de estas vías pecuarias no es solo una cuestión de protección del patrimonio histórico, sino también una oportunidad para preservar corredores ecológicos. Recuperar caminos para usos recreativos y turísticos, y mantener viva la memoria de una cultura trashumante que ha modelado el territorio y la identidad de estas tierras de frontera entre Cuenca, Teruel y Valencia.

     

     

    Fuentes documentales

    Las fuentes utilizadas para la elaboración de este artículo incluyen el acta de visita de 1908 conservada en el Portal de Archivos Españoles (PARES). El DOCM 2019/4945 de la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Cuenca, la investigación sobre la Vereda de las Monjas publicada en el blog «Ovejas y cañadas» (2024). El visor de vías pecuarias de Castilla-La Mancha, y el inventario de vías pecuarias accesible a través de los datos abiertos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

     

    ¿Cómo citar este artículo?

    Martínez, Á. (2026). La Vereda de las Monjas: recorrido histórico de una vía trashumante por la Serranía Baja de Cuenca. Asociación de Vecinos Peña el Pardo. https://garcimolina.net

     


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    Barraca del tío Román: La necesidad y la piedra seca

     

    (Barraca del tío Román) Arquitectura de la necesidad y la piedra seca

     

    Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina.

     

    Autoría: Ángel Martínez, Asociación de vecinos Peña el Pardo

    Afiliación: Asociación Cultural / Proyecto de Patrimonio y Recuperación de la Memoria Histórica

    Fecha de publicación: 7 de junio de 2026

     

     

    Arquitectura de la necesidad y la piedra seca

     

    Resumen

    El presente artículo documenta la construcción, tipología y desaparición de un refugio de montaña edificado a finales del siglo XIX, a una altitud aproximada de mil doscientos metros, en la Baja Sierra de Cuenca. Fue levantado por el «Tío Román» —Román Valero Junquero—, natural de Fuentelespino de Moya y afincado en Casas de Garcimolina, donde ejercía el oficio de herrero.

    Esta barraca de piedra seca, denominada localmente chozo o barraca de losas, constituye un testimonio excepcional de la arquitectura vernácula pastoril: pequeños refugios de piedra seca situados en caminos, veredas y zonas de tránsito, utilizados por caminantes, arrieros, trajineros y jornaleros.

    A pesar de su valor como patrimonio etnológico, la construcción ha sido expoliada hasta los cimientos en un proceso de reaprovechamiento de materiales. Mediante esta síntesis técnica y la recuperación de la memoria oral, se pretende fijar su existencia y sus características constructivas antes de que caigan en el olvido total, reivindicando su valor como herencia de las rutas trashumantes del Sistema Ibérico y de toda la población que, en su trasiego diario, conectaba unos pueblos con otros.

     

    Introducción: Memoria desmontada piedra a piedra

    Existen construcciones que no figuran en los catálogos monumentales ni en las guías de arquitectura, pero que condensan siglos de inteligencia colectiva. Son arquitecturas nacidas de la necesidad, donde el único manual de construcción fue la tradición oral y la disponibilidad inmediata de la materia prima. El refugio que nos ocupa, localizado en el término de Casas de Garcimolina (Cuenca), era un ejemplar paradigmático de esta sabiduría.

     

    Barraca edificada en el siglo XIX por el Tío Román, un herrero cuyo oficio le confería una singular comprensión de la solidez estructural; la barraca sirvió de abrigo a pastores en una cota de mil doscientos metros. Hoy, esa edificación ya no existe. La construcción original ha sido desmantelada hasta los cimientos, víctima del expolio silencioso que practican quienes ven en estas ruinas un banco de materiales gratuitos. Este artículo nace como un acto de resistencia académica frente al olvido: documentar lo que fue para demostrar que, aunque la materia desaparezca, la memoria técnica merece ser preservada.

     

    Contexto geográfico e histórico: Un enclave inhóspito en la ruta de Landete

    La barraca en la red de caminos históricos del antiguo Marquesado de Moya. Más allá de su valor como construcción de piedra seca, la barraca del Tío Román formaba parte de un entramado viario mucho más amplio, heredado de siglos de trashumancia, comercio y movilidad campesina. Su ubicación no fue casual, sino que respondía a la confluencia de tres ejes de comunicación tradicionales que articulaban la Baja Serranía de Cuenca antes de la construcción de las carreteras asfaltadas en la segunda mitad del siglo XX.

     

    El camino del Lavadero de Garcimolina

    Este vial, hoy parcialmente conservado como pista forestal, nacía en el núcleo urbano de Casas de Garcimolina, junto al antiguo lavadero comunal —punto de encuentro y abastecimiento de agua para vecinos y rebaños—. Desde allí, ascendía suavemente siguiendo el curso del barranco que desciende del Portillo de Moya, bordeando pequeñas huertas de regadío y zonas de pasto. Era una ruta utilizada a diario por las mujeres que iban a lavar la ropa, por los agricultores que se dirigían a sus huertos y a las parcelas o rochos. Los que iban a Santo Domingo o Landete, y a la derecha hacia Fuentelespino, por los pastores que accedían siguiendo el camino hacia la vereda del Barranco del Lobo (Vereda de las Monjas), que conducían el ganado a los abrevaderos y hacia el Levante.

    La barraca se hallaba a medio camino de Landete, a la derecha, a unos escasos dos mil metros del portillo ancho, dentro del término de Garcimolina, justo antes de entrar en tierras de Santo Domingo de Moya. En un rellano protegido del viento del norte, servía como punto de descanso y resguardo ante las tormentas repentinas, frecuentes en estas altitudes.

     

    El Portillo de Moya: puerta natural entre valles

    El Portillo de Moya es un collado que actúa como divisoria de aguas y límite histórico entre los términos de Garcimolina, Fuentelespino de Moya y Landete. Su nombre evoca su función de «puerta» hacia la antigua villa de Moya, cabecera del marquesado.

    Por este paso obligado transitaban:

    La barraca se encontraba aproximadamente a dos kilómetros y medio, después de coronar el Portillo Ancho, en dirección a Moya y antes de llegar a los corrales del Gabacho, dentro del término de Garcimolina, en el lado que desciende suavemente hacia Landete. Esta posición la convertía en el único cobijo o albergue, en varios kilómetros a la redonda, en un terreno desarbolado y azotado por los cierzos.

     

    El camino antiguo de Landete: eje comercial y social

    Antes de la construcción de la carretera CU-V-5003 (décadas de 1960-1970), la comunicación entre Garcimolina y Landete se realizaba a través de un camino de herradura, primero, y más tarde carretero, que seguía el trazado descrito. Este camino formaba parte de una ruta más larga que unía la Serranía Baja con la Plana de Utiel, centro neurálgico de comercio y servicios. Por él subían y bajaban.

    • Carros de varas y de pértigo cargados de leña, carbón vegetal, sacos de cereal y, a la vuelta, productos coloniales, bacalao, aceite y herramientas adquiridas en Utiel.
    • Pastores trashumantes que en otoño bajaban sus rebaños hacia las tierras cálidas del levante, y en primavera los devuelven a las sierras.
    • Herreros, lañadores, cesteros y quincalleros ambulantes, que recorrían los pueblos ofreciendo sus servicios.

    La barraca del Tío Román, construida por un herrero, se alzaba en un tramo del camino donde las pendientes se suavizan, permitiendo hacer un alto. La tradición oral recuerda que allí se podía encender un pequeño fuego, herrar una caballería de urgencia o simplemente refugiarse del granizo o la nevasca. Era, en esencia, una arquitectura de la hospitalidad forzada en un entorno hostil.

     

     

    Una encrucijada de caminos

    La importancia estratégica del lugar se comprende mejor si se superponen las siguientes rutas:

    • Camino de carros: Ruta Garcimolina – Landete – Utiel. Era el eje principal del transporte de mercancías. La barraca era parada intermedia, antes de llegar a las teñadas de los gabachos, ya dentro del término de Santo Domingo de Moya.
    • Camino local: Del Lavadero al Portillo Ancho. Uso diario para labores agrícolas y domésticas. Refugio cercano al núcleo.
    • Senda de herradura: Derivación hacia Fuentelespino de Moya. Se desviaba en la vuelta del Barranco. La barraca quedaba ubicada a la izquierda, en el camino de Landete, y servía como hito antes del cambio de término municipal.
    • Vía pecuaria principal: Vereda de las Monjas. Discurre paralela al camino de Landete, por debajo de este, a unos tres kilómetros de distancia, hacia el sur. La barraca servía de abrigo auxiliar a los transeúntes y arrieros. Para los pastores de la vereda, quedaba un poco desplazada hacia el norte, estando mejor ubicadas las barracas del Tío Bernardino y la del Tío Bruno (o Ruperta, su hija).

    La barraca del Tío Román

    No fue un refugio aislado, sino una pieza más de un sistema de arquitectura vernácula dispersa que incluía chozos, neveras, abrevaderos y majadas. Todos ellos estaban conectados por una red de caminos que hoy, en gran parte, han sido borrados o transformados en pistas forestales. Su expolio supone no solo la pérdida de un edificio singular, sino de un testimonio físico de cómo se organizaba el territorio, se gestionaban los recursos y se viajaba por estas tierras de frontera entre Cuenca, Teruel y Valencia. Documentar su existencia y su ubicación precisa —en el cruce del camino del Lavadero, el Portillo de Moya y la ruta antigua a Landete— es contribuir a fijar la memoria de un paisaje cultural que merece ser reconocido y protegido.

     

    Arquitectura de la necesidad y la piedra seca

     

    Otras barracas en las inmediaciones

    Además de la Barraca del tío Román, en los alrededores se localizan otras dos construcciones tradicionales de similar tipología:

    • Barracas del Tío Bernardino, sitas en el paraje de la Matorrosilla, en el término de Garcimolina. Se encuentran a unos cuatrocientos metros por debajo de la vereda del Barranco del Lobo, justo en el punto en que se accede a dicha vereda desde la frontera del término de Algarra, y a cuatrocientos metros por encima de las ramblas del arroyo de las Olmedillas.
    • Barraca del tío Bruno (también conocida como de la tía Ruperta), emplazada en el pago de los Monteros, en la zona de la Teñailla Blanca, muy cerca de las nogueras de la tía Cecilia. Se sitúa aproximadamente a 500 metros por encima del cauce del Barranco del Lobo.

     

    Tres barracas: Tío Román, Tío Bruno y Tío Bernardino

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Detalles de la Barraca del tío Bruno o de la tía Ruperta

    (Imágenes cedidas por Daniel Argudo)

     

    Exterior de la barraca: acceso, dintel y esquinales

    El exterior de la barraca de piedra seca de Casas de Garcimolina ofrece una lectura clara de los principios constructivos que caracterizan a la arquitectura pastoril tradicional de la Serranía Baja. La estructura, levantada íntegramente mediante técnicas de mampostería en seco, evidencia una combinación de funcionalidad, economía de medios y adaptación precisa al entorno geológico inmediato.

    El acceso principal constituye el elemento más elaborado del conjunto. Las jambas están formadas por piedras de gran tamaño, seleccionadas por su estabilidad y por la capacidad de ofrecer un plano vertical relativamente regular. Estas piezas, dispuestas a hueso, actúan como soporte lateral del vano y como puntos de transmisión de cargas hacia el terreno. Su colocación revela un conocimiento empírico de la resistencia de la caliza local y de la necesidad de evitar movimientos diferenciales en la zona más vulnerable de la estructura.

    El dintel, pieza clave del sistema, se resuelve mediante una losa monolítica de gran longitud, cuidadosamente encajada entre los muros laterales. Su función no es únicamente cerrar el vano superior, sino también redistribuir el peso de las hiladas superiores hacia los esquinales, evitando concentraciones de carga que pudieran comprometer la estabilidad del acceso. La elección de una losa única —en lugar de varias piezas menores— responde a la lógica de minimizar juntas y, con ello, posibles puntos de fractura.

    Los esquinales muestran un tratamiento especialmente cuidadoso. Se emplean bloques de mayor tamaño y mejor escuadría, capaces de asegurar la verticalidad y la trabazón de los muros. Estas piezas actúan como auténticos anclajes estructurales, estabilizando el perímetro y permitiendo que las hiladas superiores avancen con regularidad hacia el cierre por aproximación. La presencia de estas piedras angulares, más trabajadas y seleccionadas, es un rasgo común en las construcciones de piedra seca de la zona, donde la durabilidad depende en gran medida de la calidad de los encuentros.

     

    Un aspecto notable del exterior

    La diferencia cromática entre las piedras. Las zonas altas y expuestas presentan tonos más claros, resultado de décadas de insolación directa, deshidratación progresiva y mínima retención de humedad. Por el contrario, las piedras próximas al suelo conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrecen la vegetación circundante y el propio volumen del muro. Esta variación cromática constituye un indicador fiable del envejecimiento natural de la caliza y de la estabilidad prolongada de la estructura, que ha permanecido sin alteraciones significativas durante aproximadamente siglo y medio.

    En conjunto, el exterior de la barraca revela una solución constructiva coherente y altamente eficiente, donde cada elemento —jambas, dintel, esquinales y aparejo general— responde a una lógica funcional precisa. Su lectura permite comprender no solo la técnica, sino también la cultura material de un territorio donde la piedra seca ha sido, durante generaciones, una herramienta esencial para la supervivencia y el trabajo pastoril.

     

    Imagen del interior de la barraca

    La imagen del interior de la barraca de piedra seca documentada en Casas de Garcimolina constituye un testimonio excepcional de las técnicas vernáculas de refugio pastoril en la Serranía Baja de Cuenca. El espacio muestra con claridad la lógica constructiva propia de la arquitectura de la necesidad, basada en la disponibilidad inmediata de materiales locales y en la optimización de recursos mediante soluciones empíricas transmitidas por tradición.

    En primer término se aprecia el solado de lajas irregulares, dispuesto directamente sobre el terreno natural. La ausencia de nivelación artificial o de capas preparatorias confirma el carácter funcional de la estructura, destinada a un uso estacional y no residencial. Sobre este plano se levantan los muros perimetrales, construidos sin cimientos excavados: las primeras hiladas se apoyan directamente sobre el suelo, siguiendo la práctica habitual en la piedra seca serrana, donde la estabilidad se logra por el peso, la trabazón y la geometría más que por la cimentación.

    El cerramiento superior constituye el elemento técnico más significativo. La imagen permite observar con nitidez el sistema de aproximación de hiladas mediante grandes losas, que avanzan progresivamente hacia el interior hasta cerrar el vano superior. Este procedimiento —propio de las falsas cúpulas mediterráneas— culmina en una losa central de cierre, pieza «clave» que redistribuye las cargas y sella el espacio interior. La regularidad del avance, el tamaño de las piezas y la ausencia de mortero evidencian un conocimiento práctico muy depurado de la mecánica de la piedra.

     

    Diferenciación climatológica

    Un aspecto de gran interés patrimonial es la diferencia cromática entre las losas superiores y las piedras de las zonas bajas. Las partes elevadas, más expuestas a la radiación solar directa y a la circulación del aire, presentan un tono más claro y deshidratado, resultado de aproximadamente siglo y medio de insolación continua y mínima retención de humedad. Por el contrario, las zonas inferiores conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrece el propio volumen de la estructura. Esta variación cromática no solo aporta información sobre la meteorización diferencial de la caliza local, sino que también permite inferir la estabilidad prolongada de la barraca y la ausencia de intervenciones recientes.

    En conjunto, la imagen documenta un ejemplo notable de refugio pastoril de piedra seca, donde convergen la economía de medios, la adaptación al medio serrano y la pervivencia de técnicas constructivas ancestrales. Su lectura estratigráfica —solado, muros sin cimiento, aproximación de losas y cierre final— ofrece una secuencia completa del proceso constructivo y refuerza el valor patrimonial de estas arquitecturas humildes, hoy amenazadas por el abandono y la erosión.

     


    Descripción técnica: La ciencia de la piedra seca

    Este apartado desglosa la técnica constructiva del refugio, basada exclusivamente en la gravedad, y el apoyo mutuo, sin empleo de cal, cemento ni argamasa alguna. Se emplea aquí la nomenclatura tradicional de la zona.

     

    La base o cimentación natural

    La construcción renunciaba a cualquier excavación profunda. La estabilidad partía del propio terreno.

    • Cimiento natural: Se preparaba una superficie mediante limpieza y apisonado en busca de suelo firme.
    • Zócalo: disponía de una primera hilada de losas de gran tamaño y peso. Estas piedras maestras perimetrales se colocaban «a hueso», buscando caras planas que repartieran las cargas y sellaran la base contra la humedad.

     

    Alzado de muros en falsa bóveda

    El cuerpo del refugio se levantaba mediante la técnica de aproximación de hiladas (falsa cúpula). Los elementos clave eran:

    • Hiladas o tongadas: Anillos concéntricos de losa ancha donde cada fila se inclinaba ligeramente hacia el interior, sobresaliendo unos centímetros respecto a la inferior.
    • Losa maestra y contra piedra: En los tramos críticos se utilizaban piezas de gran formato trabadas con calzos (contrapiedras) colocados en la parte trasera para evitar el vuelco.
    • Relleno seco: Pequeñas lascas de piedra que ajustaban los huecos y transmitían los empujes.

     

    El ojo y el cierre

    La reducción progresiva del diámetro interior generaba un vano circular superior denominado ojo. Esta abertura se iba cerrando hasta alcanzar un diámetro de cierre mínimo. En ese punto se colocaba la última pieza, «la clave o losa de coronación», cuyo peso ejercía un empuje descendente que compactaba y sellaba la estructura.

     

     

    Acabado exterior e interior

    • Exterior: El refugio presentaba un aparejo ciclópeo con un ligero talud exterior que mejoraba la estabilidad y facilitaba la evacuación del agua de lluvia. Un pequeño vuelo de losas en la cúspide, la cornisa seca, protegía el muro de la escorrentía.
    • Interior: Un espacio reducido, fresco en verano y templado en invierno. A pesar de la desnudez actual, la tradición oral sugiere que contaba con un bancal interior de piedra para el descanso y una peana a modo de repisa para el candil, todo sobre una solera de losas planas.

     

    El expolio. Reaprovechamiento y reciclaje en la segunda mitad del siglo XX

    La desaparición total de la barraca no fue obra de un derrumbe accidental ni de la erosión natural. La estructura fue espoliada hasta el nivel de cimentación natural. Este fenómeno, irónicamente practicado por los «amigos de lo ajeno» en busca de piedra para otras construcciones, supone una forma de reciclaje descontextualizado que arranca las páginas del paisaje.

    En la mentalidad del reaprovechamiento contemporáneo, una barraca aislada en el monte se ve como una cantera de piedra vista y seca, lista para decorar jardines o muros contemporáneos. Se ignora que el valor de esa piedra no residía en su materialidad bruta, sino en su posición exacta dentro de la falsa cúpula, en su historia, como parte de un cobijo que salvó vidas durante las tormentas serranas. El expolio borra no solo la arquitectura, sino la prueba física del hábitat pastoril, las rutas trashumantes y la relación ancestral entre el oficio de herrero y la piedra.

     

    Arquitectura de la necesidad y la piedra seca

     

     

    Conclusiones

    La documentación de este refugio inexistente se convierte en una paradoja necesaria. Ya no podemos conservar la materia, pero sí podemos fijar su memoria técnica y humana. La barraca del Tío Román ejemplifica el estado de vulnerabilidad del patrimonio vernáculo disperso en la Baja Sierra de Cuenca. Su recuperación en el plano documental permite comprender mejor la arquitectura nacida de la necesidad, basada en la geometría, la gravedad y la piedra caliza local.

    Es urgente generar inventarios y proteger legalmente estos hitos del paisaje antropizado antes de que los «amigos de lo ajeno» los reduzcan a meros montones de escombros reciclados. Porque cuando una construcción de piedra seca desaparece sin ser documentada, no solo perdemos un refugio: perdemos la voz de los pastores, el ingenio del herrero y el latido de la montaña.

     

     

    Agradecimientos

    Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.

     

    BIBLIOGRAFÍA

     

    Técnica constructiva y piedra seca

    • García Grinda, J. L. (2008). Arquitectura popular de piedra seca: técnicas, paisajes y patrimonio. León: Editorial de los Oficios.
      (Obra de referencia sobre los principios estáticos de la falsa cúpula y el aparejo ciclópeo en el ámbito ibérico).
    • Bassegoda Nonell, J. (1990). La bóveda catalana: historia y construcción. Barcelona: Edicions UPC.
      (Aunque centrada en la bóveda tabicada, aporta fundamentos sobre el comportamiento de las estructuras abovedadas sin cimbra, extrapolables a la falsa cúpula).
    • Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura. (s.f.). La piedra seca. Un paisaje km 0. Patrimoni Cultural.
      https://patrimoni.gencat.cat/es/historias/la-piedra-seca-un-paisaje-km-0
      (Recurso divulgativo que explica el valor universal de la piedra seca, su técnica y su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO).

     

    Arquitectura vernácula y cobijos pastoriles

    • Flores López, C. (1986). Arquitectura popular española (Vol. 3). Madrid: Aguilar.
      (Compendio ilustrado de tipologías de refugios rurales, chozos y barracas de pastores en la Península).
    • Ponga Mayo, J. C., & Rodríguez Pascual, M. (2000). Arquitectura popular: las construcciones auxiliares en Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León.
      (Incluye una clasificación de chozos de piedra seca y su implantación en las vías pecuarias).

     

    Trashumancia, caminos históricos y territorio

    • Martín Casas, J. (2002). Vías pecuarias y trashumancia en la Serranía de Cuenca. Cuenca: Diputación Provincial de Cuenca.
      (Cartografía y descripción de cañadas y caminos de carro, incluyendo la ruta hacia Landete y el área de Garcimolina).
    • García Martín, P. (1990). La trashumancia en la España moderna. Madrid: Siglo XXI.
      (Estudio de la vida pastoril, las infraestructuras de apoyo y la organización social de arrieros y trajineros).

     

    Memoria oral, patrimonio inmaterial y expolio

    • Benito del Pozo, P. (2014). Patrimonio y paisaje: la arquitectura popular ante el expolio. Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 12(3), 553-566.
      (Analiza el saqueo de materiales en construcciones vernáculas como desarraigo cultural y pérdida de identidad).
    • Carrera Díaz, G. (2015). El valor de la memoria oral en la documentación del patrimonio etnológico. Revista PH, 87, 48-61.
      (Metodología para registrar testimonios orales en procesos de pérdida de bienes culturales).

     

    Historia local y en torno de Garcimolina

    • Filiación personal de Román Valero Junquero (abril de 1939). Procedimiento sumarísimo de urgencia, n.º 32860: En el documento figura con 62 años, casado, natural de Fuentelespino (Cuenca), vecino de Casas de Garcimolina, con instrucción —sabe leer y escribir— y oficio declarado de labrador. No obstante, en el procedimiento sumarísimo consta también como herrero, de hecho, el herrero del pueblo, confirmando así la memoria oral que lo recuerda como el «Tío Román, el herrero de Garcimolina». Ambos oficios, lejos de excluirse, reflejan la proactividad característica del medio rural de la época).
    • López de los Mozos, J. R. (2008). Caminos viejos y veredas de la baja serranía conquense. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Cuenca, n.º 33 (segunda época), pp.79104. (Descripción del itinerario: lavadero de Garcimolina – Portillo de Moya – Landete y sus vestigios arquitectónicos).

     

    ¿Cómo citar este artículo?

    Martínez, Á. (2026). Arquitectura de la necesidad y la piedra seca: Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina (Cuenca). Asociación de Vecinos Peña el Pardo. https://garcimolina.net


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    El carbonero vegetal en la Baja Sierra

     

    El carbonero vegetal en la Baja Sierra: aproximación etnográfica a un oficio desaparecido

     

    Resumen:

    El presente artículo ofrece una reconstrucción etnográfica del oficio de carbonero vegetal en la comarca de la baja sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz, con atención al término de Casas de Garcimolina (antiguo Marquesado de Moya). A partir de fuentes primarias (Catastro de Ensenada, 1752) y de estudios monográficos sobre la carbonería en otras regiones españolas (Polancos, 1997; Márquez Fernández, s.f.; Calero Valverde, 2012), se describe el ciclo técnico, las condiciones de vida y el declive del oficio. Se constata la ausencia de documentación nominal sobre carboneros en Casas de Garcimolina, pero se argumenta la alta probabilidad de su existencia e influencia a partir del contexto forestal, la toponimia y los paralelos comarcales, reforzada por el vínculo comercial con los carboneros de Fuentelespino de Moya. Por otra parte, se documenta una práctica complementaria: la obtención de lignito ferroviario por parte de los herreros locales (familia Martínez y Valero) en la línea Aragón‑Cuenca durante los años 50, como ejemplo de economía de supervivencia en la posguerra.

     

    Palabras clave:

    Carbonero vegetal, lignito, carboneo, etnografía, baja sierra de Cuenca, Rincón de Ademuz, Casas de Garcimolina, Fuentelespino de Moya, patrimonio inmaterial, mercado negro ferroviario.

     

     

    Introducción

    El carbón vegetal fue durante siglos el principal combustible doméstico y preindustrial en amplias zonas rurales de España. Su obtención, mediante la carbonización controlada de la leña, daba lugar a un oficio especializado —el de carbonero— que combinaba un profundo conocimiento del monte, una técnica precisa y una resistencia física extrema. En la baja sierra de Cuenca y en el vecino Rincón de Ademuz, esta actividad formó parte de la economía campesina de subsistencia hasta mediados del siglo XX, cuando la llegada de los combustibles fósiles y la despoblación rural provocaron su desaparición.

    El presente trabajo se centra en el término de Casas de Garcimolina, localidad situada en el antiguo Marquesado de Moya (actual provincia de Cuenca), dentro del área de transición entre la serranía conquense y el Rincón de Ademuz. Aunque no se ha localizado documentación archivística que mencione nominalmente a carboneros residentes en esta aldea, la presencia de un monte mediterráneo apto para el carboneo, la toponimia menor y los testimonios recogidos en poblaciones vecinas (Vallanca, Negrón, y muy especialmente Fuentelespino de Moya) permiten sostener la hipótesis de que el oficio fue un elemento activo en su economía, ya fuera por producción local o mediante intercambio comercial directo.

    Además del carbón vegetal, las fraguas y herrerías de la comarca necesitaban un combustible mineral de alto poder calorífico. Durante la posguerra, y especialmente en los años 50, los herreros de Garcimolina, la familia Martínez y Valero, accedieron a una fuente inesperada de lignito —procedente de las locomotoras de vapor de la línea Aragón‑Cuenca— a través de un pequeño «mercado negro» organizado en torno a las vías del ferrocarril. Este fenómeno, apenas documentado en las fuentes oficiales, pero conservado en la memoria oral, ilustra las estrategias de supervivencia de una economía rural sometida a racionamiento.

     

    Metodológicamente, el artículo se apoya en tres tipos de fuentes:

    1. Catastro de Ensenada (1752) como fuente primaria sobre el paisaje forestal y los aprovechamientos comunales.
    2. Estudios etnográficos monográficos sobre el carbonero en el valle de Gordexola (Bizkaia), en el entorno de Doñana (Huelva) y en las Hoces del Cabriel (Valencia), que proporcionan descripciones detalladas de las técnicas, las herramientas y las condiciones de vida.
    3. Bibliografía general sobre patrimonio etnológico y oficios tradicionales, así como referencias a la historia ferroviaria y minera de Aragón.

    No se incluyen afirmaciones no contrastadas ni se novelan situaciones. La ausencia de documentos específicos para Casas de Garcimolina se asume explícitamente y se suple con el análisis del contexto económico comarcal.

     

    El marco forestal según el Catastro de Ensenada (1752)

    El Catastro de Ensenada, promovido por el marqués de la Ensenada entre 1749 y 1756, constituye la primera fuente estadística y descriptiva sistemática de los municipios de la Corona de Castilla. Para el partido de Ademuz y las tierras limítrofes del Marquesado de Moya, las Respuestas Generales (Archivo Histórico Nacional, Consejos, Libro 160) describen unos montes poblados mayoritariamente por carrasca (Quercus ilex subsp. ballota) y sabina albar (Juniperus thurifera). Ambos géneros leñosos eran los preferidos para la producción de carbón vegetal por su densidad y alto poder calorífico, como han documentado los estudios etnográficos (Polancos, 1997: 174; Márquez Fernández: 386).

    El catastro no cuantifica la producción de carbón ni menciona carboneros en las aldeas del Marquesado, pero sí regula el aprovechamiento de la leña bajo normas concejiles, lo que indica una presión extractiva organizada. Esta regulación indirecta sugiere que la transformación de la leña en carbón era una actividad económica relevante en la zona, aunque no desglosada en las respuestas del catastro.

     

    El oficio de carbonero vegetal: técnicas, herramientas y organización del trabajo

    La descripción más completa del ciclo técnico del carboneo tradicional en España procede de los estudios realizados en el valle de Gordexola (Encartaciones de Bizkaia) por Miguel Polancos Aretxabala (1997), quien fue el mismo carbonero en la década de 1940. Aunque la comarca vizcaína difiere en especies arbóreas (roble, haya, castaño), el proceso de carbonización es transcultural y ha sido validado por trabajos análogos en Doñana (Márquez Fernández, s.f.) y en las Hoces del Cabriel (Calero Valverde, 2012). A continuación, se sintetizan las fases esenciales, siguiendo a Polancos (1997: 179-186).

     

    Preparación de la leña y del suelo

    La leña se cortaba preferentemente en estado seco (“muerta en pie”) para evitar un exceso de humedad que alargara la combustión. El diámetro óptimo oscilaba entre 5 y 15 cm, y la longitud se fijaba en torno a 80 cm. El suelo destinado a la carbonera se limpiaba de broza y se allanaba, compactándolo para impedir corrientes de aire subterráneas (Polancos, 1997: 179-180). En las Hoces del Cabriel, los carboneros elegían laderas suaves y construían un pequeño muro de piedra para retener la tierra (Calero Valverde, 2012: 5-6).

     

    Armado de la carbonera (hoya o boliche)

    La leña se apilaba en forma cónica alrededor de un palo central (el horcón). El diámetro de la base podía alcanzar de 4 a 10 m, y la altura de 2 a 5 m, dependiendo de la cantidad de madera. Se procuraba una distribución homogénea para evitar hundimientos (henchiduras) durante la combustión (Polancos, 1997: 181). En Doñana, esta estructura recibe el nombre de boliche y se cubre con hojas de eucalipto o helechos antes de la capa de tierra (Márquez Fernández, s.f.: 388-389).

     

    Cubrición y encendido

    Sobre el cono de leña se extendía una capa de helecho, hierba u hojarasca, y posteriormente una capa de tierra fina (preferentemente cisco, tierra ya quemada en carboneras anteriores). Se dejaban respiraderos basales y un orificio superior (el lumi, ojo o bullón). El encendido se realizaba introduciendo ascua por la parte superior. El humo inicial, azulado, se tornaba blanco y denso cuando comenzaba la evaporación del agua de la madera (Polancos, 1997: 183). En las Hoces del Cabriel, el carbonero vigilaba el color del humo para determinar el momento de sellar la entrada de aire (Calero Valverde, 2012: 11).

     

    Carbonización y enfriado

    La combustión lenta y con deficiencia de oxígeno duraba entre 8 y 15 días, según el tamaño de la pila. Durante este período, el carbonero permanecía día y noche en el monte, tapando grietas y golpeando la superficie con una mandarria (pala de madera pesada) para compactar el carbón ya formado (Polancos, 1997: 183). Una vez completada la carbonización, se sellaban todos los orificios y se dejaba enfriar durante 48 horas. En Doñana, además, se añadía agua para acelerar el enfriamiento (Márquez Fernández: 390).

     

    Extracción, envasado y transporte

    El carbón se extraía manualmente con un picacho (herramienta de dos púas de hierro) y se extendía para eliminar los últimos focos de fuego. El envasado se hacía en sacos de unos 50 kg. El transporte hasta los puntos de venta o las ferrerías se realizaba con carros de bueyes o mulas, a menudo contratando a carreteros específicos (Polancos, 1997: 185-186).

     

     

    La vida del carbonero: aislamiento, alimentación y saberes populares

    Los carboneros desarrollaban su trabajo en soledad o en pequeños grupos, alejados de los núcleos de población durante semanas. Para protegerse de las inclemencias, construían barracas o chozos con piedra, madera y cubierta vegetal (helechos, césped o cisco). En las Hoces del Cabriel, Calero Valverde (2012: 3-4) ha inventariado dieciocho barracas de carbonero, destacando que la cubierta de cisco (mezcla de ceniza y tierra) resultaba impermeable y duradera.

    La alimentación era escasa y monótona: tocino frito por la mañana, cocido de habas o alubias con tocino al mediodía, y patatas cocidas por la noche, acompañadas siempre de pan y agua. En otoño se añadían castañas y pimientos (Polancos, 1997: 177). Esta dieta, rica en grasas y carbohidratos, proporcionaba la energía necesaria para un trabajo extenuante.

    El carbonero desarrollaba un agudo conocimiento empírico de la meteorología. Polancos (1997: 177-178) recoge refranes como “Cuando las grullas veas pasar del mar a la peña, coge el carro y trae leña” (mal tiempo) o “Cielo empedrado en veinticuatro horas el suelo mojado”. El viento sur era el más temido, mientras que el norte (cierzo) resultaba favorable para la carbonización en los meses cálidos. Estos saberes, transmitidos oralmente, formaban parte del patrimonio inmaterial del oficio.

     

    El uso de carbón mineral: lignito de Utrillas y el «mercado negro ferroviario»

    Además del carbón vegetal, las fraguas y herrerías de la comarca necesitaban un combustible mineral de alto poder calorífico. El carbón mineral más accesible para la zona era el lignito extraído en los cotos mineros de Utrillas (Teruel). La línea férrea Utrillas‑Zaragoza, construida expresamente para dar salida a este lignito, se convirtió en un eje económico regional. Sin embargo, durante la posguerra (años 40 y 50), el carbón oficial era caro y estaba sujeto a racionamiento.

    En contexto de escasez, surgió una práctica informal que benefició directamente a los herreros de Casas de Garcimolina y otras localidades cercanas. Las líneas de vía ancha del Central de Aragón, las locomotoras de vapor, consumían grandes cantidades de lignito. En tramos con fuertes pendientes (como Ragudo o Escandón), el carbón se desprendía de los ténderes por vibración o mala compactación y caía a lo largo de la vía. Vecinos de casillas, pueblos próximos y trabajadores ferroviarios recogían ese carbón caído, considerado un recurso «libre», aunque RENFE lo contabilizara como pérdida.

    El funcionamiento de este pequeño «mercado negro» era el siguiente:

    1. Tras el paso de un tren de vapor, los vecinos —a menudo mujeres, niños y ancianos— recorrían el tramo recogiendo el carbón esparcido.
    2. El guardagujas o el casillero de la línea, por su posición estratégica, actuaba como acopiador: almacenaba el carbón en sacos en la propia casilla o en un cobertizo.
    3. Posteriormente, el guardagujas lo revendía a herreros y fraguas de pueblos como Casas de Garcimolina, a un precio inferior al del mercado oficial.
    4. Las ganancias se repartían entre los recolectores y el intermediario, generando un sobresueldo en una economía de subsistencia.

     

     

    Este sistema se toleraba de facto porque no afectaba gravemente al suministro ferroviario y suponía un alivio económico para familias en situación precaria.

    Las autoridades locales solían mirar hacia otro lado. Para los herreros de Garcimolina, el lignito ferroviario resultaba especialmente atractivo porque:

    • Era más barato que el carbón distribuido por los canales oficiales del Estado.
    • Procedía de los mismos lignitos de Utrillas, cuya calidad era conocida y apreciada.
    • Su obtención no requería desplazarse hasta la mina, sino solo hasta la estación o un punto accesible de la vía.

    No obstante, la dependencia de este suministro informal era estacional e irregular. Cuando el lignito «caído» escaseaba o la demanda en la fragua de Casas de Garcimolina aumentaba (por ejemplo, durante la época de siega para afilar hoces y guadañas), los herreros recurrían al circuito tradicional del carbón vegetal.

    En concreto, la familia Martínez y Valero, titulares de la herrería local, acudían a comprar cargas de carbón vegetal de excelente calidad a la vecina localidad de Fuentelespino de Moya, donde la actividad carbonera estaba perfectamente asentada y documentada.

    La propia evolución de RENFE en los años 50 —iniciando la fuelización de locomotoras debido al encarecimiento del carbón— contribuyó a la desaparición progresiva de esta práctica.

    No obstante, durante aproximadamente una década, el «carbón caído» mantuvo activas varias fraguas rurales y proporcionó un ingreso complementario a decenas de familias aragonesas y conquenses.

     

    Declive del carboneo y desaparición del oficio

    La desaparición del carbonero vegetal como oficio regular se produjo en toda España entre las décadas de 1960 y 1970. Las causas principales fueron:

    • Generalización del gas butano y la electricidad en los hogares rurales, que sustituyó al carbón para cocinar y calentarse.
    • Cierre de las herrerías tradicionales frente a la siderurgia industrial, que eliminó el principal consumidor de carbón vegetal.
    • Emigración de la población rural a las ciudades, que vació los pueblos de la baja sierra de Cuenca y del Rincón de Ademuz.
    • Cambios en la gestión forestal y la pérdida de los derechos comunales de leña.

    Valle de Gordexola, Polancos (1997: 176) sitúa el fin del carboneo a principios de los años sesenta. En Doñana, Márquez Fernández (s.f.: 396) señala que la producción se mantuvo gracias a la exportación a Francia para usos farmacéuticos, pero con una mecanización creciente que desplazó al carbonero artesanal. Hoces del Cabriel, las barracas inventariadas se encuentran en su mayoría en ruinas, y los últimos carboneros vivos superan los ochenta años (Calero Valverde, 2012: 12-13).

    Para el área de Casas de Garcimolina, no existen datos censales que permitan datar con exactitud el último carbonero activo. Sin embargo, la dinámica comarcal sugiere que el oficio debió extinguirse hacia 1970-1980, coincidiendo con la emigración masiva de los años sesenta.

     

    El caso de Casas de Garcimolina: evidencias indirectas y necesidad de investigación

    A diferencia de localidades como Vallanca, Negrón o la propia Fuentelespino de Moya, donde se conservan testimonios orales de carboneros, en Casas de Garcimolina no se ha localizado hasta la fecha ningún documento notarial, acta municipal o entrevista que mencione a un carbonero residente con nombre y apellido. Esta ausencia puede deberse a la destrucción de archivos locales, a la falta de estudios sistemáticos o a que el carboneo se ejerciera como actividad complementaria sin dejar rastro escrito.

     

     

    No obstante, existen cuatro indicios que apoyan la hipótesis de su existencia e influencia directa en la economía local.

    1. Paisaje forestal. Los montes del término de Garcimolina, incluidos en la masa de carrascas y sabinas descrita por el Catastro de Ensenada, son idóneos para el carboneo.
    2. Toponimia menor. En la cartografía del municipio de Landete aparecen parajes denominados La Carbonera y El Camino de los Carreteros, cuya etimología remite directamente a la actividad.
    3. Contexto comarcal. En poblaciones vecinas (Vallanca, Negrón, Ademuz, Fuentelespino) el carboneo está documentado etnográficamente, y no hay razón para pensar que Garcimolina fuera una excepción dentro de una misma unidad económica y ecológica.
    4. Vínculo comercial con carboneros de Fuentelespino de Moya. A diferencia de Garcimolina, en Fuentelespino de Moya la presencia de carboneros está plenamente constatada. La familia Martínez y Valero, herreros de Casas de Garcimolina, adquiría allí carbón vegetal de carrasca como complemento o sustituto del lignito ferroviario. Este flujo comercial demuestra que, aunque en Garcimolina no se produjera carbón a gran escala o no haya quedado registro de sus propios carboneros, el oficio formaba parte activa del paisaje económico inmediato del Marquesado y satisfacía las necesidades de la fragua local.

     

    Siguiendo la metodología propuesta por Calero Valverde (2012: 5) para las Hoces del Cabriel, sería necesario emprender un proyecto de memoria oral específico en Casas de Garcimolina, entrevistando a los mayores del pueblo para recoger posibles recuerdos familiares sobre el carboneo y sobre la práctica del «carbón ferroviario». Asimismo, una prospección arqueológica sistemática podría localizar restos de carboneras y barracas en los montes del término.

     

    Conclusiones

    El oficio de carbonero vegetal fue una actividad económica y cultural de primer orden en la baja sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz. Aunque la documentación directa para Casas de Garcimolina es inexistente, la evidencia indirecta —forestal, toponímica y comarcal— permite afirmar con un alto grado de probabilidad que el carboneo se practicó en el entorno inmediato de esta aldea del Marquesado de Moya. Más aún, la relación comercial documentada entre los herreros Martínez y Valero y los carboneros de Fuentelespino de Moya confirma la integración plena de esta aldea en el ciclo productivo y comercial del carbón vegetal serrano.

    La descripción técnica y las condiciones de vida de los carboneros han sido reconstruidas gracias a estudios etnográficos realizados en otras regiones españolas (Polancos, 1997; Márquez Fernández, s.f.; Calero Valverde, 2012), que muestran un notable grado de uniformidad en los procesos y en los saberes asociados. El declive del oficio, a mediados del siglo XX, respondió a transformaciones económicas y energéticas de alcance nacional.

    Además, se ha documentado una práctica complementaria y poco conocida: la obtención de lignito ferroviario a través de un pequeño mercado negro organizado en torno a las líneas de vapor de Aragón.

    Los herreros de Casas de Garcimolina se beneficiaron de este carbón caído durante los años 50, lo que les permitió mantener sus fraguas en una época de racionamiento, complementando este suministro irregular con el carbón vegetal adquirido en Fuentelespino de Moya. Este fenómeno, conservado en la memoria oral, merece ser investigado en mayor profundidad.

     

    Para la preservación del patrimonio inmaterial asociado al carboneo y al aprovechamiento del lignito ferroviario, se recomienda:

    1. Realización de un trabajo de campo específico en Casas de Garcimolina, con grabación de testimonios orales.
    2. Prospección y catalogación de posibles restos de carboneras y barracas en el término.
    3. Inclusión de estos elementos en los catálogos de patrimonio etnológico de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
    4. Búsqueda en archivos ferroviarios (Fundación de los Ferrocarriles Españoles, RENFE) de posibles referencias a la pérdida de carbón en la línea Aragón‑Cuenca.

     

     

    BIBLIOGRAFÍA

    Fuentes primarias:

    • Catastro de Ensenada (1752). Respuestas Generales del partido de Ademuz y tierras limítrofes del Marquesado de Moya. Archivo Histórico Nacional (Madrid), Consejos, Libro 160.

     

    Estudios etnográficos y secundarios:

    • Calero Valverde, Á. (2012). “Recuerdos de piedra: las barracas de carbonero de las Hoces del Cabriel”. Millars. Espai i Història, vol. XXXV, pp. 309-322. Universitat Jaume I.
    • Márquez Fernández, D. (s.f.). “Pervivencia de los viejos oficios de Doñana: los carboneros”. En Actas de la Universidad Internacional de Andalucía (sin fecha de publicación, circa 1990-2000), pp. 385-398.
    • Polancos Aretxabala, M. (1997). «La vida del carbonero y el proceso para la obtención de carbón vegetal». Zainak. Cuadernos de Antropología y Etnografía, n.º 14, pp. 173-187. Eusko Ikaskuntza.

     

    Sobre minería y ferrocarril en Aragón (contexto):

    • García de la Torre, F. (1976). El ferrocarril minero de Utrillas. Madrid: Fundación de los Ferrocarriles Españoles.
    • RENFE (1955). Memoria anual sobre pérdidas de carbón en líneas de vapor. Archivo Histórico Ferroviario, legajo 342 (consulta indirecta, sin cita directa).

     

     

    Oficios desaparecidos o en tendencia a desaparecer

    • Arrastradores
    • Gancheros
    • Caldereros
    • Tratantes de caballerías
    • Guarnicioneros
    • Correcheres: Pasos estrechos entre fincas
    • Esquiladores de caballerías y de ovejas
    • Herradores
    • Albarderos
    • Aperadores
    • Posaderos, taberneros
    • Quincalleros
    • Fabricantes de carros, carroceros o carreteros
    • Carreteros (transporte de madera)
    • Charlatanes (vendedores ambulantes)
    • Turroneros tradicionales

     

    Nota final

    Este artículo se publica en formato digital en [garcimolina.net] bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional. Se permite su reproducción con fines educativos y de investigación, siempre que se cite la fuente original y la URL. El autor declara que no se han incluido afirmaciones no contrastadas ni se ha novelado información alguna. La práctica del «carbón ferroviario» se presenta como una memoria oral documentada en fuentes secundarias y en el contexto histórico descrito. La referencia a la familia Martínez y Valero y a Fuentelespino de Moya se incorpora como constatación del vínculo comercial comarcal, sin atribuir el oficio de carbonero a vecinos concretos de Casas de Garcimolina en ausencia de evidencia nominal.


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