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La caseta de la Umbría
La caseta de la Umbría RAIMUNDO JIMÉNEZ MILLÁN Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría Introducción: El regreso a la umbría que no pudo ser refugio Hacia 1931, Raimundo Jiménez Millán regresó a España tras su primer exilio en Argentina. Después de recorrer los caminos de
Local social, antiguo Horno
Este espacio trata de ser un punto de encuentro de todas las personas interesadas en el desarrollo social, cultural y económico de la localidad.
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El Eco de las Espadas

Introducción y publicación por entregas:
«EL ECO DE LAS ESPADAS»
Asociación de personas mayores Peña el Pardo
Revista Histórica y Cultural
«Entre la piedra y la fe, una fortaleza escribe su destino»
Bien fallados seades, leedores, en aqueste viage que passa por los siglos et torna los sones d’aquella sazon en que la fe, el açero et la cobdicia texieron el fado d’un regno. En los cartapacios que agora se siguen, damos el primer recreo de «El Eco de las Espadas», estoria que se arraiga en la Baxa Edat Media de Castiella, en aquellas terras bravas et de frontera que oy dia son llamadas Castiella-La Mancha.
Bienvenidos, lectores, a un viaje que atraviesa los siglos y resucita los ecos de una época donde la fe, el acero y la ambición tejieron el destino de un reino. En las páginas que siguen, presentamos el primer adelanto de «El Eco de las Espadas», una novela histórica que sumerge sus raíces en la Baja Edad Media castellana, en ese territorio agreste y fronterizo que hoy conocemos como Castilla-La Mancha.

Inicio del camino de la Vera, 1347 ¿Qué secretos guardan las murallas del castillo de Moya?
En un mundo donde las órdenes militares —Santiago y Calatrava— pugnaban por el control de rutas sagradas y tierras baldías, un hombre, Juan González de Roa, «el mozo» (noble de segundo rango, no de alta nobleza, s. XV). Con su presencia en Moya (ficcionada s. XIV), como un encargo real temporal «por orden de Alfonso XI, para control en las zonas rurales de la Mancha y el valle del Tajo, de los mudéjares», como comisionado regio y labores de alcaide. Carga sobre sus hombros el peso de una misión imposible: sostener la unidad de su gente mientras el reino se fractura. Su historia, rigurosamente documentada, pero narrada con la pasión de la ficción, es el hilo que nos guía a través de intrigas palaciegas, batallas espirituales y la silenciosa resistencia de los peregrinos que, bajo la sombra de la Ruta de la Vera Cruz, buscaban redención.
¿Por qué desapareció un pueblo entero?
La lucha entre estos muros, las intrigas, la devoción mariana —encarnada en vírgenes aparecidas como la de Tejeda o Santerón— se entrelaza con leyendas templarias nunca confirmadas, pero imposibles de erradicar. Aquí, los setenarios de siete días (ya modernos), consagraban la fe en ermitas perdidas, mientras los campesinos y ganaderos de la heredad de la casa de labor de Casas de Garcimolina, (hoy apenas un eco en los archivos), labraban su supervivencia entre el olvido y la repoblación.
Una trama coral,1 un misterio histórico
Esta obra, estructurada como un tapiz de voces —caballeros, artesanos, peregrinos como el misterioso Herminio, cuyo mimbre simboliza la fragilidad humana—, alterna, eventos históricos verificables con relatos íntimos que desafían el tiempo. ¿Qué ocurrió realmente entre 1284 y 1292?, ¿Moya fue arrasada y sus emblemas borrados?, o no. ¿Por qué la Orden de Santiago perdió el control frente a Calatrava? Y, sobre todo, ¿quién traicionó a quién?
En esta primera entrega, descubrirán:
- El Castillo de Moya: bastión entre dos mundos, donde el viento aún susurra las plegarias de los caídos.
- La sombra de los Templarios: aunque no hay pruebas de su presencia, su herencia late en rituales y símbolos.
- La emboscada en el nogueral: un joven caballero, Álvaro, enfrentará su primera prueba de sangre en defensa de los peregrinos.
«El Eco de las Espadas» no es solo una novela: es una invitación a caminar por senderos olvidados, donde cada piedra, cada documento rescatado del silencio (como el Censo de Pecheros de Carlos I que menciona por primera vez a Garcimolina), nos habla de un mundo que creíamos perdido.
Queridos lectores, os invitamos a un viaje por los caminos olvidados de la Serranía Baja conquense, donde la historia y la leyenda se entrelazan en cada piedra. «El Eco de las Espadas» no es solo una novela histórica: es una puerta abierta a ese territorio agreste y fronterizo que se extiende entre las despobladas sierras de Moya, los venerados santuarios de Santerón y Algarra, y las humildes aldeas y casas de labores, como Garcimolina, Santo Domingo o Fuentelespino de Moya, resistieron el paso de los siglos.
¿Reconocéis estos parajes?
Quizá os suenen sus nombres, evocadores y misteriosos, como ecos de un pasado que aún late en fuentes escondidas, en ruinas de ermitas y en senderos que serpentean entre sabinares. Esta es la tierra que pisaron los caballeros de Calatrava y Santiago, donde los peregrinos de la Ruta de la Veracruz buscaban refugio, y donde pastores y labriegos tallaron su existencia entre la devoción y la supervivencia.
El Castillo de Moya, erguido sobre su cerro como un centinela de piedra, domina este paisaje áspero y bello. Desde sus almenas se divisan las torres de vigía y los caminos que llevan a Santerón, con su ermita mariana rodeada de leyendas; a Algarra y su castillo, donde las romerías tejían comunidad, y a esos pequeños mundos —Las casas de labor y corrales de García Molina, Santo Domingo, Fuente del Espino—, cuyas fuentes y majadas fueron testigos mudos de historias cotidianas y extraordinarias.
¿Qué secretos guardan estos andurriales?
En «El Eco de las Espadas», cada lugar tiene su voz:-
La casa de García Molina, una simple heredad o casa de labor, perdida en los documentos, que esconde la tenacidad de quienes repoblaron estas tierras.
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Los bosques de nogueras, pinos y sabinas, donde bandidos y peregrinos se cruzaban en noches de luna menguante.
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Las fuentes y lavaderos, puntos de encuentro donde se compartían noticias, temores, anhelos y esperanzas.
Esta es una historia de frontera, donde lo sagrado y lo profano se mezclan: las apariciones de vírgenes en encinares, los setenarios (ya muy modernos para esta historia), en ermitas aisladas, y las luchas entre órdenes militares por controlar no solo tierras, sino almas.
¿Por qué importa hoy esta historia?
¿Por qué estos parajes? —aunque hoy algunos sean apenas un recuerdo— moldearon la identidad de una región. En sus piedras, en sus documentos y en su tradición oral, encontramos las raíces de una resistencia callada: la de quienes, como el señor don Juan González de Roa, el peregrino Herminio o el caballero Álvaro, eligieron la lealtad a sus ideales frente a la conveniencia.En esta primera entrega, descubriréis:
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El Castillo de Moya en su esplendor, cuando sus muros albergaban tanto a señores como a pastores.
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La ermita de Santerón, faro espiritual en un territorio peligroso.
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La granja de Garcimolina, ejemplo de cómo la vida se abría paso, incluso en tiempos de guerra.
«El Eco de las Espadas» es una invitación a recorrer, con rigor histórico y pulso narrativo, esos lugares que, aunque os suenen lejanos, son parte de vuestra memoria. Porque la historia no solo se escribe en grandes ciudades, sino también en estos rincones donde el viento aún susurra nombres como Moya, Santerón, Algarra y Garcimolina …
¿Están preparados para oír el eco?
ACCESO A LOS CAPÍTULOS
Introducción del autor
Prólogo
PRIMERA PARTE FICCIONADA
I: El castillo de Moya
II: La sombra de la rivalidad
III: La conformación del poder
IV: La llegada de los peregrinos
V: La victoria de la fe
SEGUNDA PARTE NOVELADA
1. El inicio del viaje, abril de 1347
2. Herminio, el peregrino del mimbre
3. La huella del caminante
4. La nueva misión de Herminio en Moya
5. Reflexiones del camino
6. Una tradición perdurable
7. Un ciclo de enseñanza y aprendizaje
8. Una nueva era, preceptos del Mimbre y el Mimbrito
9. Nuevas generaciones y su propio camino
10. La obra de Herminio
11. Nuevos horizontes
12. Reflexiones en el umbral
13. El regreso de Herminio
14. Los canastos de la memoria
15. Semillas de esperanza
16. Una marca que perdura
17. Los caballeros de la luz
FIN
EPÍLOGO
Nota del editor:
Esta obra ha sido investigada con fuentes primarias, desde crónicas medievales hasta registros arqueológicos del cerro de Moya. Cada entrega irá acompañada de un anexo con bibliografía histórica para los lectores más exigentes.
Para no ser reiterativos, se han publicado todas las fuentes consultadas de un sola vez, al pie del documento, es la bibliografía total de la novela.
Ilustraciones y grabados que aparecen en la publicación:
Basados en las técnicas pictóricas de Jan Van Eyck (c. 1390-1441):
Maestro flamenco y pionero de la pintura al óleo en el Renacimiento nórdico. Es reconocido como una de las figuras fundacionales de la pintura occidental y máximo representante de la escuela flamenca del siglo XV. Su dominio técnico y conceptual revolucionó el arte europeo, especialmente mediante el perfeccionamiento de la pintura al óleo, lo que le permitió alcanzar cotas de realismo y simbología sin precedentes.
Características estilísticas y aportaciones técnicas
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Hiperrealismo y precisión óptica:
- Van Eyck elevó la técnica al óleo mediante el uso de capas translúcidas (glacis), lo que facilitó la recreación de texturas minuciosas en telas, metales, joyas y superficies naturales.
- Su tratamiento de la luz, con gradaciones sutiles y sombras articuladas, confería volumen tridimensional y profundidad espacial a sus composiciones.
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Simbología compleja y narrativa visual:
- Integró en sus obras un repertorio de elementos simbólicos (espejos, frutas, animales, inscripciones) que operaban como capas de significado adicional, a menudo vinculadas a temas religiosos, morales o sociopolíticos.
- Obras como El matrimonio Arnolfini (1434) son estudiadas por su densa carga alegórica y su capacidad para documentar la cultura material de la época.
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Innovaciones técnicas y firmas autógrafas:
- Perfeccionó la estabilidad y brillo de los pigmentos al óleo, superando las limitaciones del temple al huevo predominante hasta entonces.
- Sus obras frecuentemente incluían inscripciones como «Als ik kan» (“Con lo que puedo”), reflejando una conciencia autoral innovadora para su tiempo.
Legado e influencia
Van Eyck sentó las bases estéticas del Renacimiento nórdico e influyó en artistas como Hans Memling, El Bosco y, posteriormente, en maestros del Barroco. Su obra marca la transición definitiva del Gótico internacional hacia un naturalismo empírico que anticipó desarrollos posteriores en Europa.
Conexión con reconstrucciones históricas y culturales
La estética de Van Eyck resulta singularmente adecuada para recreaciones visuales de escenarios medievales y protomodernos, tales como:
- Escenas de vida cotidiana y poder señorial (ej.: el Castillo de la Moya o figuras como Gonzalo de Roa).
- Entornos rurales y simbología sacra (ej.: peregrinos, cruces, arados y utensilios como cestos y canastos).
- Narrativas históricas ambientadas en espacios como Santerón o el personaje del Zurdo, donde el detalle realista y la carga simbólica enriquecen la comunicación.
Su capacidad para integrar precisión documental con profundidad conceptual permite que las imágenes no solo ilustren, sino que interpreten contextos históricos, reforzando el axioma de que “una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación del patrimonio cultural.
PIE DE PÁGINA
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Narrativa coral:
Se refiere a un enfoque de narración donde la historia se relata por medio de diferentes voces o narradores, en vez de apoyarse en un solo punto de vista. Cada personaje, comúnmente desempeñándose como el personaje principal, proporciona una perspectiva singular de los acontecimientos, lo cual facilita la elaboración de una narración polifónica y enriquecida por la diversidad de experiencias y emociones. Este enfoque fomenta una interpretación más exhaustiva y minuciosa de la historia, dado que los sucesos se presentan desde múltiples puntos de vista, lo cual realza la complejidad y la autenticidad de la narrativa.
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Fungir:
Desempeñar un empleo, cargo o función. “Desempeñar una función, a veces sin tener el nombramiento preceptivo”.
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Setenarios:
Agrupaciones simbólicas de siete elementos en contextos espirituales o teológicos, destacando la relevancia del número siete, como símbolo de plenitud y perfección. Tradición cristiana, mística medieval; estas estructuras organizaban conceptos clave en grupos de siete, mostrando un marco para la reflexión y el crecimiento espiritual.
- Los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
- Las siete virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
- Los siete pecados capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
- Las siete bienaventuranzas: Interpretadas a partir del Sermón del Monte.
- Las siete peticiones del Padrenuestro: Cada una se considera un antídoto espiritual frente a los pecados o debilidades humanas.
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Orden del Temple:
Conocida como los Caballeros Templarios. Fundada en 1119 por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada, su misión original era proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.
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Los pecheros:
Eran individuos pertenecientes al tercer estamento en la España del régimen antiguo, no pertenecientes a la nobleza ni al clero, y estaban obligados a abonar tributos directos a la Corona española. El término viene de “pecho” o “pecha” (tributos medievales). Principalmente, eran agricultores, artesanos y residentes de villas, cuya situación tributaria no se basaba en su riqueza, sino en su obligación de contribuir.
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Alfoz:
Se trataba de un término de la era medieval que se utilizaba para referirse a un territorio rural bajo la jurisdicción de una villa principal, en el que se congregaban diversas aldeas. Poseía responsabilidades fiscales, judiciales y militares, desempeñando un papel crucial durante la Reconquista.
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Señorío de realengo:
Tierras bajo control directo del rey, en contraposición a las tuteladas por nobles o la Iglesia, el monarca podía concederlas por merced o venta.
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Vísperas:
Los miembros de la Orden de Santiago practicaban un rito denominado la Plegaria del Caballero, que se sincroniza con las horas canónicas de la Iglesia. Rezaban en momentos específicos del día. Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. La misa conventual y la liturgia de las horas, pilares esenciales en su vida espiritual.
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Prácticas de armas abiertas
En los castillos de las órdenes militares solían realizarse, en espacios amplios y despejados dentro del recinto fortificado, como el patio de armas. Este era el corazón del castillo, una gran explanada central donde los caballeros entrenaban en combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, lanzas, arcos y tácticas de formación. Además del patio de armas, algunos castillos contaban con terrazas exteriores o explanadas cercanas que también se usaban para ejercicios ecuestres y simulacros de batalla. Estos entrenamientos eran esenciales para mantener la disciplina y la preparación militar de los caballeros, guerreros altamente entrenados.
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Pertenencia a un grupo:
Es cuando un individuo se siente parte de un conjunto de personas que comparten algo en común: afición, cultura, ideología, actividad o una edad…
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Bordón:
Cayado largo de madera que sirve de apoyo durante el camino y tiene un significado simbólico en la peregrinación. Su uso se remonta a la Edad Media y suele estar coronado por un puño del que cuelga una calabaza.
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Limosnera:
Típica de la época, era un recipiente sencillo, a menudo de tela o cuero, que servía para llevar la limosna que se recogía de donantes.
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Ucronías:
Relatos que imaginan cómo habría sido la historia si un hecho del pasado hubiera ocurrido de forma diferente. Es decir, son reconstrucciones ficticias de la historia basadas en un punto de divergencia.
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La Carola:
Danza medieval en círculo, acompañada por el canto de los propios bailarines. Aunque no se han conservado partituras específicas, los instrumentos que solían acompañar este tipo de danzas incluían:
- Tamboriles: Marcaban el ritmo con golpes constantes.
- Flautas dulces: Añadían melodías suaves y fluidas.
- Cornamusa: Un instrumento de viento similar a la gaita, con un sonido potente.
- Chirimía: Antecesora del oboe, con un timbre agudo y expresivo.
- Laúd: Instrumento de cuerda pulsada que aportaba armonía.
- Castañuelas: Utilizadas para marcar el ritmo con percusión manual.
CRONOLOGÍA DE LAS ÓRDENES MILITARES
Orden de Santiago (1210 – 1300)
- Justificación: Tras la conquista de Moya por Alfonso VIII de Castilla en 1210, la villa y su castillo fueron entregados a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación de la frontera con al-Ándalus. Es el dominio más largo y estable.
- Evidencia: Documentos reales de donación y confirmaciones posteriores de la posesión Santiaguista.
Orden de Montesa (1300 – 1304)
- Justificación: Mediante una bula papal (Sane Considerante) del Papa Bonifacio VIII (11 de julio de 1297), se autorizó al rey Jaime II de Aragón a crear la Orden de Montesa y asignarle los bienes de la disuelta Orden del Temple en la Corona de Aragón. Sin embargo, Jaime II formalizó la cesión de Moya (que era castellana, no aragonesa) a Montesa en 1300, buscando fortalecer esta nueva orden en la frontera.
- Fecha exacta de finalización:
- Justificación: La cesión de Moya (territorio castellano) a una orden aragonesa (Montesa), generó un conflicto diplomático entre Castilla y Aragón. Mediante el Tratado de Torrellas (8 de agosto de 1304), que fijaba las fronteras entre ambos reinos, Jaime II de Aragón acordó devolver Moya a Castilla.
- Evidencia: Bula papal de 1297, documentos reales aragoneses de cesión a Montesa (1300) y texto de la sentencia arbitral del Tratado de Torrellas (1304).
Fin del dominio directo de las órdenes militares (1304 en adelante).
- Justificación: Cumpliendo el Tratado de Torrellas, la Orden de Montesa, dejó Moya, que volvió a la Corona de Castilla bajo el rey Fernando IV.
- A partir de entonces, Moya fue gobernada por señores laicos nombrados por el rey (Señorío de Realengo 7), aunque mantuvo vínculos históricos con Santiago y tuvo Comendadores santiaguistas en su territorio. Nunca más volvió a estar bajo el dominio directo de una orden militar como villa propia.
- Evidencia: Aplicación del Tratado de Torrellas y aparición de tenentes.
Conflictos que marcaron la región
- Guerra Civil Castellana (1366–1369): Moya fue escenario de enfrentamientos entre los bandos de Pedro I «el Cruel» (apoyado por Inglaterra) y su hermanastro don Enrique de Trastámara (respaldado por Aragón y Francia). La guerra dejó la zona devastada y sembró el caos institucional. Las órdenes Militares, tanto la Orden de Santiago como la de Calatrava, intentaron hacerse con el control de Moya, aprovechando su valor defensivo y su ubicación clave en las rutas entre Castilla y Aragón.
- Consecuencias para la población, el auge del bandolerismo. Tras conflictos como la Guerra de los Dos Pedros (1356–1369), muchos soldados y mercenarios quedaron sin paga ni señorío. En la Baja Sierra esto se tradujo en: Grupos armados itinerantes, no eran ejércitos regulares, sino bandas de excombatientes desmovilizados, mercenarios sin contrato.
BIBLIOGRAFÍA
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Ed. Luis Charlo Brea (1999). Relatos contemporáneos sobre Alfonso VIII y Enrique I.
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Martínez Díez, Gonzalo
Los templarios en los reinos de la Península Ibérica. Ed. Cátedra. (1993).
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Ermitas y espiritualidad mariana en el Alto Turia.
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Contienen referencias a los orígenes legendarios y primeros cultos.
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La Serranía Conquense en la Edad Media. Poblamiento y estructura social (AACHE Ed., 2009). Asentamientos como Casas de Garcimolina.
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Primera mención documental de «La Casa de García Molina». Censo de pecheros de Carlos I, 1528.
Tomo I, pág.: 133 https://ine.es/prodyser/pubweb/censo_pecheros/tomo1.pdf
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Archivo municipal de Moya, 1380-1400, Pedro López de Ayala
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Real Academia de la Historia
https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/registro.do?id=12781
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Recursos digitales
- https://gw.geneanet.org/foullon?lang=es&n=de+roa&p=juan+gonzalez+de+roa
- https://palomatorrijos.blogspot.com/2020/04/juan-gonzalez-de-rosa-senor-de-moya-y-de.html
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Documentos de órdenes militares
Archivo Histórico Nacional (Madrid). Sección órdenes Militares (Santiago, Calatrava).
- Pergaminos y cartularios: encomiendas en Cuenca y Moya (siglos XII-XIV).
- Consultas sobre posesiones en la zona oriental de Cuenca. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=50989
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Barraca del tío Román: La necesidad y la piedra seca


(Barraca del tío Román) Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina.
Autoría: Ángel Martínez, Asociación de vecinos Peña el Pardo
Afiliación: Asociación Cultural / Proyecto de Patrimonio y Recuperación de la Memoria Histórica
Fecha de publicación: 7 de junio de 2026
Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Resumen
El presente artículo documenta la construcción, tipología y desaparición de un refugio de montaña edificado a finales del siglo XIX, a una altitud aproximada de mil doscientos metros, en la Baja Sierra de Cuenca. Fue levantado por el «Tío Román» —Román Valero Junquero—, natural de Fuentelespino de Moya y afincado en Casas de Garcimolina, donde ejercía el oficio de herrero.
Esta barraca de piedra seca, denominada localmente chozo o barraca de losas, constituye un testimonio excepcional de la arquitectura vernácula pastoril: pequeños refugios de piedra seca situados en caminos, veredas y zonas de tránsito, utilizados por caminantes, arrieros, trajineros y jornaleros.
A pesar de su valor como patrimonio etnológico, la construcción ha sido expoliada hasta los cimientos en un proceso de reaprovechamiento de materiales. Mediante esta síntesis técnica y la recuperación de la memoria oral, se pretende fijar su existencia y sus características constructivas antes de que caigan en el olvido total, reivindicando su valor como herencia de las rutas trashumantes del Sistema Ibérico y de toda la población que, en su trasiego diario, conectaba unos pueblos con otros.
Introducción: Memoria desmontada piedra a piedra
Existen construcciones que no figuran en los catálogos monumentales ni en las guías de arquitectura, pero que condensan siglos de inteligencia colectiva. Son arquitecturas nacidas de la necesidad, donde el único manual de construcción fue la tradición oral y la disponibilidad inmediata de la materia prima. El refugio que nos ocupa, localizado en el término de Casas de Garcimolina (Cuenca), era un ejemplar paradigmático de esta sabiduría.
Barraca edificada en el siglo XIX por el Tío Román, un herrero cuyo oficio le confería una singular comprensión de la solidez estructural; la barraca sirvió de abrigo a pastores en una cota de mil doscientos metros. Hoy, esa edificación ya no existe. La construcción original ha sido desmantelada hasta los cimientos, víctima del expolio silencioso que practican quienes ven en estas ruinas un banco de materiales gratuitos. Este artículo nace como un acto de resistencia académica frente al olvido: documentar lo que fue para demostrar que, aunque la materia desaparezca, la memoria técnica merece ser preservada.
Contexto geográfico e histórico: Un enclave inhóspito en la ruta de Landete
La barraca en la red de caminos históricos del antiguo Marquesado de Moya. Más allá de su valor como construcción de piedra seca, la barraca del Tío Román formaba parte de un entramado viario mucho más amplio, heredado de siglos de trashumancia, comercio y movilidad campesina. Su ubicación no fue casual, sino que respondía a la confluencia de tres ejes de comunicación tradicionales que articulaban la Baja Serranía de Cuenca antes de la construcción de las carreteras asfaltadas en la segunda mitad del siglo XX.
El camino del Lavadero de Garcimolina
Este vial, hoy parcialmente conservado como pista forestal, nacía en el núcleo urbano de Casas de Garcimolina, junto al antiguo lavadero comunal —punto de encuentro y abastecimiento de agua para vecinos y rebaños—. Desde allí, ascendía suavemente siguiendo el curso del barranco que desciende del Portillo de Moya, bordeando pequeñas huertas de regadío y zonas de pasto. Era una ruta utilizada a diario por las mujeres que iban a lavar la ropa, por los agricultores que se dirigían a sus huertos y a las parcelas o rochos. Los que iban a Santo Domingo o Landete, y a la derecha hacia Fuentelespino, por los pastores que accedían siguiendo el camino hacia la vereda del Barranco del Lobo (Vereda de las Monjas), que conducían el ganado a los abrevaderos y hacia el Levante.
La barraca se hallaba a medio camino de Landete, a la derecha, a unos escasos dos mil metros del portillo ancho, dentro del término de Garcimolina, justo antes de entrar en tierras de Santo Domingo de Moya. En un rellano protegido del viento del norte, servía como punto de descanso y resguardo ante las tormentas repentinas, frecuentes en estas altitudes.
El Portillo de Moya: puerta natural entre valles
El Portillo de Moya es un collado que actúa como divisoria de aguas y límite histórico entre los términos de Garcimolina, Fuentelespino de Moya y Landete. Su nombre evoca su función de «puerta» hacia la antigua villa de Moya, cabecera del marquesado.
Por este paso obligado transitaban:
- Rebaños trashumantes que se dirigían a la Vereda del camino del Cubillo o de las Monjas (también conocida en este tramo como Vereda del Barranco del Lobo), una vía pecuaria de unos veinte metros de anchura que conectaba los pastos de la Sierra de Albarracín con las dehesas de la Manchuela.
- Arrieros y carreteros que transportaban madera de pino y roble desde los montes de Moya y Landete hacia los aserraderos y mercados de Utiel y Valencia.
- Viajeros y trajineros que se desplazaban a pie o en caballerías entre los pueblos de la comarca.
La barraca se encontraba aproximadamente a dos kilómetros y medio, después de coronar el Portillo Ancho, en dirección a Moya y antes de llegar a los corrales del Gabacho, dentro del término de Garcimolina, en el lado que desciende suavemente hacia Landete. Esta posición la convertía en el único cobijo o albergue, en varios kilómetros a la redonda, en un terreno desarbolado y azotado por los cierzos.
El camino antiguo de Landete: eje comercial y social
Antes de la construcción de la carretera CU-V-5003 (décadas de 1960-1970), la comunicación entre Garcimolina y Landete se realizaba a través de un camino de herradura, primero, y más tarde carretero, que seguía el trazado descrito. Este camino formaba parte de una ruta más larga que unía la Serranía Baja con la Plana de Utiel, centro neurálgico de comercio y servicios. Por él subían y bajaban.
- Carros de varas y de pértigo cargados de leña, carbón vegetal, sacos de cereal y, a la vuelta, productos coloniales, bacalao, aceite y herramientas adquiridas en Utiel.
- Pastores trashumantes que en otoño bajaban sus rebaños hacia las tierras cálidas del levante, y en primavera los devuelven a las sierras.
- Herreros, lañadores, cesteros y quincalleros ambulantes, que recorrían los pueblos ofreciendo sus servicios.
La barraca del Tío Román, construida por un herrero, se alzaba en un tramo del camino donde las pendientes se suavizan, permitiendo hacer un alto. La tradición oral recuerda que allí se podía encender un pequeño fuego, herrar una caballería de urgencia o simplemente refugiarse del granizo o la nevasca. Era, en esencia, una arquitectura de la hospitalidad forzada en un entorno hostil.

Una encrucijada de caminos
La importancia estratégica del lugar se comprende mejor si se superponen las siguientes rutas:
- Camino de carros: Ruta Garcimolina – Landete – Utiel. Era el eje principal del transporte de mercancías. La barraca era parada intermedia, antes de llegar a las teñadas de los gabachos, ya dentro del término de Santo Domingo de Moya.
- Camino local: Del Lavadero al Portillo Ancho. Uso diario para labores agrícolas y domésticas. Refugio cercano al núcleo.
- Senda de herradura: Derivación hacia Fuentelespino de Moya. Se desviaba en la vuelta del Barranco. La barraca quedaba ubicada a la izquierda, en el camino de Landete, y servía como hito antes del cambio de término municipal.
- Vía pecuaria principal: Vereda de las Monjas. Discurre paralela al camino de Landete, por debajo de este, a unos tres kilómetros de distancia, hacia el sur. La barraca servía de abrigo auxiliar a los transeúntes y arrieros. Para los pastores de la vereda, quedaba un poco desplazada hacia el norte, estando mejor ubicadas las barracas del Tío Bernardino y la del Tío Bruno (o Ruperta, su hija).
La barraca del Tío Román
No fue un refugio aislado, sino una pieza más de un sistema de arquitectura vernácula dispersa que incluía chozos, neveras, abrevaderos y majadas. Todos ellos estaban conectados por una red de caminos que hoy, en gran parte, han sido borrados o transformados en pistas forestales. Su expolio supone no solo la pérdida de un edificio singular, sino de un testimonio físico de cómo se organizaba el territorio, se gestionaban los recursos y se viajaba por estas tierras de frontera entre Cuenca, Teruel y Valencia. Documentar su existencia y su ubicación precisa —en el cruce del camino del Lavadero, el Portillo de Moya y la ruta antigua a Landete— es contribuir a fijar la memoria de un paisaje cultural que merece ser reconocido y protegido.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Otras barracas en las inmediaciones
Además de la Barraca del tío Román, en los alrededores se localizan otras dos construcciones tradicionales de similar tipología:
- Barracas del Tío Bernardino, sitas en el paraje de la Matorrosilla, en el término de Garcimolina. Se encuentran a unos cuatrocientos metros por debajo de la vereda del Barranco del Lobo, justo en el punto en que se accede a dicha vereda desde la frontera del término de Algarra, y a cuatrocientos metros por encima de las ramblas del arroyo de las Olmedillas.
- Barraca del tío Bruno (también conocida como de la tía Ruperta), emplazada en el pago de los Monteros, en la zona de la Teñailla Blanca, muy cerca de las nogueras de la tía Cecilia. Se sitúa aproximadamente a 500 metros por encima del cauce del Barranco del Lobo.

Tres barracas: Tío Román, Tío Bruno y Tío Bernardino

Detalles de la Barraca del tío Bruno o de la tía Ruperta
(Imágenes cedidas por Daniel Argudo)
Exterior de la barraca: acceso, dintel y esquinales
El exterior de la barraca de piedra seca de Casas de Garcimolina ofrece una lectura clara de los principios constructivos que caracterizan a la arquitectura pastoril tradicional de la Serranía Baja. La estructura, levantada íntegramente mediante técnicas de mampostería en seco, evidencia una combinación de funcionalidad, economía de medios y adaptación precisa al entorno geológico inmediato.
El acceso principal constituye el elemento más elaborado del conjunto. Las jambas están formadas por piedras de gran tamaño, seleccionadas por su estabilidad y por la capacidad de ofrecer un plano vertical relativamente regular. Estas piezas, dispuestas a hueso, actúan como soporte lateral del vano y como puntos de transmisión de cargas hacia el terreno. Su colocación revela un conocimiento empírico de la resistencia de la caliza local y de la necesidad de evitar movimientos diferenciales en la zona más vulnerable de la estructura.
El dintel, pieza clave del sistema, se resuelve mediante una losa monolítica de gran longitud, cuidadosamente encajada entre los muros laterales. Su función no es únicamente cerrar el vano superior, sino también redistribuir el peso de las hiladas superiores hacia los esquinales, evitando concentraciones de carga que pudieran comprometer la estabilidad del acceso. La elección de una losa única —en lugar de varias piezas menores— responde a la lógica de minimizar juntas y, con ello, posibles puntos de fractura.
Los esquinales muestran un tratamiento especialmente cuidadoso. Se emplean bloques de mayor tamaño y mejor escuadría, capaces de asegurar la verticalidad y la trabazón de los muros. Estas piezas actúan como auténticos anclajes estructurales, estabilizando el perímetro y permitiendo que las hiladas superiores avancen con regularidad hacia el cierre por aproximación. La presencia de estas piedras angulares, más trabajadas y seleccionadas, es un rasgo común en las construcciones de piedra seca de la zona, donde la durabilidad depende en gran medida de la calidad de los encuentros.
Un aspecto notable del exterior
La diferencia cromática entre las piedras. Las zonas altas y expuestas presentan tonos más claros, resultado de décadas de insolación directa, deshidratación progresiva y mínima retención de humedad. Por el contrario, las piedras próximas al suelo conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrecen la vegetación circundante y el propio volumen del muro. Esta variación cromática constituye un indicador fiable del envejecimiento natural de la caliza y de la estabilidad prolongada de la estructura, que ha permanecido sin alteraciones significativas durante aproximadamente siglo y medio.
En conjunto, el exterior de la barraca revela una solución constructiva coherente y altamente eficiente, donde cada elemento —jambas, dintel, esquinales y aparejo general— responde a una lógica funcional precisa. Su lectura permite comprender no solo la técnica, sino también la cultura material de un territorio donde la piedra seca ha sido, durante generaciones, una herramienta esencial para la supervivencia y el trabajo pastoril.
Imagen del interior de la barraca
La imagen del interior de la barraca de piedra seca documentada en Casas de Garcimolina constituye un testimonio excepcional de las técnicas vernáculas de refugio pastoril en la Serranía Baja de Cuenca. El espacio muestra con claridad la lógica constructiva propia de la arquitectura de la necesidad, basada en la disponibilidad inmediata de materiales locales y en la optimización de recursos mediante soluciones empíricas transmitidas por tradición.
En primer término se aprecia el solado de lajas irregulares, dispuesto directamente sobre el terreno natural. La ausencia de nivelación artificial o de capas preparatorias confirma el carácter funcional de la estructura, destinada a un uso estacional y no residencial. Sobre este plano se levantan los muros perimetrales, construidos sin cimientos excavados: las primeras hiladas se apoyan directamente sobre el suelo, siguiendo la práctica habitual en la piedra seca serrana, donde la estabilidad se logra por el peso, la trabazón y la geometría más que por la cimentación.
El cerramiento superior constituye el elemento técnico más significativo. La imagen permite observar con nitidez el sistema de aproximación de hiladas mediante grandes losas, que avanzan progresivamente hacia el interior hasta cerrar el vano superior. Este procedimiento —propio de las falsas cúpulas mediterráneas— culmina en una losa central de cierre, pieza «clave» que redistribuye las cargas y sella el espacio interior. La regularidad del avance, el tamaño de las piezas y la ausencia de mortero evidencian un conocimiento práctico muy depurado de la mecánica de la piedra.
Diferenciación climatológica
Un aspecto de gran interés patrimonial es la diferencia cromática entre las losas superiores y las piedras de las zonas bajas. Las partes elevadas, más expuestas a la radiación solar directa y a la circulación del aire, presentan un tono más claro y deshidratado, resultado de aproximadamente siglo y medio de insolación continua y mínima retención de humedad. Por el contrario, las zonas inferiores conservan una coloración más oscura y homogénea, asociada a una mayor humedad ambiental y a la protección que ofrece el propio volumen de la estructura. Esta variación cromática no solo aporta información sobre la meteorización diferencial de la caliza local, sino que también permite inferir la estabilidad prolongada de la barraca y la ausencia de intervenciones recientes.
En conjunto, la imagen documenta un ejemplo notable de refugio pastoril de piedra seca, donde convergen la economía de medios, la adaptación al medio serrano y la pervivencia de técnicas constructivas ancestrales. Su lectura estratigráfica —solado, muros sin cimiento, aproximación de losas y cierre final— ofrece una secuencia completa del proceso constructivo y refuerza el valor patrimonial de estas arquitecturas humildes, hoy amenazadas por el abandono y la erosión.
Descripción técnica: La ciencia de la piedra seca
Este apartado desglosa la técnica constructiva del refugio, basada exclusivamente en la gravedad, y el apoyo mutuo, sin empleo de cal, cemento ni argamasa alguna. Se emplea aquí la nomenclatura tradicional de la zona.
La base o cimentación natural
La construcción renunciaba a cualquier excavación profunda. La estabilidad partía del propio terreno.
- Cimiento natural: Se preparaba una superficie mediante limpieza y apisonado en busca de suelo firme.
- Zócalo: disponía de una primera hilada de losas de gran tamaño y peso. Estas piedras maestras perimetrales se colocaban «a hueso», buscando caras planas que repartieran las cargas y sellaran la base contra la humedad.
Alzado de muros en falsa bóveda
El cuerpo del refugio se levantaba mediante la técnica de aproximación de hiladas (falsa cúpula). Los elementos clave eran:
- Hiladas o tongadas: Anillos concéntricos de losa ancha donde cada fila se inclinaba ligeramente hacia el interior, sobresaliendo unos centímetros respecto a la inferior.
- Losa maestra y contra piedra: En los tramos críticos se utilizaban piezas de gran formato trabadas con calzos (contrapiedras) colocados en la parte trasera para evitar el vuelco.
- Relleno seco: Pequeñas lascas de piedra que ajustaban los huecos y transmitían los empujes.
El ojo y el cierre
La reducción progresiva del diámetro interior generaba un vano circular superior denominado ojo. Esta abertura se iba cerrando hasta alcanzar un diámetro de cierre mínimo. En ese punto se colocaba la última pieza, «la clave o losa de coronación», cuyo peso ejercía un empuje descendente que compactaba y sellaba la estructura.

Acabado exterior e interior
- Exterior: El refugio presentaba un aparejo ciclópeo con un ligero talud exterior que mejoraba la estabilidad y facilitaba la evacuación del agua de lluvia. Un pequeño vuelo de losas en la cúspide, la cornisa seca, protegía el muro de la escorrentía.
- Interior: Un espacio reducido, fresco en verano y templado en invierno. A pesar de la desnudez actual, la tradición oral sugiere que contaba con un bancal interior de piedra para el descanso y una peana a modo de repisa para el candil, todo sobre una solera de losas planas.
El expolio. Reaprovechamiento y reciclaje en la segunda mitad del siglo XX
La desaparición total de la barraca no fue obra de un derrumbe accidental ni de la erosión natural. La estructura fue espoliada hasta el nivel de cimentación natural. Este fenómeno, irónicamente practicado por los «amigos de lo ajeno» en busca de piedra para otras construcciones, supone una forma de reciclaje descontextualizado que arranca las páginas del paisaje.
En la mentalidad del reaprovechamiento contemporáneo, una barraca aislada en el monte se ve como una cantera de piedra vista y seca, lista para decorar jardines o muros contemporáneos. Se ignora que el valor de esa piedra no residía en su materialidad bruta, sino en su posición exacta dentro de la falsa cúpula, en su historia, como parte de un cobijo que salvó vidas durante las tormentas serranas. El expolio borra no solo la arquitectura, sino la prueba física del hábitat pastoril, las rutas trashumantes y la relación ancestral entre el oficio de herrero y la piedra.

Arquitectura de la necesidad y la piedra seca
Conclusiones
La documentación de este refugio inexistente se convierte en una paradoja necesaria. Ya no podemos conservar la materia, pero sí podemos fijar su memoria técnica y humana. La barraca del Tío Román ejemplifica el estado de vulnerabilidad del patrimonio vernáculo disperso en la Baja Sierra de Cuenca. Su recuperación en el plano documental permite comprender mejor la arquitectura nacida de la necesidad, basada en la geometría, la gravedad y la piedra caliza local.
Es urgente generar inventarios y proteger legalmente estos hitos del paisaje antropizado antes de que los «amigos de lo ajeno» los reduzcan a meros montones de escombros reciclados. Porque cuando una construcción de piedra seca desaparece sin ser documentada, no solo perdemos un refugio: perdemos la voz de los pastores, el ingenio del herrero y el latido de la montaña.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.
BIBLIOGRAFÍA
Técnica constructiva y piedra seca
- García Grinda, J. L. (2008). Arquitectura popular de piedra seca: técnicas, paisajes y patrimonio. León: Editorial de los Oficios.
(Obra de referencia sobre los principios estáticos de la falsa cúpula y el aparejo ciclópeo en el ámbito ibérico). - Bassegoda Nonell, J. (1990). La bóveda catalana: historia y construcción. Barcelona: Edicions UPC.
(Aunque centrada en la bóveda tabicada, aporta fundamentos sobre el comportamiento de las estructuras abovedadas sin cimbra, extrapolables a la falsa cúpula). - Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura. (s.f.). La piedra seca. Un paisaje km 0. Patrimoni Cultural.
https://patrimoni.gencat.cat/es/historias/la-piedra-seca-un-paisaje-km-0
(Recurso divulgativo que explica el valor universal de la piedra seca, su técnica y su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO).
Arquitectura vernácula y cobijos pastoriles
- Flores López, C. (1986). Arquitectura popular española (Vol. 3). Madrid: Aguilar.
(Compendio ilustrado de tipologías de refugios rurales, chozos y barracas de pastores en la Península). - Ponga Mayo, J. C., & Rodríguez Pascual, M. (2000). Arquitectura popular: las construcciones auxiliares en Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León.
(Incluye una clasificación de chozos de piedra seca y su implantación en las vías pecuarias).
Trashumancia, caminos históricos y territorio
- Martín Casas, J. (2002). Vías pecuarias y trashumancia en la Serranía de Cuenca. Cuenca: Diputación Provincial de Cuenca.
(Cartografía y descripción de cañadas y caminos de carro, incluyendo la ruta hacia Landete y el área de Garcimolina). - García Martín, P. (1990). La trashumancia en la España moderna. Madrid: Siglo XXI.
(Estudio de la vida pastoril, las infraestructuras de apoyo y la organización social de arrieros y trajineros).
Memoria oral, patrimonio inmaterial y expolio
- Benito del Pozo, P. (2014). Patrimonio y paisaje: la arquitectura popular ante el expolio. Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 12(3), 553-566.
(Analiza el saqueo de materiales en construcciones vernáculas como desarraigo cultural y pérdida de identidad). - Carrera Díaz, G. (2015). El valor de la memoria oral en la documentación del patrimonio etnológico. Revista PH, 87, 48-61.
(Metodología para registrar testimonios orales en procesos de pérdida de bienes culturales).
Historia local y en torno de Garcimolina
- Filiación personal de Román Valero Junquero (abril de 1939). Procedimiento sumarísimo de urgencia, n.º 32860: En el documento figura con 62 años, casado, natural de Fuentelespino (Cuenca), vecino de Casas de Garcimolina, con instrucción —sabe leer y escribir— y oficio declarado de labrador. No obstante, en el procedimiento sumarísimo consta también como herrero, de hecho, el herrero del pueblo, confirmando así la memoria oral que lo recuerda como el «Tío Román, el herrero de Garcimolina». Ambos oficios, lejos de excluirse, reflejan la proactividad característica del medio rural de la época).
- López de los Mozos, J. R. (2008). Caminos viejos y veredas de la baja serranía conquense. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Cuenca, n.º 33 (segunda época), pp. 79‑104. (Descripción del itinerario: lavadero de Garcimolina – Portillo de Moya – Landete y sus vestigios arquitectónicos).
¿Cómo citar este artículo?
Martínez, Á. (2026). Arquitectura de la necesidad y la piedra seca: Documentación de un refugio pastoril expoliado en Casas de Garcimolina (Cuenca). Asociación de Vecinos Peña el Pardo. https://garcimolina.net
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La literatura como memoria viva

La literatura como memoria viva
Autores y obras de la Baja Sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz
Resumen
Este artículo ofrece un recorrido cronológico por la producción literaria vinculada a la Baja Sierra de Cuenca y al Rincón de Ademuz. Desde las primeras crónicas sociales de mediados del siglo XX hasta las voces más recientes de la ficción, la etnografía, la película de suspense y la novela histórica.
Se examinan obras que, desde distintos géneros, han contribuido a preservar el paisaje humano, las tradiciones y los episodios más oscuros de la posguerra. —Incluida la resistencia guerrillera y la represión franquista—, así como los orígenes medievales de estos asentamientos.
Se presta especial atención a los relatos sobre el campamento de Morrogorrino y a su reflejo en la narrativa memorialista, así como a la recuperación de la memoria fundacional a través de la novela histórica. El artículo se complementa con un anexo bibliográfico exhaustivo del Marquesado de Moya, elaborado a partir del fondo documental del cronista oficial Mariano López Marín. Por último, se reflexiona sobre el papel de la literatura como herramienta de resistencia cultural frente al olvido y la despoblación. A partir de fuentes primarias y de la bibliografía histórica más rigurosa.
Palabras clave
Literatura rural, memoria histórica, Baja Sierra de Cuenca, Rincón de Ademuz, guerrilla antifranquista, maquis, novela histórica, despoblación, Marquesado de Moya, fuentes primarias.

Introducción
La Baja Sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz constituyen un espacio de transición geográfica y cultural entre Castilla-La Mancha, Aragón y la Comunidad Valenciana. Su aislamiento histórico, su orografía abrupta y la dureza de una posguerra que castigó especialmente a los vencidos han moldeado unas formas de vida singulares. Durante décadas, este territorio permaneció al margen de los grandes relatos literarios nacionales, silenciado tanto por el franquismo como, posteriormente, por una transición que evitó mirar atrás.
Sin embargo, desde mediados del siglo XX, un conjunto diverso de autores —cronistas sociales, etnógrafos, viajeros, novelistas e historiadores— ha encontrado en esta comarca un escenario privilegiado para explorar la memoria rural, la despoblación, la resistencia armada y las heridas de la Guerra Civil. A estas voces se suma también la recreación de los orígenes medievales del territorio, una forma de memoria profunda que ancla la identidad local en el tiempo largo de la historia.
El presente artículo ordena cronológicamente esas voces, desde las más tempranas hasta las más recientes, atendiendo exclusivamente a fuentes primarias: obras originales, testimonios orales de supervivientes y documentación de archivo. Se presta especial atención a la conexión entre literatura e historia real, ejemplificada en el campamento guerrillero de Morrogorrino y en su reflejo en novelas como Maquis y Algarra, así como al rescate de la memoria medieval en El eco de las espadas.
Por último, se extrae una lección sobre el valor de la literatura como depositaria de identidad y como acto de justicia narrativa. El trabajo se complementa con un anexo bibliográfico que recoge, de manera sistemática, el fondo documental del Marquesado de Moya compilado por el cronista oficial Mariano López Marín, lo que permite ofrecer una visión integral del patrimonio escrito de la comarca.
Francisco Candel: el cronista social de la posguerra (1960)
Francisco Candel Tortajada (Casas Altas, 1925 – Barcelona, 2007) es el vínculo más directo entre la literatura y el territorio del Rincón de Ademuz. Nacido en Casas Altas y emigrado a Barcelona durante su infancia, Candel mantuvo siempre una profunda conexión con su tierra natal. Su obra Viaje al Rincón de Ademuz (1960) constituye un testimonio sociológico y humano de primer orden. Desde su posición de cronista social —forjada en obras como «Els altres catalans»—
Candel retrata con mirada aguda y compasiva la dureza y la dignidad de la vida rural en la posguerra española. No idealiza el territorio; lo muestra en su realidad más cruda: la despoblación, las condiciones de vida precarias, la emigración como única salida. Al mismo tiempo, captura la belleza de los paisajes y la nobleza de sus gentes. Para los lectores actuales, su obra funciona como una cápsula del tiempo que permite asomarse a un mundo ya desaparecido, pero cuyas huellas perviven en la memoria colectiva.
José Luis Sampedro: Los gancheros del Alto Tajo (1961)
Aunque «El río que nos lleva (1961)» transcurre en la provincia de Guadalajara, su universo narrativo —protagonizado por gancheros que conducen la madera río abajo— conecta culturalmente con el Marquesado de Moya y, por extensión, con la Baja Sierra de Cuenca. Sampedro construye un microcosmos humano que refleja las tensiones y solidaridades de la España rural de la posguerra. La novela es un testimonio etnográfico de primer orden sobre el oficio de ganchero, hoy prácticamente desaparecido. La descripción del paisaje del Alto Tajo bien podría aplicarse a las hoces y barrancos de la Serranía conquense. Esta obra establece un puente literario con las investigaciones etnográficas que décadas más tarde realizaría Mariano López Marín sobre los mismos oficios tradicionales en el Marquesado de Moya.
Julio Llamazares: «La memoria del paisaje (1988-2025)»
Aunque la obra de Julio Llamazares no aborda específicamente el Rincón de Ademuz ni la Baja Sierra de Cuenca, su universo literario resuena con fuerza en estos territorios por su exploración constante de la memoria rural, la despoblación y el olvido. Dada la voluntad de centrarnos en autores directamente vinculados a la comarca, tratamos a Llamazares, de forma sintética, como referencia temática.
En «El río del olvido (1990)», el autor remonta el curso del río Curueño en la montaña leonesa y reflexiona: «El paisaje es memoria. Más allá de sus límites, el paisaje sostiene las huellas del pasado». Esta concepción del paisaje como depósito de memoria resulta especialmente pertinente para comprender comarcas como la nuestra, donde cada piedra, cada sendero y cada construcción en ruinas encierra historias de generaciones pasadas.
Su novela «La lluvia amarilla (1988)» narra en primera persona los últimos pensamientos del último habitante de un pueblo abandonado de los Pirineos, convirtiéndose en un símbolo literario universal de la despoblación rural. Y en «El viaje de mi padre (2025)» reconstruye el periplo de su progenitor durante la Guerra Civil, desde León hasta Teruel y Castellón, territorios que comparten con la Baja Sierra la condición de espacios rurales marcados por la guerra y el olvido. Aunque Llamazares no es un autor local, sus claves interpretativas —aislamiento, pérdida, memoria— iluminan la realidad de estos pueblos serranos.

La guerrilla antifranquista en la literatura: del campamento de Morrogorrino a «Maquis (1997)» y «Algarra (2023)».
Para comprender las dos novelas fundamentales ambientadas en nuestra comarca, es necesario conocer primero los hechos históricos que las inspiran. La historia de los guerrilleros antifranquistas en España fue durante décadas una «memoria clandestina». Como señala el historiador Secundino Serrano, «los maquis se convirtieron en los seres invisibles de la historia española» ¹. Entre 1939 y 1952, unos 7.000 hombres y mujeres —a los que hay que sumar más de 20.000 enlaces detenidos— protagonizaron la única oposición armada organizada contra la dictadura ². La zona de la Serranía de Cuenca, el Rincón de Ademuz y el Maestrazgo turolense fue uno de los escenarios centrales de la Agrupación Guerrillera de Levante (AGL), creada en 1946 y posteriormente denominada AGLA, que llegó a contar con más de 200 guerrilleros en activo ³.
El campamento de Morrogorrino
Ubicado en una zona escarpada del término de Salvacañete (Cuenca), se convirtió en un refugio clave para los maquis que operaban entre Casas de Garcimolina y Algarra. Su historia ha sido reconstruida gracias al testimonio oral de Amador Martínez, vecino de la zona que, siendo un niño, vio cómo la Guardia Civil se llevaba a sus padres, acusados de colaboración con los guerrilleros. El 6 de enero de 1948, dos grupos de la Guardia Civil —uno procedente de Ademuz y Torrebaja, otro de Fuentelespino y Salvacañete— asaltaron el campamento. Solo quedaban dos guerrilleros. «Valencia» (Felipe Mingarro Pérez), que murió en el tiroteo, e «Isidro» (Feliciano López), que resultó herido y se entregó. En la confusión, los dos grupos de la Guardia Civil se enfrentaron entre sí (dicho el «fuego amigo»), un hecho omitido en las versiones oficiales ⁴.
La documentación incautada
Incluso incluyó una «lista del personal que hay en el campamento» con más de treinta nombres, planes de acción, propaganda y un programa de escuela. A partir de las declaraciones de «Isidro» bajo tortura, la Guardia Civil identificó y detuvo a once puntos de apoyo de los caseríos inmediatos. Entre ellos se encontraba Apolinar Martínez Vizcarra, abuelo de Amador Martínez. Gabriel Martínez Muñoz, padre de Amador, pasó casi tres años en prisión y se forzó a trabajar como preso político en la construcción del pantano de El Burguillo (Ávila), dentro del sistema de redención de penas por el trabajo. Su madre, Consolación Martínez, murió joven a consecuencia de los padecimientos sufridos durante su reclusión ⁵.
Esta red de enlaces —campesinos de los «rentos» (viviendas rurales aisladas) que arriesgaban su vida para proporcionar comida, información y refugio— fue el «eslabón vital y vulnerable de la resistencia», como lo han documentado los historiadores Conxita Mir y Francisco Moreno Gómez ⁶. Los guerrilleros, a menudo, pagaban por lo que recibían, con recibos que llevaban la leyenda «La República pagará al portador», un gesto que reflejaba la voluntad de no imponer una carga adicional a unas familias ya empobrecidas por la posguerra ⁷.
SOBRE ESTE TRASFONDO HISTÓRICO SE ASIENTAN DOS OBRAS LITERARIAS FUNDAMENTALES
Alfons Cervera: «Maquis (1997)»
El escritor valenciano Alfons Cervera sitúa su novela Maquis (Montesinos, 1997) precisamente en la confluencia entre la serranía de Cuenca, el Rincón de Ademuz y la Comunidad Valenciana, con referencias explícitas a Santa Cruz de Moya. El pueblo ficticio de «Los Yesares» y el «Cerro de los Curas» donde se esconden los huidos son traslaciones literarias de los campamentos reales como Morrogorrino.
Cervera retrata con precisión la red de enlaces, las mujeres que bajan de la iglesia para subir comida al monte, el miedo enquistado y la brutalidad de la represión. La novela refleja también la aplicación de la «ley de fugas» y las torturas, métodos que el régimen legalizó mediante el decreto sobre Bandidaje y Terrorismo de 1947 ⁸. Maquis forma parte de una corriente de narrativa memorialista que, desde finales de los noventa, ha contribuido a devolver la palabra a los silenciados y a reconstruir el paisaje moral de la posguerra ⁹.
José Antonio Domínguez Sánchez: «Algarra (2023)»
José Antonio Domínguez Sánchez (Barcelona, 1970), científico del CSIC, irrumpe en el panorama literario con Algarra (Editorial Samaruc, 2023), una obra de suspense de 600 páginas ambientada en la posguerra de la Serranía Baja. El autor escribe un homenaje a sus padres y a la generación que vivió el éxodo rural. La trama, que trasciende Algarra para extenderse a localidades como Landete, Garcimolina, Cañete, Salvacañete o Santo Domingo, indaga en las pasiones, venganzas y miserias humanas que se ocultan tras la aparente calma de la vida rural.
Aunque sus personajes son ficticios, la novela destaca por su fidelidad a los hechos históricos y al costumbrismo de la época, ofreciendo un relato que, en palabras de su autor, «puede vincularse a cualquier otro territorio de España que hoy sufra las consecuencias de la despoblación». Lo que Domínguez Sánchez noveliza —la caza de los maquis, la delación, el miedo que atraviesa generaciones— es exactamente lo que ocurrió en Morrogorrino y en los rentos de Casas de Garcimolina.
Viajeros y cronistas locales: José Manuel Almerich y Ricardo Cebrián
José Manuel Almerich, ensayista y viajero valenciano, ha dedicado parte de su obra a la exploración de los territorios de interior de la Comunidad Valenciana. Sus crónicas y reportajes sobre el Rincón de Ademuz combinan la mirada del viajero atento con el rigor del investigador, abordando el paisaje, la historia, las tradiciones y la evolución social del territorio, ofreciendo una visión poliédrica de gran interés.
Por su parte, Ricardo Cebrián, autor local, ha trabajado extensamente los temas de historia y tradiciones del Rincón de Ademuz. Su producción, centrada en la recuperación de la memoria comarcal, aborda aspectos como las fiestas tradicionales, la arquitectura popular, las leyendas y el patrimonio cultural inmaterial. Su condición de conocedor directo del territorio aporta a sus escritos una autenticidad y un detalle inalcanzables para el investigador foráneo.
Mariano López Marín: la etnografía como literatura (2010-2016)
Mariano López Marín, cronista oficial de Salvacañete y de Moya, ocupa un lugar central en la construcción del relato cultural de la comarca. Su extensa obra, que se sitúa en la frontera entre la investigación etnográfica y la literatura de la memoria, constituye el corpus documental más completo sobre el Marquesado de Moya.
A lo largo de más de tres décadas ha publicado títulos imprescindibles como Salvacañete: su historia y sus gentes (2004), Tiempo de trashumancia (2012), Etnología y costumbres populares de Salvacañete y Bosques, madera, maderadas y gancheros en el Marquesado de Moya (2020). Esta última obra conecta temáticamente con la novela de Sampedro y documenta el proceso de explotación forestal que durante siglos constituyó la base económica de amplias zonas de la Serranía.
Aunque López Marín no cultiva la ficción narrativa, su labor es fundamental para comprender la cultura material y simbólica de la comarca, los oficios tradicionales desaparecidos y la memoria rural como patrimonio inmaterial. Su reciente monografía El Septenario de Moya (Cuenca), fiesta de interés turístico regional (2025) profundiza en una de las manifestaciones devocionales más arraigadas del territorio. En la actualidad prepara la obra Garcimolina y sus cosas, dedicada a la historia y tradiciones de esta localidad.
Régulo Algarra Hernández: «Memoria histórica del Marquesado de Moya (2012-2021)»
Originario del marquesado de Moya, Régulo Algarra Hernández ha dedicado su labor investigadora a desentrañar la historia de esta comarca. Oficial de máquinas de la Marina Mercante hasta su jubilación, Algarra Hernández ha sabido combinar su faceta profesional con una exhaustiva labor como investigador histórico.
Su producción bibliográfica se centra en distintos periodos clave, desde la posguerra española hasta el reinado de los Reyes Católicos. Obras como «La posguerra en Landete y Moya (2012)», «Un reino de curas y delatores (2016)», «El corsario Pedro de Bovadilla (2017)», «Los marqueses de Moya en la empresa de los Reyes Católicos (2019)» y «La diosa virgen y los danzantes de Tejeda en la tierra y marquesado de Moya (2021)».
Constituyen un corpus documental de primer orden para entender la represión y la vida cotidiana en la comarca durante el franquismo. En 2025, junto con Mariano López Marín, promovió la creación de un Centro de Estudios del Marquesado de Moya, cuya sede se instaló en la biblioteca municipal de Landete, realizando una importante donación de más de dos mil volúmenes.
Elvira Lindo: la mirada contemporánea desde el aislamiento (2023)
La escritora madrileña Elvira Lindo, publica «En la boca del lobo (Seix Barral, 2023)». Obra vinculada al Rincón de Ademuz porque parte del libro se escribió durante su estancia en Los Santos, una pequeña aldea de la comarca, y la novela está ambientada en «La Sabina». Una aldea ficticia que reproduce con exactitud la atmósfera de estos pueblos serranos. Narrada en primera persona por Julieta, una niña de once años que llega a la aldea con su madre, la novela constituye un testimonio literario sobre la vida en territorios despoblados.
Lindo captura con precisión la esencia del aislamiento y la dureza del camino: «diez kilómetros de camino sin asfaltar, envueltos en tierra seca». Presenta una galería de personajes —mujeres «supervivientes casi todas a sus maridos, con hijos que habían emigrado a Barcelona, a Valencia, a Noruega»; un panadero que conserva el viejo horno de leña— que encarnan la resistencia y la memoria rural. Su mirada aporta una perspectiva contemporánea, alejada tanto del costumbrismo folclórico como de la idealización romántica, y reflexiona sobre cómo el aislamiento geográfico puede convertirse en un escenario de conflictos y secretos.
Adela Ruiz Sancho: una voz contemporánea inspirada en Moya (2025)
Adela Ruiz Sancho, profesora y escritora valenciana de raíces maternas en Landete. Presentó el 17 de mayo de 2025 su novela “El primer día de mi revivida vida” en la propia villa de Moya, en un acto cultural de gran relevancia. La obra está protagonizada por Aida, una docente que, en un momento de crisis, decide pasar unos días en el pueblo de su abuela materna, en la Serranía Conquense.
Este viaje, que la conecta con sus orígenes en las Tierras de Moya, se convierte en el eje central de una historia sobre la identidad, el peligro de las relaciones tóxicas y el reencuentro con uno mismo. Con anterioridad había publicado “Les cinc monedes d’oro (Ed. Tabarca)”, una novela en valenciano también inspirada en Moya, que utilizó para llevar a un grupo de alumnos de secundaria a conocer la villa como premio por haber leído su libro.
Su obra representa una corriente literaria contemporánea que, desde la experiencia personal y la ficción, tiende un puente emocional entre la diáspora y la tierra de origen, enriqueciendo el patrimonio cultural del Marquesado de Moya y, por consiguiente, de toda la comarca de la Baja Sierra.
Lorena Franco (Vega Martín): «No digas mi nombre» y la película de suspense con fondo real (2025)
La escritora Lorena Franco (Barcelona, 1983), conocida también por su faceta como actriz y modelo, publica en 2025 “No digas mi nombre”, quinta entrega de la serie «Los casos de Vega Martín». Aunque la trama principal transcurre en Madrid —con la inspectora Vega Martín investigando el asesinato de Adel, líder de la banda 4A, y una serie de crímenes que reproducen las pinturas de la artista suicida Aitana Boza—.
Uno de los escenarios más relevantes de la novela es Algarra, pequeño municipio de la Serranía Baja de Cuenca. En el Capítulo 8, titulado «Algarra, Cuenca», se describe la casa que Adel adquirió «poco después de la pandemia» en la calle la Tejada, una «centenaria casa» reformada para disfrutar del aislamiento y la soledad del pueblo, donde «solo viven veinticinco personas».
Es en esa casa donde Martina, la modelo y exnovia del cantante, descubre, escondidas detrás de una estantería de libros de terror, una videocámara analógica y más de treinta tarjetas de memoria que contienen las grabaciones de las violaciones en grupo que Adel organizaba con otros hombres. —Entre ellos, Ariel (batería de los 4A), el productor Quique Meyer, el empresario Pablo Setién y su socio Nuno Suárez—, a chicas menores de edad drogadas. La lectura de este material desencadena la ruptura de Martina con Adel y, en última instancia, la espiral de venganza que ejecuta Aria, la teclista de la banda.
Aunque “No digas mi nombre”
Es una novela de intriga y asesinatos en serie, su inclusión en este artículo se justifica por dos razones.
Primera: Algarra no es un mero fondo decorativo, sino un espacio narrativo funcional donde se oculta la prueba del delito y donde se refugia la gerente Leire. La descripción de la casa, del pueblo, de la cuesta de la calle la Tejada y del aislamiento de la Serranía es suficientemente precisa como para que cualquier habitante de la comarca reconozca el paisaje.
Segunda: la novela aborda, desde el género de la película de suspense, temas de memoria histórica reciente, los abusos a menores por parte de personas poderosas, el silencio cómplice de quienes lo saben y no actúan, la búsqueda de justicia al margen de la ley. En este sentido, No digas mi nombre conecta temáticamente con Maquis de Cervera y Algarra de Domínguez Sánchez, aunque desde un registro más comercial y de suspense. La presencia de Algarra en una novela de éxito publicada por una autora con proyección internacional contribuye a visibilizar la Baja Sierra de Cuenca en el mapa literario contemporáneo.
Ángel Martínez: «El eco de las espadas» — novela histórica y memoria fundacional (publicación digital, garcimiolina.net, c. 2025)
Ángel Martínez (Casas de Garcimolina, 1958; residente en Barcelona) es el autor de El eco de las espadas, una novela histórica publicada por capítulos en el portal de cultura de Casas de Garcimolina (garcimolina.net). La obra constituye un valioso ejercicio de reconstrucción literaria del pasado medieval de la comarca, fruto de un riguroso trabajo con fuentes primarias, cronologías y bibliografía especializada, lo que la sitúa en un territorio fronterizo entre la ficción histórica y la divulgación patrimonial.
La novela se desarrolla en la Baja Edad Media castellana (siglos XIII y XIV, con especial atención a la coyuntura de 1347), y su escenario principal es el Castillo de Moya, bastión estratégico en la frontera entre Castilla, Aragón y Valencia. La trama entrelaza la historia de don Juan González de Roa —un noble comisionado por Alfonso XI— con las disputas entre las órdenes militares de Santiago y Calatrava, la devoción mariana de la Virgen de Santerón y la Virgen de Tejeda, y la vida cotidiana de peregrinos, campesinos y artesanos.
El personaje central, Herminio, un peregrino castellano experto en el arte del mimbre y el esparto, recorre la Ruta de la Vera Cruz hacia Caravaca. En su viaje, pasa por Santerón, Algarra y la casa de labor de García Molina —el núcleo originario de lo que hoy es Casas de Garcimolina—, donde enseña su oficio, teje lazos comunitarios y deja una huella imborrable en la memoria de los habitantes. La novela dedica atención minuciosa a la toponimia local: la Peña del Pardo, la Cueva la Mora, el Barranco de Santerón, la Fuente de Chinexo, el Pico de la Peña, el cerro Matea, y el olmo centenario que preside la plaza de Garcimolina como testigo silencioso de generaciones.
El eco de las espadas
No es una novela de aventuras al uso. Su propósito es explícitamente memorialista y patrimonial: rescatar del olvido las historias de quienes poblaron estas tierras, los oficios tradicionales (cestería, espartería, herrería, trashumancia), las leyendas (como la del gigante Garçon del Pico de la Peña o la del Zurdo, el bandido que huye de lo sagrado), y las devociones populares que dieron sentido a la vida fronteriza. La novela incorpora además ilustraciones inspiradas en la técnica pictórica de Jan van Eyck, buscando una estética de realismo simbólico que refuerce la ambientación medieval.
La novela dedica atención minuciosa a la toponimia local y rescata del olvido los oficios tradicionales, las leyendas y las devociones populares que dieron sentido a la vida fronteriza.
Aunque su argumento transcurre en el siglo XIV, lejos de los episodios de la guerrilla antifranquista que centran otros títulos de este artículo, El eco de las espadas cumple una función análoga: fijar la memoria del territorio a través de la ficción, dotando de profundidad histórica a los mismos paisajes —Moya, Santerón, Algarra, Garcimolina— que siglos más tarde serían escenario de la resistencia maqui y de la despoblación. Es, en este sentido, una obra fundacional que conecta el origen medieval de estos asentamientos con su pervivencia en la memoria colectiva. La publicación de la novela por capítulos en la web municipal, accesible y gratuita, la convierte además en un ejemplo de literatura comunitaria, donde la creación artística se pone al servicio de la identidad local y de la transmisión intergeneracional del patrimonio inmaterial.
Moraleja:
La literatura como contra memoria, justicia narrativa y anclaje identitario El recorrido por estas voces —desde la crónica social de Candel hasta la novela histórica de Ángel Martínez, pasando por la etnografía de López Marín, la memoria guerrillera de Cervera, el suspense rural de Domínguez Sánchez, la novela de misterio de Lorena Franco y la narrativa contemporánea de Ruiz Sancho— revela una lección fundamental: en la Baja Sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz, la literatura se erige en el principal vehículo de preservación de una memoria que la historia oficial silenció y que la despoblación amenaza con disolver.
Frente a la «memoria clandestina» que el franquismo intentó sepultar —y que la transición no corrigió porque, como advierte Secundino Serrano, «había que adecuar las biografías de algunos líderes comunistas a los perfiles políticamente correctos de la época» ¹⁰—, las novelas, crónicas y estudios etnográficos sobre este territorio han mantenido viva la historia de los vencidos.
Los enlaces que se torturaron (como Apolinar Martínez Vizcarra), los guerrilleros que murieron en el monte (como «Valencia»), las mujeres que subían comida mientras sus maridos estaban en prisión (como Consolación Martínez), los niños que vieron cómo se llevaban a sus padres (como Amador Martínez): todos ellos encontraron en la literatura un vehículo para no desaparecer del todo. Y junto a esa memoria reciente, autores como Ángel Martínez han recuperado la memoria profunda, la de los orígenes medievales, demostrando que la identidad de un pueblo se alimenta tanto de sus episodios más trágicos como de sus leyendas fundacionales.
Pero la literatura no solo preserva hechos.
Cumple una función que la historiografía por sí sola no puede alcanzar: la empatía y la experiencia subjetiva. Al leer Maquis, Algarra o No digas mi nombre, el lector no solo aprende fechas y nombres —aunque esos datos sean rigurosos, como demuestran las investigaciones de Serrano, Moreno Gómez y Romeu Alfaro—, sino que vive el miedo, la lealtad, la desesperanza y la resistencia. Y al leer El eco de las espadas, el lector se sumerge en la cotidianidad medieval, en el rumor del mimbre trenzado y el eco de las espadas en las almenas de Moya, comprendiendo que este territorio fue mucho antes un cruce de caminos de fe y esperanza.
Además, la literatura actúa como anclaje identitario para los descendientes de aquellos que sufrieron la represión, y también para quienes buscan entender el origen de sus pueblos.
Cuando un vecino de Casas de Garcimolina
Abre un libro y reconoce el paisaje, los apellidos o las historias que le contó su abuelo, se produce un acto de reparación simbólica. La literatura devuelve la dignidad a quienes el franquismo quiso humillar hasta en el olvido, y también devuelve la profundidad histórica a lugares que el paso del tiempo ha ido vaciando.
En palabras de Serrano, «no se trata de rehabilitar a la guerrilla redimiéndola con un pasado angelical, sino de aproximarnos a su historia, que es un fragmento medular de la historia última de este país» ¹¹. Y lo mismo cabe decir de la historia medieval: no se trata de idealizar un pasado remoto, sino de entender cómo se forjaron estos pueblos, qué oficios, devociones y resistencias los sostuvieron.
Por último, en un territorio marcado por la despoblación
—Dónde los «rentos» se han abandonado, las escuelas han cerrado y los jóvenes emigran—, la literatura cumple una función casi material: fijar la memoria en el territorio. Cada libro ambientado en estos valles y montañas es una pequeña piedra en un dique frente al vacío. Es una declaración de que este lugar importa, que estas vidas importan, que estas historias merecen ser contadas.
La moraleja final es, pues, doble y complementaria: sin memoria histórica rigurosa (la de los historiadores que han trabajado con fuentes primarias y testimonios orales), la literatura carecería de anclaje en la realidad. Pero sin literatura (la de Cervera, Domínguez Sánchez, Lindo, López Marín, Franco, Martínez y los cronistas locales), esa memoria no llegaría al corazón de los lectores ni traspasaría las fronteras de la comarca. Ambas se necesitan.
En la Baja Sierra de Cuenca, donde el olvido ha sido durante décadas la política implícita, la literatura se revela como un acto de resistencia cultural. Cada libro escrito sobre esta tierra es un pequeño pero decisivo «no» al silencio.

ANEXO BIBLIOGRÁFICO
Fondo documental del Marquesado de Moya y la Serranía Baja de Cuenca
Nota preliminar
El presente anexo tiene como finalidad ofrecer un índice bibliográfico lo más completo posible de las obras —tanto de creación literaria como de investigación histórica y etnográfica— vinculadas al territorio del antiguo Marquesado de Moya y la Serranía Baja de Cuenca. La relación se ha elaborado a partir del fondo particular de Mariano López Marín, cronista oficial de Salvacañete y de Moya, quien durante más de tres décadas ha reunido una extensa colección de libros de autores locales y foráneos que han escrito sobre estos pueblos. Gran parte de estos títulos han sido reseñados en la Revista Moya (1995‑2025), publicación semestral impulsada por la Asociación de Amigos de Moya.
Las obras se presentan agrupadas por localidades, comenzando por Moya como metrópoli del señorío y continuando con el resto de municipios por orden alfabético. Se añade una sección final dedicada a las obras colectivas y publicaciones periódicas de alcance comarcal. Se ha evitado cualquier duplicidad con las referencias ya incluidas en la bibliografía general del artículo.
AUTORES Y LIBROS
(Marquesado de Moya y entorno — según la exposición de Mariano López Marín)
Localidad
Autor
Obra (título abreviado)
Año
Publicación
Moya
T. Sáez Fernández Moya, llave de reinos 1983 AAM Moya T. Sáez Fernández Historia y tradiciones 2000 AAM Moya T. Sáez Fernández Guía práctica de Moya 2003 AAM Moya T. Sáez Fernández Los septenarios 2004 AAM Moya T. Sáez Fernández Moya, tierras de frontera 2007 AAM Moya E. J. Peinado Moya en la historia de España 1978 Autor Moya R. Algarra Estudios y Documentos I 1996 Diputación Moya R. Algarra Posguerra en Landete y Moya 2012 Autor Moya R. Algarra Pedro de Bovadilla 2017 Alderabán Moya R. Algarra Reino de curas y delatores 2018 Alderabán Moya R. Algarra El Vasauro 2018 Alderabán Moya R. Algarra Diosa virgen y danzantes 2021 NPQ Moya R. Algarra Trampas de la fe 2023 NPQ Salvacañete
A. Yuste Adiós labriego 1985 Autor Salvacañete A. Yuste Voces del pasado 2007 Diputación Salvacañete A. Yuste Molinerilla pecosa 2008 Autor Salvacañete M. López Marín Folklore de Salvacañete 2000 Ayto. Salvacañete M. López Marín Historia y gentes 2004 Ayto. Salvacañete M. López Marín Trashumancia 2012 Rodeno Salvacañete M. López Marín Etnología 2016 Rodeno Salvacañete M. López Marín Bosques y gancheros 2020 Rodeno Salvacañete M. P. Rubio Recuerdos de mi aldea 2022 Autora Alcalá de la Vega
N. Hinarejos Pueblo perdido y hallado 1998 Autor Alcalá N. Hinarejos Zara 2010 Autor Alcalá N. Hinarejos Castillo de Serreilla 2004 Autor Alcalá N. Hinarejos Buscando Serreilla 2012 Autor Alcalá N. Hinarejos Buscando Serreilla (2ª) 2017 Beltrá Alcalá F. Martínez Ruiz El Cabriel dormido 2016 Autor Algarra
J. A. Domínguez Algarra 2024 ADEA Garcimolina
C. Villalba y otros Garcimolina y sus cosas s.f. Peña El Pardo Landete
B. López Mínguez Juegos y poemas s.f. Autora Landete B. López Mínguez Memorándum costumbres s.f. Autora Landete B. López Mínguez Leyendas serranas 2009 Autora Landete M. C. Martínez “Mirian” Landete en verso 1993 Autora Landete B. Malavia Operación telaraña verde s.f. Avant Landete B. Malavia Pandilla de San Antón s.f. Avant Landete A. Huerta Si este es mi pueblo 2008 Autor Talayuelas
L. Villar & P. Jiménez Memoria fotográfica 2021 Ayto. Fuentelespino / Garaballa
J. B. Sacristán Luis Marco Pérez 1985 Autor Fuentelespino J. B. Sacristán Tejeda siglo XX 1988 Autor Fuentelespino J. B. Sacristán Fuentelespino de Moya 1998 Diputación Fuentelespino J. B. Sacristán Tejeda: pasado y presente 2004 Diputación Santa Cruz de Moya
C. Hernández Antón Pequeñeces s.f. Pastor & Grau Aliaguilla
J. M. Martínez Frías Cronología de Aliaguilla 2020 Autor + Ayto. Henarejos
J. F. Dimas Realidad y leyenda 2007 Diputación Henarejos J. F. Dimas Rescatando miradas 2016 Autor Henarejos J. F. Dimas Documentos 2016 Autor San Martín de Boniches
E. Ruiz Pérez Historia y testimonios s.f. Ayto. Campillos Paravientos
E. Martínez Almonacid Raíces nunca perdidas 1989 Diputación Campillos P. J. Navarro Artículos Revista Moya 1998–2025 Revista Boniches
J. Pitarque Boniches y su demarcación 1994 Diputación Boniches J. Pitarque Moya, tierras de frontera (coautor) 2007 AAM Carboneras
P. Esteso Historia de Carboneras s.f. N/E AAM: Asociación de Amigos de Moya
NPQ: Ediciones
ADEA: Editorial
Conclusiones
La Baja Sierra de Cuenca y el Rincón de Ademuz, lejos de ser un erial literario, se revelan como un palimpsesto narrativo de extraordinaria riqueza. La revisión sistemática de la producción literaria vinculada a este territorio —desde las crónicas sociales de los años sesenta hasta las novelas históricas y las películas de suspense contemporáneos— permite constatar la existencia de un corpus cohesionado por una doble pulsión: la denuncia del olvido y la construcción de una memoria alternativa.
En el plano temático
La guerrilla antifranquista y la represión de la posguerra constituyen el eje vertebral de las obras más potentes del canon local (Maquis, Algarra, y los estudios históricos de Algarra Hernández). Estas narrativas han logrado rescatar del silencio administrativo, la epopeya clandestina de los maquis y el sacrificio anónimo de la red de enlaces, cumpliendo una función de justicia poética que la historiografía académica, por sí sola, no podía alcanzar.
Plano temporal
La irrupción de la novela histórica con El eco de las espadas amplía el horizonte memorialista hacia la Edad Media fundacional, demostrando que la identidad de un pueblo no se sostiene únicamente sobre el trauma reciente, sino también sobre la conciencia de un pasado largo y compartido. Esta obra, publicada de manera abierta y comunitaria en la web de Garcimolina, ejemplifica un modelo de literatura arraigada que desafía las lógicas del mercado editorial convencional.
En el plano de la difusión
La inclusión de autores de proyección nacional e internacional como Elvira Lindo o Lorena Franco, que han ambientado parte de sus tramas en la comarca, contribuye a insertar estos paisajes en el imaginario colectivo contemporáneo, trascendiendo el ámbito puramente local.
Anexo bibliográfico
Elaborado a partir del fondo de Mariano López Marín demuestra, además, que la riqueza literaria de la comarca no se limita a las obras de mayor difusión. Existe un vasto corpus de publicaciones locales —monografías históricas, recopilaciones etnográficas, novelas costumbristas, cancioneros— que, aunque de circulación limitada, constituyen el humus sobre el que se asienta la memoria colectiva. La Revista Moya, con sus treinta años de trayectoria ininterrumpida, representa en este sentido un caso ejemplar de resistencia cultural desde el ámbito local.
Finalmente, la literatura sobre este territorio se erige en un dique frente a la despoblación y el vacío. Cada novela, cada estudio etnográfico, cada crónica de viaje es un acto de resistencia cultural que fija la memoria al terreno, impidiendo que el abandono físico se convierta en desaparición simbólica. En un contexto de crisis demográfica extrema, la palabra escrita se convierte en el último testigo y en el más firme anclaje de la identidad serrana.
Agradecimientos
Este artículo, y en general la labor de recuperación de la memoria histórica y literaria de Casas de Garcimolina y la comarca, no habría sido posible sin el trabajo constante y desinteresado de la Asociación de Vecinos «Peña el Pardo». Su dedicación a la recopilación de testimonios orales, la digitalización de documentos históricos y la difusión del patrimonio cultural a través de la página web garcimolina.net constituye un ejemplo modélico de cómo la sociedad civil puede convertirse en guardiana de la memoria colectiva.
Asimismo, deseamos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Mariano López Marín, cronista oficial de Salvacañete y de Moya, por su generosa labor de recopilación bibliográfica y por la difusión que realiza a través de su blog personal Historia Local y Comarcal. Su exposición virtual Libros de autores del Marquesado de Moya, elaborada con motivo del LVI Septenario de Moya 2025, ha permitido documentar un valiosísimo conjunto de obras que, de otro modo, permanecerían dispersas o desconocidas para el gran público. Su trabajo incansable en pro de la memoria histórica y cultural de estas tierras constituye un legado imprescindible para las generaciones presentes y futuras.

REFERENCIAS
Fuentes primarias y testimonios orales
- Martínez, Amador. Testimonio oral, dosier sobre el campamento de Morrogorrino.
- Montorio Gonzalvo, José Manuel. Cordillera Ibérica: recuerdos y olvidos de un guerrillero(memorias mecanografiadas, Praga, 1971-2005).
Obras literarias, etnográficas y novelas citadas
- Candel, Francisco. Viaje al Rincón de Ademuz. 1960.
- Cervera, Alfons. Maquis. Barcelona: Montesinos, 1997.
- Domínguez Sánchez, José Antonio. Algarra. Editorial Samaruc, 2023.
- Franco, Lorena (como Vega Martín). No digas mi nombre(serie «Los casos de Vega Martín», nº 5). ePub, 2025.
- Llamazares, Julio. La lluvia amarilla. Seix Barral, 1988.
- Llamazares, Julio. El río del olvido. Alfaguara, 1990 (ed. consultada 2006).
- Llamazares, Julio. El viaje de mi padre. Alfaguara, 2025.
- Lindo, Elvira. En la boca del lobo. Seix Barral, 2023.
- López Marín, Mariano. Tiempo de trashumancia. Ediciones Rodeno, 2012.
- López Marín, Mariano. Bosques, madera, maderadas y gancheros en el Marquesado de Moya. Ediciones Rodeno, 2020.
- López Marín, Mariano. Etnología y costumbres populares de Salvacañete. Ediciones Rodeno.
- López Marín, Mariano. Salvacañete: su historia y sus gentes. Excmo. Ayuntamiento de Salvacañete, 2004.
- López Marín, Mariano. El Septenario de Moya (Cuenca), fiesta de interés turístico regional. 386 años de historia…. 2025.
- Martínez, Ángel. El eco de las espadas. Publicación digital por capítulos en net(c. 2025).
- Ruiz Sancho, Adela. El primer día de mi revivida vida. 2025.
- Sampedro, José Luis. El río que nos lleva. 1961.
Historiografía y estudios sobre la guerrilla
- Casanova, Julián; ESPINOSA, Francisco; MIR, Conxita; MORENO GÓMEZ, Francisco. Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco. Barcelona: Crítica, 2002.
- Fernández Cava, S. El campamento guerrillero de Morrogorrino. La Gavilla Verde, 2019.
- Moreno Gómez, Francisco. «Resistencia armada contra Franco». En Casanova et al., Morir, matar, sobrevivir, 2002.
- Romeu Alfaro, Fernanda. Más allá de la utopía: perfil histórico de la Agrupación Guerrillera de Levante. Valencia: Alfons el Magnànim, 1987.
- Serrano, Secundino. Maquis: Historia de la guerrilla antifranquista. Madrid: Temas de Hoy, 2001.
- Varios Autores. *El último frente: La resistencia armada antifranquista en España, 1939-1952*. Coord. Julio Aróstegui y Jorge Marco. Madrid: Los Libros de la Catarata, 2008.
Obras de autores locales (historia y etnografía)
- Algarra Hernández, Régulo. La posguerra en Landete y Moya. Cuenca, 2012.
- Algarra Hernández, Régulo. Un reino de curas y delatores. Cuenca, 2016.
- Algarra Hernández, Régulo. El corsario Pedro de Bovadilla. Cuenca, 2017.
- Algarra Hernández, Régulo. Los marqueses de Moya en la empresa de los Reyes Católicos. Cuenca, 2019.
- Algarra Hernández, Régulo. La diosa virgen y los danzantes de Tejeda en la tierra y marquesado de Moya. Valencia, 2021.
- Algarra Hernández, Régulo. Las trampas de la fe. NPQ editores, 2023.
Fuentes del anexo bibliográfico
- López Marín, Mariano. «Libros de autores del Marquesado de Moya (exposición virtual)». Historia Local y Comarcal, marzo de 2025. Disponible en: https://mlopezmarinhistorialocal.blogspot.com/2025/03/libros-de-autores-del-marquesado-de.html
Nota metodológica
Este artículo ha sido elaborado exclusivamente a partir de fuentes primarias: obras originales de los autores citados, testimonios orales directos (Amador Martínez, Montorio «El Chaval»), documentación de archivo sobre el campamento de Morrogorrino, publicaciones periódicas que recogen declaraciones de los autores y la consulta directa de la novela El eco de las espadas en su edición digital en garcimolina.net. Se ha evitado expresamente la utilización de fuentes secundarias no contrastadas que pudieran mediatizar la comprensión directa de los textos y los hechos.
Artículo elaborado para la página web de cultura de Casas de Garcimolina (garcimolina.net), dentro de la sección de recuperación de la memoria histórica.
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Estudio etnobotánico del tomillo

Estudio etnobotánico del tomillo: (Thymus vulgaris, Lamiaceae)
Descripción, virtudes y usos tradicionales en el Mediterráneo Occidental
Autora: Gloria Pérez Cornet
Colaboración especial: Redacción del manuscrito original y fotografía botánica.Fecha de publicación: [17/04/2026]

Resumen
El presente artículo recoge una descripción botánica y etnofarmacológica clásica del Tomillo (Thymus vulgaris), perteneciente a la familia de las Labiadas (Lamiaceae). Se detallan sus características morfológicas, hábitat, fenología y método de recolección óptimo. Asimismo, se documentan sus virtudes medicinales tradicionales como antiséptico, tónico, pulmonar y digestivo, así como sus aplicaciones culinarias y domésticas, incluyendo la receta tradicional de la «Sopa de Tomillo». El texto respeta íntegramente la redacción y el conocimiento empírico transmitido en la fuente original facilitada por la autora.
Introducción
El Thymus vulgaris es una especie emblemática de la cuenca Mediterránea occidental, profundamente arraigada en la cultura popular, la gastronomía y la farmacopea tradicional. La siguiente monografía recoge fielmente las observaciones y saberes populares contenidos en el manuscrito de estudio proporcionado por Gloria Pérez Cornet, quien ha colaborado activamente en la recuperación de este conocimiento botánico.
Descripción botánica y ecológica
Taxonomía:
- Nombre común: Tomillo
- Nombre científico: Thymus vulgaris
- Familia: Labiadas (Lamiaceae)

Características morfológicas:
Mata de un palmo de altura, propia del Mediterráneo occidental. Presenta hojas de aproximadamente 1 cm de longitud. Las flores, de dimensiones muy reducidas (0,7 mm), se agrupan en una especie de cabezuelas y florecen durante la primavera. El Cáliz es de color rosa viva, mientras que la Corola presenta una tonalidad rosa blancuzca.
Estas matas crecen formando corrillos o tomillares, comunidades vegetales que desprenden un intenso olor a Timol. Dicho compuesto volátil impregna de esencia de buen olor el calzado de cuantos andan por las agrupaciones y los senderos de tomillo.
Hábitat y Ecología:
Se cría en collados, laderas y matorrales con exposición directa al sol. Prefiere suelos de naturaleza calcárea o arcillosa.
Recolección y conservación:
Se colectan en el mes de mayo las sumidades floridas. Para una óptima conservación de sus aceites esenciales, se recomienda la recolección en día sin nubes a media mañana. La desecación debe realizarse a la sombra, en lugar bien ventilado; una vez bien seco, se guarda para su uso posterior.
Virtudes terapéuticas
En la tradición popular se asocia al tomillo con la fuerza y la felicidad. El análisis empírico de sus propiedades recoge las siguientes virtudes:
- Acción fisiológica: Poderoso antiséptico. Aumenta el pulso.
- Sistema Nervioso: Mejora el tono moral, calma los nervios. Está indicado contra la melancolía, el enojo y el aletargamiento.
- Aparato Respiratorio: Eficaz contra la tos convulsiva y los catarros. Se considera un noble fortalecedor de los pulmones.
- Aparato Digestivo: Digestivo y bueno contra las lombrices intestinales.
- Estado General: Indicado para la anemia, así como para la fatiga mental y física.
Usos tradicionales y aplicaciones
- Uso Culinario: Hierba culinaria clásica.
- Infusión: Tisana a razón de 2 gramos de planta por taza de agua.
- Uso externo: Baños tonificantes.
- Uso Doméstico: Buen repelente de insectos para preservar la ropa.
Aplicación práctica: Sopa de tomillo
A continuación, se transcribe fielmente la fórmula tradicional de la Sopa de Tomillo, tal y como consta en los manuscritos de Gloria Pérez Cornet:
«Frío un ajo en aceite y lo aparto. Añado rebanadas pequeñas de pan, pimiento y tisana de tomillo» …
(Nota: La receta original sugiere la finalización con un caldo o la propia tisana de tomillo hasta obtener la textura deseada de sopa).
Una vez se tienen las rebanadas de pan, el pimiento y la tisana de tomillo, se puede mejorar el guiso con unos sencillos pasos transmitidos de generación en generación. Al comenzar, después de freír el ajo y apartarlo, es perfectamente posible deshacer (desmenuzar), un huevo directamente en el aceite caliente, removiendo con rapidez para que se mezcle con el pan y el pimiento antes de añadir la tisana. Conviene vigilar el pimentón rojo (pimiento molido o en tiras finas) para que no se queme en la operación, pues amargaría la sopa; se agrega fuera del fuego o se sofríe apenas unos segundos. La propia experiencia de su madre o del as de cocina del pueblo mejorará la receta segura: unas gotas de vinagre, un poco de hierbabuena o un chorro de caldo de huesos transforman esta sopa humilde en un remedio tonificante y reconfortante.


Agradecimientos
Desde garcimolina.net deseamos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Gloria Pérez Cornet por su inestimable colaboración en la redacción de esta publicación botánica, así como por la cesión de la imagen del tomillo (Thymus vulgaris) que ilustra este artículo. Su dedicación a la preservación del saber etno y geobotánico, hace posible la difusión de este valioso legado cultural.
Bibliografía y Fuentes
- Pérez Cornet, G. (Año de redacción del manuscrito 2026). Cuaderno de Campo: Flora medicinal Mediterránea. Manuscrito no publicado facilitado a Garcimolina.net.
- Font Quer, P.(1961). Plantas Medicinales: El Dioscórides Renovado. Editorial Labor. (Obra de referencia clásica para la corroboración de los usos del Thymus vulgaris).

SOBRE NOSOTROS
El objetivo es impulsar la participación y el desarrollo del asociacionismo, entre las personas mayores de Casas de Garcimolina y su entorno.
A veces, la parte más difícil de encontrar el éxito, es reunir el coraje para comenzar.
Las personas provechosas no miran hacia atrás para ver quién los observa, solo al frente y sus metas.
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