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  • Pino rodeno de la dehesa boyal

    PINO RODENO DE LA DEHESA BOYAL       Memoria, resina y paisaje en Casas de Garcimolina   En la Dehesa Boyal de Garcimolina, el pino rodeno —Pinus pinaster— forma parte del carácter mediterráneo del paisaje. Más allá de su valor botánico, este árbol ha estado ligado históricamente a la resina, la madera, la sombra…

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Local social, antiguo Horno

Este espacio trata de ser un punto de encuentro de todas las personas interesadas en el desarrollo social, cultural y económico de la localidad.

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    El Eco de las Espadas

    Introducción y publicación por entregas:

    «EL ECO DE LAS ESPADAS»

    Asociación de personas mayores Peña el Pardo

     

    Revista Histórica y Cultural

    «Entre la piedra y la fe, una fortaleza escribe su destino»

    Bien fallados seades, leedores, en aqueste viage que passa por los siglos et torna los sones d’aquella sazon en que la fe, el açero et la cobdicia texieron el fado d’un regno. En los cartapacios que agora se siguen, damos el primer recreo de «El Eco de las Espadas», estoria que se arraiga en la Baxa Edat Media de Castiella, en aquellas terras bravas et de frontera que oy dia son llamadas Castiella-La Mancha.

    Bienvenidos, lectores, a un viaje que atraviesa los siglos y resucita los ecos de una época donde la fe, el acero y la ambición tejieron el destino de un reino. En las páginas que siguen, presentamos el primer adelanto de «El Eco de las Espadas», una novela histórica que sumerge sus raíces en la Baja Edad Media castellana, en ese territorio agreste y fronterizo que hoy conocemos como Castilla-La Mancha.

    Inicio del camino de la Vera, 1347

    ¿Qué secretos guardan las murallas del castillo de Moya?

    En un mundo donde las órdenes militares —Santiago y Calatrava— pugnaban por el control de rutas sagradas y tierras baldías, un hombre, Juan González de Roa, «el mozo» (noble de segundo rango, no de alta nobleza, s. XV). Con su presencia en Moya (ficcionada s. XIV), como un encargo real temporal «por orden de Alfonso XI, para control en las zonas rurales de la Mancha y el valle del Tajo, de los mudéjares», como comisionado regio y labores de alcaide. Carga sobre sus hombros el peso de una misión imposible: sostener la unidad de su gente mientras el reino se fractura. Su historia, rigurosamente documentada, pero narrada con la pasión de la ficción, es el hilo que nos guía a través de intrigas palaciegas, batallas espirituales y la silenciosa resistencia de los peregrinos que, bajo la sombra de la Ruta de la Vera Cruz, buscaban redención.

    ¿Por qué desapareció un pueblo entero?

    La lucha entre estos muros, las intrigas, la devoción mariana —encarnada en vírgenes aparecidas como la de Tejeda o Santerón— se entrelaza con leyendas templarias nunca confirmadas, pero imposibles de erradicar. Aquí, los setenarios de siete días (ya modernos), consagraban la fe en ermitas perdidas, mientras los campesinos y ganaderos de la heredad de la casa de labor de Casas de Garcimolina, (hoy apenas un eco en los archivos), labraban su supervivencia entre el olvido y la repoblación.

    Una trama coral,1 un misterio histórico

    Esta obra, estructurada como un tapiz de voces —caballeros, artesanos, peregrinos como el misterioso Herminio, cuyo mimbre simboliza la fragilidad humana—, alterna, eventos históricos verificables con relatos íntimos que desafían el tiempo. ¿Qué ocurrió realmente entre 1284 y 1292?, ¿Moya fue arrasada y sus emblemas borrados?, o no. ¿Por qué la Orden de Santiago perdió el control frente a Calatrava? Y, sobre todo, ¿quién traicionó a quién?

    En esta primera entrega, descubrirán:

    • El Castillo de Moya: bastión entre dos mundos, donde el viento aún susurra las plegarias de los caídos.
    • La sombra de los Templarios: aunque no hay pruebas de su presencia, su herencia late en rituales y símbolos.
    • La emboscada en el nogueral: un joven caballero, Álvaro, enfrentará su primera prueba de sangre en defensa de los peregrinos.

    «El Eco de las Espadas» no es solo una novela: es una invitación a caminar por senderos olvidados, donde cada piedra, cada documento rescatado del silencio (como el Censo de Pecheros de Carlos I que menciona por primera vez a Garcimolina), nos habla de un mundo que creíamos perdido.

    Queridos lectores, os invitamos a un viaje por los caminos olvidados de la Serranía Baja conquense, donde la historia y la leyenda se entrelazan en cada piedra. «El Eco de las Espadas» no es solo una novela histórica: es una puerta abierta a ese territorio agreste y fronterizo que se extiende entre las despobladas sierras de Moya, los venerados santuarios de Santerón y Algarra, y las humildes aldeas y casas de labores, como Garcimolina, Santo Domingo o Fuentelespino de Moya, resistieron el paso de los siglos.

    ¿Reconocéis estos parajes?

    Quizá os suenen sus nombres, evocadores y misteriosos, como ecos de un pasado que aún late en fuentes escondidas, en ruinas de ermitas y en senderos que serpentean entre sabinares. Esta es la tierra que pisaron los caballeros de Calatrava y Santiago, donde los peregrinos de la Ruta de la Veracruz buscaban refugio, y donde pastores y labriegos tallaron su existencia entre la devoción y la supervivencia.

    El Castillo de Moya, erguido sobre su cerro como un centinela de piedra, domina este paisaje áspero y bello. Desde sus almenas se divisan las torres de vigía y los caminos que llevan a Santerón, con su ermita mariana rodeada de leyendas; a Algarra y su castillo, donde las romerías tejían comunidad, y a esos pequeños mundos —Las casas de labor y corrales de García Molina, Santo Domingo, Fuente del Espino—, cuyas fuentes y majadas fueron testigos mudos de historias cotidianas y extraordinarias.

    ¿Qué secretos guardan estos andurriales?
    En «El Eco de las Espadas», cada lugar tiene su voz:

    • La casa de García Molina, una simple heredad o casa de labor, perdida en los documentos, que esconde la tenacidad de quienes repoblaron estas tierras.

    • Los bosques de nogueras, pinos y sabinas, donde bandidos y peregrinos se cruzaban en noches de luna menguante.

    • Las fuentes y lavaderos, puntos de encuentro donde se compartían noticias, temores, anhelos y esperanzas.

    Esta es una historia de frontera, donde lo sagrado y lo profano se mezclan: las apariciones de vírgenes en encinares, los setenarios (ya muy modernos para esta historia), en ermitas aisladas, y las luchas entre órdenes militares por controlar no solo tierras, sino almas.

    ¿Por qué importa hoy esta historia?
    ¿Por qué estos parajes? —aunque hoy algunos sean apenas un recuerdo— moldearon la identidad de una región. En sus piedras, en sus documentos y en su tradición oral, encontramos las raíces de una resistencia callada: la de quienes, como el señor don Juan González de Roa, el peregrino Herminio o el caballero Álvaro, eligieron la lealtad a sus ideales frente a la conveniencia.

    En esta primera entrega, descubriréis:

    • El Castillo de Moya en su esplendor, cuando sus muros albergaban tanto a señores como a pastores.

    • La ermita de Santerón, faro espiritual en un territorio peligroso.

    • La granja de Garcimolina, ejemplo de cómo la vida se abría paso, incluso en tiempos de guerra.

    «El Eco de las Espadas» es una invitación a recorrer, con rigor histórico y pulso narrativo, esos lugares que, aunque os suenen lejanos, son parte de vuestra memoria. Porque la historia no solo se escribe en grandes ciudades, sino también en estos rincones donde el viento aún susurra nombres como Moya, Santerón, Algarra y Garcimolina …

    ¿Están preparados para oír el eco?

     


    ACCESO A LOS CAPÍTULOS

    Introducción del autor

    Prólogo

     

    PRIMERA PARTE FICCIONADA

    I: El castillo de Moya

    II: La sombra de la rivalidad

    III: La conformación del poder

    IV: La llegada de los peregrinos

    V: La victoria de la fe

     

    SEGUNDA PARTE NOVELADA

    1.  El inicio del viaje, abril de 1347

    2.  Herminio, el peregrino del mimbre

    3.  La huella del caminante

    4.  La nueva misión de Herminio en Moya

    5.  Reflexiones del camino

    6.  Una tradición perdurable

    7.  Un ciclo de enseñanza y aprendizaje

    8. Una nueva era, preceptos del Mimbre y el Mimbrito

    9.  Nuevas generaciones y su propio camino

    10. La obra de Herminio

    11. Nuevos horizontes

    12. Reflexiones en el umbral

    13. El regreso de Herminio

    14. Los canastos de la memoria

    15. Semillas de esperanza

    16. Una marca que perdura

    17. Los caballeros de la luz

    FIN

    EPÍLOGO

     


    Nota del editor:

    Esta obra ha sido investigada con fuentes primarias, desde crónicas medievales hasta registros arqueológicos del cerro de Moya. Cada entrega irá acompañada de un anexo con bibliografía histórica para los lectores más exigentes.

    Para no ser reiterativos, se han publicado todas las fuentes consultadas de un sola vez, al pie del documento, es la bibliografía total de la novela.


    Ilustraciones y grabados que aparecen en la publicación:

    Basados en las técnicas pictóricas de Jan Van Eyck (c. 1390-1441):

    Maestro flamenco y pionero de la pintura al óleo en el Renacimiento nórdico. Es reconocido como una de las figuras fundacionales de la pintura occidental y máximo representante de la escuela flamenca del siglo XV. Su dominio técnico y conceptual revolucionó el arte europeo, especialmente mediante el perfeccionamiento de la pintura al óleo, lo que le permitió alcanzar cotas de realismo y simbología sin precedentes.


    Características estilísticas y aportaciones técnicas

    1. Hiperrealismo y precisión óptica:
      1. Van Eyck elevó la técnica al óleo mediante el uso de capas translúcidas (glacis), lo que facilitó la recreación de texturas minuciosas en telas, metales, joyas y superficies naturales.
      2. Su tratamiento de la luz, con gradaciones sutiles y sombras articuladas, confería volumen tridimensional y profundidad espacial a sus composiciones.
    2. Simbología compleja y narrativa visual:
      1. Integró en sus obras un repertorio de elementos simbólicos (espejos, frutas, animales, inscripciones) que operaban como capas de significado adicional, a menudo vinculadas a temas religiosos, morales o sociopolíticos.
      2. Obras como El matrimonio Arnolfini (1434) son estudiadas por su densa carga alegórica y su capacidad para documentar la cultura material de la época.
    3. Innovaciones técnicas y firmas autógrafas:
      1. Perfeccionó la estabilidad y brillo de los pigmentos al óleo, superando las limitaciones del temple al huevo predominante hasta entonces.
      2. Sus obras frecuentemente incluían inscripciones como «Als ik kan»  (“Con lo que puedo”), reflejando una conciencia autoral innovadora para su tiempo.

     Legado e influencia

    Van Eyck sentó las bases estéticas del Renacimiento nórdico e influyó en artistas como Hans Memling, El Bosco y, posteriormente, en maestros del Barroco. Su obra marca la transición definitiva del Gótico internacional hacia un naturalismo empírico que anticipó desarrollos posteriores en Europa.

     Conexión con reconstrucciones históricas y culturales

    La estética de Van Eyck resulta singularmente adecuada para recreaciones visuales de escenarios medievales y protomodernos, tales como:

    • Escenas de vida cotidiana y poder señorial (ej.: el Castillo de la Moya o figuras como Gonzalo de Roa).
    • Entornos rurales y simbología sacra (ej.: peregrinos, cruces, arados y utensilios como cestos y canastos).
    • Narrativas históricas ambientadas en espacios como Santerón o el personaje del Zurdo, donde el detalle realista y la carga simbólica enriquecen la comunicación.

    Su capacidad para integrar precisión documental con profundidad conceptual permite que las imágenes no solo ilustren, sino que interpreten contextos históricos, reforzando el axioma de que “una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación del patrimonio cultural.


    PIE DE PÁGINA

    1. Narrativa coral:

      Se refiere a un enfoque de narración donde la historia se relata por medio de diferentes voces o narradores, en vez de apoyarse en un solo punto de vista. Cada personaje, comúnmente desempeñándose como el personaje principal, proporciona una perspectiva singular de los acontecimientos, lo cual facilita la elaboración de una narración polifónica y enriquecida por la diversidad de experiencias y emociones. Este enfoque fomenta una interpretación más exhaustiva y minuciosa de la historia, dado que los sucesos se presentan desde múltiples puntos de vista, lo cual realza la complejidad y la autenticidad de la narrativa.

    2. Fungir:

      Desempeñar un empleo, cargo o función. “Desempeñar una función, a veces sin tener el nombramiento preceptivo”.

    3. Setenarios:

      Agrupaciones simbólicas de siete elementos en contextos espirituales o teológicos, destacando la relevancia del número siete, como símbolo de plenitud y perfección. Tradición cristiana, mística medieval; estas estructuras organizaban conceptos clave en grupos de siete, mostrando un marco para la reflexión y el crecimiento espiritual.

      1. Los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
      2. Las siete virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
      3. Los siete pecados capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
      4. Las siete bienaventuranzas: Interpretadas a partir del Sermón del Monte.
      5. Las siete peticiones del Padrenuestro: Cada una se considera un antídoto espiritual frente a los pecados o debilidades humanas.
    4. Orden del Temple:

      Conocida como los Caballeros Templarios. Fundada en 1119 por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada, su misión original era proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.

    5. Los pecheros:

      Eran individuos pertenecientes al tercer estamento en la España del régimen antiguo, no pertenecientes a la nobleza ni al clero, y estaban obligados a abonar tributos directos a la Corona española. El término viene de “pecho” o “pecha” (tributos medievales). Principalmente, eran agricultores, artesanos y residentes de villas, cuya situación tributaria no se basaba en su riqueza, sino en su obligación de contribuir.

    6. Alfoz:

      Se trataba de un término de la era medieval que se utilizaba para referirse a un territorio rural bajo la jurisdicción de una villa principal, en el que se congregaban diversas aldeas. Poseía responsabilidades fiscales, judiciales y militares, desempeñando un papel crucial durante la Reconquista.

    7. Señorío de realengo:

      Tierras bajo control directo del rey, en contraposición a las tuteladas por nobles o la Iglesia, el monarca podía concederlas por merced o venta.

    8. Vísperas:

      Los miembros de la Orden de Santiago practicaban un rito denominado la Plegaria del Caballero, que se sincroniza con las horas canónicas de la Iglesia. Rezaban en momentos específicos del día. Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. La misa conventual y la liturgia de las horas, pilares esenciales en su vida espiritual.

    9. Prácticas de armas abiertas

      En los castillos de las órdenes militares solían realizarse, en espacios amplios y despejados dentro del recinto fortificado, como el patio de armas. Este era el corazón del castillo, una gran explanada central donde los caballeros entrenaban en combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, lanzas, arcos y tácticas de formación. Además del patio de armas, algunos castillos contaban con terrazas exteriores o explanadas cercanas que también se usaban para ejercicios ecuestres y simulacros de batalla. Estos entrenamientos eran esenciales para mantener la disciplina y la preparación militar de los caballeros, guerreros altamente entrenados.

    10. Pertenencia a un grupo:

      Es cuando un individuo se siente parte de un conjunto de personas que comparten algo en común: afición, cultura, ideología, actividad o una edad…

    11. Bordón:

      Cayado largo de madera que sirve de apoyo durante el camino y tiene un significado simbólico en la peregrinación. Su uso se remonta a la Edad Media y suele estar coronado por un puño del que cuelga una calabaza.

    12. Limosnera: 

      Típica de la época, era un recipiente sencillo, a menudo de tela o cuero, que servía para llevar la limosna que se recogía de donantes.

    13. Ucronías:

      Relatos que imaginan cómo habría sido la historia si un hecho del pasado hubiera ocurrido de forma diferente. Es decir, son reconstrucciones ficticias de la historia basadas en un punto de divergencia.

    14. La Carola:

      Danza medieval en círculo, acompañada por el canto de los propios bailarines. Aunque no se han conservado partituras específicas, los instrumentos que solían acompañar este tipo de danzas incluían:

      1. Tamboriles: Marcaban el ritmo con golpes constantes.
      2. Flautas dulces: Añadían melodías suaves y fluidas.
      3. Cornamusa: Un instrumento de viento similar a la gaita, con un sonido potente.
      4. Chirimía: Antecesora del oboe, con un timbre agudo y expresivo.
      5. Laúd: Instrumento de cuerda pulsada que aportaba armonía.
      6. Castañuelas: Utilizadas para marcar el ritmo con percusión manual.

    CRONOLOGÍA DE LAS ÓRDENES MILITARES

    Orden de Santiago (1210 – 1300)

    • Justificación: Tras la conquista de Moya por Alfonso VIII de Castilla en 1210, la villa y su castillo fueron entregados a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación de la frontera con al-Ándalus. Es el dominio más largo y estable.
    • Evidencia: Documentos reales de donación y confirmaciones posteriores de la posesión Santiaguista.

    Orden de Montesa (1300 – 1304)

    • Justificación: Mediante una bula papal (Sane Considerante) del Papa Bonifacio VIII (11 de julio de 1297), se autorizó al rey Jaime II de Aragón a crear la Orden de Montesa y asignarle los bienes de la disuelta Orden del Temple en la Corona de Aragón. Sin embargo, Jaime II formalizó la cesión de Moya (que era castellana, no aragonesa) a Montesa en 1300, buscando fortalecer esta nueva orden en la frontera.
    • Fecha exacta de finalización:
    • Justificación: La cesión de Moya (territorio castellano) a una orden aragonesa (Montesa), generó un conflicto diplomático entre Castilla y Aragón. Mediante el Tratado de Torrellas (8 de agosto de 1304), que fijaba las fronteras entre ambos reinos, Jaime II de Aragón acordó devolver Moya a Castilla.
    • Evidencia: Bula papal de 1297, documentos reales aragoneses de cesión a Montesa (1300) y texto de la sentencia arbitral del Tratado de Torrellas (1304).

    Fin del dominio directo de las órdenes militares (1304 en adelante).

    • Justificación: Cumpliendo el Tratado de Torrellas, la Orden de Montesa, dejó Moya, que volvió a la Corona de Castilla bajo el rey Fernando IV.
    • A partir de entonces, Moya fue gobernada por señores laicos nombrados por el rey (Señorío de Realengo 7), aunque mantuvo vínculos históricos con Santiago y tuvo Comendadores santiaguistas en su territorio. Nunca más volvió a estar bajo el dominio directo de una orden militar como villa propia.
    • Evidencia: Aplicación del Tratado de Torrellas y aparición de tenentes.

     

    Conflictos que marcaron la región

    • Guerra Civil Castellana (1366–1369): Moya fue escenario de enfrentamientos entre los bandos de Pedro I «el Cruel» (apoyado por Inglaterra) y su hermanastro don Enrique de Trastámara (respaldado por Aragón y Francia). La guerra dejó la zona devastada y sembró el caos institucional. Las órdenes Militares, tanto la Orden de Santiago como la de Calatrava, intentaron hacerse con el control de Moya, aprovechando su valor defensivo y su ubicación clave en las rutas entre Castilla y Aragón.
    • Consecuencias para la población, el auge del bandolerismo. Tras conflictos como la Guerra de los Dos Pedros (1356–1369), muchos soldados y mercenarios quedaron sin paga ni señorío. En la Baja Sierra esto se tradujo en: Grupos armados itinerantes, no eran ejércitos regulares, sino bandas de excombatientes desmovilizados, mercenarios sin contrato.

    BIBLIOGRAFÍA

    1. Alfonso X el Sabio

      Primera Crónica General de España (c. 1270-1284). Fundamental para el contexto político y militar de la Castilla del siglo XIII.

    2. Fuero de Cuenca

      Ed. crítica de Rafael de Ureña y Smenjaud (1935). Base jurídica de la repoblación y organización territorial en la región.

    3. Chronica Latina Regum Castellae:

      Ed. Luis Charlo Brea (1999). Relatos contemporáneos sobre Alfonso VIII y Enrique I.

    4. Martínez Díez, Gonzalo

      Los templarios en los reinos de la Península Ibérica. Ed. Cátedra. (1993).

    5. Ruiz Gómez, Francisco

      Los orígenes de las órdenes militares y la repoblación de los territorios de La Mancha (CSIC, 2003). Análisis del papel de Santiago y Calatrava en la consolidación territorial.

    6. Doménech, M. Ángeles (2005)

      Religiosidad popular y santuarios en la Serranía Baja de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.

    7. Sánchez Garzón, Alfredo (2006)

      Santuario de la Virgen de Tejeda en Garaballa. Ed. Comarcal.

    8. Llop Domingo, J. V. (1997)

      Ermitas y espiritualidad mariana en el Alto Turia.

    9. Archivo Parroquial de Moya y Libros de Fábrica de Garaballa y Garcimolina

      Contienen referencias a los orígenes legendarios y primeros cultos.

    10. Sanz y Díaz, José

      Historia de la muy noble y leal villa de Moya (Ed. Añil, 1947). Crónica local con documentos sobre Juan González de Roa.

    11. VV. AA. (2011)

      Marianismo rural en la península Ibérica: ritos, caminos y ermitas. Universidad de Castilla-La Mancha.

    12. Vauchez, André

      La espiritualidad del Occidente medieval (Cátedra, 1995). Contexto sobre devociones populares (vírgenes aparecidas, setenarios).

    13. Castro, Caridad, Pepe

      Peregrinos en la España medieval. (Ediciones Nowtilus, 2010). Rutas alternativas, hospederías y simbolismo espiritual.

    14. Almagro Gorbea, Martín

      El castillo de Moya, arqueología de fortaleza medieval (Diputación de Cuenca, 2015). Estudio arquitectónico y estratigráfico del bastión.

    15. Retuerce Velasco, Manuel

      La Serranía Conquense en la Edad Media. Poblamiento y estructura social (AACHE Ed., 2009). Asentamientos como Casas de Garcimolina.

    16. Primera mención documental de «La Casa de García Molina». Censo de pecheros de Carlos I, 1528.

      Tomo I, pág.: 133 https://ine.es/prodyser/pubweb/censo_pecheros/tomo1.pdf

    17. Archivo municipal de Moya, 1380-1400, Pedro López de Ayala

      bub_gb_9-s97PAswgsC.pdf

    18. Real Academia de la Historia

      https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/registro.do?id=12781

    19. Recursos digitales
      1. https://gw.geneanet.org/foullon?lang=es&n=de+roa&p=juan+gonzalez+de+roa
      2. https://palomatorrijos.blogspot.com/2020/04/juan-gonzalez-de-rosa-senor-de-moya-y-de.html
    20. Documentos de órdenes militares

      Archivo Histórico Nacional (Madrid). Sección órdenes Militares (Santiago, Calatrava).

      1. Pergaminos y cartularios: encomiendas en Cuenca y Moya (siglos XII-XIV).
      2. Consultas sobre posesiones en la zona oriental de Cuenca. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=50989

     

     

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    Sistemas tradicionales de regadío y gestión comunitaria del agua

    EL REGADÍO TRADICIONAL DE GARCIMOLINA, PATRIMONIO INMATERIAL DE ESPAÑA


    Las acequias y caces de la Serranía Baja, reconocidos por el Gobierno como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial
    El 1 de septiembre de 2026, el Consejo de Ministros aprobó, a propuesta del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, el Real Decreto por el que se reconocen los Sistemas Históricos y Tradicionales de Regadío (SHTR) como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España. Esta declaración, amparada por la Ley 10/2015 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, viene a reforzar el reconocimiento de una práctica ancestral que constituye un valioso legado ambiental, tecnológico y paisajístico, además de desempeñar una importante función social en los territorios y comunidades donde se desarrolla.

    La decisión del Gobierno español, que culmina un expediente incoado en septiembre de 2025 por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, supone un paso decisivo para la protección de unos sistemas que son «el resultado de una construcción colectiva forjada a lo largo de los siglos a través de una estrecha interacción entre las comunidades humanas y su entorno». Esta coevolución social y ecológica ha dado lugar a paisajes culturales vinculados a la identidad de sus poblaciones, caracterizados por la convivencia de múltiples valores culturales, sociales, económicos, ambientales, ecológicos y paisajísticos.

    El reconocimiento nacional se suma al otorgado en 2023 por la UNESCO, que incluyó el «Riego tradicional: conocimientos, técnica y organización» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, a instancias de Austria, Alemania, Bélgica, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza. Como señala el Ministerio de Cultura, este reconocimiento internacional «constituye un marco de referencia al que España podrá sumarse en el futuro».

     

    Un patrimonio vivo en la Serranía Baja de Cuenca

    Casas de Garcimolina, enclavado en el corazón de la Serranía Baja conquense, atesora históricamente uno de esos sistemas tradicionales de regadío que ahora ven reconocido su valor patrimonial. La red de canales que surca su término municipal —desde el Caz principal, pasando por los huertos camino del Pozanco, por detrás de la loma, la Umbría hasta las tablillas y la Berzosilla (Ferzosilla), a la Acequia Madre, camino de las vueltas— constituye un ejemplo paradigmático de la ingeniería popular, adaptada a los condicionantes de un entorno de clima mediterráneo continentalizado.

    En él, la pluviometría media anual, en torno a los 500-600 mm, y la alta evapotranspiración estival hacen imprescindible el riego para la horticultura de autoconsumo y los pequeños frutales. No obstante, en la actualidad, debido a su desuso, a la falta de mantenimiento, a la despoblación y a la dejación, toda la infraestructura tiende al abandono y a su posterior desaparición. Todo el esfuerzo, el sudor y las lágrimas de nuestros ancestros caerán, tarde o temprano, en el abandono y la posterior desaparición.

    La declaración gubernamental subraya que estos sistemas son «creaciones colectivas fruto de una evolución social y ecológica indisociable en los socioecosistemas a lo largo de los siglos». Se trata de sistemas de organización social donde la comunidad portadora establece formas de gobernanza y gestión del agua adaptadas a la morfología, la funcionalidad y el conocimiento aprendido y transmitido por relaciones de parentesco. Esta definición encaja a la perfección con la realidad de Casas de Garcimolina, donde el agua se capta, conduce y distribuye mediante una jerarquía de canales cuyos nombres —azud, caz, acequia, reguero, regajuelo— reflejan no solo funciones técnicas diferenciadas, sino también una profunda carga cultural y local.

     

    RESUMEN

    El presente artículo documenta y analiza la red de canales de riego del municipio de Casas de Garcimolina, enclavado en la Sierra Baja de Cuenca. A partir de fuentes locales, bibliografía técnica y la memoria oral recogida en plataformas digitales y las aportaciones inestimables de Eugenio Verdad Seguí.

    Se describen los nombres de las acequias (Caz, acequia madre, tablillas, Berzosilla), sus sistemas constructivos en mampostería y piedra seca, y las balsas de almacenamiento. Se constata la ausencia de datos cuantitativos estandarizados (secciones, caudales) en los recursos disponibles, por lo que se señala la necesidad de consultar el organismo de cuenca.

    El trabajo profundiza en la institución de las peonadas como forma de mantenimiento comunitario obligatorio y en el entramado normativo que regula los turnos de riego, los derechos consuetudinarios y los permisos administrativos. Se concluye con recomendaciones para futuras investigaciones que integren la documentación histórica, los levantamientos topográficos y el registro oral.

     

    Palabras clave:

    Acequias tradicionales, regadío histórico, peonadas, comunidades de regantes, Casas de Garcimolina, Cuenca.

     

     

    INTRODUCCIÓN

    Los sistemas de riego tradicionales de la Serranía Baja de Cuenca constituyen un patrimonio hidráulico y cultural que ha modelado el paisaje agrario y las relaciones sociales durante siglos. En el término municipal de Casas de Garcimolina, la articulación de fuentes, acequias y balsas ha permitido el aprovechamiento de caudales modestos pero estratégicos en un entorno de clima mediterráneo continentalizado. A pesar de su relevancia, estos ingenios carecen a menudo de registros técnicos detallados, lo que dificulta su conocimiento preciso y su protección. El presente artículo reúne la información dispersa en fuentes locales, testimonios y referencias administrativas con el fin de ofrecer una panorámica exhaustiva de los canales de riego de Casas de Garcimolina, abordando sus nombres, materiales constructivos, la organización del trabajo colectivo (peonadas) y el marco de derechos y turnos que rige el uso del agua.

    La revisión de contenidos publicados en el archivo digital de la localidad, la consulta de guías técnicas sobre acequias españolas y la caracterización general de los procedimientos administrativos ante la Confederación Hidrográfica competente. Ninguna de las fuentes accesibles proporciona mediciones cuantitativas de caudal o dimensiones.

    El Ministerio de Cultura destaca que las comunidades vinculadas a la cultura del regadío han acumulado un amplio patrimonio cultural inmaterial integrado por conocimientos, técnicas, formas de organización y normas consuetudinarias transmitidas de generación en generación de manera oral y escrita, y recogidas en ordenanzas o libros de aguas. «Este legado forma parte de la identidad colectiva de estas comunidades y se refleja en rituales, festividades, topónimos y formas de vida asociadas al agua y a la tierra».

     

    CONTEXTO GEOGRÁFICO E HIDROLÓGICO

    Casas de Garcimolina se sitúa en el extremo nororiental de la provincia de Cuenca, en el corazón de la Serranía Baja, una comarca de relieves abruptos modelados sobre calizas y margas del Mesozoico y Cenozoico. La red hidrográfica local está dominada por barrancos, fuentes y arroyos de régimen pluvio-nival, con estiajes acusados. La pluviometría media anual, en torno a los 500-600 mm, y la alta evapotranspiración estival hacen imprescindible el riego para la horticultura de autoconsumo y los pequeños frutales que caracterizan el parcelario de la zona. En este contexto, el almacenamiento en balsas y la conducción por gravedad mediante acequias han sido las estrategias históricas de adaptación.

     

     

    LA RED DE CANALES: NOMBRES Y TRAZADO


    La documentación local identifica un eje principal, procedente del río Algarra y distribuido en el lavadero, denominado «Caz» —término patrimonial que alude al canal que desagua en la acequia mayor—, cuyo trazado medio, viene desde las balsas del salto del Pozanco, discurre por detrás de la Loma hacia la zona sur de la partida de la Umbría y actúa como desagüe de cabecera del sistema. Conectado a la Acequia Madre, que distribuye el agua hacia dos ramales claramente irrigados: las tablillas y la Ferzosilla (con frecuencia transcrita como Berzosilla en fuentes orales). Esta última denominación aparece en la toponimia local asociada a una fuente y al espacio regable contiguo (Garcimolina.net, s. f. – b).

    Junto a los canales lineales, el sistema incluye pequeñas balsas de almacenamiento situadas junto a viviendas y huertos. La balsa del tío Ambrosio, debajo de la Peña el Pardo, las del Tornajillo y como la documentada históricamente en la «caseta de la Umbría», donde se encontraban unas balsas de tierra excavada, rudimentarias, que recogían el agua excedente para su uso lúdico, de riego y como decantadores, en momentos de corte del suministro principal (Garcimolina.net, s. f.- a) y la balsa final que había en el segundo puente de las vueltas, donde se recogía el agua sobrante del excedente del riego, para volver a encaminarlo al río. La interconexión de estos elementos configura una red de riego por turnos, en la que la acequia madre funciona como distribuidor primario y los ramales secundarios atienden a parcelas concretas.


    No se han localizado planos parcelarios de detalle con las longitudes exactas de cada acequia, pero la memoria oral y los registros locales confirman que el trazado ha permanecido sustancialmente inalterado desde al menos el siglo XIX, aunque algunas conducciones han sido renovadas con tuberías cerradas en las últimas décadas.

     

    DIFERENCIAS ENTRE AZUDES, CACES, ACEQUIAS Y OTROS CANALES DE RIEGO TRADICIONALES

    Los nombres de las infraestructuras hidráulicas tradicionales no son sinónimos exactos, sino que reflejan una jerarquía de funciones, tamaños y, a menudo, una fuerte carga local.

     

    A continuación, se explica cada término.

     

    Azud y su variante «azús».

    Un azud es una pequeña presa o dique construido transversalmente en el cauce de un río o arroyo. Su función no es almacenar agua, sino elevar el nivel para desviarla por una toma lateral hacia un canal o acequia. Se trata de la obra de cabecera, es decir, la infraestructura que da origen al sistema de riego. La palabra «azús» es una pronunciación dialectal de la misma realidad y se documenta en algunas zonas de Cuenca y Aragón; en ocasiones se aplica a presas muy modestas de piedra en barrancos. La diferencia clave es que el azud no es un canal, sino la presa que alimenta el canal.

     

    Caz, plural «caces».

    El caz es un canal artificial, casi siempre de corta longitud y fuerte pendiente cuando se destina a mover molinos, o de pendiente suave si es para riego. Conduce el agua desde el azud o desde una fuente hasta un molino, una ferrería o la red de acequias. En la Serranía Baja de Cuenca, y en concreto en Casas de Garcimolina, «Caz» se emplea como nombre propio del canal principal que atraviesa la partida de la Umbría y funciona como acequia madre de toda la red. En términos generales, el caz se considera un segmento de cabecera: más profundo, mejor revestido y de mayor solidez que las acequias secundarias.

     

    Acequia

    La acequia es un canal de riego de gestión comunitaria que forma parte de un sistema con ordenanzas, turnos y derechos de agua. Es el elemento central del regadío mediterráneo: recoge el agua del caz o del azud y la distribuye entre los regantes. Su tamaño varía: la acequia madre (o acequia mayor) es la arteria principal, de la que nacen acequias secundarias e «hijuelas» cada vez menores. En el artículo previo sobre Casas de Garcimolina, la «acequia madre» deriva del Caz y alimenta los ramales llamados «tablillas» y «Berzosilla». La diferencia con «canal de riego» es de matiz cultural y jurídico: acequia implica comunidad de regantes y costumbre; «canal de riego» es un término más genérico y administrativo.

     

    Canal de riego y canal

    Es el nombre más amplio para cualquier conducción artificial de agua destinada al uso agrícola, desde una pequeña reguera hasta una gran infraestructura estatal. El término «canal» por sí solo carece de las connotaciones históricas y sociales que tiene «acequia». Se emplea preferentemente en contextos técnicos modernos o para obras de mayor escala; en la práctica, todas las acequias pueden considerarse canales de riego, pero no todos los canales de riego son acequias.

     

    Reguero

    El reguero es un canal pequeño, a menudo un simple surco de tierra o un canalillo de mampostería, que deriva el agua desde una acequia secundaria hacia una parcela, un bancal o una hilera de árboles. Tiene una sección reducida (20-40 cm de ancho) y poca profundidad. Representa el último tramo de la distribución colectiva antes de que el agua entre en el dominio del agricultor.

     

    Regajuelo

    Diminutivo de «regajo», el Regajuelo es un hilillo de agua apenas encauzado: puede ser un surco excavado con azada para regar un árbol concreto, una pequeña planta o un rincón de huerto. Es la unidad más pequeña de la red de riego, y en la Serranía Baja de Cuenca el término se aplica también a los hilillos naturales que se aprovechan para un riego puntual.

     

    Canaleta

    La canaleta es un canal pequeño, generalmente prefabricado (obra, chapa metálica, PVC o madera) y con frecuencia instalado en alto sobre soportes. Se usa para salvar desniveles, distribuir agua en invernaderos o conducirla desde una balsa a varios puntos. Aunque en los sistemas tradicionales existen canaletas de piedra labrada. El término remite hoy a soluciones más modernas, portátiles o industriales, y se distingue de las acequias y regueros por su carácter funcional y desmontable.

     

     

     

    Jerarquía en el caso concreto de Casas de Garcimolina


    Para visualizar cómo se relacionan todos estos elementos sobre el terreno, puede imaginarse el siguiente orden: el agua se capta mediante un azud (o directamente de una fuente), se encauza por el Caz (canal principal de cabecera), pasa a la acequia madre y de esta se reparte por acequias secundarias como las tablillas y la Berzosilla. De dichas acequias se derivan regueros que entran en los huertos particulares, y en los puntos más menudos o apartados, el agua corre por el Regajuelo. Las balsas recogen los sobrantes y, en algún caso, el agua se conduce mediante pequeñas canaletas de obra, mampostería o lodo (greda), “como la que hubo antaño en la caseta de la Umbría”. Así, la diferencia fundamental entre estos nombres estriba en la función que cumple cada elemento —toma, transporte principal, distribución colectiva o riego privado— y en la escala con que trabajan.

     

    SISTEMAS CONSTRUCTIVOS: MATERIALES Y TIPOLOGÍAS

    La construcción de los canales de Casas de Garcimolina responde a las técnicas tradicionales de la arquitectura hidráulica rural de la Serranía. Predomina la mampostería en seco o tomada con mortero de cal, formando cajeros de piedra caliza irregular que delimitan canales a cielo abierto. En los tramos de mayor desnivel se intercalan saltos escalonados o pequeñas compuertas de madera y chapa para regular el flujo, mientras que en las zonas llanas la sección se ensancha para laminar la velocidad del agua.


    Las balsas asociadas al sistema son de planta rectangular o ligeramente trapezoidal, algunos con muros de mampostería, revestidos interiormente con una capa de mortero hidrófugo de cal y arena; los otros excavados en el suelo de tierra compactada. La captación suele realizarse desde un ramal de la acequia, con aliviadero de superficie que retorna los excedentes al cauce natural. La «caseta de la Umbría» constituye un ejemplo representativo: una construcción de tierra compactada con perímetro de piedra seca (ya desaparecida), que albergaba una balsa a cielo abierto, como todas las del circuito de canales, integrando así las funciones de almacenamiento, decantación y protección del agua frente a la fuga superficial, con un aliviadero del sobrante (Garcimolina.net, s. f.- a).


    Con la modernización de pocas de las infraestructuras agrarias, (abandono total del cultivo de las tierras, exceptuando los huertos) algunos tramos de acequia han sido sustituidos por tuberías de metal, obra, PVC o polietileno enterradas, perdiendo el carácter a cielo abierto, pero manteniendo el mismo trazado y servidumbres. Estas intervenciones, aunque funcionales, alteran la morfología tradicional y dificultan la inspección visual del estado de la red.

     

    DIMENSIONES, CAUDALES Y LIMITACIONES EN LOS DATOS CUANTITATIVOS

    Uno de los principales obstáculos para una caracterización técnica completa es la ausencia de mediciones de sección, longitud y caudal específicamente referidas a las acequias de Casas de Garcimolina en las fuentes públicas disponibles. Ni el archivo digital local (garcimolina.net) ni los testimonios recogidos ofrecen cifras estandarizadas; la información se limita a descripciones funcionales («la acequia trae buena agua», «la balsa se llena en una noche») que no permiten extrapolar magnitudes hidráulicas.

    En el contexto general de las acequias tradicionales españolas, las secciones transversales oscilan entre 0,20 y 0,80 m de ancho en solera, con calados de 0,15 a 0,50 m, y los caudales derivados rara vez superan los 50-100 L/s, modulados por compuertas y paradas (Naranjas del Carmen, 2023). Sin embargo, la extrapolación directa a este sistema local carecería de rigor sin un levantamiento de campo.

     

    Para obtener datos cuantitativos fiables, se recomienda la consulta de los siguientes repositorios:

    • Archivo Municipal de Casas de Garcimolina: posibles planos catastrales antiguos, actas de la comunidad de regantes o libros de reparto del agua.
    • Confederación Hidrográfica del Júcar (Ministerio para la Transición Ecológica): concesiones de aprovechamiento, registros de aguas y visores cartográficos con capas de infraestructuras hidráulicas (MITECO, s. f.).
    • Levantamiento topográfico e hidrométrico directo: aforos puntuales en épocas de riego y medición de secciones con estación total o GPS.

    Mientras no se complete ese trabajo de campo, cualquier cifra concreta debe considerarse una mera estimación. La presente contribución se limita, por tanto, a describir el funcionamiento cualitativo y las denominaciones de los elementos.

     

    MANTENIMIENTO COMUNITARIO: LA INSTITUCIÓN DE LAS PEONADAS

    El mantenimiento de la red de acequias de Casas de Garcimolina se ha sustentado históricamente en la figura de la peonada, (las famosas concejás o concejadas), una forma de trabajo colectivo obligatorio, no remunerado y organizado por la comunidad de usuarios. Cada regante o propietario beneficiario del agua debía aportar un número determinado de jornadas de trabajo —peonadas— proporcionales a la superficie regada o a los derechos de agua que ostentaba. La convocatoria se realizaba por el «regador» o persona encargada de la distribución, habitualmente en épocas de limpieza general (finales de invierno o antes de la campaña de riegos) y tras episodios de lluvias torrenciales que colmataban los cauces (Garcimolina.net, s. f. – a).

     

     

    Las tareas colectivas incluían:

    • Retirada de sedimentos, piedras y vegetación invasora de la solera y los cajeros.
    • Reconstrucción de tramos deteriorados con piedra y mortero.
    • Limpieza de las compuertas y aliviaderos.
    • Mantenimiento de las balsas: vaciado, reparación de revestimientos y eliminación de lodos acumulados.

     

    La frecuencia y el número exacto de peonadas

    No están cuantificados en las fuentes locales consultadas, ya que dependían de los acuerdos de la asamblea de regantes y de la costumbre transmitida oralmente. La literatura sobre acequias españolas (Naranjas del Carmen, 2023) confirma que este modelo de trabajo en especie fomentaba la cohesión social y la resolución dialogada de conflictos, al tiempo que garantizaba la sostenibilidad de unas infraestructuras que, de otro modo, carecerían de financiación externa.

    Con la transformación socioeconómica y la despoblación, las peonadas han perdido vigencia en muchas localidades, siendo reemplazadas por derramas económicas para contratar maquinaria o personal especializado. En Casas de Garcimolina, la memoria oral indica que hasta fechas recientes se conservaba el espíritu comunitario, pero la práctica se ha reducido a intervenciones puntuales por parte de los pocos hortelanos activos. La pérdida de este mecanismo amenaza la conservación de las acequias y la transmisión del conocimiento asociado.

    El Ministerio de Cultura

    Destaca que las comunidades vinculadas a la cultura del regadío han acumulado un amplio patrimonio cultural inmaterial integrado por conocimientos, técnicas, formas de organización y normas consuetudinarias transmitidas de generación en generación de manera oral y escrita, y recogidas en ordenanzas o libros de aguas. «Este legado forma parte de la identidad colectiva de estas comunidades y se refleja en rituales, festividades, topónimos y formas de vida asociadas al agua y a la tierra».

     

    NORMATIVA, PERMISOS, TURNOS Y DERECHOS DEL AGUA

     

    El régimen de uso del agua en Casas de Garcimolina se asienta sobre dos pilares complementarios: el derecho consuetudinario local y la normativa administrativa contemporánea.

     

    Derechos consuetudinarios y turnos de riego. La asignación del agua se basa en acuerdos verbales y repartos por turnos (tandas) que la comunidad de regantes ha establecido históricamente. Cada «heredero» o regante recibe el agua durante un período de tiempo proporcional a su propiedad o a la antigüedad del derecho, en un sistema de rotación continua (módulo) que comienza en la cabecera de la acequia madre y avanza hacia los ramales. La administración de los turnos recae en una persona designada anualmente, que abre y cierra las compuertas correspondientes y vela por el cumplimiento de los tiempos. No se han documentado ordenanzas escritas previas al siglo XX, aunque la costumbre goza de reconocimiento tácito.

     

    Marco administrativo moderno.

    Desde la entrada en vigor de la Ley de Aguas y la legislación autonómica de Castilla-La Mancha, cualquier aprovechamiento de aguas superficiales o subterráneas requiere, en principio, una concesión o autorización del organismo de cuenca (Confederación Hidrográfica del Júcar). Aunque muchos de los aprovechamientos tradicionales pueden tener la consideración de usos privados por disposición legal (si se acredita una antigüedad anterior a la Ley de Aguas de 1879 o a la de 1985), es necesario que los titulares regularicen sus derechos e inscriban los aprovechamientos en el Registro de Aguas.

    Para obras o derivaciones nuevas es preceptivo obtener una autorización administrativa, tanto del Ayuntamiento en lo que respecta a las licencias urbanísticas y la ocupación de vías públicas, como de la Confederación Hidrográfica en lo referente a la alteración de cauces o a la toma de agua. La página del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO, s. f.) ofrece visores geográficos que permiten identificar el dominio público hidráulico y los expedientes de concesión; la consulta de estos registros es el primer paso para cualquier proyecto de rehabilitación o ampliación.

     

    Interacción entre ambos planos.

    En la práctica local, los turnos consuetudinarios suelen operar al margen de formalidades administrativas mientras no surjan conflictos o denuncias. Sin embargo, la debilidad demográfica y la falta de renovación generacional están llevando a que algunos derechos no se ejerzan o se confundan, lo que hace recomendable la plasmación escrita de las tandas y la constitución formal de una comunidad de regantes que pueda relacionarse con la Administración y optar a ayudas para la modernización del regadío.

     

     

    DESAFÍOS PARA LA CONTINUIDAD


    El Gobierno advierte que los cambios sociales, económicos y ambientales «ponen a prueba la continuidad de algunas de sus prácticas, conocimientos y modelos tradicionales de gobernanza.

    Entre los principales desafíos destaca el envejecimiento de la población, la despoblación de las zonas rurales y la falta de relevo generacional, «factores que favorecen la pérdida de saberes y debilitan la capacidad de gobernanza y gestión que ha sustentado históricamente estos sistemas».
    Casas de Garcimolina no es ajeno a esta realidad. La transformación socioeconómica y la despoblación han hecho que las peonadas hayan perdido vigencia, siendo reemplazadas por derramas económicas para contratar maquinaria o personal especializado. La memoria oral indica que hasta fechas recientes se conservaba el espíritu comunitario, pero la práctica se ha reducido a intervenciones puntuales por parte de los pocos hortelanos activos.

     

    UN RECONOCIMIENTO QUE ABRE NUEVAS OPORTUNIDADES


    La declaración de los Sistemas Históricos y Tradicionales de Regadío como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial supone un reconocimiento que, como señala el Ministerio de Cultura, «refuerza el valor cultural, ambiental y social de estas prácticas agrícolas ancestrales». Para localidades como Casas de Garcimolina, este reconocimiento abre la puerta a:

    1. La puesta en valor de un patrimonio hidráulico que, además de su función agrícola, encierra valores históricos, etnológicos y paisajísticos merecedores de protección.
    2. La posibilidad de acceder a fondos para la restauración y conservación de los elementos más degradados de la red.
    3. El impulso a la investigación y documentación de unos sistemas que, a pesar de su relevancia, carecen a menudo de registros técnicos detallados.
    4. El fomento del relevo generacional mediante la transmisión de unos conocimientos que, como subraya la UNESCO, se transmiten «de manera informal». «Mediante la observación y la formación por parte de miembros experimentados».
    5. La declaración, según ha precisado el Ministerio, «reconoce y salvaguarda» el patrimonio cultural inmaterial constituido por «las prácticas culturales del riego tradicional, sin alterar el régimen jurídico de los bienes materiales asociados, ni incidir en las competencias sectoriales en materia de aguas, medio ambiente, agricultura o gestión del territorio».

     

     

    CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES PARA LA INVESTIGACIÓN FUTURA

    1. El sistema de riego de Casas de Garcimolina constituye un ejemplo notable de ingeniería popular adaptada a los condicionantes de la Serranía Baja. La toponimia de sus acequias (Caz, tablillas, Berzosilla) y la presencia de balsas como la de la Umbría revelan una organización espacial. Y un saber técnico que ha permitido el cultivo en un medio ecológicamente limitante. La construcción en mampostería y piedra seca. El mantenimiento mediante peonadas y la regulación por turnos de base consuetudinaria son rasgos compartidos con otras acequias del interior peninsular, pero su documentación específica es aún fragmentaria.
    2. El reconocimiento de los sistemas históricos y tradicionales de regadío como manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial de España. Coloca a las acequias, caces y regueros de Casas de Garcimolina en el lugar que les corresponde: el de un patrimonio vivo, fruto de siglos de interacción entre la comunidad y su entorno. Ha modelado paisajes, forjado identidades y sostenido formas de vida.
    3. La red de canales que surca el término municipal —desde el Caz hasta el más modesto Regajuelo— no es solo una infraestructura hidráulica: es la expresión material de un saber colectivo. De unas normas consuetudinarias y de una organización social que ahora ven reconocido su valor excepcional. Que este reconocimiento sirva para impulsar su conservación y para que las generaciones futuras puedan seguir aprendiendo, como han hecho sus antepasados, el arte de conducir el agua por la ladera.

     

    Las principales limitaciones detectadas son la ausencia de datos cuantitativos de caudal y dimensiones. La falta de un registro escrito de los turnos y derechos, y la debilidad actual de la institución de las peonadas. Para subsanarlas, se proponen las siguientes líneas de actuación:

    1. Investigación archivística: rastrear en el Archivo Municipal de Casas de Garcimolina y en el Histórico Provincial de Cuenca las actas de la comunidad de regantes, los libros de riego y los expedientes de obras hidráulicas.Trabajo de campo y levantamiento topográfico: Medir las secciones de las acequias, realizar aforos en diferentes épocas y georreferenciar el trazado completo de la red.
    2. Registro de la memoria oral: Entrevistar a los mayores del lugar para recoger los nombres de parajes, los tiempos de riego, el número histórico de peonadas y las anécdotas en torno a la gestión de conflictos. La plataforma Garcimolina.net ya ha iniciado esta labor, que debería intensificarse.
    3. Regularización administrativa y puesta en valor: Promover la constitución de una comunidad de regantes formal que elabore ordenanzas actualizadas y gestione la inscripción de los aprovechamientos, facilitando la conservación y la posible obtención de fondos para restaurar los elementos más degradados.
    4. Solo a través de la integración de estas fuentes será posible completar el conocimiento de un patrimonio hidráulico que, además de su función agrícola, encierra valores históricos, etnológicos y paisajísticos merecedores de protección.

    REFERENCIAS

    • Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado (2025). Resolución de 4 de septiembre de 2025, de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, por la que se incoa expediente de declaración de «Los sistemas históricos y tradicionales de regadío» como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. BOE-A-2025-18183.
    • Europa Press (2026, 1 de septiembre). Los sistemas históricos y tradicionales de regadío, declarados Manifestación Representativa del Patrimonio Inmaterial.
    • Garcimolina.net (s. f.- a). La caseta de la Umbría. https://garcimolina.net/archivo-historico/la-caseta-de-la-umbria.
    • Garcimolina.net (s. f.- b). Las fuentes de Casas de Garcimolina. https://garcimolina.net/noticias/las-fuentes-de-casas-de-garcimolina/
    • Infobae/EFE (2026, 1 de septiembre). Los sistemas de regadío tradicional, reconocida manifestación del patrimonio inmaterial.
    • MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) (s. f.). Visores y cartografía del agua. https://www.miteco.gob.es/es/cartografia-y-sig/visores/visores-agua.html
    • Naranjas del Carmen (2023, 25 de julio). Manifiesto de las acequias. Blog El Exprimidor. https://www.naranjasdelcarmen.com/blog/el-exprimidor/2023/07/25/manifesto-acequias/
    • UNESCO (2023). Riego tradicional: conocimientos, técnica y organización. Inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

    Artículo elaborado a partir de la documentación recogida en el archivo digital de Garcimolina.net y de las fuentes bibliográficas y administrativas citadas.

     


  • Casas de Garcimolina celebrará una Dino Fiesta para toda la familia

    La jornada permitirá conocer los hallazgos de la campaña paleontológica de 2026 e incluirá talleres, hinchables, música y actividades infantiles.
    La Asociación de Mujeres El Sabinarejo organizará el próximo sábado 29 de agosto una Dino Fiesta dirigida a toda la familia en Casas de Garcimolina.

    La actividad comenzará a las 19:00 horas y permitirá acercarse a los hallazgos realizados durante la campaña paleontológica de 2026. La propuesta combina divulgación y entretenimiento para despertar el interés de pequeños y mayores por la paleontología.

    La programación contará con talleres, regalos, música de DJ e hinchables. También habrá perritos calientes para completar esta tarde festiva y familiar.

    La Dino Fiesta se presenta así como una oportunidad para conocer el patrimonio paleontológico de la zona de una manera amena, participativa y accesible para todas las edades.

    Información de la Dino Fiesta
    Fecha: sábado 29 de agosto de 2026
    Hora: 19:00 horas
    Lugar: Casas de Garcimolina
    Actividad: Dino Fiesta y presentación de los hallazgos de la campaña paleontológica de 2026.


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    La II República en la Baja Serranía de Cuenca

    La II República en la Baja Serranía de Cuenca

     

    Génesis, evolución y memoria histórica

    Génesis, evolución y memoria histórica

     

     

    Monarquía, caciquismo, dictadura, república y represión franquista en una comarca rural

     

    Introducción

    La Baja Serranía de Cuenca —esa franja de tierra que abraza la Alcarria conquense, las villas de Huete y Tarancón, y los pueblos serranos del sur, antiguo marquesado de Moya y su capital de comarca Landete— constituye un observatorio privilegiado para asomarse a las grandes convulsiones de la España del siglo XX.

    Allí, la transición desde la Monarquía alfonsina hasta la dictadura franquista no fue un eco lejano de los debates parlamentarios de Madrid, sino una experiencia vivida con crudeza, con sus luces y sus sombras, en el día a día de labradores, jornaleros, párrocos y maestros.

    El carácter rural de la comarca, su estructura social fuertemente jerarquizada y la influencia persistente del clero y del caciquismo permiten observar cómo los grandes procesos nacionales se filtraron, se adaptaron y se transformaron en un entorno local, dando lugar a una historia tan compleja como apasionante.

    La bibliografía especializada coincide en señalar que Cuenca fue, durante la República, una de las provincias más conservadoras de España. Llegando a ser conocida como la «Covadonga del resurgimiento derechista español». Esta realidad, lejos de ser un simple dato estadístico, matiza profundamente la recepción del cambio de régimen y explica muchas de las tensiones que jalonaron el periodo.

    El presente estudio, que se apoya en obras generales y en investigaciones recientes sobre la provincia, aspira a recorrer ese camino accidentado. Desde los cimientos de la Restauración hasta el silencio impuesto por la dictadura. Con la voluntad de rescatar del olvido las voces y los rostros de una tierra que vivió la historia con intensidad.

     

    Marco cronológico general (1868‑1975)

     

    Sexenio democrático (1868‑1874)

    • Reinado de Amadeo I (1870‑1873)
    • Primera República Española (1873‑1874)

    Restauración borbónica — caciquismo en la Baja Serranía (1874‑1923)

    • Reinado de Alfonso XII (1874‑1885)
    • Regencia de María Cristina (1885‑1902)
    • Reinado de Alfonso XIII (1902‑1931)

    Dictadura de Primo de Rivera. 1923‑1930

    II República española (1931‑1936)

    • Entusiasmo en Tarancón y Huete.

    Golpe de Estado (1936‑1939)

    • Fracaso inicial en la provincia.
    • Guerra Civil Española.

    Dictadura de Francisco Franco (1939‑1975)

    • Represión franquista y fosas comunes.
    La II República en la Baja Serranía de Cuenca

     

    La Monarquía y la Restauración en la Baja Serranía: el dominio del caciquismo

    La Restauración borbónica (1874-1923) consolidó en la Baja Serranía un modelo social y político que se mantuvo inalterado durante décadas. Sus pilares fueron el caciquismo rural, con familias notables que controlaban ayuntamientos y procesos electorales a su antojo.

    El predominio del clero, que ejercía una influencia moral y política desde los púlpitos, y una economía agraria de subsistencia, con jornaleros, pequeños propietarios y una industrialización prácticamente inexistente.

    El analfabetismo, especialmente femenino, era abrumador, como documenta Francisco Márquez Hidalgo al señalar que, en el conjunto de España, el acceso de las mujeres a la educación seguía siendo un privilegio minoritario.

    El partido judicial de Huete se convirtió en un ejemplo paradigmático de este entramado clientelar. Allí, las redes caciquiles encontraron un terreno abonado para perdurar más tiempo que en otras provincias, precisamente por la debilidad de los partidos y grupos de interés organizados. En muchas ocasiones, las presiones de los caciques y las directrices gubernativas condicionaron los resultados electorales mucho más que la voluntad de los ciudadanos. El Carlismo, aunque más fuerte en la Serranía Alta, mantuvo una presencia notable en círculos tradicionalistas de Huete, Tarancón y la Alcarria, reforzando una cultura política profundamente conservadora que veía con recelo cualquier atisbo de modernización.

     

    La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

     

    La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930): orden militar y descontento sordo

    La llegada de la dictadura de Primo de Rivera fue recibida con ambivalencia en la Baja Serranía. Por un lado, se valoró inicialmente la promesa de orden frente a los conflictos agrarios y la conflictividad social que empezaban a asomar.

    Por otro lado, se reforzó el papel de la Guardia Civil, muy implantada en la zona, y se mantuvo la estructura caciquil, ahora bajo tutela militar. Sin embargo, no todo fue conformidad, surgieron focos de oposición entre maestros, jóvenes y círculos republicanos urbanos que veían en la dictadura una traición a las libertades.

    Lo más relevante, quizás, fue que la vinculación entre Alfonso XIII y el régimen militar erosionó de manera decisiva la legitimidad monárquica, preparando el terreno para el cambio político que estallaría en 1931. La dictadura, al fin y al cabo, fue un banco de pruebas que desgastó la imagen de la Corona y abrió una grieta por la que se colaría la República.

     

    La llegada de la II República (1931): entusiasmo urbano y recelo rural

    La proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, fue recibida con auténtico entusiasmo en núcleos urbanos como Tarancón y Huete, donde las clases medias y los trabajadores vieron la oportunidad de una transformación profunda. Tarancón, la segunda localidad más poblada de la provincia, se convirtió en el principal baluarte republicano de la comarca, un faro de esperanza en medio de un mar de conservadurismo. Pero en los pueblos más pequeños y tradicionales, la cautela y el recelo fueron la tónica dominante. No en vano, aunque la Conjunción Republicano-Socialista ganó en la provincia en las elecciones de junio de 1931, Cuenca fue la circunscripción más conservadora de toda Castilla-La Mancha. De los seis diputados elegidos, dos pertenecían a la oposición a la República, y el candidato más votado, Carlos Blanco Pérez, era de la Derecha Liberal Republicana, el ala más conservadora de la coalición gubernamental.

    Las transformaciones republicanas se hicieron sentir con fuerza: se impulsó la modernización educativa mediante la creación de escuelas laicas —como las construidas en Cañete y otras localidades— y el aumento de la alfabetización; surgieron nuevas sociabilidades —ateneos, bibliotecas populares, sociedades obreras— que rompían el monopolio cultural de la Iglesia; se ensayaron reformas agrarias que generaron tensiones entre jornaleros y propietarios; y el caciquismo, aunque no desapareció, sufrió un debilitamiento considerable. Pero la Iglesia local reaccionó con firme oposición. El obispo de Cuenca, Cruz Laplana y Laguna, mantuvo una actitud distante ante el nuevo régimen, postura que se incrementó tras la expulsión de su amigo, el cardenal Segura. La República, en definitiva, llegó a la Baja Serranía como un vendaval de esperanza para unos y de amenaza para otros.

    La llegada de la II República (1931)

     

    Polarización política (1933-1936): el péndulo de las urnas

    La Baja Serranía vivió la polarización nacional de forma intensa. En las elecciones de 1933, la derecha —agrupada en la CEDA y en partidos agrarios— avanzó con claridad, recuperando ayuntamientos y posiciones de poder. El bienio radical-cedista supuso un freno a las reformas y un fortalecimiento de los sectores conservadores. Pero la radicalización no se hizo esperar: la represión tras la revolución de Asturias en 1934 tuvo su eco en la provincia, con conflictos agrarios y huelgas que endurecieron las posiciones.

    La investigación de López Villaverde confirma que el electorado de Cuenca se mostró inclinado hacia opciones centristas o derechistas, con la excepción de mayo de 1936. En aquellas elecciones, las derechas presentaron como candidatos a personajes vinculados a la Restauración —como Fanjul o Casanova— junto a cuneros de la talla de Primo de Rivera o Franco. Por su parte, los republicanos, divididos en múltiples facciones, tuvieron escaso poder de penetración social en el mundo rural. La provincia quedó así partida en dos mitades, un reflejo de la fractura que ya era irrespirable en toda España.

     

    El golpe de Estado de julio de 1936: fracaso inicial y reacción violenta

    Cuando el 18 de julio de 1936 estalló el golpe militar, la provincia de Cuenca presentaba un panorama incierto. Las investigaciones más recientes muestran que el golpe fracasó inicialmente por varias razones: la ausencia de guarniciones militares relevantes, la dependencia de la conspiración de élites locales, clero y Guardia Civil, y la falta de coordinación entre los sublevados.

    A ello se sumó la movilización republicana en Tarancón y otros núcleos, que logró mantener la zona en el bando leal durante los primeros meses de la guerra. La indecisión en el seno de la Guardia Civil se suplió con la movilización de Falange, a pesar de su limitado número de afiliados y su descoordinada organización. El triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936 y la victoria en las elecciones de mayo —que anularon los resultados de febrero— agudizaron el antagonismo, de modo que cuando los sublevados consiguieron reorganizarse, la respuesta no se hizo esperar.

    Fracaso inicial y reacción violenta

     

    La Guerra Civil en la Baja Serranía (1936-1939): violencia, hambre y resistencia

    La guerra civil convirtió la comarca en un escenario de sufrimiento. La provincia de Cuenca permaneció en el bando republicano desde el inicio del conflicto hasta su conclusión en marzo de 1939. Se produjeron requisas y colectivizaciones en algunos pueblos, mientras que la violencia anticlerical, aunque menor que en otras regiones, dejó heridas profundas. Los religiosos fueron uno de los grupos objetivo de esta violencia: el obispo Cruz Laplana fue fusilado el 8 de agosto de 1936 en el paraje de Puente de la Sierra, al parecer por iniciativa de líderes anarquistas de Tarancón. La represión de derechistas por parte de comités locales fue también una realidad, y la escasez y el hambre se hicieron sentir por la paralización agrícola y la movilización de milicias hacia el frente de Madrid.

    La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros seis meses tras el golpe. En Cuenca, estalló a finales de julio, y los paseos —ejecuciones sumarias— comenzaron en la capital el 5 de agosto. Se crearon tribunales populares; el Tribunal Especial Popular de Cuenca conoció 278 sentencias e impuso 6 penas de muerte. Su actuación fue, en términos generales, benévola, con un alto número de absoluciones, lo que contrasta con la imagen de furia incontrolada que a veces se ha transmitido. Pero no hay que engañarse: la guerra dejó un reguero de víctimas y de miedo que marcaría a la población durante generaciones.

     

    Casas de Garcimolina

    Un pequeño municipio del este de la provincia, se convirtió en un enclave defensivo de primera línea. Desde lo alto de sus cerros, el bando republicano emplazó una serie de líneas de trincheras para controlar y proteger la carretera que unía Salvacañete con Valencia, una ruta estratégica que podía pertenecer a la línea defensiva de la capital valenciana, sede del gobierno de la República durante el conflicto. La trinchera del cerro de la Moracha, construida entre mayo y octubre de 1938 por el batallón de obras y construcciones de la CNT, presenta hoy un buen estado de conservación, salvada de la destrucción por hallarse en retaguardia, lejos del fuego enemigo. Estas fortificaciones, junto con las de la vecina localidad de Algarra, son testimonio mudo de la resistencia republicana y han sido objeto reciente de investigaciones históricas y arqueológicas.

     

    Landete

    Capital de la comarca de la Serranía Baja, sufrió con especial crudeza los rigores de la guerra. El 22 de enero de 1938, a las dos del mediodía, cuando las familias se disponían a comer, la villa fue bombardeada. Algunas casas se desplomaron con familias enteras dentro; murieron 16 personas. La guerra, como escribieron los cronistas locales, «aportó muchas miserias y penurias, pero quizá ninguna tan imperdonable como el bombardeo».

    En el entorno comarcal del Rincón de Ademuz, que incluye Moya y Henarejos, se registraron detenciones y asesinatos de varios sacerdotes y responsables eclesiásticos al iniciarse la sublevación. El párroco de Henarejos, Agustín Navarro Zapata, fue asesinado a finales de agosto de 1936, y otros sacerdotes de la zona corrieron igual suerte en caminos y rutas de la comarca. La destrucción de imágenes y el saqueo de iglesias y ermitas en el partido judicial de Cañete y comarcas colindantes fueron fenómenos documentados por los trabajos sobre la violencia anticlerical de 1936.

    La Iglesia y los paseos —ejecuciones sumarias—

     

    La represión franquista (1939-1975): silencio, fosas y control clerical

    Tras la victoria franquista, la Baja Serranía sufrió una represión sistemática y meticulosa. Consejos de guerra contra militantes republicanos, depuración de maestros, funcionarios y cargos municipales, cárceles y trabajos forzados para vecinos de la zona, y un control clerical reforzado que recuperó su papel central en la vida social. El silencio y el miedo se convirtieron en normas de conducta, y las desapariciones y fosas comunes, documentadas por la ARMH Cuenca, son el testimonio mudo de aquella tragedia.

    En Landete y su comarca, la posguerra inmediata trajo la clásica represión franquista: detenciones, causas de depuración y un clima de terror que se prolongó durante décadas. En Santa Cruz de Moya, la memoria de la resistencia antifranquista ha perdurado a través de las jornadas sobre el maquis y la recuperación de las antiguas líneas de trincheras.

    Las fosas comunes son el testimonio mudo de aquella tragedia. En la provincia de Cuenca hay registradas 49 fosas, de las cuales 38 aún están por abrir. Es la segunda provincia de Castilla-La Mancha con más fosas comunes vinculadas a la Guerra Civil y la represión franquista. Una de las más conocidas es la del cementerio municipal de Cuenca, que alberga alrededor de 450 víctimas. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca (ARMH Cuenca) trabaja incansablemente para documentar estas fosas, preservar la memoria de los represaliados y colaborar en la creación de un gran archivo de la II República, la Guerra Civil y la posguerra en la provincia. La dictadura consolidó un modelo social conservador que frenó la modernización iniciada en 1931 y condenó al olvido a quienes habían soñado con una España diferente.

     

    Las fosas en las cunetas

     

    Conclusión: una memoria que reclama justicia

    La II República en la Baja Serranía de Cuenca fue el resultado de un proceso histórico complejo, donde confluyeron el agotamiento de la monarquía y del caciquismo —simbolizado por el partido judicial de Huete—, la modernización educativa y cultural republicana, la polarización social entre jornaleros y élites conservadoras, un golpe militar mal coordinado, una guerra civil devastadora que dejó su huella en pueblos como Casas de Garcimolina, Landete, Cañete y Moya, y una dictadura que reprimió y silenció durante décadas la memoria republicana. La comarca constituye un ejemplo claro de cómo los grandes procesos nacionales se vivieron, reinterpretaron y sufrieron en el mundo rural.

    Pero la conclusión debe ir más allá: el conocimiento de la violencia política y la conflictividad social previa es un tema que ha reclamado durante mucho tiempo un estudio pormenorizado. La participación política de los ciudadanos comenzó a cambiar el aspecto anterior dominado por la «quietud y un atroz caciquismo».

    Hoy, cuando la recuperación de la memoria histórica se abre paso lentamente —con iniciativas como la investigación arqueológica en las trincheras de Casas de Garcimolina y Algarra, o la labor de la ARMH Cuenca—, la Baja Serranía nos recuerda que la historia no es un relato cerrado, sino una herida abierta que exige verdad, justicia y reparación. Solo desde el reconocimiento de lo ocurrido podremos construir un futuro en el que las palabras República y libertad no sean ya motivos de enfrentamiento, sino de encuentro.

     

    Bibliografía

    Obras adjuntas utilizadas

    • Arrarás, Joaquín. Historia de la Segunda República Española. Madrid, 1939.
    • González Meléndez, Fernando. La otra cara de la II República Española. Madrid, 1999. Edición digital Titivillus, 2020.
    • Márquez Hidalgo, Francisco. Nueve mujeres en las Cortes de la II República. Madrid: Congreso de los Diputados, 2015.
    • Pérez, Ana, y Ernst Toller. Entre la II República y la Guerra Civil española. Madrid, 2000.
    • Tusell, Javier. Historia de España en el siglo XX. II. La crisis de los años treinta: República y guerra civil. Madrid: Taurus, 1999.

    Bibliografía complementaria

    • ARMH Cuenca. Informes y estudios sobre represión franquista en la provincia de Cuenca. Cuenca, 2010-2024.
    • Barroso Cabrera, Rafael, Marta Escolá Martínez, Jorge Morín de Pablos y Amalia Pérez-Juez Gil. «Arqueología de la Guerra Civil: Excavaciones arqueológicas en las trincheras». Revista de arqueología 23, nº 250 (2002): 22-31.
    • Cantero de Julián, Juan Ignacio. «Percepciones persistentes sobre la Guerra Civil Española en la Provincia de Cuenca». En Cuenca entre los siglos XIX y XX: Política, sociedad y cultura, 115-138. Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha, 2019.
    • Casanova, Julián. La República y la Guerra Civil. Barcelona: Crítica, 2007.
    • Domínguez-Solera, Santiago D. «Cuenca en guerra: primera campaña de investigación histórica y arqueológica sobre las fortificaciones de la Guerra Civil Española (1936-1939) en los términos municipales de Casas de Garcimolina y Algarra (Cuenca)». Ebre 38, 2023.
    • Juliá, Santos. Un siglo de España. Política y sociedad. Madrid: Marcial Pons, 1999.
    • López Villaverde, Ángel Luis. Cuenca durante la II República: elecciones, partidos y vida política, 1931-1936. Tesis doctoral. Universidad de Castilla-La Mancha, 1994.
    • López Villaverde, Ángel Luis. «La Iglesia de Cuenca durante la II República (1931-1936)». Hispania Sacra 49, nº 99 (1997): 73-102.
    • Peñuelas Ayllón, Juan Carlos. Violencia política y conflictividad social en la provincia de Cuenca durante la II República, 1931-1936. Tesis doctoral. Universidad de Castilla-La Mancha, 2023.
    • Reig Tapia, Alberto. Anti-Franco. Historia de un fracaso. Madrid: Alianza, 2005.
    • Rodríguez Patiño, Ana Belén. La guerra civil en Cuenca 1936-1939. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2002.

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    Una ventana a El Cubillo del siglo XVIII

    Una ventana a El Cubillo del siglo XVIII

     

    El Catastro de Ensenada

    El Catastro de Ensenada constituye una de las fuentes documentales más importantes para conocer la realidad de los pueblos españoles en el siglo XVIII. En el presente artículo, Carlos Pla Perea propone un recorrido por el contenido de este documento elaborado en 1752, permitiendo conocer diversos aspectos de la vida cotidiana, la economía, el territorio y la organización de una pequeña comunidad rural de la época.

    Lejos de plantear una investigación académica especializada, el trabajo busca acercar esta fuente histórica al lector de manera clara y accesible. Desde la mirada de un arqueólogo interesado en la historia local y comarcal, el Catastro de Ensenada es entendido aquí como una auténtica instantánea de El Cubillo de mediados del siglo XVIII, una imagen detenida en el tiempo que permite asomarse a la realidad de quienes habitaron el pueblo hace casi trescientos años.

     

     

    El Cubillo en 1752: una comunidad rural de la Serranía según el Catastro de Ensenada

     

    Carlos Pla Perea

    En octubre de 1752, los vecinos de El Cubillo respondieron al interrogatorio general del Catastro de Ensenada. Como en miles de lugares de la monarquía, se trataba de averiguar con detalle tierras, ganados, oficios, rentas e impuestos con vistas a una reforma fiscal impulsada durante el reinado de Fernando VI. Para la administración era un expediente tributario; para nosotros constituye una fuente privilegiada sobre la vida cotidiana de una pequeña aldea serrana a mediados del siglo XVIII.

    Ilustración 1 AGS_CE_RG_L083_157

     

     

     

    Las respuestas permiten conocer la dimensión del pueblo, la calidad de sus tierras, los cultivos, la importancia del ganado, los bienes comunales, las cargas fiscales y hasta la existencia de pobres de solemnidad. Pocas fuentes ofrecen una imagen tan completa de una comunidad rural modesta en el interior peninsular.

     

     

     

     

     

     

    Un pueblo pequeño en un territorio difícil

    Los propios declarantes definieron el territorio con notable precisión: “mui fragoso, escabroso y áspero”, abundante en peñas, montes y barrancos. No se trata de una fórmula literaria, sino de una realidad geográfica. El relieve condicionaba el aprovechamiento agrario, dificultaba las comunicaciones y limitaba la superficie cultivable. Buena parte del término estaba ocupada por montes, riscos, barrancos y terrenos de escaso rendimiento.

     

    Ilustración 2 Vista general de El Cubillo. Al fondo, Alcalá de la Vega. Fot. Carlos Pla

     

    Si bien esta descripción es fiel a la imagen que ha perdurado hasta nuestros días, los peritos realizan una descripción más exagerada respecto a las mediciones, distancia y tiempo, al explicar que se tardan 6 días en recorrer un perímetro del término de solo legua y media (unos 8 km), con el fin de enfatizar y dejar constancia ante la Corona de que la tierra es de pobre calidad y difícil de cultivar. Así se justificaría una baja tasación, pues si la tierra es mala y llena de barrancos y peñas, no se puede cobrar mucho impuesto por ella.

    Ilustración 3 AGS_CE_RG_L083_163

     

     

    El pueblo se integraba en el antiguo Marquesado de Moya y dependía jurisdiccionalmente de Moya. Ello situaba a El Cubillo dentro de una estructura característica del Antiguo Régimen, donde coincidían poder señorial, administración real, autoridad eclesiástica y gobierno concejil.

     

     

     

     

    Treinta y ocho vecinos y algunas casas vacías

    El Catastro registra 38 vecinos. El término designaba entonces a las unidades domésticas reconocidas fiscalmente, unidad familiar o cabeza de hogar, no al número total de habitantes. La población real debió de ser mayor, aunque se trataba en cualquier caso de una comunidad reducida. Estimándola mediante un coeficiente habitual de 3,5 a 4,5 personas por vecino —derivado de estudios de demografía histórica—, la población real debió situarse probablemente entre 140 y 160 personas.

    Ilustración 4: Puerta de vivienda y acceso a la cuadra. S. XX Fot. Carlos Pla

     

    Había 38 casas habitadas, 7 arruinadas y 2 sin morador «por falta de vecinos».  Este último detalle tiene gran fuerza histórica, ya que indica que, incluso en fechas de relativo crecimiento demográfico para muchas zonas de España, existían núcleos serranos con señales de estancamiento o pérdida de población. La despoblación rural, que hoy se percibe como un fenómeno reciente, tiene antecedentes mucho más antiguos.

    En pueblos de este tamaño, la organización social descansaba en relaciones de proximidad: parentescos cruzados, cooperación agrícola, conocimiento mutuo y una vigilancia comunitaria difícil de eludir.

     

    Agricultura de secano y adaptación al medio

    La base económica del pueblo era claramente agraria. Se sembraban trigo, cebada, centeno y avena. Solo existía un pequeño territorio de regadío junto a la fuente dedicado al cáñamo, cuyo riego dependía de canales de madera cuando faltaba agua. En un intento de identificar la fuente que proporcionaba agua suficiente para establecer tierras de regadío y abastecer a la población, esta debe corresponderse con la denominada Fuente de Arriba, y las tierras de regadío donde se cultivaba el cáñamo, los huertos cercanos.

    En otro estudio abordaremos las fuentes que existían en el término y aquellas de las que se abastecía la población, como la Fuente de Arriba o el Tornajillo.

    El predominio del secano y la importancia del centeno responden al medio físico. En tierras frías y de productividad incierta, este cereal ofrecía mayor seguridad que otros cultivos más exigentes. La agricultura local no buscaba la especialización comercial, sino que estaba orientada a asegurar la subsistencia.

    El documento distingue tierras de primera, segunda y tercera calidad, además de amplias superficies incultas o inútiles por su naturaleza. Esta clasificación muestra una percepción muy precisa del territorio y de sus posibilidades productivas. Los campesinos conocían con exactitud qué parcela convenía sembrar, cuál requería descanso y cuál solo rendía con ayuda de estiércol.

    Aunque las Respuestas Generales no mencionan expresamente la recolección como medio económico, la existencia de superficies incultas con predominio de encinas, quejigos o robles implicaría la recolección de bellotas como aprovechamientos comunales, constituyendo un recurso complementario importante para la cabaña porcina y, en años difíciles, para el consumo humano.

     

    El papel decisivo del ganado

    Como en muchas economías de montaña, la agricultura no bastaba por sí sola. El Catastro recoge ovejas, carneros, cabras, vacas de cría, bueyes de labor, mulas, machos, burros, yeguas y cerdos, además de 51 colmenas.

    El dato revela una cabaña diversa y funcional. Los animales proporcionaban fuerza de trabajo, transporte, estiércol, lana, carne y crías para reposición o venta. Los bueyes, mulas y machos eran indispensables para labrar y acarrear o transportar; las ovejas aportaban lana y corderos; las cabras aprovechaban mejor el monte; las colmenas añadían miel y cera a una economía de recursos ajustados.

     

    Ilustración 5: El matagorrino o matanza del cerdo a finales siglo XX. Ejemplo de la colaboración vecinal y familiar. Fot. Carlos Pla

     

    En estos contextos, el ganado actuaba además como forma de ahorro. Una familia podía disponer de escasa moneda y, sin embargo, poseer riqueza en animales.

     

    Bienes comunales y organización local

    Uno de los aspectos más interesantes del expediente es la relevancia del patrimonio del común. El concejo disfrutaba de la tercera parte de un molino harinero compartido con Alcalá de la Vega, un horno de pan cocer, casas de consejo con cárcel y depósito del pósito real, así como una dehesa boalaje o boyal destinada al ganado de labor.

    Ilustración 6: Fachada principal del Ayuntamiento de El Cubillo S. XX. Hoy día reconvertido en consultorio médico. Fot. Carlos Pla

     

     

    Esto demuestra que la comunidad no era una simple suma de familias aisladas, sino que existían recursos compartidos que sostenían la vida común. El molino permitía transformar el cereal; el horno aseguraba una necesidad básica, la de la dehesa, que sostenía los animales de trabajo; el pósito servía como instrumento de reserva y crédito en grano. La existencia de este patrimonio común muestra que la comunidad local conservaba capacidad de gestión y mecanismos colectivos de protección.

     

     

     

    Ilustración 7 Fachada posterior del edificio del Ayuntamiento de El Cubillo. Acceso a la cárcel y pósito.  Fot. Carlos Pla

     

     

     

    La vida rural del siglo XVIII no puede entenderse solo desde la propiedad privada: los recursos comunales eran fundamentales.

     

     

     

     

     

    Oficios y servicios en una pequeña aldea

    Aunque predominan los labradores, también aparecen oficios especializados: carpintero, tejedores de lienzo, molinero, hornero, guarda de ganado y responsable de la venta de vino y aceite. Incluso una población modesta requería cierta diversificación laboral.

    Los jornales consignados eran reducidos. Un labrador ganaba 3 reales diarios y un pastor, 2 y medio. Tales ingresos dependían de la estacionalidad del trabajo y de la disponibilidad de empleo.

    El médico no residía en el lugar. El concejo tenía ajustada la asistencia con un facultativo externo, el cirujano provenía de Alcalá de la Vega y la botica estaba en Moya. Esto sitúa a El Cubillo dentro de una red comarcal de dependencias habituales en el mundo rural.

     

    Pagar al rey, al señor y a la Iglesia

    La economía del pueblo estaba gravada por múltiples cargas. Los vecinos contribuían a distintos niveles: a la Corona pagaban servicio ordinario y extraordinario, cientos, millones y sisas; al señor correspondían martiniega, alcabalas y otros derechos; y a la Iglesia se entregaban diezmos, primicias y voto de Santiago.

    Esta superposición fiscal era característica del Antiguo Régimen. La producción campesina debía sostener simultáneamente a la monarquía, al señorío y a la estructura eclesiástica. En economías de bajo rendimiento, cualquier mala cosecha agravaba la presión existente.

     

    La pobreza también tenía nombre

    El Catastro menciona como pobres de solemnidad “que se mantienen de la limosna que recoxen ostiatim por las puertas de este lugar…” a Pedro Martínez, María Martínez, Petronila Villalba y Antonia Saiz. No se trata solo de vecinos humildes, sino de personas reconocidas oficialmente como necesitadas. La fórmula designaba a quienes carecían de medios suficientes y podían ser objeto de asistencia procedente de la caridad local, de la parroquia o de la solidaridad vecinal.

    Su presencia recuerda que la pobreza no era marginal ni excepcional, sino una posibilidad constante en sociedades dependientes de cosechas inciertas, jornales irregulares y recursos limitados.

    Este dato humaniza el documento y recuerda que bajo las cifras había vidas frágiles.

     

    Religión y calendario local

    Entre los gastos concejiles figuran celebraciones religiosas, sermones y rogativas vinculadas a San Sebastián (patrón local), Nuestra Señora de Santerón y las Ánimas. No eran simples actos litúrgicos: estas prácticas tenían una dimensión devocional, pero también comunitaria. Marcaban el calendario, reforzaban la cohesión vecinal y ofrecían respuesta simbólica ante la enfermedad, la sequía o la escasez.

     

    Ilustración 8 Iglesia parroquial de San Sebastián. A la derecha en medio de los chopos se encuentra la ermita de San Antonio. Fot. Carlos Pla

     

    Una comunidad pequeña, pero compleja: memoria de una resistencia rural

    El expediente de 1752 permite corregir una imagen simplificada del mundo rural de la serranía conquense. El Cubillo no era un espacio marginal e inmóvil, sino una comunidad articulada, con instituciones propias, economía diversificada dentro de sus límites, relaciones comarcales activas y mecanismos colectivos de gestión. Era, en definitiva, una comunidad integrada en circuitos fiscales, comerciales y administrativos.

    Si bien el Catastro de Ensenada nos ofrece una fotografía instantánea tomada con fines fiscales y que fija en un momento concreto una realidad más dinámica, detrás de sus respuestas se adivina un proceso histórico prolongado de adaptación al medio, de ajuste constante entre población y recursos, y de aprovechamiento intensivo pero equilibrado de tierras, montes, pastos y ganados, siempre y cuando la climatología no se convirtiera en coprotagonista de la historia local.

    No era un espacio vacío, sino un organismo social plenamente funcional. A mediados del siglo XVIII, El Cubillo representaba bien a muchas aldeas del interior montañoso peninsular: población reducida, agricultura de secano, importancia ganadera, dependencia de bienes comunales y fuerte presión fiscal. Sin embargo, también muestra una gran capacidad de adaptación, un conocimiento preciso del medio y una notable organización local.

    Gracias al Catastro de Ensenada podemos observar no solo cifras y rentas, sino el modo en que una pequeña comunidad sostuvo su existencia en un territorio difícil. En ello reside el verdadero valor histórico de estas respuestas.

     

     

    Bibliografía

    Archivo General de Simancas (AGS), Dirección General de Rentas, Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 83, El Cubillo (Cuenca), 1752. Disponible en Portal de Archivos Españoles (PARES).

    Transcripción de las Respuestas Generales AGS, CE, RG, L.83, El Cubillo (Cuenca), 1752. Por Carlos Pla Perea.


     

    Agradecimiento a Carlos Pla Perea

    Desde la Asociación Peña el Pardo y el proyecto editorial de garcimolina.net, queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a Carlos Pla Perea por su generosa colaboración y por el rigor académico de su artículo, cuya aportación ha enriquecido de manera notable la comprensión histórica y documental sobre El Cubillo y su entorno en el siglo XVIII.

    Su trabajo, fundamentado en una investigación meticulosa y en una lectura crítica de las fuentes del Catastro de Ensenada, aporta claridad, contexto y profundidad a los contenidos que ofrecemos en esta web. Gracias a su disposición y apoyo, podemos integrar en nuestro sitio una visión más precisa y fundamentada de la vida rural serrana en la época moderna.

    La comunidad de Garcimolina y quienes trabajamos en la preservación de su memoria histórica agradecemos sinceramente su contribución.


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    El espliego

     El espliego (lavandula latifolia)

     

    Lámina botánica de Lavandula latifolia (espliego), cedida por Gloria Pérez Cornet.

     

     


    Botánica, ecología y usos tradicionales en la Serranía de Cuenca

     

     

    A partir de los trabajos de Gloria Pérez Cornet

     

    Resumen

    El espliego (Lavandula latifolia) es una planta aromática leñosa, característica del Mediterráneo septentrional, que ha sido tradicionalmente aprovechada por sus propiedades medicinales y aromáticas. Este artículo presenta una revisión botánica y etnobotánica de la especie, basada en la lámina manuscrita y dibujada por Gloria Pérez Cornet, así como en la literatura especializada. Se describe su morfología, ecología, requerimientos de cultivo y sus múltiples usos —desde la infusión digestiva hasta el espíritu de espliego para uso externo—, destacando la labor docente de la autora en la transmisión del conocimiento tradicional. El trabajo pretende poner en valor el patrimonio botánico de la Serranía de Cuenca y subrayar la importancia de conservar y divulgar los saberes populares asociados a las plantas silvestres.

     

    Palabras clave:

    Lavandula latifolia, espliego, botánica, etnobotánica, usos medicinales, Serranía de Cuenca, patrimonio inmaterial.

     

     

    Introducción

    Entre las matas que pueblan los cerros y laderas pedregosas de la Serranía de Cuenca, pocas hay tan reconocibles y apreciadas como el espliego (Lavandula latifolia). Conocido también como espigol, alhucema o lavanda silvestre, esta planta ha formado parte del paisaje y de la vida cotidiana de los serranos desde tiempos inmemoriales. Su aroma intenso, su facilidad para crecer en suelos pobres y la versatilidad de sus usos la convirtieron en un recurso doméstico y comercial de primer orden.

    La presente contribución nace del interés por recuperar y divulgar el conocimiento botánico tradicional que aún pervive en la memoria de las gentes de la comarca. En particular, nos hemos basado en la valiosa lámina manuscrita y dibujada elaborada por Gloria Pérez Cornet, en la que se recogen, con precisión y claridad, la descripción morfológica, el hábitat, las condiciones de cultivo y las principales aplicaciones medicinales del espliego. La labor docente de Gloria, plasmada en este material, constituye un ejemplo de cómo la promoción y propagación del conocimiento etnobotánico pueden contribuir a mantener viva una herencia cultural que corre el riesgo de perderse.

    Este artículo, de carácter académico, pero divulgativo, se centra exclusivamente en la faceta botánica y etnobotánica de la especie. El proceso de destilación para la obtención del aceite esencial, así como su organización comunitaria, será objeto de un trabajo aparte. Aquí nos limitaremos a describir la planta en sí, sus virtudes y los usos que de ella se han hecho tradicionalmente en el ámbito doméstico y sanitario.

     

    Descripción botánica del espliego

    El espliego pertenece a la familia de las lamiáceas (Labiadas), un grupo amplio que incluye numerosas plantas aromáticas como el tomillo, el romero o la menta. Se distingue de su pariente más cercano, la lavanda (Lavandula angustifolia), por sus hojas más anchas y su mayor contenido en alcanfor, lo que le confiere un olor más penetrante y menos dulce.

    Morfología general. Se trata de una matilla leñosa en la base, que todos los años arroja nuevos vástagos herbáceos de sección cuadrangular, de unos dos palmos de altura (aproximadamente 40-50 cm). Estos tallos jóvenes son los que portan las hojas y las inflorescencias.

    Hojas. Son opuestas, lanceoladas, de un verde grisáceo, cubiertas de un fino tomento que les confiere cierta textura aterciopelada. Su forma y disposición facilitan la adaptación a ambientes secos y soleados, reduciendo la pérdida de agua.

    Flores. Se agrupan en glomérulos que forman una espiga terminal, densa y muy aromática. Cada flor tiene un cáliz tubuloso con 13 a 15 nervios bien marcados, una corola de color violeta o azulada, y cuatro estambres. La floración se produce en pleno verano, momento en que la planta concentra sus esencias y resulta más adecuada para su recolección.

    Fruto. El fruto es un tetranúcula (cuatro pequeñas nuececillas) que se dispersa por el viento o con la ayuda de animales, aunque la propagación natural es menos eficiente que la intervención humana, como veremos más adelante.

     

    Distribución y hábitat

    Lavandula latifolia es propia del Mediterráneo septentrional. En la península ibérica se extiende por gran parte de la mitad este, desde los Pirineos hasta las sierras béticas, y está particularmente bien representada en las provincias de Cuenca, Teruel, Soria, Burgos y Guadalajara.

    En la Serranía de Cuenca, el espliego ocupa las laderas y collados pedregosos, en bosques aclarados de encinas (Quercus ilex) y pinos (Pinus pinaster, Pinus nigra). Prefiere suelos calcáreos, bien drenados, y una exposición soleada. Su rusticidad le permite crecer en substratos pobres y con escasa retención de agua, donde otras plantas tendrían dificultades. Es frecuente encontrarlo acompañado de otras especies aromáticas como el tomillo (Thymus vulgaris), el romero (Rosmarinus officinalis) o el cantueso (Lavandula stoechas).

    Altitudinalmente, se halla desde los 600 hasta los 1.700 metros, adaptándose a climas continentales con inviernos fríos y veranos cálidos y secos.

     

    Cultivo y mantenimiento

    Aunque el espliego crece silvestre, su aprovechamiento tradicional ha llevado a prácticas de cultivo sencillas que garantizan su permanencia y mejora.

    Propagación. Se reproduce fácilmente mediante esquejes (estaquillas) tomados de plantas sanas y vigorosas. Este método, además de ser rápido, asegura la fidelidad de las características de la planta madre.

     

    Poda

    Una de las labores esenciales para mantener la calidad del espliego es la poda anual. Como señala Gloria Pérez Cornet en su lámina, «necesitan ser podadas». Esta operación, realizada después de la floración, elimina los tallos viejos y leñosos, estimula la emisión de nuevos brotes herbáceos y mantiene la planta compacta y productiva. Sin poda, la mata se envejece, se lignifica y reduce su capacidad de producir hojas y flores tiernas, lo que repercute negativamente en la calidad de sus esencias.

    Recolección y secado. Las flores y sumidades floridas se cosechan en verano, cuando la planta está en plena floración. Para conservar sus propiedades, se secan a la sombra, en lugar ventilado, y se guardan en recipientes herméticos, protegidos de la luz y la humedad.

     

    Propiedades medicinales y usos tradicionales

    La riqueza en aceites esenciales (principalmente alcanfor, cineol, linalol y acetato de linalilo) confiere al espliego una amplia gama de virtudes terapéuticas, reconocidas tanto por la medicina popular como por la ciencia farmacológica.

    Acción digestiva. En infusión, el espliego es un carminativo y digestivo eficaz. La dosis tradicional es de una onza (unos 30 gramos) de flores secas por litro de agua. Una taza después de las comidas previene los cólicos y flatos, y estimula la digestión.

    Acción antiséptica y cicatrizante. En uso externo, las compresas húmedas de infusión de espliego se aplican, sobre heridas y llagas para desinfectarlas y favorecer su cicatrización, gracias a sus propiedades antisépticas.

    Acción relajante y antiespasmódica. Los baños con esencia de espliego (unas gotas en el agua) proporcionan un efecto relajante, alivian tensiones musculares y combaten el insomnio leve. También se emplea como antiespasmódico en dolores menstruales o gastrointestinales.

    Acción circulatoria y antirreumática. El llamado «espíritu de espliego» —una maceración alcohólica de las flores— es un remedio clásico para el reumatismo y para activar la circulación periférica. Se aplica frotando la piel en las zonas doloridas.

    Otros usos. La perfumería ha sido, históricamente, la aplicación más conocida del espliego. Su aroma intenso y duradero se emplea en jabones, colonias y ambientadores, y también como repelente natural de insectos.

     

    El espíritu de espliego: preparación y precauciones

    Uno de los preparados más populares en la tradición popular es el «espíritu de espliego», una tintura alcohólica de las flores. Según la receta recogida por Gloria Pérez Cornet:

    Una onza de espliego por 1 litro de alcohol de 90° de farmacia. Se deja un par de días la mezcla, se filtra y se guarda en frascos bien tapados a oscuras.

    Advertencia importante: Este preparado es exclusivamente para uso externo. No debe ingerirse. Diluido en agua, o aplicado directamente sobre la piel intacta, combate el reumatismo y alivia dolores musculares. Su acción rubefaciente y ligeramente anestésica local lo convierte en un aliado para masajes y friegas.

     

     

    Conservación y divulgación del conocimiento

    El trabajo de Gloria Pérez Cornet, plasmado en su lámina manuscrita y dibujada, no es un mero ejercicio de ilustración botánica; es una herramienta didáctica que transmite, de manera clara y rigurosa, los saberes acumulados por generaciones de serranos. Su labor de docencia —promoviendo y propagando el conocimiento sobre el espliego— merece un reconocimiento expreso, pues contribuye a que estas tradiciones no caigan en el olvido.

    En un contexto de pérdida acelerada de biodiversidad y de saberes locales, iniciativas como la de Gloria adquieren un valor patrimonial incalculable. Documentar la morfología, la ecología y los usos de una planta como el espliego es también preservar la memoria de un modo de vida en armonía con el medio natural. La difusión de estas enseñanzas, a través de revistas, talleres o publicaciones digitales, asegura que las nuevas generaciones puedan conocer y valorar este recurso autóctono.

     

    Agradecimientos

    Los autores de este artículo desean expresar su más sincero agradecimiento a Gloria Pérez Cornet, por su generosidad al compartir su lámina manuscrita y sus explicaciones sobre el espliego. Su dedicación a la enseñanza y a la divulgación de la botánica tradicional es un ejemplo a seguir. Asimismo, agradecemos a la Asociación de Vecinos y Mayores «Peña el Pardo» de Casas de Garcimolina y a la comunidad de garcimolina.net por su apoyo en la recuperación y puesta en valor del patrimonio etnobotánico de la Serranía de Cuenca.

     

     

     

    Bibliografía

    • Cascajero, A. (1989). El cultivo de plantas aromáticas y la fabricación de aceites esenciales en la región de Castilla-La Mancha. Tesis doctoral. Universidad de Alcalá de Henares.
    • Font Quer, P. (1962). Plantas medicinales. El Dioscórides renovado. Editorial Labor.
    • Pérez Cornet, G. (s. f.). Lámina manuscrita y dibujada sobre el espliego (Lavandula latifolia). Archivo personal.
    • Rivera, D. & Obón, C. (1991). La guía de las plantas medicinales de la península ibérica. Editorial Tikal.
    • AA. (2026). «Guía esencial del espliego: del campo al botiquín natural». Garcimolina.net (en prensa).

    Este artículo se publica como parte de la serie «Patrimonio botánico de la Serranía», en colaboración con la revista de botánica de garcimolina.net.


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