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ESCUELA DE VERANO
Fecha: 23-Junio-2026 17:16 Categoría: Info General El Ayuntamiento informa a todos los vecinos y vecinas que, al igual que el año pasado y debido a la excelente acogida obtenida, este verano volveremos a poner en marcha la Escuela de Verano,un espacio de aprendizaje, diversión y convivencia durante las vacaciones estivales. La Escuela de Verano está dirigida a niños,…
Local social, antiguo Horno
Este espacio trata de ser un punto de encuentro de todas las personas interesadas en el desarrollo social, cultural y económico de la localidad.
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El Eco de las Espadas

Introducción y publicación por entregas:
«EL ECO DE LAS ESPADAS»
Asociación de personas mayores Peña el Pardo
Revista Histórica y Cultural
«Entre la piedra y la fe, una fortaleza escribe su destino»
Bien fallados seades, leedores, en aqueste viage que passa por los siglos et torna los sones d’aquella sazon en que la fe, el açero et la cobdicia texieron el fado d’un regno. En los cartapacios que agora se siguen, damos el primer recreo de «El Eco de las Espadas», estoria que se arraiga en la Baxa Edat Media de Castiella, en aquellas terras bravas et de frontera que oy dia son llamadas Castiella-La Mancha.
Bienvenidos, lectores, a un viaje que atraviesa los siglos y resucita los ecos de una época donde la fe, el acero y la ambición tejieron el destino de un reino. En las páginas que siguen, presentamos el primer adelanto de «El Eco de las Espadas», una novela histórica que sumerge sus raíces en la Baja Edad Media castellana, en ese territorio agreste y fronterizo que hoy conocemos como Castilla-La Mancha.

Inicio del camino de la Vera, 1347 ¿Qué secretos guardan las murallas del castillo de Moya?
En un mundo donde las órdenes militares —Santiago y Calatrava— pugnaban por el control de rutas sagradas y tierras baldías, un hombre, Juan González de Roa, «el mozo» (noble de segundo rango, no de alta nobleza, s. XV). Con su presencia en Moya (ficcionada s. XIV), como un encargo real temporal «por orden de Alfonso XI, para control en las zonas rurales de la Mancha y el valle del Tajo, de los mudéjares», como comisionado regio y labores de alcaide. Carga sobre sus hombros el peso de una misión imposible: sostener la unidad de su gente mientras el reino se fractura. Su historia, rigurosamente documentada, pero narrada con la pasión de la ficción, es el hilo que nos guía a través de intrigas palaciegas, batallas espirituales y la silenciosa resistencia de los peregrinos que, bajo la sombra de la Ruta de la Vera Cruz, buscaban redención.
¿Por qué desapareció un pueblo entero?
La lucha entre estos muros, las intrigas, la devoción mariana —encarnada en vírgenes aparecidas como la de Tejeda o Santerón— se entrelaza con leyendas templarias nunca confirmadas, pero imposibles de erradicar. Aquí, los setenarios de siete días (ya modernos), consagraban la fe en ermitas perdidas, mientras los campesinos y ganaderos de la heredad de la casa de labor de Casas de Garcimolina, (hoy apenas un eco en los archivos), labraban su supervivencia entre el olvido y la repoblación.
Una trama coral,1 un misterio histórico
Esta obra, estructurada como un tapiz de voces —caballeros, artesanos, peregrinos como el misterioso Herminio, cuyo mimbre simboliza la fragilidad humana—, alterna, eventos históricos verificables con relatos íntimos que desafían el tiempo. ¿Qué ocurrió realmente entre 1284 y 1292?, ¿Moya fue arrasada y sus emblemas borrados?, o no. ¿Por qué la Orden de Santiago perdió el control frente a Calatrava? Y, sobre todo, ¿quién traicionó a quién?
En esta primera entrega, descubrirán:
- El Castillo de Moya: bastión entre dos mundos, donde el viento aún susurra las plegarias de los caídos.
- La sombra de los Templarios: aunque no hay pruebas de su presencia, su herencia late en rituales y símbolos.
- La emboscada en el nogueral: un joven caballero, Álvaro, enfrentará su primera prueba de sangre en defensa de los peregrinos.
«El Eco de las Espadas» no es solo una novela: es una invitación a caminar por senderos olvidados, donde cada piedra, cada documento rescatado del silencio (como el Censo de Pecheros de Carlos I que menciona por primera vez a Garcimolina), nos habla de un mundo que creíamos perdido.
Queridos lectores, os invitamos a un viaje por los caminos olvidados de la Serranía Baja conquense, donde la historia y la leyenda se entrelazan en cada piedra. «El Eco de las Espadas» no es solo una novela histórica: es una puerta abierta a ese territorio agreste y fronterizo que se extiende entre las despobladas sierras de Moya, los venerados santuarios de Santerón y Algarra, y las humildes aldeas y casas de labores, como Garcimolina, Santo Domingo o Fuentelespino de Moya, resistieron el paso de los siglos.
¿Reconocéis estos parajes?
Quizá os suenen sus nombres, evocadores y misteriosos, como ecos de un pasado que aún late en fuentes escondidas, en ruinas de ermitas y en senderos que serpentean entre sabinares. Esta es la tierra que pisaron los caballeros de Calatrava y Santiago, donde los peregrinos de la Ruta de la Veracruz buscaban refugio, y donde pastores y labriegos tallaron su existencia entre la devoción y la supervivencia.
El Castillo de Moya, erguido sobre su cerro como un centinela de piedra, domina este paisaje áspero y bello. Desde sus almenas se divisan las torres de vigía y los caminos que llevan a Santerón, con su ermita mariana rodeada de leyendas; a Algarra y su castillo, donde las romerías tejían comunidad, y a esos pequeños mundos —Las casas de labor y corrales de García Molina, Santo Domingo, Fuente del Espino—, cuyas fuentes y majadas fueron testigos mudos de historias cotidianas y extraordinarias.
¿Qué secretos guardan estos andurriales?
En «El Eco de las Espadas», cada lugar tiene su voz:-
La casa de García Molina, una simple heredad o casa de labor, perdida en los documentos, que esconde la tenacidad de quienes repoblaron estas tierras.
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Los bosques de nogueras, pinos y sabinas, donde bandidos y peregrinos se cruzaban en noches de luna menguante.
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Las fuentes y lavaderos, puntos de encuentro donde se compartían noticias, temores, anhelos y esperanzas.
Esta es una historia de frontera, donde lo sagrado y lo profano se mezclan: las apariciones de vírgenes en encinares, los setenarios (ya muy modernos para esta historia), en ermitas aisladas, y las luchas entre órdenes militares por controlar no solo tierras, sino almas.
¿Por qué importa hoy esta historia?
¿Por qué estos parajes? —aunque hoy algunos sean apenas un recuerdo— moldearon la identidad de una región. En sus piedras, en sus documentos y en su tradición oral, encontramos las raíces de una resistencia callada: la de quienes, como el señor don Juan González de Roa, el peregrino Herminio o el caballero Álvaro, eligieron la lealtad a sus ideales frente a la conveniencia.En esta primera entrega, descubriréis:
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El Castillo de Moya en su esplendor, cuando sus muros albergaban tanto a señores como a pastores.
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La ermita de Santerón, faro espiritual en un territorio peligroso.
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La granja de Garcimolina, ejemplo de cómo la vida se abría paso, incluso en tiempos de guerra.
«El Eco de las Espadas» es una invitación a recorrer, con rigor histórico y pulso narrativo, esos lugares que, aunque os suenen lejanos, son parte de vuestra memoria. Porque la historia no solo se escribe en grandes ciudades, sino también en estos rincones donde el viento aún susurra nombres como Moya, Santerón, Algarra y Garcimolina …
¿Están preparados para oír el eco?
ACCESO A LOS CAPÍTULOS
Introducción del autor
Prólogo
PRIMERA PARTE FICCIONADA
I: El castillo de Moya
II: La sombra de la rivalidad
III: La conformación del poder
IV: La llegada de los peregrinos
V: La victoria de la fe
SEGUNDA PARTE NOVELADA
1. El inicio del viaje, abril de 1347
2. Herminio, el peregrino del mimbre
3. La huella del caminante
4. La nueva misión de Herminio en Moya
5. Reflexiones del camino
6. Una tradición perdurable
7. Un ciclo de enseñanza y aprendizaje
8. Una nueva era, preceptos del Mimbre y el Mimbrito
9. Nuevas generaciones y su propio camino
10. La obra de Herminio
11. Nuevos horizontes
12. Reflexiones en el umbral
13. El regreso de Herminio
14. Los canastos de la memoria
15. Semillas de esperanza
16. Una marca que perdura
17. Los caballeros de la luz
FIN
EPÍLOGO
Nota del editor:
Esta obra ha sido investigada con fuentes primarias, desde crónicas medievales hasta registros arqueológicos del cerro de Moya. Cada entrega irá acompañada de un anexo con bibliografía histórica para los lectores más exigentes.
Para no ser reiterativos, se han publicado todas las fuentes consultadas de un sola vez, al pie del documento, es la bibliografía total de la novela.
Ilustraciones y grabados que aparecen en la publicación:
Basados en las técnicas pictóricas de Jan Van Eyck (c. 1390-1441):
Maestro flamenco y pionero de la pintura al óleo en el Renacimiento nórdico. Es reconocido como una de las figuras fundacionales de la pintura occidental y máximo representante de la escuela flamenca del siglo XV. Su dominio técnico y conceptual revolucionó el arte europeo, especialmente mediante el perfeccionamiento de la pintura al óleo, lo que le permitió alcanzar cotas de realismo y simbología sin precedentes.
Características estilísticas y aportaciones técnicas
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Hiperrealismo y precisión óptica:
- Van Eyck elevó la técnica al óleo mediante el uso de capas translúcidas (glacis), lo que facilitó la recreación de texturas minuciosas en telas, metales, joyas y superficies naturales.
- Su tratamiento de la luz, con gradaciones sutiles y sombras articuladas, confería volumen tridimensional y profundidad espacial a sus composiciones.
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Simbología compleja y narrativa visual:
- Integró en sus obras un repertorio de elementos simbólicos (espejos, frutas, animales, inscripciones) que operaban como capas de significado adicional, a menudo vinculadas a temas religiosos, morales o sociopolíticos.
- Obras como El matrimonio Arnolfini (1434) son estudiadas por su densa carga alegórica y su capacidad para documentar la cultura material de la época.
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Innovaciones técnicas y firmas autógrafas:
- Perfeccionó la estabilidad y brillo de los pigmentos al óleo, superando las limitaciones del temple al huevo predominante hasta entonces.
- Sus obras frecuentemente incluían inscripciones como «Als ik kan» (“Con lo que puedo”), reflejando una conciencia autoral innovadora para su tiempo.
Legado e influencia
Van Eyck sentó las bases estéticas del Renacimiento nórdico e influyó en artistas como Hans Memling, El Bosco y, posteriormente, en maestros del Barroco. Su obra marca la transición definitiva del Gótico internacional hacia un naturalismo empírico que anticipó desarrollos posteriores en Europa.
Conexión con reconstrucciones históricas y culturales
La estética de Van Eyck resulta singularmente adecuada para recreaciones visuales de escenarios medievales y protomodernos, tales como:
- Escenas de vida cotidiana y poder señorial (ej.: el Castillo de la Moya o figuras como Gonzalo de Roa).
- Entornos rurales y simbología sacra (ej.: peregrinos, cruces, arados y utensilios como cestos y canastos).
- Narrativas históricas ambientadas en espacios como Santerón o el personaje del Zurdo, donde el detalle realista y la carga simbólica enriquecen la comunicación.
Su capacidad para integrar precisión documental con profundidad conceptual permite que las imágenes no solo ilustren, sino que interpreten contextos históricos, reforzando el axioma de que “una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación del patrimonio cultural.
PIE DE PÁGINA
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Narrativa coral:
Se refiere a un enfoque de narración donde la historia se relata por medio de diferentes voces o narradores, en vez de apoyarse en un solo punto de vista. Cada personaje, comúnmente desempeñándose como el personaje principal, proporciona una perspectiva singular de los acontecimientos, lo cual facilita la elaboración de una narración polifónica y enriquecida por la diversidad de experiencias y emociones. Este enfoque fomenta una interpretación más exhaustiva y minuciosa de la historia, dado que los sucesos se presentan desde múltiples puntos de vista, lo cual realza la complejidad y la autenticidad de la narrativa.
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Fungir:
Desempeñar un empleo, cargo o función. “Desempeñar una función, a veces sin tener el nombramiento preceptivo”.
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Setenarios:
Agrupaciones simbólicas de siete elementos en contextos espirituales o teológicos, destacando la relevancia del número siete, como símbolo de plenitud y perfección. Tradición cristiana, mística medieval; estas estructuras organizaban conceptos clave en grupos de siete, mostrando un marco para la reflexión y el crecimiento espiritual.
- Los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
- Las siete virtudes: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
- Los siete pecados capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
- Las siete bienaventuranzas: Interpretadas a partir del Sermón del Monte.
- Las siete peticiones del Padrenuestro: Cada una se considera un antídoto espiritual frente a los pecados o debilidades humanas.
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Orden del Temple:
Conocida como los Caballeros Templarios. Fundada en 1119 por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada, su misión original era proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.
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Los pecheros:
Eran individuos pertenecientes al tercer estamento en la España del régimen antiguo, no pertenecientes a la nobleza ni al clero, y estaban obligados a abonar tributos directos a la Corona española. El término viene de “pecho” o “pecha” (tributos medievales). Principalmente, eran agricultores, artesanos y residentes de villas, cuya situación tributaria no se basaba en su riqueza, sino en su obligación de contribuir.
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Alfoz:
Se trataba de un término de la era medieval que se utilizaba para referirse a un territorio rural bajo la jurisdicción de una villa principal, en el que se congregaban diversas aldeas. Poseía responsabilidades fiscales, judiciales y militares, desempeñando un papel crucial durante la Reconquista.
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Señorío de realengo:
Tierras bajo control directo del rey, en contraposición a las tuteladas por nobles o la Iglesia, el monarca podía concederlas por merced o venta.
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Vísperas:
Los miembros de la Orden de Santiago practicaban un rito denominado la Plegaria del Caballero, que se sincroniza con las horas canónicas de la Iglesia. Rezaban en momentos específicos del día. Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. La misa conventual y la liturgia de las horas, pilares esenciales en su vida espiritual.
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Prácticas de armas abiertas
En los castillos de las órdenes militares solían realizarse, en espacios amplios y despejados dentro del recinto fortificado, como el patio de armas. Este era el corazón del castillo, una gran explanada central donde los caballeros entrenaban en combate cuerpo a cuerpo, manejo de espadas, lanzas, arcos y tácticas de formación. Además del patio de armas, algunos castillos contaban con terrazas exteriores o explanadas cercanas que también se usaban para ejercicios ecuestres y simulacros de batalla. Estos entrenamientos eran esenciales para mantener la disciplina y la preparación militar de los caballeros, guerreros altamente entrenados.
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Pertenencia a un grupo:
Es cuando un individuo se siente parte de un conjunto de personas que comparten algo en común: afición, cultura, ideología, actividad o una edad…
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Bordón:
Cayado largo de madera que sirve de apoyo durante el camino y tiene un significado simbólico en la peregrinación. Su uso se remonta a la Edad Media y suele estar coronado por un puño del que cuelga una calabaza.
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Limosnera:
Típica de la época, era un recipiente sencillo, a menudo de tela o cuero, que servía para llevar la limosna que se recogía de donantes.
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Ucronías:
Relatos que imaginan cómo habría sido la historia si un hecho del pasado hubiera ocurrido de forma diferente. Es decir, son reconstrucciones ficticias de la historia basadas en un punto de divergencia.
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La Carola:
Danza medieval en círculo, acompañada por el canto de los propios bailarines. Aunque no se han conservado partituras específicas, los instrumentos que solían acompañar este tipo de danzas incluían:
- Tamboriles: Marcaban el ritmo con golpes constantes.
- Flautas dulces: Añadían melodías suaves y fluidas.
- Cornamusa: Un instrumento de viento similar a la gaita, con un sonido potente.
- Chirimía: Antecesora del oboe, con un timbre agudo y expresivo.
- Laúd: Instrumento de cuerda pulsada que aportaba armonía.
- Castañuelas: Utilizadas para marcar el ritmo con percusión manual.
CRONOLOGÍA DE LAS ÓRDENES MILITARES
Orden de Santiago (1210 – 1300)
- Justificación: Tras la conquista de Moya por Alfonso VIII de Castilla en 1210, la villa y su castillo fueron entregados a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación de la frontera con al-Ándalus. Es el dominio más largo y estable.
- Evidencia: Documentos reales de donación y confirmaciones posteriores de la posesión Santiaguista.
Orden de Montesa (1300 – 1304)
- Justificación: Mediante una bula papal (Sane Considerante) del Papa Bonifacio VIII (11 de julio de 1297), se autorizó al rey Jaime II de Aragón a crear la Orden de Montesa y asignarle los bienes de la disuelta Orden del Temple en la Corona de Aragón. Sin embargo, Jaime II formalizó la cesión de Moya (que era castellana, no aragonesa) a Montesa en 1300, buscando fortalecer esta nueva orden en la frontera.
- Fecha exacta de finalización:
- Justificación: La cesión de Moya (territorio castellano) a una orden aragonesa (Montesa), generó un conflicto diplomático entre Castilla y Aragón. Mediante el Tratado de Torrellas (8 de agosto de 1304), que fijaba las fronteras entre ambos reinos, Jaime II de Aragón acordó devolver Moya a Castilla.
- Evidencia: Bula papal de 1297, documentos reales aragoneses de cesión a Montesa (1300) y texto de la sentencia arbitral del Tratado de Torrellas (1304).
Fin del dominio directo de las órdenes militares (1304 en adelante).
- Justificación: Cumpliendo el Tratado de Torrellas, la Orden de Montesa, dejó Moya, que volvió a la Corona de Castilla bajo el rey Fernando IV.
- A partir de entonces, Moya fue gobernada por señores laicos nombrados por el rey (Señorío de Realengo 7), aunque mantuvo vínculos históricos con Santiago y tuvo Comendadores santiaguistas en su territorio. Nunca más volvió a estar bajo el dominio directo de una orden militar como villa propia.
- Evidencia: Aplicación del Tratado de Torrellas y aparición de tenentes.
Conflictos que marcaron la región
- Guerra Civil Castellana (1366–1369): Moya fue escenario de enfrentamientos entre los bandos de Pedro I «el Cruel» (apoyado por Inglaterra) y su hermanastro don Enrique de Trastámara (respaldado por Aragón y Francia). La guerra dejó la zona devastada y sembró el caos institucional. Las órdenes Militares, tanto la Orden de Santiago como la de Calatrava, intentaron hacerse con el control de Moya, aprovechando su valor defensivo y su ubicación clave en las rutas entre Castilla y Aragón.
- Consecuencias para la población, el auge del bandolerismo. Tras conflictos como la Guerra de los Dos Pedros (1356–1369), muchos soldados y mercenarios quedaron sin paga ni señorío. En la Baja Sierra esto se tradujo en: Grupos armados itinerantes, no eran ejércitos regulares, sino bandas de excombatientes desmovilizados, mercenarios sin contrato.
BIBLIOGRAFÍA
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Primera Crónica General de España (c. 1270-1284). Fundamental para el contexto político y militar de la Castilla del siglo XIII.
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Fuero de Cuenca
Ed. crítica de Rafael de Ureña y Smenjaud (1935). Base jurídica de la repoblación y organización territorial en la región.
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Chronica Latina Regum Castellae:
Ed. Luis Charlo Brea (1999). Relatos contemporáneos sobre Alfonso VIII y Enrique I.
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Martínez Díez, Gonzalo
Los templarios en los reinos de la Península Ibérica. Ed. Cátedra. (1993).
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Ruiz Gómez, Francisco
Los orígenes de las órdenes militares y la repoblación de los territorios de La Mancha (CSIC, 2003). Análisis del papel de Santiago y Calatrava en la consolidación territorial.
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Doménech, M. Ángeles (2005)
Religiosidad popular y santuarios en la Serranía Baja de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca.
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Sánchez Garzón, Alfredo (2006)
Santuario de la Virgen de Tejeda en Garaballa. Ed. Comarcal.
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Llop Domingo, J. V. (1997)
Ermitas y espiritualidad mariana en el Alto Turia.
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Archivo Parroquial de Moya y Libros de Fábrica de Garaballa y Garcimolina
Contienen referencias a los orígenes legendarios y primeros cultos.
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Sanz y Díaz, José
Historia de la muy noble y leal villa de Moya (Ed. Añil, 1947). Crónica local con documentos sobre Juan González de Roa.
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VV. AA. (2011)
Marianismo rural en la península Ibérica: ritos, caminos y ermitas. Universidad de Castilla-La Mancha.
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Vauchez, André
La espiritualidad del Occidente medieval (Cátedra, 1995). Contexto sobre devociones populares (vírgenes aparecidas, setenarios).
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Castro, Caridad, Pepe
Peregrinos en la España medieval. (Ediciones Nowtilus, 2010). Rutas alternativas, hospederías y simbolismo espiritual.
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Almagro Gorbea, Martín
El castillo de Moya, arqueología de fortaleza medieval (Diputación de Cuenca, 2015). Estudio arquitectónico y estratigráfico del bastión.
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Retuerce Velasco, Manuel
La Serranía Conquense en la Edad Media. Poblamiento y estructura social (AACHE Ed., 2009). Asentamientos como Casas de Garcimolina.
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Primera mención documental de «La Casa de García Molina». Censo de pecheros de Carlos I, 1528.
Tomo I, pág.: 133 https://ine.es/prodyser/pubweb/censo_pecheros/tomo1.pdf
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Archivo municipal de Moya, 1380-1400, Pedro López de Ayala
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Real Academia de la Historia
https://bibliotecadigital.rah.es/es/consulta/registro.do?id=12781
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Recursos digitales
- https://gw.geneanet.org/foullon?lang=es&n=de+roa&p=juan+gonzalez+de+roa
- https://palomatorrijos.blogspot.com/2020/04/juan-gonzalez-de-rosa-senor-de-moya-y-de.html
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Documentos de órdenes militares
Archivo Histórico Nacional (Madrid). Sección órdenes Militares (Santiago, Calatrava).
- Pergaminos y cartularios: encomiendas en Cuenca y Moya (siglos XII-XIV).
- Consultas sobre posesiones en la zona oriental de Cuenca. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=50989
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NUEVOS SERVICIOS DE TRANSPORTE

Fecha: 23-Junio-2026 16:49
Categoría: Info General
El Ayuntamiento de Garcimolina informa a todos los vecinos y vecinas de que, a partir de hoy, 23 de junio, han entrado en funcionamiento importantes mejoras en el transporte público de nuestra comarca dentro del PLAN X CUENCA.
Con esta actuación se pretende facilitar los desplazamientos entre los municipios de la zona, mejorar la conexión con la ciudad de Cuenca y acercar servicios esenciales a los habitantes del medio rural.
Nueva línea de autobús VCM-080
Desde hoy, 23 de junio, está operativa la nueva línea VCM-080, que mejorará las comunicaciones de nuestro municipio con otras localidades de la comarca y con la capital provincial.
Nuevo servicio de Transporte a Demanda
También desde hoy, se pone en marcha el servicio de Transporte a Demanda de la Serranía Baja, una herramienta que permitirá a los vecinos disponer de un servicio de transporte flexible adaptado a sus necesidades.
Para consultar más información sobre horarios, rutas y funcionamiento de los servicios, pueden dirigirse al Ayuntamiento o consultar la página web de la empresa concesionaria: www.rubiocar.es.
Esperamos que estas mejoras contribuyan a facilitar la movilidad de todos los vecinos y ayuden a seguir mejorando la calidad de vida en nuestro municipio.

Fuente: Ver bando original
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Las andas procesionales de San Juan Bautista

Las andas procesionales de San Juan Bautista
Historia, encargo y fabricación de una obra de posguerra
Resumen
El presente artículo reconstruye la historia de las andas procesionales de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina (Cuenca).
Un objeto litúrgico que, pese a su aparente modestia, condensa las vicisitudes de una comunidad rural durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra.
Se documenta la existencia de unas segundas andas, ejecutadas por Lorenzo Montesinos Huerta, que se habían deteriorado, y se analiza el proceso de encargo y fabricación de las andas actuales, realizadas por Pepito Illescas en el taller hidráulico del molino de Chinejo. A partir de fuentes orales —especialmente el testimonio de Eugenio Verdad Seguí— y de la documentación conservada en el archivo municipal y en Garcimolina.net, se examinan las circunstancias técnicas, sociales y simbólicas que rodearon su creación, así como las anécdotas que han tejido su memoria colectiva.
Se concluye que las andas constituyen no solo un soporte material para la devoción, sino un documento histórico de la capacidad de resiliencia de una comunidad que, pese a la fractura social y la penuria, supo recomponer su patrimonio simbólico.
Palabras clave: andas procesionales, imaginería rural, posguerra, memoria oral, Casas de Garcimolina, San Juan Bautista.
Introducción
Las andas procesionales son, en la tradición católica, estructuras de madera diseñadas para transportar imágenes devocionales durante las celebraciones litúrgicas. Más allá de su función práctica, constituyen un elemento central de la teatralidad procesional, elevando la imagen sobre la multitud y subrayando su carácter sacro. En el contexto de la España rural, las andas adquieren además una significación social: son el resultado de la colaboración comunitaria, el fruto del trabajo artesano local y un testimonio de la continuidad de las tradiciones.
El caso de las andas de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina es particularmente revelador. Su historia, marcada por la destrucción bélica y la reconstrucción en la posguerra, refleja las tensiones y las contradicciones de una comunidad que, como tantas otras en la Serranía Baja de Cuenca, vivió la Guerra Civil como una fractura profunda y la posguerra como un lento y penoso proceso de recomposición. Las andas actuales, ejecutadas por Pepito Illescas en el taller hidráulico del molino de Chinejo, no son un mero objeto litúrgico: son un documento histórico que condensa la memoria de la destrucción, la habilidad artesana y la voluntad de permanencia de una comunidad.
Este artículo se propone reconstruir, a partir de fuentes orales y documentales, la historia completa de las andas de San Juan Bautista: desde las segundas andas, ejecutadas por Lorenzo Montesinos Huerta, a la recepción de la nueva talla y las primeras destruidas durante la guerra, hasta el encargo y la fabricación de las andas actuales, pasando por las anécdotas y los testimonios que han tejido su memoria colectiva.

Las segundas andas: Lorenzo Montesinos Huerta y la tradición artesana
Antes de la Guerra Civil, la imagen de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina procesionaba sobre unas andas de difícil datación. Las nuevas, ejecutadas por Lorenzo Montesinos Huerta, un artesano local del que, desgraciadamente, apenas se conservan datos biográficos. La tradición oral, recogida en los archivos de Garcimolina.net, señala que Montesinos Huerta era un carpintero de reconocido prestigio en la comarca, autor de diversas obras de mobiliario litúrgico y doméstico.
Las andas de Montesinos Huerta, como las que hoy se conservan, debían de ser una estructura de madera robusta, pero ejecutadas con prisas, con materiales de poca consistencia y austeramente trabajada, propia de la imaginería rural de la Serranía Baja. Su diseño, seguramente, combinaba funcionalidad y ornamentación devocional, con molduras sencillas y una peana que permitía realzar la imagen del santo durante la procesión. Hemos de tener presente que se fabricaron en Garcimolina, después de la guerra, sin medios; solo se disponía de la Asturiana de corte manual, lento, irregular y con prisas por el encargo de la nueva talla que se tenía que recepcionar de Valencia.
Las primigenias andas, junto con el resto del patrimonio religioso de la localidad, fueron destruidas durante la Guerra Civil. Como se documenta en Las semillas de la tejería, las imágenes religiosas fueron retiradas de la iglesia y quemadas en el paraje de La Tejería, a las afueras del pueblo. Las andas, muy probablemente, corrieron la misma suerte: o fueron pasto de las llamas o fueron utilizadas como leña en los campamentos militares que ocuparon la iglesia durante la contienda. No se conserva ninguna descripción detallada de aquellas primeras andas, pero su existencia atestigua la vitalidad de una tradición artesana que, pese a la destrucción, encontraría la manera de renacer.
El contexto de la posguerra: la reconstrucción del patrimonio religioso
La nueva talla de San Juan Bautista (1939)
Terminada la guerra, la comunidad de Casas de Garcimolina emprendió la tarea de reconstruir su patrimonio religioso. La imagen de San Juan Bautista, que había ardido en La Tejería, debía ser repuesta. Para ello, se encargó una nueva talla al imaginero valenciano Joaquín Torno Catalán, quien la ejecutó en 1939.
La nueva imagen, tallada en madera policromada, representa a San Juan Bautista de joven, con el brazo derecho alzado en gesto de proclamación y la mano izquierda sosteniendo la cruz con el estandarte (filacteria), que lleva la inscripción ECCE AGNVS DEI («He aquí el Cordero de Dios»). Viste túnica de piel clara ceñida con cuerda, manto rojo, y lleva un cordero a sus pies. La peana original de la imagen —con su moldura dorada y el conjunto floral que la acompaña— se integraría más tarde en las nuevas andas.
La documentación conservada en el archivo municipal da cuenta del esfuerzo económico que supuso este encargo. Entre mayo y septiembre de 1939, en el denominado «Año de la Victoria», se llevó a cabo una recaudación entre los vecinos para financiar la nueva imagen. Este esfuerzo colectivo, en un contexto de extrema penuria, revela la importancia que la devoción a San Juan tenía para la comunidad y su voluntad de restaurar lo que la guerra había destruido.
El taller hidráulico de Pepito Illescas y la ejecución de las andas
La elección de Pepito Illescas como artesano encargado de las nuevas andas no fue fortuita, sino que respondió a un conjunto de circunstancias personales, familiares y técnicas que lo situaban en una posición privilegiada para abordar un encargo de esta naturaleza. Las anteriores, ya degradadas y queradas, debían ser sustituidas. Para comprender plenamente esta elección, es necesario reconstruir, a partir de la tradición oral transmitida por Eugenio Verdad Seguí y de los documentos conservados en Garcimolina.net, la biografía de Illescas y su vinculación con el contexto bélico y la posguerra.

Pepito Illescas en el contexto de la Guerra Civil
Durante la Guerra Civil, Illescas estuvo vinculado a las fuerzas republicanas que operaban en la retaguardia de la Serranía Baja. Una compañía republicana, encargada de la construcción de las trincheras en el cerro de la Solana Morocha (también documentada como La Moracha), estableció su campamento base en el recinto de la iglesia de Casas de Garcimolina. Este espacio, desacralizado, albergaba las cocinas, la fragua para el templado de metales y las caballerizas de la unidad. Allí trabajaban tanto soldados como vecinos contratados para las labores de fortificación.
Pepito Illescas formaba parte de este entorno, no como militar, sino como vecino y hombre de oficio. Su habilidad con los metales y la madera lo hacía especialmente útil en un contexto donde la fragua y las herramientas eran esenciales para el mantenimiento del equipo militar. Aunque no existen registros escritos que detallen su participación, la tradición oral lo sitúa en aquellos años como un hombre habituado al trabajo duro y a las condiciones extremas de la retaguardia.
Lazos familiares y acceso al molino de Chinejo
La vida de Pepito Illescas estuvo marcada por dos matrimonios que, de manera sucesiva, lo vincularon profundamente con la comunidad y le proporcionaron los recursos necesarios para su actividad artesana.
En primeras nupcias
Illescas contrajo matrimonio con Polonia, hija de la tía Evarista y hermana de Sebastián. Este enlace lo arraigó en el pueblo, pero también estuvo teñido de tragedia: Polonia falleció en el parto de su hijo, un acontecimiento que la memoria colectiva ha conservado como una de las pérdidas más dolorosas de la posguerra. El hijo huérfano fue criado por el tío Félix y la tía Victoriana, convirtiéndose en un vínculo más entre Illescas y la red familiar de Garcimolina.
En segundas nupcias,
Se casó con Antonia Martínez, hija del tío Luis de Chinejo. Este segundo matrimonio resultó decisivo para su carrera artesana, ya que le proporcionó acceso al molino de Chinejo, una infraestructura hidráulica de propiedad familiar que, hasta entonces, había estado vinculada principalmente a la actividad molinera. El molino, situado entre los municipios de Casas de Garcimolina y Santo Domingo de Moya, era un ingenio que aprovechaba la fuerza del agua para mover las piedras de moler. Su existencia no está documentada en el Catastro de Ensenada de 1752; luego se deduce que es muy posterior, ya en el siglo XIX.
Gracias a su relación con la familia de Chinejo, Illescas pudo adaptar el molino para albergar una carpintería hidráulica equipada con una sierra y dos tornos de madera, todo ello movido por la energía del agua. Esta tecnología, excepcional en la comarca, le permitía trabajar la madera con una precisión y una capacidad de producción que estaban muy por encima de las herramientas manuales convencionales. La fuerza hidráulica impulsaba la sierra para el corte longitudinal de tablones y los tornos para el torneado de elementos decorativos —como los pináculos y las molduras— que requerían un acabado cuidadoso.
El encargo de las andas y el proceso de fabricación
El contexto de posguerra, marcado por la penuria de recursos y la necesidad de reconstruir el patrimonio religioso, propició que la comunidad de Casas de Garcimolina recurriera a Illescas para la ejecución de las nuevas andas, las terceras. La elección fue natural: ningún otro artesano de la comarca disponía de una infraestructura tecnológica comparable. El taller de Chinejo, con su sierra y sus tornos hidráulicos, era el único lugar donde se podía abordar un trabajo de precisión y envergadura como la construcción de unas andas procesionales.
No existen documentos escritos que formalicen el encargo, pero la tradición oral —recogida por Eugenio Verdad Seguí— señala que la iniciativa partió de la comunidad, probablemente impulsada por la necesidad de reponer el ajuar procesional destruido durante la guerra. El proceso de fabricación, que debió extenderse durante varios meses, implicó varias fases:
Aserrado de la madera:
Utilizando la sierra hidráulica, Illescas cortó la madera oscura —probablemente nogal o quejigo— en las dimensiones adecuadas para la estructura rectangular de las andas.
Torneado de los elementos decorativos:
En los tornos movidos por el agua, dio forma a los cuatro pináculos dorados de las esquinas, así como a las molduras que decoran los bordes y la peana central.
Ensamblaje y acabado:
Una vez preparadas todas las piezas, Illescas procedió al ensamblaje, asegurando la solidez de la estructura mediante ensambles de cola de milano y refuerzos metálicos. El acabado incluyó el dorado de molduras y pináculos, así como el pulido de los varales laterales para el porte manual.
Integración de la peana original:
Un detalle técnico y simbólico de especial relevancia fue la decisión de integrar en la nueva plataforma la peana original de la imagen de San Juan Bautista —la talla de Joaquín Torno Catalán— con su moldura dorada y el conjunto floral que la acompaña. Este gesto, que revela una voluntad de continuidad y de respeto por la tradición, permitió que la imagen quedara visiblemente elevada y destacada sobre las andas, facilitando su contemplación durante la procesión.
El taller como espacio de vida cotidiana
Más allá de su función productiva, el taller hidráulico de Chinejo se convirtió, durante los años de la posguerra, en un lugar de atracción para los niños nacidos durante la contienda (1937-1939). Para aquellos pequeños que crecían en un mundo sin radio, sin prensa y sin televisión —medios de comunicación que no llegarían a la Serranía Baja hasta décadas después—, el taller ofrecía un espectáculo fascinante: el movimiento rítmico de la sierra movida por la fuerza del agua, el giro de los tornos, el olor a madera recién cortada y el sonido metálico de las herramientas al trabajar. Era el divertimento analógico de la posguerra, un entretenimiento que ocupaba las horas muertas de aquellos niños que, habiendo nacido entre guerras, represiones y penurias, encontraban en la observación del trabajo artesano una ventana a un mundo de orden, precisión y creatividad.
La afluencia de los niños al molino de Chinejo no era meramente casual. En un contexto de aislamiento cultural y de carencia de estímulos lúdicos, el taller se convertía en un espacio de aprendizaje informal y de socialización. Los pequeños observaban cómo Pepito Illescas transformaba la madera en formas útiles y bellas, y adquirían, sin saberlo, un conocimiento tácito de los oficios tradicionales que estaba destinado a desaparecer con la llegada de la industrialización.
Significado del taller y del encargo
El taller hidráulico de Chinejo representa, en el contexto de la posguerra, un ejemplo excepcional de adaptación tecnológica y de resiliencia comunitaria. La energía del agua, que durante siglos había movido las piedras del molino, se puso ahora al servicio de la devoción, transformando la fuerza de la naturaleza en un instrumento para la reconstrucción simbólica del patrimonio religioso.
Pepito Illescas, con su habilidad artesana y su taller único, encarna esta capacidad de recomposición. Su obra, las andas de San Juan Bautista, no es solo un objeto litúrgico, sino un documento histórico que condensa la memoria de la destrucción —las segundas andas de Lorenzo Montesinos Huerta, ya degradadas— y la voluntad de estabilidad de una comunidad que, pese a las adversidades, supo encontrar en el trabajo artesano y en la devoción un lenguaje para expresar su continuidad.
El taller de Chinejo: tecnología hidráulica al servicio de la devoción
El molino de Chinejo
El molino de Chinejo, situado entre los municipios de Casas de Garcimolina y Santo Domingo de Moya, era un ingenio hidráulico con una larga historia. Su existencia no está documentada en el Catastro de Ensenada de 1752, luego es posterior, ya en el siglo XIX.
En el siglo XX, el molino había sido adaptado para albergar no solo la actividad molinera, sino también una carpintería equipada con una sierra y dos tornos de madera. Esta maquinaria, movida por la energía hidráulica, permitía trabajar la madera con una precisión y una capacidad de producción que estaban fuera del alcance de los talleres manuales convencionales.
El taller de Chinejo, por tanto, representaba una excepción tecnológica en una comarca donde la mayoría de los procesos artesanales se realizaban manualmente. La carpintería hidráulica permitía a Illescas abordar cambios de cierta complejidad, como la ejecución de unas andas procesionales, que requerían un trabajo de precisión en la madera y un acabado cuidadoso.
La ejecución de las andas: técnica y estética
Los materiales y la técnica
Las andas ejecutadas por Pepito Illescas están construidas en madera oscura, probablemente nogal o roble, especies de madera dura que garantizan la solidez y la durabilidad necesarias para soportar el peso de la imagen y el esfuerzo del porte manual durante la procesión.
El trabajo de Illescas, realizado en el taller hidráulico de Chinejo, debió de implicar varias fases. En primer lugar, el aserrado de la madera, utilizando la sierra movida por la fuerza del agua, sin las irregularidades de las tablas de la asturiana: sierra manual de arco, con bastidor de madera y hoja tensada, utilizada tradicionalmente para cortar tablas en los talleres de carpintería; en segundo lugar, el torneado de los elementos decorativos —como los pináculos y las molduras—, utilizando los tornos del taller; y, finalmente, el ensamblaje y el acabado, que incluía el dorado de las molduras y los pináculos.
El uso de la energía hidráulica permitía a Illescas trabajar la madera con una precisión que hubiera sido difícil de alcanzar con herramientas manuales. Las molduras doradas, los pináculos y los varales laterales requerían un corte y un pulido cuidadosos, que la maquinaria del molino facilitaba.
La descripción técnica y estética
Las andas, que se conservan en la actualidad, presentan las siguientes características, según la documentación disponible en Garcimolina.net:
- Estructura: rectangular, de madera oscura, con molduras doradas en los bordes y esquinas reforzadas.
- Decoración: cuatro pináculos dorados en las esquinas, coronados por flores naturales (rosas rojas y blancas), que aportan simetría y solemnidad.
- Base: peana central donde se asienta la imagen, con moldura dorada y superficie elevada sobre el plano de las andas. En esta peana se integra la peana original de la talla de Joaquín Torno Catalán, con su moldura dorada y el conjunto floral.
- Elementos florales: dispuestos en macetas o jarrones pequeños, con predominio de rosas rojas y claveles blancos, símbolo respectivamente de la pasión y del martirio, así como de la pureza de San Juan Bautista.
- Sistema de transporte: dos varales laterales de madera, robustos y pulidos, que permiten el porte manual por los creyentes durante la procesión.
- Estilo: tradicional y sobrio, propio de la imaginería rural de la Serranía Baja; combina funcionalidad y ornamentación devocional.
La disposición de las andas, con la peana original integrada en la plataforma, permite que el santo aparezca visiblemente destacado y elevado, facilitando su contemplación por los fieles. La sobriedad del diseño, sin concesiones al barroquismo, es coherente con la estética de la imaginería rural de posguerra, marcada por la penuria de medios y la funcionalidad.
Anécdotas y memoria colectiva en torno a las andas
El testimonio de Eugenio Verdad Seguí
La historia de las andas ha sido preservada fundamentalmente por la vía oral. El testimonio de Eugenio Verdad Seguí, recogido en los archivos de Garcimolina.net, constituye la fuente principal para reconstruir la biografía de Pepito Illescas y las circunstancias del encargo. Verdad Seguí, nacido y vinculado a la localidad por lazos familiares, ha actuado como depositario y transmisor de la memoria colectiva, proporcionando datos precisos sobre el taller del molino de Chinejo, la tecnología hidráulica empleada y las vicisitudes familiares de Illescas.
Según el testimonio de Verdad Seguí, el encargo de las andas fue una iniciativa comunitaria, impulsada por la necesidad de reponer el ajuar procesional destruido durante la guerra. La elección de Illescas, con su taller hidráulico en Chinejo, fue natural: era el artesano más cualificado de la comarca para un trabajo de esta envergadura.

Los niños y el taller de Chinejo
Uno de los aspectos más evocadores de la historia de las andas es el papel que el taller de Chinejo jugó en la vida cotidiana de los niños de la posguerra. Para aquellos que nacieron durante la contienda —en los años 1937, 1938 y 1939—, el taller era un lugar de fascinación y entretenimiento. Sin radio, sin prensa y sin televisión, la observación del trabajo artesano era uno de los pocos divertimentos disponibles.
Los niños acudían al molino para ver cómo la sierra movida por el agua cortaba la madera, cómo los tornos daban forma a las piezas y cómo Pepito Illescas transformaba la materia prima en objetos útiles y bellos. Era, como se ha dicho, el divertimento analógico de la posguerra, un entretenimiento que, sin pretenderlo, transmitía a las nuevas generaciones un conocimiento tácito de los oficios tradicionales.
El recuerdo de la fabricación
La tradición oral ha conservado también algunos detalles sobre el proceso de fabricación de las andas. Se dice que Illescas trabajó en ellas durante varios meses, dedicando especial atención a los detalles decorativos —los pináculos, las molduras, la integración de la peana original— y a la solidez de la estructura, que debía soportar el peso de la imagen y el esfuerzo del porte manual.
Los vecinos, según el testimonio de Verdad Seguí, seguían con interés el avance de los trabajos. La ejecución de las andas era un acontecimiento comunitario, un signo de que la vida volvía a la normalidad después de la guerra. Cuando las andas estuvieron terminadas, fueron trasladadas a la iglesia y colocadas bajo la imagen de San Juan Bautista, donde han permanecido desde entonces.
Significado y función en la devoción local
Las andas como soporte de la procesión
Las andas no son un mero soporte técnico; constituyen un elemento central de la teatralidad procesional. Al elevar la imagen sobre la plataforma, la destacan visualmente por encima de la multitud, facilitando su contemplación por los fieles y subrayando su carácter sacro. La disposición de las andas transmite solemnidad y continuidad con la tradición local, integrando la talla de Torno Catalán en un dispositivo escénico que potencia su mensaje iconográfico.
Durante la procesión de San Juan, que se celebra el 24 de junio, la imagen es portada por los fieles sobre las andas, en un recorrido que incluye las calles del pueblo y los parajes de los alrededores. El esfuerzo del porte manual, que requiere la colaboración de varios hombres, refuerza el carácter comunitario de la celebración.
Las andas como documento histórico
Desde una perspectiva material, las andas constituyen un documento histórico excepcional. No solo por su calidad técnica y estética, sino por el contexto de su producción y por los significados que encarnan. La elección de Pepito Illescas como artesano, el uso del molino de Chinejo como taller y la decisión de reintegrar la peana original de la talla en la nueva plataforma hablan de una voluntad de continuidad, de una búsqueda de restituir el vínculo interrumpido con el pasado.
Pero al mismo tiempo, las andas son testimonio de la brecha abierta por la guerra. La madera oscura y el oro de las molduras no borran el recuerdo de las llamas de La Tejería; los pináculos coronados por rosas y claveles no ocultan el silencio cómplice de quienes, en aquellos años difíciles, vieron arder el patrimonio de su comunidad. La procesión de San Juan, con su solemnidad y su bullicio, es también un acto de reparación simbólica, una manera de volver a poner en su lugar lo que la guerra desgarró.
El taller de Chinejo como símbolo de la resiliencia
La historia de las andas es también la historia de la resiliencia de una comunidad. En un contexto de penuria extrema, la comunidad de Casas de Garcimolina fue capaz de movilizar recursos para reponer su patrimonio religioso. El taller hidráulico de Chinejo, alimentado por la fuerza del agua, se convirtió en un agente de reconstrucción simbólica, transformando la energía de la naturaleza en un instrumento al servicio de la devoción.
Pepito Illescas, con su habilidad artesana y su taller excepcional, encarna esta capacidad de recomposición. Su obra, las andas de San Juan Bautista, ha sobrevivido a las décadas y sigue cumpliendo su función litúrgica, como testimonio de la continuidad de una tradición que se niega a desaparecer.
Conclusiones
Las andas procesionales de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina son mucho más que un objeto litúrgico. Constituyen un testimonio material de la historia de la localidad, forjado en el crisol de la Guerra Civil y la posguerra. Su historia, que se inicia con las segundas andas ejecutadas por Lorenzo Montesinos Huerta y destruidas durante la contienda, y continúa con el encargo y la fabricación de las andas actuales por Pepito Illescas en el taller hidráulico del molino de Chinejo, revela la capacidad de una comunidad rural para movilizar sus recursos —humanos, tecnológicos y simbólicos— en un contexto de extrema adversidad.
La integración de estas andas en el dispositivo procesional, junto con la talla de Joaquín Torno Catalán, contribuye a la construcción de una identidad devocional que trasciende la mera religiosidad para convertirse en un acto de afirmación comunitaria. La sobriedad de su factura, la funcionalidad de su diseño y la continuidad de su uso a lo largo de décadas atestiguan la pervivencia de una tradición que, pese a la fractura social y la despoblación, ha logrado mantener su vigencia.
Las anécdotas que rodean su creación —los niños que acudían al molino de Chinejo para ver el trabajo de Illescas, el seguimiento comunitario del proceso de fabricación, la transmisión oral de la memoria a través del testimonio de Eugenio Verdad Seguí— enriquecen nuestra comprensión de este objeto y nos recuerdan la importancia de las fuentes orales para la reconstrucción del pasado rural. La historia de las andas, como la de tantos otros objetos de la cultura material de la Serranía Baja, es una historia de destrucción y reconstrucción, de pérdida y memoria, de una comunidad que, pese a todo, sigue encontrando en la devoción un lenguaje para expresar su continuidad y su deseo de permanencia.
Bibliografía
- Garcimolina.net. «San Juan: devoción, reconstrucción y fractura social». Archivo histórico. Disponible en: https://garcimolina.net/archivo-historico/san-juan-devocion-reconstruccion-y-fractura-social/
- Garcimolina.net. «Observaciones de la Iglesia de San Juan Bautista de Casas de Garcimolina». Archivo histórico. Disponible en: https://garcimolina.net/archivo-historico/observacion-exterior-e-historia-de-la-iglesia-de-san-juan-bautista-de-casas-de-garcimolina-cuenca/
- Garcimolina.net. «La historia del molino harinero de Casas de Garcimolina». Divulgación. Disponible en: https://garcimolina.net/divulgacion/historia-antigua/la-historia-del-molino-harinero-de-casas-de-garcimolina/
- Garcimolina.net. «Las semillas de la tejería». Archivo histórico.
- Garcimolina.net. «Anécdotas de San Juan – Historia de amor». Vídeos. Disponible en: https://garcimolina.net/videos/anecdotas-de-san-juan-historia-de-amor/
- Garcimolina.net. «Letra y videoclip pasodoble a Garcimolina». Disponible en: https://garcimolina.net/
- Catastro de Ensenada (1752). Sin referencia al molino de Chinejo en Santo Domingo de Moya.
- García Cuevas, A. Molinos hidráulicos y harineros de la provincia de Cuenca.
Nota aclaratoria
Este artículo forma parte del trabajo de recuperación de la memoria histórica impulsado por garcimolina.net. La investigación se ha basado en fuentes documentales primarias (archivos militares, actas municipales, procedimientos sumarísimos) y en los testimonios recogidos en la tradición oral de la comarca. No obstante, somos conscientes de que la información aquí volcada puede ser incompleta o mejorable.
Agradecemos profundamente a la Asociación de Vecinos de la Peña el Pardo su intermediación, su confianza y su impulso para que estos nombres y estas historias no sigan en el olvido. Sin su colaboración, este trabajo no habría sido posible.
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Los del Pozanco lanzan ‘Oda al huerto’ en YouTube y agradecen el apoyo de la Serranía Baja

El sello independiente Morrogorrino Records anuncia el lanzamiento del nuevo single de Los del Pozanco, titulado Oda al huerto. Aunque la publicación en Spotify se demorará unos días, el tema ya puede escucharse en el canal oficial de YouTube de la banda, donde está cosechando las primeras reacciones del público.
Grabado en enero, el estreno se ha retrasado por una compleja coyuntura: el conflicto en Irán afectó la distribución internacional, y las obligadas labores de recogida de la almendra y el cuidado del huerto mantuvieron a los músicos volcados en sus tierras hasta bien entrada la primavera. Ahora, por fin, la canción ve la luz.
Oda al huerto llega para refrendar el éxito de su primer single, que logró sonar en emisoras de toda la geografía nacional y puso a la banda en el foco del panorama independiente. Con su mezcla de raíces rurales y arreglos actuales, el nuevo corte promete emocionar tanto a sus seguidores como a los nuevos oyentes.
Además, el grupo ha querido dedicar unas palabras de agradecimiento sincero: «El calor que nos ha llegado desde otros pueblos de la Serranía Baja nos ha animado en estos meses de espera. Saber que nuestra música resuena en las plazas y los huertos vecinos es el mejor empujón para seguir creando». Este reconocimiento a su comarca refuerza el carácter comunitario y auténtico de la banda.
Desde Morrogorrino Records invitan a disfrutar ya del videoclip en YouTube y recuerdan que en los próximos días el single estará disponible en Spotify y el resto de plataformas. La espera, aseguran, habrá valido la pena.
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La caseta de la Umbría


La caseta de la Ombría
RAIMUNDO JIMÉNEZ MILLÁN
Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Ombría
Introducción: El regreso a la umbría que no pudo ser refugio
Hacia 1931, Raimundo Jiménez Millán regresó a España tras su primer exilio en Argentina. Después de recorrer los caminos de la militancia anarcosindicalista en Valencia y de intentar construir una vida en la convulsa Segunda República, sintió la necesidad de volver a sus orígenes.
En la Umbría de Casas de Garcimolina (Serranía Baja de Cuenca), a 1.150 m de altitud y muy próxima al Rincón de Ademuz (Valencia). El paraje es un valle relativamente llano de 26 hectáreas dedicadas a pastos y pinos, con un clima mediterráneo continentalizado: inviernos fríos y veranos secos. Al tratarse de una umbría, recibe menos sol que las laderas que la enmarcan, lo que genera un microclima más fresco y húmedo, propicio para vegetación hidrófila. No presenta los bruscos desniveles ni las hoces profundas del entorno montañoso circundante, pues el río Algarra la bordea sin atravesarla. Es un paraje frío y sombrío, ligeramente alejado del núcleo urbano, sin agua corriente (solo el Caz que la atraviesa de oeste a este), ni alcantarillado, ni electricidad.
Inmerso en la miseria de la economía de subsistencia de la posguerra.
Raimundo decidió edificar una caseta; no era una construcción más. Frente a las modestas viviendas de mampostería y piedra seca que poblaban la aldea serrana, la casa de Raimundo destacaba por su diseño diferente y por un lujo entonces inaudito en la zona: su interior estaba decorado con cerámica valenciana, un material que trasladaba a su refugio serrano los ecos de su vida urbana y mediterránea. Aquella vivienda no solo era un techo, sino un símbolo: la expresión material de un hombre que, habiendo visto mundo y luchado por sus ideales, anhelaba echar raíces en la tierra que lo vio nacer.
Pero la Guerra Civil y la feroz represión franquista lo empujaron de nuevo al exilio, esta vez definitivo, en Venezuela. La casa de la Umbría quedó abandonada, testigo mudo de un sueño truncado. Más de setenta años después, amenaza ruina, expoliada casi en su totalidad, con sus puertas y tejas reutilizadas en otras construcciones del pueblo. Este artículo reconstruye la trayectoria vital de Raimundo Jiménez Millán y rescata del olvido la historia de aquella casa singular, un enclave de memoria en el corazón de la Serranía Baja conquense.
Raíces y exilio temprano: De Casas de Garcimolina a la Argentina Libertaria
Raimundo Jiménez Millán nació en 1904 en Casas de Garcimolina, un pequeño municipio de la Serranía Baja conquense que, según el censo de 2025, apenas supera la treintena de habitantes. En 1913, su familia emigró a Valencia, ciudad donde cursó estudios primarios y cuatro años en la Escuela Normal.
Huyendo del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera, en 1924 emigró a Argentina. En Buenos Aires se afilió a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y colaboró en el influyente diario anarquista La Protesta. Fue allí donde aprendió el oficio de linotipista, una profesión que lo mantendría durante toda su vida y que más tarde utilizaría para falsificar documentación en la clandestinidad.

De izquierda a derecha, empezando por el hombre sentado a la izquierda: Torres, Maella, Raimundo Jiménez Millán, ?, García, Parra, González, ?, Ortiz, Ferrer.
En Venezuela. Texto en la parte trasera de la foto: «Una de las tantas mesas esperando un domingo en la Casa de España la paella».
Matices y precisiones sobre la trayectoria temprana de Raimundo Jiménez Millán
La información recogida en la tradición oral y en los archivos consultados para el presente artículo puede enriquecerse con los datos aportados por el blog de divulgación histórica de Paco Salud (2017), basado a su vez en fuentes hemerográficas y en la obra del propio Raimundo Jiménez Millán:
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Origen ideológico previo al anarquismo
Antes de abrazar el anarcosindicalismo, Raimundo militó en el blasquismo y en el republicanismo valenciano. Su conversión al ideario libertario se produjo tras conocer la obra de Francisco Ferrer Guardia y la Escuela Moderna, lo que explica su posterior adhesión a la CNT y su defensa de la educación laica y racionalista.
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Motivación del primer exilio en Argentina (1924)
Si bien el artículo alude a un «primer exilio» hacia 1930-1931, otras fuentes precisan que Raimundo viajó a Argentina ya en 1924 para huir del servicio militar y de la dictadura de Primo de Rivera. Allí se afilió a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) y aprendió el oficio de linotipista, lo que más tarde resultaría decisivo en su labor clandestina de falsificación de documentos.
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Perfil dentro del movimiento libertario durante la Segunda República
Durante los años treinta, Raimundo se identificó con las tesis «trentistas» (corriente posibilista dentro de la CNT) y formó parte de la comisión gestora del Ateneo Sindicalista Libertario en 1932. Colaboró asiduamente en periódicos como Sindicalismo (1933-1934) y, ya en el exilio, en La Protesta (Argentina), Libre Studio (México) y Le Combat Syndicaliste (Francia).
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Rol exacto en la clandestinidad (1939-1940)
El artículo señala correctamente que Raimundo integró el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Otras fuentes concretan que dicho comité se denominó Junta Nacional del Movimiento Libertario, fue encabezado por Esteban Pallarols y cayó en 1940. La especialidad de Raimundo era la fabricación de documentación falsa (salvoconductos, órdenes de liberación), lo que permitió la evasión de numerosos presos republicanos recluidos en el campo de concentración de Albatera.
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Últimos años en Venezuela
Se confirma su integración en la Agrupación de la CNT en Caracas. Algunos testimonios de la época señalan que en sus últimos años simpatizó con el denominado «cincopuntismo» (estrategia colaboracionista de ciertos sectores del exilio libertario durante los años sesenta), un matiz que refleja la evolución del pensamiento de Raimundo sin desmerecer su trayectoria de resistencia.
El regreso y la construcción de la casa en la Umbría (c. 1939-1942)
Tras su regreso de Argentina en 1930, Raimundo Jiménez Millán se instaló en Valencia y participó activamente en la reorganización del Sindicato Único de Artes Gráficas de la CNT, así como en la vida cultural y política de la Segunda República. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior derrota republicana truncaron cualquier posibilidad de una vida estable en la ciudad. Fue una vez finalizada la contienda, en los años más duros de la posguerra, cuando Raimundo decidió materializar su vínculo con la tierra natal. La memoria oral de Casas de Garcimolina sitúa la construcción de su casa en la Umbría entre 1941 y 1942, coincidiendo con su breve periodo de libertad tras la absolución en el consejo de guerra de noviembre de 1941.
El encargado de llevar a cabo la obra fue:
Ángel Martínez Millán (1908 – c. 1960), natural de Santo Domingo de Moya, especialista en la técnica tradicional de piedra seca y cuñado de Vicente Valero «Vicentón», el presidente del Comité de Defensa local. Ángel, que había sido dado oficialmente por desaparecido en el frente de Batea (Tarragona) en 1938, había regresado clandestinamente a Garcimolina y, con sus manos de labriego y cantero, levantó las sólidas paredes de mampostería que aún se sostienen.
Efectuó la edificación en un paraje alejado del casco urbano, donde las condiciones de vida eran extremadamente duras. Según el testimonio de Carmen Montesinos Jiménez, se abre la hipótesis razonable de que Ángel Martínez ejecutara la estructura exterior (el «continente»), como maestro cantero y especialista en piedra seca.
Algún otro artesano de la zona realizara los acabados interiores de carpintería, cerámica valenciana y el sistema de balsas:
- La atribución de ciertos elementos constructivos a maestros de obra o artesanos locales requeriría, en rigor, una confirmación documental más exhaustiva. No obstante, la tradición oral y el contexto histórico permiten trazar hipótesis verosímiles sobre su factura.
- Hay que recordar que en aquella época de economía de subsistencia y penurias generalizadas no existían canalizaciones de agua, alcantarillado ni tendido eléctrico. La mayoría de las viviendas se levantaban con mampostería de piedra seca, encaladas, con pequeños vanos y cubiertas de teja árabe. Las condiciones higiénicas eran precarias —la tuberculosis y el tifus golpeaban con dureza— y el hambre era un compañero cotidiano.
- Según las fuentes orales, el alicatado pudo ser obra de un albañil de la zona. Todo apunta a que pudo realizarlo el tío Gonzalo de Negrón, aunque tampoco se descarta la intervención de otro albañil que venía de los Huertos de Moya.
- En cuanto a la carpintería, esta pudo estar a cargo de Pepito Illescas, quien desarrollaba su oficio en el taller hidráulico del molino de Chinejo. De hecho, fue el mismo Illescas quien, posteriormente, realizó las andas de San Juan, pero es una suposición. Lo más probable es que la carpintería del pueblo, sita cerca de la fuente de arriba y regentada por Eusebio Trillo (hijo), fuera la encargada de los trabajos en madera.
- Estos trabajos reflejan, en definitiva, no solo la habilidad artesana de sus gentes, sino también la voluntad de permanencia de una comunidad que, a pesar de las adversidades, supo dotar de identidad y oficio a sus construcciones.
La casa de Raimundo supuso todo un lujo para la época
No tanto por su arquitectura exterior —que seguía la tipología serrana—, sino por su ingeniosa solución para el agua y por su decoración interior. Se aprovechó el agua del «caz» que se utilizaba para el riego de las tablillas y de la Ferzosilla (Berzosilla), y que luego se canalizaba en la acequia madre.
Raimundo mandó construir unas balsas a modo de contenedores que almacenaban el agua; hasta que no se llenaban por completo, el agua no volvía a circular hacia cotas más bajas. Este sistema, novedoso en la zona de la Baja Sierra, permitía disponer de un pequeño remanso de agua junto a la vivienda. Los niños del pueblo disfrutaban con la novedad y se bañaban en las pozas que se formaban, algo completamente desconocido hasta entonces en la comarca. Además, en el interior de la casa, Raimundo dispuso una decoración con cerámica valenciana, inexistente en el resto de las viviendas del pueblo, que recordaba los años de su activismo en la capital del Turia.

Esta casa, levantada en plena represión franquista:
Fue el último gesto de arraigo de un hombre que ya llevaba una vida marcada por el exilio y la clandestinidad. Apenas pudo disfrutarla: su reincidencia en la actividad antifranquista y la necesidad de huir de nuevo al extranjero lo llevaron a abandonarla definitivamente en la década de 1950. Desde entonces, ha permanecido cerrada, primero como símbolo de la esperanza de un regreso que nunca se produjo, y después como ruina silenciosa.
Raimundo, sin embargo, no se conformó con lo vernáculo. Su casa destacaba por una tipología constructiva diferente a las del pueblo: más espaciosa, con una distribución que revelaba la influencia de su paso por la ciudad y, sobre todo, por una seña de identidad inconfundible: la decoración interior con cerámica valenciana. Este material, de rica tradición artesanal en la región de origen de su familia adoptiva, era completamente inexistente en las humildes viviendas serranas de la época. Mientras el exterior de la casa dialogaba con el paisaje de piedra y monte bajo, en su interior Raimundo imprimió un sello personal que evocaba la luz y el color del Mediterráneo, una suerte de pequeño homenaje a la cultura y la modernidad que había abrazado en Valencia.
Guerra, clandestinidad y exilio definitivo: El abandono de la caseta
La guerra civil española (1936-1939) y la posterior represión franquista truncaron cualquier posibilidad de arraigo. Tras la contienda, Raimundo se integró en el primer Comité Nacional clandestino de la CNT. Desde mayo de 1939 fabricó documentación falsa, salvoconductos y órdenes de liberación que permitieron evadirse a numerosos militantes recluidos en el campo de concentración de Albatera. Detenido en junio de 1940 y juzgado en consejo de guerra en noviembre de 1941, fue absuelto —presuntamente gracias a sus contactos con el falangista José Antonio Girón de Velasco— y retomó la lucha clandestina, siendo detenido al menos en dos ocasiones más.
Una red de contactos clave para la supervivencia
La absolución de Raimundo en 1941 no fue fruto de la casualidad, sino de una compleja y paradójica red de contactos tejida a dos niveles. A nivel nacional, pudo hacer valer sus buenas relaciones con el ministro de Trabajo y destacado falangista José Antonio Girón de Velasco, cuya influencia resultó decisiva para salvarle la vida.
De igual importancia fue su vínculo con las nuevas autoridades locales de Casas de Garcimolina. Si bien Raimundo Montesinos Jiménez había sido alcalde entre junio de 1939 y octubre de 1940, para cuando se construyó la casa (1941-1942), la alcaldía la ocupaba Enrique Rodríguez. El verdadero vínculo local de Raimundo Jiménez Millán fue, más bien, con Ángel Martínez Millán, el constructor de la casa, un hombre de su misma quinta y también represaliado, que más tarde sería encarcelado en la prisión provincial de Cuenca. (La tradición oral precisa que Raimundo Montesinos no intervino en la obra, a pesar de su oficio).
Finalmente, se vio forzado a marchar al exilio definitivo en Venezuela, donde se integró en la Agrupación de la CNT en Caracas. Nunca pudo regresar a la casa de la Umbría. Quedó abandonada, cerrada a cal y canto, como un símbolo de la derrota y el desarraigo.
Un legado testimonial: Réquiem a mis amigos fusilados
Raimundo Jiménez Millán no solo fue un hombre de acción, sino también un memorialista. En 1975, bajo el seudónimo «Ramón de las Casas» —nombre que evocaba su pertenencia a Casas de Garcimolina—, publicó el libro testimonial «Réquiem a mis amigos fusilados», un testimonio de primera mano sobre la despiadada represión franquista. La obra fue publicada por Ediciones Surco entre México y Caracas, y en ella se mezcla el lamento por los camaradas caídos con el trauma colectivo del exilio. El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas» es un gesto de pertenencia a la tierra de la que se expulsó, un intento de fijar una identidad que la distancia y el tiempo amenazaban con diluir. Falleció en Caracas el 13 de febrero de 1978.

El seudónimo elegido no es baladí. «Ramón de las Casas» La casa hoy: ruina, expolio y memoria
Actualmente, la casa de Raimundo en la Umbría permanece en pie, pero amenaza ruina tras más de siete décadas de abandono. El expolio ha sido casi total: se han sustraído puertas, ventanas, rejas y, muy especialmente, los azulejos de cerámica valenciana que decoraban sus paredes. Algunos de estos materiales, según la tradición oral del pueblo, han sido reutilizados en otras viviendas de Casas de Garcimolina, en un particular y doloroso proceso de canibalización arquitectónica.
La casa permanece como una ruina romántica, desprovista de sus señas de identidad más valiosas. La estructura de mampostería todavía se sostiene, pero los elementos que la hacían única han desaparecido. La imagen de la construcción desolada, con sus ventanas vacías como cuencas, es un poderoso recordatorio del exilio interior y la pérdida del patrimonio afectivo.

Foto cedida por Julio Montesinos Adalid El contexto depresivo familiar. Hermanas Maestras en Cataluña
La tragedia de Raimundo no fue un hecho aislado. Sus hermanas, Perpetua y Lorenza Jiménez Millán, maestras nacionales en Cataluña, sufrieron una represión brutal por su condición de mujeres profesionales. Perpetua, destinada en Mollet del Vallès (Barcelona), se acusó de «simpatizar con la CNT» y de tener una «conducta moral dudosa». Se separó del servicio en 1940 y no se admitió hasta 1952 con penosas condiciones. Lorenza, por su parte, se condenó a seis años y un día de prisión por «adhesión a la rebelión». Años más tarde, participó en la fundación de la Casa de Cuenca en Barcelona (1960), una institución que se convirtió en un punto de encuentro para los conquenses emigrados y un espacio de resistencia cultural.
La represión de las hermanas Jiménez Millán ejemplifica cómo el franquismo castigaba con especial saña a las mujeres que desempeñaban funciones públicas y educativas. La acusación de «conducta moral dudosa» no era más que un mecanismo de deslegitimación de su labor profesional, un doble rasero de género que se sumaba a la persecución política.
Un vecino eminente en el panorama nacional e internacional
Raimundo Jiménez Millán merece un lugar destacado entre los vecinos eminentes de Casas de Garcimolina por varias razones:
- Dimensión nacional: Fue una pieza clave en la reorganización de la CNT en la clandestinidad durante los años más duros de la represión franquista. Su habilidad como linotipista y falsificador de documentos salvó numerosas vidas.
- Dimensión internacional: Su periplo vital lo llevó de Argentina a Venezuela, pasando por España. En ambos países americanos mantuvo una intensa actividad política y sindical. Su libro Réquiem a mis amigos fusilados es un documento fundamental para entender la memoria del exilio libertario.
- Vínculo con las raíces: A pesar de su itinerancia, nunca perdió el vínculo con Casas de Garcimolina. La construcción de la casa en la Umbría es la prueba material de su deseo de arraigo, un gesto profundamente significativo en una vida marcada por el desarraigo y la persecución.
Cronología de Raimundo Jiménez Millán (1904-1978)
Periplo vital
- Nacimiento y raíces (1904-1913): Casas de Garcimolina (Cuenca). Nace en 1904.
- Formación y adolescencia (1913-1924): Valencia. Su familia emigra en 1913; cursa estudios primarios y en la Escuela Normal. Inicia su militancia en el blasquismo y republicanismo.
- Primer exilio (1924-1930): Buenos Aires (Argentina). Emigra en 1924 huyendo del servicio militar y la dictadura de Primo de Rivera. Se afilia a la FORA, colabora en La Protesta y aprende el oficio de linotipista.
- Regreso y militancia (c. 1930-1939): Valencia/España. Regresa en 1930 tras el golpe de Estado en Argentina. Durante la II República se identifica con las tesis «trentistas» de la CNT.
- Clandestinidad y construcción de la casa (1939-c.1950): Valencia y Casas de Garcimolina. Tras la guerra, integra la Junta Nacional del Movimiento Libertario (CNT clandestina). Detenido en junio de 1940, juzgado y absuelto en noviembre de 1941. Construye su casa en la Umbría hacia 1941-1942.
- Exilio definitivo (c. 1950-1975): Caracas (Venezuela). Perseguido, se exilia en Venezuela. Se integra en la Agrupación de la CNT en Caracas.
- Obra testimonial (1975): Caracas (Venezuela). Bajo el seudónimo «Ramón de las Casas», publica Réquiem a mis amigos fusilados.
- Fallecimiento (13 de febrero de 1978): Caracas (Venezuela). Muere a los 74 años.
Líneas futuras de investigación y puesta en Valor
La historia de Raimundo y su casa plantea varios interrogantes y oportunidades para futuras investigaciones:
- Documentación arquitectónica: Sería necesario realizar un levantamiento planimétrico de la casa de la Umbría para estudiar su tipología constructiva y compararla con la arquitectura tradicional de la zona.
- Investigación archivística: Consultar los expedientes de depuración de magisterio de sus hermanas en el Archivo General de la Administración (AGA) y los procedimientos sumarísimos en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Tercero de Barcelona.
- Historia oral: Recoger los testimonios de los vecinos de Casas de Garcimolina que aún recuerdan la casa y su historia, así como los posibles avistamientos de Raimundo durante sus breves estancias en el pueblo.
- Reconocimiento patrimonial: Evaluar el estado de conservación de la ruina y estudiar la posibilidad de consolidar los restos para evitar su colapso total. La instalación de un panel informativo en el lugar podría servir para divulgar la historia de Raimundo y sus hermanas.
- Digitalización de fuentes: Localizar y digitalizar los artículos de Raimundo en la prensa libertaria (La Protesta, Sindicalismo, Libre Studio, Le Combat Syndicaliste) para ponerlos a disposición de los investigadores.
Conclusiones
Raimundo Jiménez Millán fue un hombre de su tiempo: un anarcosindicalista itinerante, un linotipista que utilizó su oficio para luchar contra la dictadura, un memorialista que quiso dejar constancia del horror para que no se repitiera. Pero también fue un vecino de Casas de Garcimolina que, en medio de la miseria de la posguerra, soñó con levantar una casa diferente, con ecos de cerámica valenciana y aires de modernidad. Su vida es un ejemplo de resistencia, desarraigo y tenaz memoria.
La casa de la Umbría, hoy en ruinas y expoliada, sigue siendo un símbolo. Es el símbolo de un sueño de paz y arraigo que la historia truncó. Es el símbolo del exilio y la pérdida. Y es, también, un símbolo de la necesidad de recordar: cada piedra que aún se sostiene, cada azulejo que sobrevive en alguna otra fachada del pueblo, nos habla de Raimundo, de sus hermanas maestras y de aquella generación de españoles que luchó por un mundo más justo y que, por ello, sufrió el destierro y el olvido. Recuperar su memoria es un acto de justicia poética, una forma de devolver a la Umbría la voz de quien un día quiso hacer de aquel paraje su hogar.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias a las valiosas aportaciones orales de Eugenio Verdad Seguí y Carmen Montesinos Jiménez, cuyo conocimiento del terreno y la memoria de las gentes del lugar han resultado fundamentales para documentar las barracas aquí descritas.
Nota aclaratoria
Este artículo forma parte del trabajo de recuperación de la memoria histórica impulsado por garcimolina.net. La investigación se ha basado en fuentes documentales primarias (archivos militares, actas municipales, procedimientos sumarísimos) y en los testimonios recogidos en la tradición oral de la comarca. No obstante, somos conscientes de que la información aquí volcada puede ser incompleta o mejorable.
Agradecemos profundamente a la Asociación de Vecinos de la Peña el Pardo su intermediación, su confianza y su impulso para que estos nombres y estas historias no sigan en el olvido. Sin su colaboración, este trabajo no habría sido posible.
Invitamos a cuantas personas, familiares, investigadores o vecinos dispongan de documentación, fotografías, cartas, expedientes o testimonios orales que puedan complementar, matizar o corregir estos artículos, a que se pongan en contacto con nosotros a través del correo electrónico. mailto:garcimolinaasociacion@gmail.com. Toda aportación será bienvenida y debidamente contrastada para seguir construyendo entre todos una memoria más justa y veraz.
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Estos artículos son documentos vivos: susceptibles de ser corregidos, ampliados o matizados a la luz de nuevas evidencias documentales o de nuevos testimonios. La memoria histórica no se construye de una vez para siempre, sino que se enriquece con cada aportación y se corrige con cada error detectado.
Nota bibliográfica, cómo citar el artículo
Garcimolina, R. «La caseta de la Umbría: Raimundo Jiménez Millán. Raíces serranas, exilio libertario y el sueño de una casa en la Umbría». Garcimolina.net. s.f. https://garcimolina.net/archivo-historico/la-caseta-de-la-umbria/
Nota metodológica y fuentes
Este artículo se ha elaborado a partir del cruce de fuentes primarias y secundarias:
Fuentes primarias
- Entrada biográfica de Raimundo Jiménez Millán en el diccionario Los de la Sierra 1936-1975.
- Expedientes de depuración de magisterio de Perpetua y Lorenza Jiménez Millán (AGA).
- Réquiem a mis amigos fusilados (Ramón de las Casas, Ediciones Surco, México-Caracas, 1975).
Bibliografía y recursos digitales
- Iñiguez, Miguel. Enciclopedia histórica del anarquismo español.
- Moreinte Valero, Francisco. La depuración franquista del magisterio público.
- Ramos Zamora, Sara. La represión del magisterio en Castilla-La Mancha, 1936-1945.
- Salud, Paco. «Raimundo Jiménez Millán, anarquista de Casas de Garcimolina». Blog de Paco Salud, 12 de febrero de 2017. Disponible en: https://pacosalud.blogspot.com/2017/02/raimundo-jimenez-millan-anarquista-de.html?m=1
- Suárez González, M. À. La depuració dels mestres de les escoles nacionals de Mollet a la postguerra.
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